DIA: 31

ADIOS, MADRE

Ave Maria

Saludo a la Bienaventurada

Virgen María

Salve, Señora, santa Reina, santa Madre

de Dios, María, que eres virgen hecha iglesia

y elegida por el santísimo Padre del cielo,

a la cual consagró Él con su santísimo

amado Hijo y el Espíritu Santo Paráclito,

en la cual estuvo y está toda la plenitud

de la gracia y todo bien.

 

Salve, palacio suyo;

salve, tabernáculo suyo;

salve, casa suya.

 

Salve, vestidura suya;

salve, esclava suya;

salve, Madre suya y todas vosotras,

santas virtudes, que sois infundidas

por la gracia e iluminación del

Espíritu Santo en los corazones de los fieles,

para que de infieles hagáis fieles a Dios.

 

Que bonito sería

si nadie te rechazara,

si todo el mundo te amara,

a tí Virgen María;

y en cada amanecer todos

te saludaran con el Ave María.

¡Qué bonito sería!

Y al anochecer

en todos los hogares,

rezando el rosario,

juntos en familia...

¡Qué bonito,

qué bonito sería!

Pero por desgracia,

tantos te rechazan

y hasta te calumnian

y creen que con eso

dan honor a Dios,

y van por el mundo

con la frente en alto,

repitiendo a voces...

¡Señor, Señor...

contigo todo,

pero con tu madre NO!

Si pudieran contemplar

cara a cara al Señor,

en ella encontrarían

una queja de dolor

y llegaría a sus oídos

el eco triste de su voz...

¿Por qué se empeñan

en separarnos a los dos,

si donde se encuentra ella,

allí me encontraré YO?...

¿Por qué me la hieren tanto,

no comprenden mi dolor...

si ella me llevó en su vientre;

con su sangre me alimentó?

Su corazón y el mío

son un mismo corazón...

si la desprecian a ella,

el despreciado soy Yo.

 

Antonio Machado

Ya me despido, Madre. He pasado un mes contigo. El mes de María. Pero hoy, justamente es un día especial para mí. El de Mi sesenta aniversario de mi Ordenación Sacerdotal, aquel día en que respondí “aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad”. Se que, he cumplido a tope, aunque a medias, que, como hombre, he tenido mis altibajos, aunque nunca me faltó buena voluntad, Invoco tu misericordia, Madre de Misericordia, mírame con ojos misericordiosos. Nunca me he concedido vacaciones, y jamás fui un trepa. ¿Con las manos vacías? Me come el deseo de conocer a todos los hijos que me esperan en el cielo con mis mismos ojos azules. La cosecha de acá es escasa, pero parece ser que más abundante la de los lectores. Me voy. Cansado, pero contento. Muchos me recordarán hoy. Yo recuerdo lo que escribió un día Amado Nervo;

“Si tú me dices «Ven», Yo dejo todo..

No volveré siquiera la mirada

para mirar a la mujer amada...

Pero dímelo fuerte, de tal modo,

que tu voz, como toque de llamada,

vibre hasta en el íntimo recodo del ser,

levante el alma de su lodo

y hiera el coraz6n como una espada.

Si tu me dices “Ven”, todo lo dejo,

llegaré a tu santuario casi viejo

y al fulgor de la luz crepuscular;

mas he de compensarte mi retardo

difundiéndome, ¡oh Madre!, como un nardo

de perfume sutil, ante tu altar.

Y abraza, Madre, con dulzura, a todos los que han tenido la paciencia de leerme. Un abrazo a cada uno.

JESUS MARTI BALLESTER