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DOMINGO XIX DEL TIEMPO
ORDINARIO CICLO C 12 de agosto de 2007 “UN PUEBLO EN EXODO HACIA
EL SEÑOR” Autor: Jesus Marti
Ballester |
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1. La sabia ordenación de la Liturgia de la Palabra
emanada del Vaticano II nos da la oportunidad y nos impone el deber de darle
al pueblo de Dios una más amplia formación sobre la Palabra, por la variada,
estudiada y conseguida coordinación de las Lecturas, pero algunas veces
pienso que en general estamos aprovechando con mucha deficiencia tal
oportunidad y deber y seguimos manteniendo al pueblo de Dios en formación
rudimentaria. Nos pregunta hoy Jesús: “¿Quién es el administrador fiel y
solícito a quien el amo ha puesto al frente de su servidumbre para que le
reparta la ración a sus horas?”. 2. Unas veces se nos dice que no lo entienden. Si no
se empieza a enseñar alguna vez, nunca lo entenderán. Otras, que la gente se
cansa o se aburre. Hagámoslo ameno. Aderecemos la comida y condimentémosla
bien. No les ofrezcamos refritos que estragan, ni repeticiones que adormecen,
sino Palabras vivas que brotan de nuestra intimidad. También se nos dice que
no tenemos tiempo, pero la realidad cruda es que se carece de estímulo de
reformarse y estudiar, leer, pensar, para convencerse de que la Palabra de
Dios es infinitamente más eficaz que la de los hombres. Una homilía basada en
una frase de la Escritura, con página y media después de frases humanas, deja
la impresión de que se confía más en el argumento terreno que en la voz de
Dios. Y lo que no se si es peor, en el desconocimiento de esa voz. Lutero
tuvo mejor visión del valor de la palabra que muchos católicos, y sus
seguidores siguen con esa visión aventajando a los que tienen primigeniamente
la Palabra. Aunque su error es también peligrosísimo, por el libre examen
pues para ellos cualquiera puede entender la Biblia, menos la Iglesia
Católica e incluso se contradicen en la traducción de su Biblia protestante.
Leen que Nuestro Señor dijo a San Pedro: Tú eres Pedro y sobre esta Piedra
edificaré mi Iglesia (Mat. 16, 18) (Pedro - piedra). Y afirman que Pedro no
es la piedra sobre la que edificó Cristo su Iglesia. “A ti te daré las llaves del Reino de los
Cielos (Mat. 16, 19) y después dicen que Cristo no encomendó a Pedro el
cuidado de su Iglesia. La misma Biblia protestante dice que nuestro Señor
concedió a San Pedro el don de la infalibilidad y la supremacía sobre los
Apóstoles, encomendándole que les confirmara, diciéndole: Yo he orado por ti
para que tu Fe no falle, y tú una vez vuelto confirma a tus hermanos (Lc. 22,
32) y después se contradicen. Si se
busca la verdad, hay que buscarla en Dios, Verdad Suprema. Hay que saber
distinguir qué sentido tienen esas palabras que doblan la Verdad. Hay que
conocer los diferentes géneros literarios en que se nos han transmitido, la
cultura en que fue escrita, el género de vida que vivían sus oyentes, el
talante de los autores, el fin que pretendían. Como hay hombres más ricos que
otros, hay también hombres más sabios que otros... San Jerónimo es más sabio
en Escritura que San Agustín, quien le consultaba interpretaciones de los
textos, por ser el doctor máximo en la exposición de las Sagradas Escrituras,
buen conocedor del griego, el hebreo, el siríaco, el árabe, y todas las otras
lenguas semíticas, por lo que pudo traducir la Biblia hebrea con sus
diferentes acepciones al latín, que se ha llamado Vulgata. También
moralmente: unos son más santos que otros, o más pecadores que otros.
Podríamos seguir, pero hemos de entrar en la homilía, para no incurrir en lo
mismo. 2. El libro de la Sabiduría, que un judío culto del
siglo I antes de Cristo dirigió a los círculos intelectuales de la cultura
griega, relee los grandes acontecimientos de la historia de su pueblo,
demostrando que el mundo está orientado por Dios según su plan de salvación.
Leyendo el éxodo, que arrancó a Israel de Egipto, explica que esta liberación
era el comienzo de una vida superior, en el que reina la gloria de Dios y su
justicia. Con la aceptación de la ley, esta liberación señala el camino de la
sabiduría. El Señor había dado órdenes precisas a Moisés porque le urgía ya
la liberación de su pueblo de Egipto, pues el clamor de los pobres era ya
vociferante. Su vida se había hecho ya en aquella tierra, insoportable. 3. Dios no es sólo liberador individual, según una
teología espiritualista pura, que sólo se realiza en la intimidad individual.
