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DOMINGO XIV DEL TIEMPO
ORDINARIO CICLO C LLEGA YA NUESTRA PAZ ¡A PRISA! ¡QUE PARA
MUCHOS YA ES TARDE! DOMINGO 8 DE JULIO Autor: Jesus Marti
Ballester |
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1. Los principios de la Iglesia giran alrededor de
los DOCE, como un equipo inicial de referencia con experiencia y con
garantía. Eran doce como la continuación de las doce tribus de Israel. Eran
un puñado de fermento en la masa nueva, una pequeña comunidad de creyentes,
iluminada por el Espíritu. Comunidad encargada de llevar la Buena Noticia por
todo el mundo. Llamas desprendidas de la Llama del Espíritu de Pentecostés.
El círculo se va ensanchando. Jesús había ampliado la Comunidad a setenta y
dos, y los envió de dos en dos, para que tuvieran ocasión de vivir en caridad
para que fuera más auténtico y eficaz su testimonio. Jesús no les envía a
anunciar el fin del mundo, sino el fin de un mundo. 2. Juan Bautista predicaba este cambio, hablando de
un inminente juicio de Dios. La novedad de Jesús está expresada en dos
palabras: «ahora», «ya». Con Jesús el Reino de Dios ya no es algo
«inminente», sino presente. «El aspecto nuevo y exclusivo del mensaje de
Jesús –escribe Benedicto XVI en su libro Jesús de Nazaret- consiste en el
hecho de que nos dice: Dios está actuando
ahora –ésta es la hora en la que Dios, se revela en la historia como
su mismo Señor, como el Dios viviente, que inicia nuestra salvación y nos
acompaña en nuestra decisión y seguimiento».Debemos pues contar con él,
tenerle presente, contar con él, dialogar sobre la marcha con él, en las
pruebas y en las luchas, en las victorias y en los fracasos. Goza él viendo
nuestro trabajo y generosidad y nos ayuda y facilita la labor y nos va
quitando piedras del camino. Todas las parábolas de Jesús, especialmente las
“parábolas del Reino” tienen sentido de urgencia. Ha sonado la hora decisiva
de la historia, éste es el momento de tomar la decisión que salva; éste es el
cairos, el banquete está preparado: rechazar entrar porque se acaba de casar
o hay que probar un par de bueyes, es excluirse. 3. Lo que Jesús decía a sus contemporáneos nos lo
dice a nosotros hoy. El «ahora» y el «hoy» permanecerá hasta el fin del mundo
(Hb 3,13). Esto significa que la persona que escucha hoy la palabra de
Cristo: «El tiempo de Dios se ha cumplido y el Reino de Dios está cerca;
convertíos y creed en el Evangelio» (Mc 1,15), está en la misma elección que
la escuchaban hace dos mil años en Galilea: o crees y entras en el Reino, o
rechazas creer y te quedas fuera. El Reino de Dios era tan importante para
Jesús que nos enseñó a orar cada día por su venida: «Venga tu Reino: «El
Reino de Dios ha venido a vosotros; no esperéis, entrad en él». 4. -
"¡Poneos en camino! Os mando como
corderos en medio de lobos"... Venced a los lobos con la mansedumbre, la
humanidad, la comprensión, la paciencia, el ejercicio pacífico y constante de
las virtudes... Ir «como ovejas en medio de lobos» (Juan 10,12), no con la
fuerza o la prepotencia y la arrogancia: ni imponiendo el Evangelio por la
espada y por la violencia. La asistencia divina y la victoria, nota san Juan
Crisóstomo, ha sido prometida a los discípulos mientras sean ovejas, si se
transforman en lobos llegan a ser perdedoras o perjudicadas. El poder es
pues, más bien un obstáculo que una ayuda para la difusión del Evangelio, si
no es el poder y la fuerza del Espíritu Santo. Cuando los evangelizadores se
convierten en líderes políticos, o siembran la cizaña de la división, o
tratan con desdén a las ovejas, o las dispersan en vez de unirlas en un solo
redil, o se convierten en chismosos o en partidistas y aceptadores de ovejas,
o sobornables, sea por regalos, chanchullos o halagos de estómagos
agradecidos, ni tienen la promesa de la eficacia, ni crean familia de Dios.
