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DOMINGO DE RAMOS C 1 de abril de 2007 EL REY DE ISRAEL |
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1. "¡Bendito el que viene como rey, en nombre
del Señor!"Lucas 19,28. Hoy es el domingo de los olivos, de los ramos de
olivo, del monte de los olivos. El Olivo es Cristo, el Único que conoce el
horror de la pasión, aplastado como una oliva en el molino de la cruz, y
también la gloria de 2. Vamos a vivir las últimas horas de Jesús sobre la
tierra, desde la institución de la Eucaristía hasta 3. El Apóstol subraya el premio de los sufrimientos
del fiel Siervo de Yahvé. Presenta en dos estrofas rítmicas la doble
trayectoria de Cristo humillado y exaltado. Línea descendente: "A pesar
de su condición divina, no hizo alarde de su categoría de Dios; al contrario,
se despojó de su rango, y tomó la condición de esclavo, pasando por uno de
tantos. Y así, actuando como un hombre cualquiera, se rebajó hasta someterse
a la muerte de cruz" Filipenses 2,6. Contra la actitud de Adán que quiso
ser "como Dios" desobedeciendo, Jesús no alardea de ser Hijo de
Dios, y se somete a la voluntad del Padre, obedeciendo su designio hasta
morir en cruz. Cuando esté clavado en la cruz le tentarán que demuestre que
es Dios bajando de la cruz, pero no sucumbe y continúa siendo un hombre
cualquiera. Era la mejor y la mayor prueba de que era Dios. Que era el AMOR.
Sólo el amor se hace debilidad. Sólo el AMOR, en su infinidad de amor, es
capaz de amar hasta sumergirse en el vientre de la ballena de la muerte para
que todos a los que ama, no sufran la muerte. "Nadie tiene amor más
grande que el que da la vida por los amigos" (Jn 15,13). Y ese es Dios.
Porque sólo El es el AMOR TOTAL, y los demás amores son parciales, es decir,
no son DIOS. 4. La línea ascendente corresponde a la divina
justicia, que nunca se deja vencer en generosidad y que sabe colmar la medida
a las dádivas de amor, y por cinco talentos multiplicados, responde con todas
las naciones para que al nombre de Jesús caiga de rodillas, el cielo, la
tierra y los infiernos: "Por eso el Padre le exaltó concediéndole el
Nombre-sobre-todo-nombre de Kyrios o Señor, cuyo señorío se extiende sobre la
humanidad y sobre la creación, para gloria de Dios Padre". 5. El amor le urge a entregarse por nosotros:"He
deseado enormemente comer esta pascua con vosotros". Iluminada por estas
palabras, la pasión ya no es una fatalidad que se abate sobre un Jesús
abandonado e indefenso, sino que se convierte en un momento del camino de
ascenso al Padre. Crucificado por los hombres, Jesús muere porque quiere y
así se nos puede entregar todo El en su cuerpo y su sangre, como alimento de vida
eterna. 6. Los cuatro evangelistas relatan la misma historia
de la pasión, pero con distintos matices según los lectores a quienes se
dirigen. Lucas muestra la responsabilidad del Sanedrín y de Pilato en el
drama de la pasión, pero recalca que el principal agente invisible es
Satanás. Cuando nos relató las tentaciones del desierto, terminó diciendo:
“El diablo se marchó hasta otra ocasión” (Lc 4,13). El momento, la otra
ocasión, ha llegado: "Satán se apodera del corazón de Judas para que
traicione a Jesús y lo entregue a los sacerdotes" (Lc 22,3), y
"zarandea a Pedro y a sus compañeros como se criba el trigo"
(22,31). Y de la misma manera que se deslizó entre los árboles del Edén, se
desliza ahora entre los olivos de Getsemaní para tentar el segundo Adán.
Lucas emplea la palabra “agonía” para describir la intensidad de la lucha en
Getsemaní. 7. Jesús vence a Satanás con 8. Jesús vence a Satanás con su bondad y
misericordia. En el relato de Lucas, Jesús no aparece tan dramáticamente
aislado como en el de Marcos, sino entregado a los que le rodean como durante
toda su vida. Dice al traidor: “Judas, ¿con un beso entregas al Hijo del
hombre!” (Lc 22,48). Cura al criado del sumo sacerdote que Pedro había herido
con la espada (Ib 22,51). Pedro, que dice que está dispuesto a morir por él
Lucas 22,33, lo niega Lucas 22,57. Y Jesús mira con amor a Pedro que le acaba
de negar, y Pedro, “saliendo afuera, lloró amargamente” (Lc 22.62). ¡Ah, si
nosotros miráramos así a nuestros hermanos pecadores, que somos todos! 9. Le había dicho a Pedro: "Cuando te
conviertas, confirma a tus hermanos" Lucas 22,32. Cuando te conviertas
de tus errores, dudas, huidas, existencia gris y mediocre, adocenamiento y egoísmo,
al amor verdadero, confirma a tus hermanos. Ayúdales a ser sólidos, confiados
en el amor eterno del Padre, amantes de la vida, acogiendo con humor los
roces y fricciones diarios, serenos en los vaivenes del mundo cambiante;
dales la mano para vivir juntos la vida eterna que brotará del sepulcro en la
mañana de Pascua. Lleva a tus hermanos al convencimiento de que la comunidad
que vas a presidir, vivificada por el Espíritu Santo, no va a ser una empresa
en la que vosotros vais a ser los representantes en los lugares de
distribución, o un pase de modelos vistosos y espectaculares, sino una
comunidad de amor y de servicio y de entrega, que ha de caminar siempre
influenciada por los dones del Espíritu Santo. Comunidad de oración y de
amor, y no de funcionarios a tiempo reducido.
