DIA: 19

LA CRUZ DE MARIA

UNA IGLESIA SIN CRUZ

Nosotros, pobres pigmeos, nos hemos creado una Iglesia sin misterio, una Iglesia a nuestra medida, una Iglesia supermercado, que nos provee de lo espiritual y también pretendidamente, en sectores concretos, de lo material, sin atisbar más horizonte que las necesidades terrenas que pretenden solucionar los ingentes problema de la humanidad, vendiendo el Vaticano, y cambiando la mitra del Papa por un sombrero de paja, sin tener en cuenta que Jesús sólo una vez multiplicó los panes y que dejó dicho que a los pobres siempre los tendréis con vosotros y que hay otra pobrezas que son más sustanciales; y queremos y predicamos una iglesia que no cuente con el sufrimiento ni con la cruz y queremos mantenernos y nos mantenemos pasivos esperando que nos lo den todo hecho sin arrimar nuestros hombros al trabajo del cultivo del hombre interior y siempre alertas para observar y criticar cuando no somos capaces de levantar ni un alma del pecado, ni de corregir un gramo de soberbia o de avaricia propios, o de vencer un átomo por intolerancia y falta de la virtud de la paciencia, ¿se escuchan muchos discursos y se escriben mucho artículos que nos hablen de virtudes y de vicios y de pecados?.

MARIA, DESPIERTANOS

María nos ayude a despertar del letargo y a bregar mar adentro, como murió pidiéndonos Juan Pablo II que sí supo cargar con su cruz hasta la muerte, sumergiendo al mundo en el conocimiento de la Cruz y del amor de la Virgen, tanto más exaltada en sus gloriosos sufrimientos, cuanto más abundantes, amargos y angustiosos, la atormentaron.

TODOS LOS HOMBRES, MUJERES Y NIÑOS, ANCIANOS Y POBRES SOBRE LOS HOMBROS DE MARIA

Y te siguen atormentando porque siguen pesando sobre ti, corazón, te dieron un corazón en que caben, como en Dios, todos los aullidos de todos los niños, los hombres, de todos los niños de todos los mundos, pasados, presentes y futuros, y hasta los artistas del pincel y de la poesía te vieron así:

Te pintaron para tener siempre

un niño entre tus manos,

un niño, amedrentado,

un niño estremecido y aterrado:

fugitivo de los sueños fantasmales,

de las torvas visiones,

de los siniestros mensajeros;

acaso fugitivo de sí mismo,

de su propio corazón despilfarrado,

de su amor excesivo.

Te pintaron para tener siempre un niño entre tus manos.

¿Qué niño tienes ahora?

Por tus manos van pasando –vamos pasando-

todos los niños desvalidos de la tierra:

rostros negros, cobrizos, amarillos;

rostros blancos, mulatos y mestizos,

tatuados, torturados, navajeados;

el rostro del mendigo,

del que arrastra los cartones,

del borracho y drogadicto,

del pobre maloliente,

y del que tuvo la desgracia de ser rico.

Hacia ti vamos viniendo –van viniendo-

fugitivos de atropellos e injusticias,

fugitivos de apatías y desdenes,

de amistades abortadas,

de abrazos malogrados;

fugitivos de frustradas esperanzas,

de proyectos derrumbados.

Fugitivos de la propia cobardía,

del fastidio y la desgana,

y de todos los pecados capitales.

¿Qué niño es el que tienes

ahora entre tus manos?

Pero tú sigues mirando,

porque siempre hay alguien

que no ha llegado todavía,

Alguien a quien estás esperando,”

ha escrito el poeta moderno,

Tirso Cepedal.

JESUS MARTI BALLESTER