Es también un liberador social, que escucha la oración de su pueblo. Envía a
Moisés como su instrumento liberador, amenaza al Faraón con los diez castigos
de las plagas, y va a suceder la última: la muerte de todos los primogénitos
de Egipto, como nos lo cuenta el libro del Éxodo: "A medianoche, el
Señor hirió de muerte a todos los primogénitos de Egipto: desde el
primogénito del Faraón que se sienta en el trono, hasta el primogénito del
preso encerrado en el calabozo, y los primogénitos de los animales. Aún de
noche, se levantó el Faraón y su corte y todos los egipcios, y se oyó un
clamor inmenso en todo Egipto, pues no había casa en que no hubiera un
muerto" (Ex 12,29). 4. Los israelitas habían sacrificado el cordero al
atardecer, habían rociado con su sangre las jambas de las puertas de sus
casas, y lo habían comido con la cintura ceñida, dispuestos para el paso del
Señor Sabiduría 18, 6. Está evocando la noche de la salida de Egipto, noche
de vela tensa. Los hebreos están alerta, con las sandalias puestas, y el
bastón en la mano. Esperan que suene la hora de la pascua, del paso de la
esclavitud a la libertad, y de emprender la larga marcha por el desierto
hacia la Tierra Prometida. Dios va a caminar con su pueblo. Y caminaba
delante de ellos (Dt 1,30); iba al frente guiándolos de día en forma de nube
y de noche en forma de columna luminosa (Ex 13,21); los llevaba como un padre
lleva en brazos a su hijo (Dt 1,31), como el águila lleva la nidada sobre sus
alas extendidas (Ex 19,4); el ángel de Yahvé guiaba sus pasos (Ex 14,19).
Mientras guiabas a tu pueblo como un rebaño, por la mano de Moisés y de Aarón
(Sal 76,21). 5. El pueblo dichoso a quien Dios escogió, aguarda al
Señor Salmo 32, y tiene que esperarlo con la cintura ceñida. Conocían muy
bien los orientales el significado de esta expresión la cintura ceñida,
porque con los amplios vestidos que usaban, no podían caminar de prisa sin
ceñidor. 6. El progreso, gracias a Dios, hace sentirnos hoy
tan confortablemente instalados en la tierra, que, por nuestra desafortunada
miopía, nos cuesta aceptar que aquí sólo estamos de paso. Sin embargo, es una
realidad indiscutible. Somos peregrinos en busca de la patria verdadera:
"Peregrino soy en la tierra" (Sal 119,19). "Somos ciudadanos
del cielo" (FI 3,20). "No tenemos aquí ciudad permanente, sino que
andamos buscando la futura" (He 13,14). Pocos jóvenes, dice el cardenal
Rouco, escucha en las homilías estos conceptos. Es nuestra responsabilidad.
Rouco ha sido coherente con la misión de la juventud, que este día ha
culminado visitando al Papa en Castelgandolfo. Escribió San Juan de Ávila,
“lo que no se vive no se predica”. 7. La carta a los Hebreos nos hace contemplar el
desfile de la inmensa caravana de los peregrinos de la fe encabezada por
Abraham y Sara. Empieza el texto definiendo la fe: “La fe es seguridad de lo
que se espera, y prueba de lo que no se ve" (He 11,1). La fe se apoya en
la sabiduría y veracidad de Dios que no puede engañarse ni engañarnos, en la
fidelidad a sus promesas, y en su omnipotencia para cumplirlas, no en la
evidencia experimental. Por la fe, Abraham y Sara obedecieron a la llamada de
Dios, salieron de Jarán y, confiando en sus promesas, emprendieron el camino
sin saber adonde les llevaría. "Por la fe vivieron como extranjeros en
la tierra prometida, habitando en tiendas, mientras esperaban la ciudad de
sólidos cimientos cuyo arquitecto y constructor iba a ser Dios".
