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SAN CLAUDIO DE LA
COLOMBIERE 15 de febrero Autor: Jesús Marti Ballester |
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Era más una gracia de Dios, que un acto de mi voluntad, lo que me
impulsaba a amar desde pequeño al Sagrado Corazón: lo honraba en mi casa:
como aún niño, tenía que encaramarme para depositar flores en su imagen, mi
padre, llamó a unos pintores para que la decoraran con dalias y claveles. Me
gastaba el dinero de las propinas en flores para el Corazón de Jesús de la
parroquia y en la vacaciones de seminario propagaba la consagración de los
hogares a su Divina Majestad, que llegó a hacerse con cierta solemnidad, y en
muchas casas. Lo hacíamos así, primero había que conquistar a cada familia,
una vez de acuerdo, se reunía toda la familia y el jefe leía la consagración,
después el párroco pronunciaba una homilía, y terminaba con un sencillo
refrigerio. Fue después cuando conocí las promesas del Divino Corazón a los
que propagan su devoción, hechas a Santa Margarita y algunas, las he
comprobado cumplidas. PROMESAS “Les daré todas las gracias necesarias a su estado. Pondré paz en sus
familias. Les consolaré en sus penas. Seré su refugio seguro durante la vida,
y, sobre todo, en la hora de la muerte. Derramaré abundantes bendiciones
sobre todas sus empresas. Bendeciré las casas en que la imagen de mi Corazón
sea expuesta y venerada. Los pecadores hallarán en mi Corazón la fuente, el
Océano infinito de la misericordia. Las almas tibias se volverán fervorosas.
Las almas fervorosas se elevarán a gran perfección. Daré a los sacerdotes el
talento de mover los corazones más empedernidos. Las personas que propaguen
esta devoción tendrán su nombre escrito en mi Corazón, y jamás será borrado
de El. Les prometo en el exceso de mi misericordia, que mi amor todopoderoso
concederá a todos aquellos que comulgaren por nueve primeros viernes
consecutivos, la gracia de la perseverancia final; no morirán sin mi gracia,
ni sin la recepción de los santos sacramentos. Mi Corazón será su seguro
refugio en aquel momento supremo”. LA VOCACION
UN NOVICIO CABAL El Maestro de novicios informó al P. Provincial que Claudio: "era
un joven con una prudencia superior a lo que corresponde a su edad. De juicio
sólido, de rara piedad y de las más altas virtudes". El año de la
tercera Probación hizo el voto de guardar con exactitud todas las Reglas y
Constituciones de la Compañía: "Hago el propósito firme de cumplir con
toda fidelidad todos los deberes de mi estado y ser fiel al Señor aun en las
cosas más mínimas; romper para siempre las cadenas del amor propio; adquirir
en poco tiempo los méritos de una vida larga; reparar las irregularidades
pasadas; dar a Dios gracias por las infinitas recibidas, y hacer cuanto pueda
para ser de Dios sin reserva alguna"... Ama tiernamente al Corazón de Jesús al que se ha consagrado y a la
Virgen Maria cuyo santo Escapulario del Carmen viste desde niño y de la que
predicará en Aviñón un famoso sermón que vale por muchos tratados sobre el
Escapulario, sacramental de Maria. CLAUDIO Y MARGARITA Margarita de Alacoque había recibido especiales luces del cielo...
pero se sentía temerosa de si aquello era o no de Dios. Margarita estaba
aturdida, desconcertada. Pero, siendo Dios tan amigo de que sus palabras sean
confirmadas por otro hombre, como enseña el doctor San Juan de la Cruz, “es
Dios tan amigo que el gobierno y trato del hombre sea también por otro
hombre, que las locuciones de Dios ... hasta que pasen por este arcaduz
humano de la boca del hombre, no quedan confirmadas, recibió Margarita esta
noticia de Dios: "No temas, muy pronto te enviaré a mi amigo y siervo
fiel para que guie tus pasos y te ayude en la
misión que te voy a encomendar". Destinado Claudio superior de la
Compañía en Paray-le-Monial,
donde vivía Margarita, hizo una visita a las visitandinas. Al ver Margarita
al nuevo superior jesuita oyó una voz interior que le decía: "Ese es mi
amigo fiel que te traigo para que te ayude en la misión que te tengo
encomendada"... Poco después le abría "su alma totalmente, tanto lo
bueno como lo malo..." Escribió después la Santa: "El padre tuvo
que sufrir mucho por mi causa. Decían que yo pretendía engañarle con mis
ilusiones, pero él no se preocupaba de las habladurías y no dejó de ayudarme
mientras estuvo en la ciudad y no ha dejado nunca de ayudarme"... PERSECUCION EN INGLATERRA Fue enviado a Inglaterra y aquí continuó extendiendo con todas sus
fuerzas la devoción y consagración de todo el género humano al Sagrado
Corazón de Jesús, como el medio más eficaz para que la fe prosperara y se
viviera con generosidad. Fue calumniado y metido en la cárcel y hasta
condenado a muerte que después le fue conmutada. REGRESO A PARAY-LE-MONIAL Cuando Claudio llegó a Paray-le-Monial estaba tan débil que era preciso vestirlo y
desvestirlo, porque era incapaz de valerse por sí mismo. En septiembre
escribió: “Habiéndome permitido mis fuerzas y el buen tiempo – dice – dar
algunos paseos, me sentí aliviado: pero la humedad y las lluvias me volvieron
de nuevo al estado en que antes me encontraba. Desde entonces me incomoda
mucho una grande tos y una opresión continua que a tiempos disminuye y a
tiempos aumenta. No salgo nada, hablo con dificultad, aunque tengo buen
apetito y casi todas las demás señales de buena salud. Todavía no he podido
experimentar si este aire me es saludable o no, porque tan sólo puedo
respirar el del fuego y el de mi cuarto”. La comunidad la formaba un total de
cinco sacerdotes. Alrededor de la fiesta de Todos los Santos se entrevistó
con Margarita María. Cada día estaba más convencido de que no podría
restablecerse. VIAJE FRUSTRADO. TENÍA QUE MORIR EN PARAY-LE-MONIAL Avisado el Padre Provincial de Lyón por carta del doctor
Guillermo Billet que lo atendía, Floris La Colombière, hermano
de Claudio y arcediano de la iglesia principal de Vienne,
se presentó en Paray-le-Monial
con un coche cómodo para llevarse al enfermo. La partida debía tener lugar
enseguida, el jueves, fiesta de San Francisco de Sales, sin ningún
preparativo y sin decir adiós a nadie. Margarita María mandó a decir al Padre que, si podía, sin contravenir
las disposiciones de la obediencia, que no se pusiese en camino. El 15 de
febrero der 1682, primer domingo Cuaresma, a las
siete de la tarde, murió en Paray-le-Monial- en un vómito de sangre, a los 43 años. Quedaba sobre la tierra, confortada por su santa muerte, Santa
Margarita María. Unas horas después de los funerales decía llena de confianza
a una señorita amiga: "Deje ya de afligirse; invóquelo con toda
confianza porque él puede socorrernos". Fue beatificado por el papa Pío
XI en 1929. El Siervo de Dios Juan Pablo II lo declaró santo en 1992. JESUS MARTI BALLESTER |
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