DIA: 24

ORACION

 

AVE MARÍA

Dios te salve María,

Por la luz de la luz transfigurada.

Dios te llena y te guía

Y el fruto de tu vientre en tu mirada.

Dios te salvó, María.

Te llenó de su fuerza complaciente,

como el fuego del sol llena la aurora,

como el agua  la fuente.

Maduró con su luz y su ternura

El fruto de tu amor y de tu vientre.

Santa María,

hija del pueblo,

madre paciente,

fiel, generosa,

pobre y rebelde...

Míranos peregrinos, vacilantes,

cultivando este viejo paraíso,

caminando hacia tu cielo lentamente.

No queremos cansarnos de este mundo,

ni buscamos un refugio celeste.

Pero tú no te canses

de mostrarnos la meta, los caminos,

ahora y siempre. (V.M. Arbeola)

MARÍA

“Era ella y nadie lo sabía,

pero cuando pasaba

los árboles se arrodillaban.

Anidaba en sus ojos

el Ave María

y en su cabellera se trenzaban

las letanías. Era ella.

Me desmayé en sus manos

como una hoja muerta,

sus manos ojivales

que daban de comer a las estrellas.

Por el aire volaban romanzas sin sonido,

y en su almohada de pasos

me quedé dormido” (Gerardo Diego)

María es la obra cumbre del Espíritu Santo. Mientras jugaba con la bola de la tierra, iba construyendo bocetos, como un poeta delicioso, como un pintor inaudito. Y por fin, lo consiguió. El boceto era preparar un cuerpo y un alma que tuviera todas las galanuras que habían de adornar el ser precioso del Hijo de Dios, de la Sabiduría encarnada. Como un bulbo árido que sólo descubre su belleza cuando se abre en azucena radiante de luz y de perfume, apareció María esplendorosa, rutilante, a la vez que sencilla joven deliciosa de Nazaret, adornada con todas las gracias, con todos los Dones del Espíritu Santo, de tal manera poderosa que, cuando apareció en el cielo la mujer envuelta en el sol, con la luna bajo sus pies y en la cabeza una corona con doce estrellas, encinta y gritando con los dolores del parto y el tormento de dar a luz, apareció en el cielo otra señal: un gran dragón rojo con siete cabezas y diez cuernos, y en las cabezas siete diademas. El dragón se quedó delante de la mujer que iba a dar a luz para devorar a su hijo cuando naciera. Ella dio a luz un hijo varón, destinado a regir a todas las naciones con cetro de hierro; pero arrebataron a su hijo y lo llevaron hasta Dios y su trono. La mujer huyó al desierto, donde tiene un lugar reservado por Dios. En el cielo se trabó una batalla. Miguel y sus ángeles declararon la guerra al dragón. Oí en el cielo una aclamación: -¡Ha sonado la hora de la victoria de nuestro Dios, de su poderío y de su reinado, y de la potestad de su Mesías! Porque han derribado al acusador de nuestros hermanos, al que los acusaba día y noche ante nuestro Dios; ellos lo vencieron con la sangre del Cordero  y con el testimonio que pronunciaron sin preferir la vida a la muerte. Regocijaos por eso, cielos y los que en ellos habitáis. ¡Ay de la tierra y del mar!  Cuando vio el dragón que lo habían arrojado a la tierra se puso a perseguir a la mujer que había dado a luz el hijo varón. Le  pusieron a la mujer dos alas de águila real para que volase a un lugar en el desierto. La serpiente, persiguiendo a la mujer, echó por la boca un río de agua, para que el río la arrastrase; pero la tierra salió en ayuda de la mujer, abrió su boca y se  bebió el río salido de la boca de la serpiente. Despechado el dragón por causa de la mujer, se marchó a hacer la guerra al resto de su descendencia, a los que guardan los mandamientos de Dios y mantienen el testimonio de Jesús”. (Apocalipsis 12,1 ss).

MADRE:

Míranos peregrinos, vacilantes,

cultivando este viejo paraíso,

caminando hacia tu cielo lentamente. Amen.

JESUS MARTI BALLESTER