10. Camino del Calvario se vuelve hacia las mujeres
que le compadecen y lloran, y les dice: "Hijas de Jerusalén, no lloréis
por mí, sino por vosotras y por vuestros hijos" (Lc 23,28). Jesús,
dejando de pensar en sí mismo, consuela a las mujeres que lloran, y las
invita a la conversión, a llorar los pecados propios y los de los hijos, y
los del pueblo, y los de los extraños. Y en la cruz, se dirige al Abba Amado.
El que está en la cruz, el que ha fracasado, aparentemente, pide perdón para
todos y disculpa a los responsables de su muerte: "Padre, perdónalos,
porque no saben lo que hacen"(Lc 23,34). Vuelve la cabeza ensangrentada
y sus ojos, llenos de lágrimas y obnubilados, miran al ladrón arrepentido y
le regala el Reino: “Te lo aseguro: hoy estarás conmigo en el paraíso” (Lc
23,43). 8. El que durante toda su vida ofreció la salvación a todos, acosado
ya por la muerte, la ofrece y la otorga al ladrón. Jesús no se va solo al
paraíso del Padre. Con él van los que le aceptan, los perdidos y los pobres,
los bandidos y los pecadores. Los que no han encontrado salvación en la
tierra, y le piden: "Acuérdate de mí". El salmista ya había escrito
y entregado al coro, que lo cantaba con fe profunda: "Si el afligido
invoca al Señor, él lo escucha, y lo libra de sus angustias" (Sal
117,5). 11. Jesús en la Pasión demuestra una sobrehumana
dignidad y una paciencia infinita. Ni un solo gesto o palabra que desmienta
lo que Él había predicado en su Evangelio, especialmente en las
Bienaventuranzas. Él muere pidiendo el perdón para sus verdugos. No hay nada
en Él que se asemeje al orgulloso desprecio del dolor estoico. Su reacción al
sufrimiento y a la crueldad es humanísima: tiembla y suda sangre en
Getsemaní, desearía que el cáliz pasara de él, busca apoyo en sus discípulos,
grita su desolación en la cruz: «Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has
abandonado?». Su sobrehumana grandeza en la Pasión se manifiesta en un rasgo
que fascina, su silencio: «Jesús callaba» (Mt 26, 63). Calla ante Caifás,
calla ante Pilato, quien se irrita por su silencio, calla ante Herodes, que
esperaba verle hacer un milagro (Lc 23, 8). «Al ser insultado, no respondía
con insultos; al padecer, no amenazaba», dice de Él la Primera carta de Pedro
(2, 23). Sólo un instante antes de morir rompe el silencio y lo hace con
aquel «fuerte grito» que lanza desde la cruz y arranca al centurión romano la
confesión: «Verdaderamente éste era hijo de Dios». Cuando está clavado en la
cruz, mira silenciosamente a su pueblo que lo presenciaba (Lc 23,35), y
aquellos fieles bajan del Calvario golpeándose el pecho (Lc 23,48). Con todo
esto, Lucas nos sigue diciendo: Acerquémonos al trono de misericordia,
miremos al Crucificado, y golpeémonos el pecho también nosotros, pues todos
le hemos crucificado, y todos podemos recibir de él el perdón y la salvación.
“Miremos al que traspasaron”. 12. "Padre, en tus manos encomiendo mi
espíritu". Cuando Jesús muere, SE HACE UN GRAN SILENCIO que inunda el
universo, porque se apaga LA PALABRA que nos decía la grandeza del mundo y
del hombre y del AMOR. Pero en ese silencio y en esa muerte, se desvela el
sentido de la vida: el mundo se oscurece, el sol se apaga, el velo del
templo, que separaba los pueblos, se rasga. Es verdad. Pero sobre la ruina de
aquel mundo, se implanta el cimiento de la vida nueva: Jesús que sube al
Padre. La muerte que hasta ahora era una derrota, se ha convertido en el
verdadero camino de la plenitud definitiva y total. La cara profunda y oculta
de lo que hemos visto en el monte Calvario, es la Resurrección y 13. En la procesión de las palmas y los Ramos
aclamamos la Resurrección por anticipado. Todo lo que va a ocurrir en la
celebración litúrgica de 14. San Pablo nos dice cuáles han de ser los
sentimientos con los que hemos de entrar en JESUS MARTI BALLESTER |
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JESUS MARTI BALLESTER |
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Pedro
Sergio Antonio Donoso Brant |