Avanzando de campamento en campamento "ansiaban una patria mejor, la del
cielo, viéndola y saludándola de lejos confesando que eran extranjeros y
peregrinos en la tierra". Nosotros nos hemos incorporado a la
peregrinación iniciada por nuestros padres, impulsados por la misma fe y
sostenidos por la misma esperanza de una patria mejor. 8. Somos peregrinos de la fe, no caminamos errantes,
a oscuras. Al final del camino hay luz, pues avanzamos "hacia la Ciudad
del Dios vivo, la Jerusalén celestial" (He 12,22). "Tenemos un Guía
de la salvación" (He 2,10) que conoce perfectamente el camino; pues él
es "el Camino nuevo y vivo" (He 10,20), como él mismo lo ha dicho: "Yo
soy el Camino, la Verdad y la Vida. Nadie va al Padre sino por mí" (Jn
14,6). Para entrar en la casa del Padre basta seguir las huellas de Jesús y
"tener los ojos fijos en él, que inició y completa nuestra fe" (He
12,2). Bajó a la tierra para ponerse al frente del nuevo éxodo del pueblo de
Dios hacia la tierra prometida, el Reino de los cielos, donde esperamos
entrar en el "descanso en Dios" (He 4,11). 9. El evangelio sigue la misma dinámica de éxodo
cuando nos dice que hemos de permanecer en vela, preparados para salir al
encuentro del Señor. Hemos de ser como el siervo fiel que aguarda en la noche
la llegada de su señor con la cintura ceñida y con la luz encendida. O como
el que vigila la llegada del ladrón con oído atento y ojo despierto. O como
el administrador prudente que espera a su amo con las cuentas al día y bien
hechas. La actitud propia del cristiano es de vigilancia y de fidelidad al
Señor, que puede llamar a la puerta a la hora menos pensada. "Dichosos
los criados a quienes el Señor, al llegar, los encuentre en vela: os aseguro
que se ceñirá, los hará sentar a la mesa y los irá sirviendo". 10. «No andéis preocupados por la comida ni por el
vestido... buscad que reine Dios, y eso se os dará por añadidura. No temas,
rebaño pequeño, que es decisión de vuestro Padre reinar entre vosotros» (Lc
12,31). «Donde está vuestro tesoro, allí estará también vuestro corazón».
Decía el Cura de Ars: El tesoro del hombre cristiano no está en la tierra,
sino en el cielo. Por eso nuestro pensamiento debe estar siempre orientado
hacia allí donde está nuestro tesoro. 11. El corazón regula la circulación sanguínea,
nutriendo los órganos con oxígeno y alimento. Su buen funcionamiento asegura
la regeneración de las células. Su parada ocasiona la muerte. Un tesoro es
el resultado de un largo trabajo, de orden material, cultural o espiritual.
Si lo encerramos para tenerlo protegido con la seguridad de no perderlo, se
convive con algo muerto. Un capital inmovilizado no alimenta la vida. El
tesoro asegura la circulación y el intercambio, y así engendra riqueza y crea
comunicación y vida. Dios quiere que esta vida se propague. Entre los que
están metidos en el circuito de la comunicación, el Señor puede aparecer de
improviso, y entrar con toda naturalidad, no como el dueño que viene a pedir
cuentas, sino como un partícipe del movimiento de la comunicación y del
servicio. 12. El Señor va a llegar, y hay que estar preparados
para ir con él a su reino, antes de que el Faraón se arrepienta de haberles
dejado salir de Egipto. Urge la diligencia a los que hemos elegido el reino y
en él hemos puesto nuestro corazón, y hemos decidido seguirle y colaborar con
él en la difusión, extensión y profundización de ese reino. Tened encendidas
las lámparas con aceite preparado por si se retrasa el Señor. Dios no será el
tapagujeros de nuestros problemas, sino que éstos se solucionarán en el
contexto de la realización de su reino. Reino que no hemos de reducir a la
otra vida, sino en las personas en las que Dios reina, y que se esfuerzan en
vivir como Dios quiere y en buscar la solución a los problemas de este mundo
según el evangelio, amando, sirviendo y ayudando como buenos administradores,
a ir resolviendo los problemas del hambre, del vestido... ignorancia,
carencia de palabra de Dios, soledad, tristeza.... 13. Jesús establece su reino en nosotros y nos pone
al frente de todos sus bienes. El no llega para hacerse servir sino para
servir a los que esperan y para compartir su gozo con ellos. El Señor de la
Luz no es sólo el que deslumbra con su luz, brillante como el sol de Pascua,
también es el Señor de los encuentros, de las aproximaciones imprevistas, de
las caídas en la noche, de las dudas y los miedos. Lejos de ser un Dios que
se impone, va a llamar a la puerta del que menos se lo espera y en el momento
menos pensado. Pedro pregunta: -¿Has dicho esa parábola por nosotros o por
todos?-. Haríamos mal en dormirnos, sobre todo nosotros, a quienes Cristo ya
se ha revelado, pues nos expondríamos a un despertar de sobresalto. Para el criado que no ha sido fiel, la venida
