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BEATA MARIA DOLORES RODRIGUEZ SOPEÑA 10 de Enero Autor: Jesus Marti Ballester |
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María Dolores
Rodríguez Sopeña nace en Vélez Rubio (Almería), en 1848, Sus padres, Tomás
Rodríguez Sopeña y Incolaza Ortega Salomón,
castellanos, se habían trasladado desde Madrid. Don Tomás había terminado su
carrera judicial demasiado joven, por lo que no podía ejercer y consigue un
empleo como administrador de las fincas de los marqueses de Vélez. EN
LAS ALPUJARRAS Su infancia y
adolescencia transcurren en distintos pueblos de las Alpujarras donde su
padre ejerce como magistrado. María Dolores define esta etapa de su vida como
un «lago de tranquilidad». Cuando su padre es nombrado Fiscal de la Audiencia
de Almería, Dolores tiene 17 años. No le llamaban la atención las fiestas ni
la vida social; su interés es hacer bien a los demás. En Almería tiene sus
primeras experiencias apostólicas: atiende, material y espiritualmente, a dos
hermanas enfermas de tifus y a un leproso, todo ello a escondidas por miedo a
que se lo prohibiesen sus padres. Visita a los pobres de las
Conferencia de San Vicente de Paúl con su madre. Su padre es trasladado a la
Audiencia de Puerto Rico, donde viaja con uno de sus hijos y el resto de la
familia se instala en Madrid. Dolores elige un director espiritual y colabora
enseñando la doctrina en la cárcel de mujeres, en el hospital de la Princesa
y en las Escuelas Dominicales. PUERTO
RICO En 1872, la familia
se reúne en Puerto Rico. Dolores tiene 23 años y permanecerá en América hasta
los 28. El P. Goicoechea dirige espiritualmente su alma. Funda la Asociación
de Hijas de María y Escuelas para las personas de color donde alfabetiza y
enseña el catecismo. Su padre es nombrado Fiscal de la Audiencia de Santiago
de Cuba. Estalla un cisma religioso en la isla y su su acción se reduce a
visitar a los enfermos del hospital militar. Quiere ingresar en las Hermanas
de la Caridad, pero no la aceptan por su falta de vista, dolencia que la
acompañará toda la vida. CENTROS
DE INSTRUCCIÓN Al terminar el
cisma empieza a trabajar en los barrios marginales y funda los «Centros de
Instrucción», donde enseña el catecismo y cultura general y se da asistencia
médica. Para esta obra consigue muchas colaboradoras. En Cuba muere su madre,
su padre se jubila y vuelven a Madrid en 1877. En Madrid atiende el cuidado
de la casa y de su padre, el apostolado y su vida espiritual: elige director
espiritual y empieza a hacer cada año los Ejercicios Espirituales de san
Ignacio. En 1883 muere su padre y se reavivan sus luchas de su vocación. EN
EL MONASTERIO DE LAS SALESAS El P. López Soldado
sj, la orienta hacia las Salesas, aunque ella nunca se había planteado una
vida contemplativa. A los diez días sale pues comprobó que no era esa su
vocación. Al salir se dedica con más intensidad al apostolado. Abre una «Casa
Social» donde tramita los asuntos que le presentan sus visitas al hospital y
a la cárcel. Al vistar a una de las presas que acababa de quedar en libertad,
conoce el Barrio de las Injurias. Es el año 1885. Dolores tiene 36 años. OBRA
DE LAS DOCTRINAS. MOVIMIENTO DE LAICOS SOPEÑA Al ver la situación
moral, material y espiritual de la gente, empieza a visitar el barrio todas
las semanas e invita a muchas de sus amigas. Ahí empezará la «Obra de las
Doctrinas», antecedente de sus «Centros Obreros». A sugerencia del obispo de
Madrid, D. Ciríaco Sancha, en 1892 funda una Asociación de Apostolado Seglar,
que hoy es el «Movimiento de Laicos Sopeña», que será aprobado por el
Ministerio de Justicia. La Obra se extiende en 8 barrios de la capital. EXTENSION
DE LA OBRA En 1896 empieza su
actividad fuera de Madrid. Fundar la Obra en Sevilla. Dimite como Presidenta
en Madrid y se establece en Sevilla. En sólo cuatro años realiza 199 viajes