No os preocupéis por los medios materiales. Anunciad: "está cerca de
vosotros el reino de Dios" Lucas 10,1. "Buscad el Reino de Dios y
todo se os dará por añadidura" (Lc 12, 31). 5. Son enviados para anunciar que el Reino de Dios
está cerca. Que Dios ama a los hombres y que les quiere comunicar su propia
vida para construir una familia divino-humana en plenitud de felicidad. Que
por eso envía a su Hijo. No los envía para conseguir socios de un club y
asegurar sus cotizaciones..., ni para integrar un partido político con
marcado sentido social humanista y terreno. Ni para erigir una compañía
multinacional... De eso se encarga el otro reino, el del mundo que ha pasado
o está pasando. Eso sería demasiado pobre. Enviados, se pusieron en camino
diligentes. Pescadores, echaron las redes pacientes en su Nombre, no en el de
ellos, ni en el de sus arbitrariedades, o conveniencias. Echaron las redes,
no allí donde mayor fruto podían recibir, sino donde mayor sacrificio se les
pedía y menor apetencia tenían porque a la naturaleza siempre le atrae el
brillo y el relumbrón y el éxito, y al Espíritu el sitio oscuro y donde hay
que desarrollar mayor abnegación, y ellos echaban las redes en nombre del
Espíritu y no en el de la carne. Su pesca sería abundante a largo plazo,
porque Dios no paga cada fin de semana, pero infaliblemente paga. 6. Pero no envía sólo a doce, sino a setenta y dos,
que se consideraba el número de las naciones paganas conocidas por !a Biblia.
Y los envía a «a todos los pueblos y lugares a donde pensaba ir él», esto es,
a Israel, no a los paganos. La misión a los paganos comienza en Pentecostés.
Seguramente Jesús envía a setenta y dos discípulos porque eran los que tenía
disponibles para la misión. Lucas distingue esta misión de la de los doce
apóstoles (Lc 9,1), para significar que
no son sólo los apóstoles y hoy sus sucesores, obispos y sacerdotes, los
enviados a evangelizar, sino todos los discípulos. El concilio Vaticano II lo
ha dicho con claridad: «La vocación cristiana, por su misma naturaleza, es
también vocación al apostolado» (Decreto sobre el apostolado de los laicos,
2). Y se fueron por todos los caminos, devorados por una fiebre de amor a
Dios en busca de los hombres amados por Dios, para decirles que Dios les ama
hasta dejar que le rompan el corazón y que les quiere felices y llenos de paz
y derrochando amor. Y unos fueron acogidos y sus palabras encontraron eco.
Otros fueron despreciados y otros calumniados y martirizados. 7. Pero todos sembraron y la siembra produjo frutos
diferentes, como ya el Maestro les había enseñado en parábolas. Unos
sembraron palabras, otros sembraron dolor y otros decepción aceptada, que tal
vez sea más eficaz en orden al fruto, que el éxito palpado y visto, porque
envuelve mayor sacrifico; el sacrificio de la siembra y de la monotonía no
conocida, ni reconocida, ni agradecida, ni recompensada. Jesús sigue enviando
a todos los bautizados. Me he apresurado a destacar el sacrificio callado
porque la tentación reside en que creemos que es el éxito y el colorín lo que
hace crecer el amor y la Iglesia. Todos los cristianos somos enviados a
anunciar el Evangelio, en el hogar, que es la primera escuela de
evangelización, en el trato con los hombres haciendo vida las verdades
cristianas, siendo la luz y la sal (Mt 5,14) en medio de un mundo de lobos,
de materialismo y de egoísmo, de hedonismo y de mentira y de rencor. Nuestro
campo de trabajo es toda la tierra. Allí en el lugar del trabajo, en los
viajes también, en la consulta del médico y en el lugar y tiempo de descanso.
