SAN CLEMENTE PAPA

23 DE NOVIEMBRE

Autor: Jesus Marti Ballester

 

LA EPOPEYA DE LA SANGRE

Hermosos y fecundos tiempos en que el grano de trigo comenzaba a levantar cabeza en aquella epopeya del inicio de la Cruz, que nos ha traído el evangelio de amor. Pedro y Pablo ya habían caído en el surco, regándolo con su sangre a ejemplo del Maestro y le han ido sucediendo Lino y Cleto. Clemente fue el tercer sucesor de Pedro y apacentó la Iglesia desde el año 93 hasta el 101 hasta que, como Cristo, Pedro y Pablo, también ofreció la vida por ella. Lo había dicho el Señor: “Si a mí me han perseguido, también os perseguirán a vosotros”.

LA CARTA A LOS CORINTIOS

Clemente escribió una carta a los Corintios, que es el documento pontifical más antiguo que se conoce, descontando las cartas de San Pedro. En ella aconseja y recomienda obedecer siempre al Pontífice de Roma y recomienda la humildad: "el que se conserva puro no se enorgullezca por ello, porque la pureza es un regalo gratuito de Dios y no una conquista nuestra".confianza y seguridad contemplar al trasluz el alma grande de este tercer obispo de Roma, Clemente. Se descubre en esta carta un alma que vive de una fe cristiana muy profunda, que se apoya en la revelación divina del Antiguo y Nuevo Testamento, que recurre a la oración, en la que caldea su alma sedienta de Dios y la fortalece para las luchas que ha de sostener. Su Carta, testigo del pensar y del sentir de su tiempo, acoge las aspiraciones literarias, artísticas y filosóficas más nobles de sus contemporáneos, y como no se arredra ante la naturaleza, obra de Dios, tampoco teme la especulación y el arte humano, que son tanteos del alma para encontrar y llegar a Dios. Frente al paganismo que le rodea, demuestra una comprensión simpáticamente acogedora por todo lo noble y bueno que en él existe. No sólo conoce la mitología, sino que llega a proponer a la imitación y admiración de los cristianos corintios los ejemplos de abnegación heroica de ilustres paganos.

LA CABEZA DE LA COMUNIDAD CRISTIANA REUNIDA EN LA CARIDAD

En el Pontífice que está a la cabeza de la Iglesia de Roma alienta la simpatía más verdadera, más noblemente humana, transformada y elevada por la fe cristiana. La lengua, acostumbrada a la oración, ha tomado un acento litúrgico. La admirable oración que cierra la epístola es uno de los documentos que nos dan a conocer mejor la antigua liturgia; en ella se oye la voz de un obispo que, al final de su exhortación, se vuelve hacia Dios, como acostumbraba hacer al término de sus homilías. En efecto, este documento es una homilía. Clemente sabe que en Corinto la leerán en la asamblea de hermanos y se dirige a esos cristianos ausentes, como se dirigiría a sus cristianos de Roma exhortándoles, reprendiéndoles y llevándolos a orar con él.

EL CRECIMIENTO

Impulsado por el soplo divino y la fuerza misma de la verdad, el cristianismo penetró profundamente en los centros más vitales del Imperio romano; y en el mismo corazón del Imperio la nueva doctrina iba consiguiendo nuevas conquistas, no ya como hasta entonces, entre la gente sencilla y las clases humildes, sino también en la más alta sociedad aristocrática; en la misma corte se había abierto paso el Evangelio de Cristo.La unidad de la Iglesia en el obispo de Roma, suprema autoridad como sucesor de Pedro, era una realidad. La jerarquía se desarrollaba por medio de los obispos, presbíteros, diáconos, doctores, profetas y los mismos laicos cristianos que, de una manera capilar, la iban difundiendo con su oración y con su fuerza de levadura... El culto, basado en la celebración de la fracción del pan y compuesto por lecturas del Antiguo y Nuevo Testamento, por homilías y oraciones, constituía el punto céntrico de las reuniones cristianas y era su fuerza

DESTERRADO A CRIMEA

Desterrado por el emperador Trajano a crimen, en Rusia y condenado a trabajos forzados a picar piedras con otros dos mil cristianos. Las actas antiguas dicen que estos le decían: "Ruega por nosotros Clemente, para que seamos dignos de las promesas de Cristo". Las Actas antiguas añaden que allí convirtió a muchísimos paganos y los bautizó. Los obreros de la mina de mármol vivían atormentados por la sed, porque la fuente de agua más cercana estaba a diez kilómetros. Su oración hizo brotar muy cerca una fuete de agua cristalina. Esto le dio más fama de santidad y le permitió conseguir más conversiones. San Ireneo,  en el siglo segundo testifica que Clemente vio a los santos apóstoles Pedro y Pablo y trató con ellos.

ARROJADO AL MAR

Las autoridades le exigieron que adorara a Júpiter. Contestó que no adoraba sino al verdadero Dios. Entonces fue arrojado al mar, y para que los cristianos no pudieran venerar su cadáver, le ataron al cuello un hierro pesadísimo. Pero una gran ola lo devolvió a la orilla. San Cirilo y San Metodio llevaron a Roma en el año 860 los restos de San Clemente, que fueron recibidos con gran solemnidad en la Ciudad Eterna, y allí se conservan. ¡Cuántos Pontífices han sido nuestros maestros, nuestros padres, nuestras raíces a quienes debemos nuestra fe y nuestra alegría con las esperanza de la vida eterna! El nombre de Clemente está incluido en el canon Romano.

 

 

Jesus Marti Ballester

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