del Señor será una catástrofe, un robo, como el saqueo de una caja fuerte. 14.¡Ay del criado desordenado y perezoso, que ante la
demora del Señor, malbarata los talentos, desprecia el tiempo, no reparte la
ración de su palabra a la servidumbre, maltrata con despotismo a sus hermanos
y hermanas, y se dedica a beber y a banquetear! Le espera un castigo tanto
mayor, cuanta mayor responsabilidad se le haya entregado. Al que más haya
abusado de la confianza de su Señor, mayor castigo se le impondrá. "Al
que mucho se le dio, mucho se le exigirá; al que mucho se le confió, más se
le exigirá" Lucas 12, 32. 15. ¡Dichosos vosotros si cuando llegue el Señor, os
encuentra despiertos y a punto, venga a la hora que venga!. Igual puede venir
a media noche, como a la madrugada. Si os encuentra en vela, ocupados en
servicios de la casa, o en la oración, o dedicados al estudio, o enseñando la
doctrina, o exhortando, o repartiendo con generosidad, o presidiendo con
seriedad en la caridad, o haciendo obras de misericordia con alegría, o
administrando rectamente vuestros asuntos, en fin, cumpliendo fielmente las
obligaciones de vuestro correspondiente servicio, desarrollando vuestro
carisma para la edificación del Reino, y la construcción del Cuerpo de Cristo
(Rm 12, 7), os hará entrar al banquete donde él mismo os servirá. “Mira que estoy a la puerta y llamo, si
alguno oye mi voz y me abre la puerta, entraré en su casa y cenaré con él y
él conmigo” (Ap 3,20). Holman Hunt lo ha expresado en su pintura: Jesús
Esposo y Rey con corona de espinas llama a la puerta en la oscuridad de la
noche. La casa empobrecida y abandonada, suscita un hombre demacrado, pobre y
descuidado. Los abrojos y los cardos ante la puerta, anuncian la miseria y la
lobreguez que contrasta con la luz del fanal de Jesús. Pensamos en el soneto
de Lope de Vega: “¿Qué tengo yo que mi amistad procuras? / ¿Qué interés se te
sigue, Jesús mío / Que a mi puerta, cubierto de rocío / pasas las noches del
invierno oscuras?”. Espera que le abras. Si lo haces, cenarás con él. San
Agustín nos dice que teme a Jesús que pasa de largo… Si le abres y cenas con
él: Oye la cena que te prepara como escribe San Juan de la Cruz: 16. “Dios se comunica a esta su alma con tan impresionante
intensidad de amor que no hay ternura de madre, por fuerte que sea, que se le
pueda comparar. Es más, ningún amigo es tan impetuoso en su amistad. Ni
existe un hermano que manifieste su amor a su hermano como Dios lo hace al
alma en tan íntima unión. Puesto a hacer todo cuanto puede para engrandecer a
su alma, invierte los términos de criatura y Creador. A ella la trata como si
ella fuese señor y a si mismo, el inmenso Padre, se considera como criado de
la dichosa alma. Tanto afán tiene por regalarla que su trato con ella es como
sí Dios fuera esclavo y el alma fuera Dios del mismo Dios. ¡Maravilla de amor!
¡Deseos infinitos de engrandecería! ¡Profunda humildad de Dios! ¡Exquisita
dulzura de Dios!.Aquí se cumple lo que dice San Lucas: Dichosos esos criados
si el amo al Ilegar los encuentra en vela; os aseguro que él se pondrá
el delantal, los hará recostarse y les
servirá uno a uno... (Lc 12,37). ¡Dios ocupado en halagar; acariciar y
deleitar al alma como si fuera una madre que amamanta a sus hijos dándoles
vida de su misma vida, mientras los besa y los llena de caricias y ternuras!
Aquí se cumple lo de Isaías: Llevarán en brazos a sus criaturas y sobre las
rodillas las acariciarán; como un niño a quien su madre consuela así os
consolaré yo (Is 66,12). ¿Será capaz el alma de resistir tan infinitos,
dulces regalos? ¡Cómo no se derretirá en estos momentos en puro amor de Dios!
¡Con qué gratitud mirará a Dios viéndole con el pecho abierto derrochando
Amor soberano... amor largo...Es lógico que, en medio de tanta ternura, se
entregue totalmente a Dios como la Esposa de los Cantares: Yo soy de mi
Amado y él me busca con pasión. Amado mío ven, vamos al campo, al abrigo de
enebros pasaremos la noche, madrugaremos para ver las viñas, para ver si las
vides ya florecen, si ya se abren las yemas y si echan flores los granados, y
allí te daré mi amor (Cant 7,1-13). 17. Dispongámonos a presentar nuestro corazón con
disponibilidad total como Abraham, que obedeció a la llamada sin saber a
dónde iba, y como Isaac y Jacob, herederos de la promesa Hebreos 11,1, para
que como a ellos, el Señor resucitado, nos pueda sentar hoy en el banquete
que nos ha preparado y que él mismo nos va a servir para que crezca en
nosotros su reino, con las caricias maternas de la Madre de Jesús y madre
nuestra. JESUS MARTI BALLESTER. |
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JESUS MARTI BALLESTER |
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Pedro
Sergio Antonio Donoso Brant |