Y, no omitamos, porque son los más fecundos, aunque invisibles e incomprobables,
los momentos o las vidas de dolor y de frustración. 9. Anunciad la paz a Jerusalén (Sal 121,7), que es la
Iglesia, y decidle que los que llevaron luto por ella se llenarán de alegría
y que les invadirá la paz como un río caudaloso Isaías 66,10. Jerusalén es la Iglesia, nuestra Madre,
como la llamaban ya los primeros cristianos, que nos lleva en sus brazos y nos
alimenta con la Palabra, "que debe habitar en nosotros con toda su
riqueza" Colosenses 3,15, y con los sacramentos que hacen presente a
Cristo, y los testimonios de las almas santas. Y ello nos traerá la paz, que
es el cúmulo de los bienes mesiánicos y salvíficos que recibimos de Jesús.
Que es el rió de alegría, y de consuelo, el torrente crecido y caudaloso de
amor y de caricias del regazo de Yahvé, volcado a su ciudad santa de
Jerusalén." 10. Sin embargo, aquí se esconde una tentación - la
tentación de la impaciencia, la tentación de buscar inmediatamente el gran
éxito, de buscar los grandes números. Y este no es el método de Dios. Para el
reino de Dios y, de esta manera, para la evangelización, instrumento y
vehículo del reino de Dios, siempre es válida la parábola del grano de
mostaza (Mc 4, 31). El Reino de Dios siempre vuelve a comenzar bajo este
signo. Nueva evangelización no podría significar: atraer inmediatamente con
nuevos y más refinados métodos a las grandes masas alejadas de la Iglesia.
No, no es esta la promesa de la nueva evangelización. Nueva evangelización
quiere decir: no contentarse con que del grano de mostaza haya crecido el
gran árbol de la Iglesia universal, no pensar que basta el hecho de que en
sus ramas puedan encontrar un lugar muy diferentes especies de pájaros, sino
osar de nuevo con la humildad del pequeño grano dejando a Dios el cuándo y el
cómo crecerá (Mc 4, 26). 11. Las grandes cosas empiezan siempre del pequeño
grano y los movimientos de masa siempre son efímeros. En su visión del
proceso de evolución Teilhard de Chardin habla de lo "blanco de los
orígenes" (le blanc des origines): el comienzo de las nuevas especies es
invisible e imposible de encontrar a través de la investigación científica.
Las fuentes están escondidas, son demasiado pequeñas. En otras palabras: las
realidades grandes empiezan con humildad. Dejemos de lado, si y hasta que
punto Teilhard tiene razón en sus tesis evolucionistas; la ley sobre los
orígenes invisibles nos dice una verdad presente justamente en el actuar de
Dios en la historia: "No te elegí porque eres grande, por el contrario -
eres el más pequeño de los pueblos; te he elegido porque te amo…", dice
Dios al pueblo de Israel en el Antiguo Testamento y expresa, de esta manera,
la paradoja fundamental de la historia de la salvación. Ciertamente, Dios no
cuenta con los grandes números; el poder exterior no es el signo de su
presencia. Gran parte de las parábolas de Jesús indican esta estructura del
actuar divino y responden así a las preocupaciones de los discípulos, los
cuales se esperaban más bien, otros éxitos y signos del Mesías, éxitos
similares a los ofrecidos por Satanás al Señor: Todo esto - todos los reinos
del mundo - te lo doy… (Mt 4, 9). 12. En efecto, Pablo al final de su vida tuvo la impresión
de haber llevado el Evangelio a los confines de la tierra, pero los
cristianos eran pequeñas comunidades dispersas en el mundo, insignificantes
según los criterios del mundo. En realidad fueron la semilla que penetra al
interior de la masa, portando en sí el futuro del mundo (Mt 13, 33). Un viejo
proverbio dice "el éxito no es un nombre de Dios". La nueva
evangelización debe someterse al misterio del grano de mostaza y no pretender
producir rápidamente el gran árbol. Nosotros, o vivimos demasiado con la
seguridad del gran árbol ya existente, o con la impaciencia de tener un árbol