por toda España para establecer y consolidar la Obra de las Doctrinas. A su
vez, acompaña al P. Tarín, sj, en algunas misiones por Andalucía. En el año
1900 participa en una peregrinación a Roma el Año Santo. Hace un día de
retiro en el sepulcro de San Pedro y allí recibe la confirmación de fundar un
Instituto Religioso que diera continuidad a la Obra de las Doctrinas y que
ayudara a sostener espiritualmente a la Asociación laical. El Cardenal
Sancha, ya arzobispo de Toledo, le propone fundar allí. INSTITUTO
CATEQUISTA DOLORES SOPEÑA El 24 de septiembre
de 1901, en Loyola, después de unos Ejercicios Espirituales realizados junto
con ocho compañeras, se levanta acta de fundación del «Instituto de Damas
Catequistas», hoy «Instituto Catequista Dolores Sopeña», aunque la fundación
oficial fue el 31 de octubre en Toledo. Una de sus grandes intuiciones fue
fundar, al mismo tiempo, una Asociación civil, hoy llamada «Obra Social y
Cultural Sopeña - OSCUS», que, en 1902, consigue el reconocimiento del
gobierno. En 1905 recibe de la Santa Sede el Decretum laudis y, el 21 de noviembre
de 1907, la aprobación de las Constituciones concedida directamente por San
Pío X. INVASION
LAICISTA Sus «Doctrinas» se
fueron transformando en «Centros Obreros de Instrucción», a los que asistían
obreros fuertemente influenciados por el anticlericalismo y no se podía dar
enseñanza de religión directamente. Esto también determina que las religiosas
de este Instituto no lleven hábito ni un signo religioso externo. Cambia sus
medios y sus métodos para poder conseguir acercarse a los obreros «alejados de
la Iglesia», que no habían podido recibir instrucción cultural, moral ni
religiosa y unir a los «distanciados socialmente», entonces, «la clase obrera
y del pueblo» con la «alta y acomodada». Esto lo resume en dos líneas:
dignificar al trabajador y crear fraternidad. VIDA
PROFUNDA En la raiz de su
entrega al servicio de los demás hay una fe profunda y auténtica, una rica
espiritualidad. Su compromiso por la dignidad de la persona brota de su
experiencia de un Dios Padre de todos, que nos ama con una ternura infinita y
desea que vivamos como hijos y hermanos. De ahí nace su gran deseo de «Hacer
de todos una sola familia en Cristo Jesús.» Su gran unión con Dios le permite
descubrirlo presente en todo y en todos, especialmente en los más necesitados
de dignidad y afecto. PIONERA
Y SUPERIORA GENERAL Salir al encuentro
de cada persona en su situación, introducirse en los barrios marginales de la
época, era inconcebible para una mujer a finales del siglo XIX. El secreto de
su audacia es su fe, su confianza sin límites, que reconoce como su mayor
tesoro y que la hace sentirse instrumento en manos de Dios, instrumento al
servicio de la fraternidad, del amor, de la misericordia, de la igualdad, de
la dignidad, de la justicia, de la paz... En pocos años, establece comunidades
y Centros en las ciudades más industrializadas de entonces. En 1910 se
celebra el primer Capítulo General y es reelegida Superiora General. En 1914
funda en Roma y en 1917 viajan las primeras Catequistas para abrir la primera
casa en América, concretamente en Chile. EL
GRANO DE TRIGO QUE CAE Y DA MUCHO FRUTO El 10 de enero de
1918, Dolores Sopeña muere en Madrid con fama de santidad. El día 11 de julio
de 1992, Juan Pablo II declara heroicas sus virtudes y el 23 de abril de 2002
se promulgó el Decreto de Aprobación del milagro que ha dado paso a su
Beatificación. Actualmente la Familia Sopeña, formada por las tres
instituciones que dejó fundadas, el Instituto Catequistas Dolores Sopeña, el
Movimiento de la Laicos Sopeña y la Obra Social y Cultural Sopeña, trabaja en
España, Italia, Argentina, Colombia, Cuba, Chile, Ecuador, México y República
Dominicana. JESUS
MARTI BALLESTER |
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