más grande, más vital - más bien, debemos aceptar el misterio que la Iglesia
es, al mismo tiempo, un gran árbol y un grano muy pequeño. En la historia de
la salvación viernes Santo y Domingo de Pascua… siempre son contemporáneos. 13. De esta estructura de la nueva evangelización
también deriva el método justo. Es cierto que debemos utilizar razonablemente
los métodos modernos para hacernos escuchar - o mejor dicho: hacer accesible
y comprensible la voz del Señor... No es que busquemos ser escuchados
nosotros; no queremos aumentar el poder y la extensión de nuestras
instituciones, sino queremos servir al bien de las personas y de la humanidad
dando espacio a Aquél que es la Vida. Esta expropiación del propio yo que se
ofrece a Cristo para la salvación de los hombres, es la condición fundamental
para un verdadero empeño por el Evangelio. "Porque he venido en nombre
de mi Padre, y vosotros no me recibís. Si algún otro viniera en su propio
nombre, a éste si lo acogeríais" dice el Señor” (Jn, 5, 43). El
distintivo del Anticristo es su hablar en nombre propio. El signo del Hijo es
su comunión con el Padre. El Hijo nos introduce en la comunión trinitaria, en
el círculo del eterno amor, cuyas personas son "relaciones puras",
el acto puro del donarse y del acogerse. El diseño trinitario - visible en el
Hijo, que no habla en nombre suyo - muestra la forma de vida del verdadero
evangelizador – aún más, evangelización no es simplemente una forma de hablar
sino una forma de vivir: vivir en la escucha y hacerse voz del Padre.
"Él no viene con un mensaje propio, sino que les dirá lo que
escuchó" dice el Señor sobre el Espíritu Santo (Jn, 16, 13). Esta forma
cristológica y pneumatológica de la evangelización, al mismo tiempo es una
forma eclesiológica: El Señor y el Espíritu Santo construyen la Iglesia, se
comunican en la Iglesia. El anuncio de Cristo, el anuncio del Reino de Dios,
supone escuchar su voz en la voz de la Iglesia. "No hablar en el propio
nombre" quiere decir, hablar en la misión de la Iglesia... 15. Debemos agregar todavía otro paso. Jesús
predicaba durante el día y de noche rezaba - pero esto no es todo. Su vida
entera fue - como lo muestra con gran belleza el Evangelio de San Lucas - un
camino hacia la cruz, una ascensión hacia Jerusalén. Jesús no ha redimido el
mundo con bellas palabras, sino con su sufrimiento y con su muerte. Su pasión
es la fuente inagotable de vida para el mundo; la pasión da fuerza a su
palabra. El Señor mismo - extendiendo y ampliando la parábola del grano de
mostaza - ha formulado esta ley de la fecundidad en el pasaje de la semilla
del grano que muere, caído en la tierra (Jn 12, 24). También esta ley es
válida hasta el final del mundo y es - junto con el misterio del grano de
mostaza - fundamental para la nueva evangelización. Toda la historia lo
demuestra. Sería fácil demostrarlo en la historia del cristianismo. Quisiera
recordar ahora el comienzo de la evangelización en la vida de San Pablo. El
éxito de su misión no fue el fruto de una gran arte retórica o de prudencia pastoral;
la fecundidad fue vinculada al sufrimiento, a la comunión en la pasión con
Cristo. "Ninguna señal será dada sino aquella de Jonás el profeta"
ha dicho el Señor. La señal de Jonás es el Cristo crucificado - son los
testimonios que completan "lo que falta a los sufrimientos de
Cristo" (Col 1, 24). En todos los períodos de la historia siempre se ha
verificado la palabra de Tertuliano: La sangre de los mártires es semilla de
cristianos. 16. San Agustín dice lo mismo con palabras muy
bellas, interpretando a Juan 21, donde relata la profecía del martirio de
Pedro y el mandato de apacentar, que sería la institución de su primado, como
íntimamente vinculados, del siguiente modo: "Apacienta mis
corderos", es decir, sufre por mis corderos. Una madre no puede dar vida
a un hijo sin sufrimiento. Todo parto exige sufrimiento, es sufrimiento, y el
devenir cristiano es un parto. Digámoslo todavía una vez con las palabras del
Señor: El reino de Dios exige violencia (Mt 11, 12; Lc 16, 16), pero la
violencia de Dios es el sufrimiento, es la cruz. No podemos dar vida a otros,
sin dar nuestra vida. El proceso de expropiación es la forma concreta de dar
la propia vida. Y pensamos en las palabras del Salvador: "... el que
sacrifique su vida por mí y por el Evangelio, la salvará" (Mc 8, 35)
(Card Ratzinger). 17. Otra exigencia es el desprendimiento: nada de
talega o bolsa, ni de alforja. No se puede predicar el Evangelio para ganar
dinero y enriquecerse. Sería traicionarlo en lo que constituye su más íntima
esencia. Sería como si dijese a los demás: «Buscad las cosas de arriba»,
mientras se buscan las cosas de abajo; «entrad por la puerta estrecha»
mientras que se camina por la ancha. No se puede decir hoy que la Iglesia ha
sido siempre irreprensible en este punto. Pero ha demostrado poseer también
en sí misma el remedio contra este mal: los santos, los profetas, los
reformadores, que en el momento oportuno han levantado la voz contra los
abusos. Aún hoy puede existir el peligro de verdaderos imperios financieros
al amparo del nombre de Cristo, donde el contenido del Evangelio se trastorna
y se exalta el éxito y la riqueza, con lo que el Evangelio de la pobreza
llega a ser el «evangelio de la prosperidad». 18. “Cuando entréis en un casa, decid primero:
"Paz a esta casa"-Y si allí hay gente de paz descansará sobre ellos
vuestra paz; sino, volverá a vosotros”. Pero esta paz, esta dulzura y amor,
son fruto de la Cruz, por eso San Pablo sólo quiere gloriarse en la Cruz de
Nuestro Señor Jesucristo, con la cual está crucificado al mundo Gálatas 6,14.
Este mundo que tiene necesidad de la experiencia de Dios y de Cruz ofrecida
por los cristianos, por la Iglesia. Este mundo tanto más lejos de Dios y de
la paz cuanto más los necesita. Este mundo al que hay que darle a Dios para
que dignifique sus relaciones sociales, sus objetivos políticos, sus
problemas económicos. Esta sociedad a la que hay que reconducir al trabajo y
a la veracidad, a la obra bien hecha y al sacrificio, al desprendimiento y
austeridad y, sobre todo, al amor. Y ¿quién tiene la misión de reconducirla,
sino los discípulos de Jesús de Nazaret, es decir, la Iglesia, pues su alma,
como la de Israel, ha recibido un germen divino que debe ir transformando
como fermento la sociedad. "Paz a esta casa". Paz a este mundo. Ah!
Esos esqueletos vivos del Sudán, ¡cómo nos están espeluznando las carnes y
encogiendo el corazón, contemplando que los millones de ciudadanos del mundo
no hemos sido capaces de traer la paz, y los mil millones de cristianos no la
hemos sabido contagiar, la paz y la misericordia, y la compasión eficaz y
efectiva! 19. El cristiano ha de estar crucificado con Cristo,
debe morir al mundo, debe unir todas sus cruces a la Cruz de Jesús. El
cristiano lleva las marcas de la Cruz de Jesús, como Pablo Gálatas 6,14, porque
en el Bautismo ha participado en la muerte de Cristo y ha sido sepultado con
El. Que el mundo vea en nosotros las marcas de la Cruz...Y “si con él
morimos, viviremos con El, si con El sufrimos, reinaremos con El” (2 Tim
2,11). 20. "Como fieles de Dios, vengamos a escuchar lo
que él ha hecho por nosotros, sus asombrosas proezas en favor de los
hombres" Salmo 65. Sobre todas, la proeza inmensa de amor de entregar a
su Hijo a la muerte de cruz para que sea nuestra salvación y para que nos
asocie a su vida gloriosa, por la participación en su vida, muerte y por el
sacramento de la Eucaristía. Con la protección de la Reina de los Mártires. JESUS MARTI BALLESTER |
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JESUS MARTI BALLESTER |
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Pedro
Sergio Antonio Donoso Brant |