DOMINGO XV DEL TIEMPO ORDINARIO CICLO C

EL BUEN SAMARITANO

¿DE QUÉ TE SIRVEN TUS SACRIFICIOS, SI NO TIENES MISERICORDIA?

DOMINGO 15 DE JULIO

Autor: Jesus Marti Ballester

1. Como argumento para que el pueblo escuche la voz del Señor, y se convierta al Señor su Dios con todo el corazón y con toda su alma guardando sus mandatos, Moisés les dice y nos dice que la Ley, como expresión de la voluntad de Dios, puede ser cumplida, porque no excede sus fuerzas acrecentadas por Dios, no es inasequible, no está en lo alto del cielo o en Dios mismo, ni a distancias espaciales que exijan subir a las estrellas o a la otra orilla lejana del mar. El mandamiento de Dios está muy cerca de Deuteronomio 30,10. La Ley que nos ha sido dada y promulgada, está dentro del pueblo de la alianza, que la puede pronunciar con su boca, memorizarla y meterla en el corazón. La Ley, de origen divino, se ha encarnado en la palabra humana, y mediante ella viene Dios en el Sinaí en busca de su pueblo, y sale al encuentro de su pueblo, haciéndose cercano y prójimo, próximo, de su pueblo. Y en el camino, encuentra al hombre medio muerto y lo cura.

2. Por eso toda la asamblea canta confiadamente con el autor del Salmo 68: "Yo soy un pobre malherido...

Tu salvación me levante". Es el Dios de misericordia sin fin el que nos ha salvado y nos sigue salvando.

Es su gracia poderosa la que en nuestro caminar nos cura las heridas inferidas por las astas del toro del pecado, ahora que estamos en los encierros de San Fermín de Pamplona y que no han sido pocos los heridos de gravedad este año.

3. El pueblo debe hacer suya y apropiarse la Palabra de la Ley, aunque el Señor ya se la ha escrito en el corazón (Jr 31,33). La Palabra debe ser, no sólo leída, sino aprendida, saboreada, paladeada en la oración. Sin este grado de apropiación, es carga insoportable. Sólo cuando  viene impulsada desde dentro y se convierte en una urgencia de responder filialmente a Dios que se revela Salvador y Buen Samaritano, se convierte en miel para el paladar (Sal118,103), y se la ve y se la oye como la voz más íntima que la misma persona, y que habla en lo más profundo del yo. Entonces se puede cumplir la Ley, no con las fuerzas humanas, siempre débiles y escasas, sino con la energía de Dios que anima y robustece al hombre. Es Dios quien da la fuerza para responder a Dios.

4. A través de toda la experiencia y sabiduría del pueblo de Israel, que repite durante toda su vida tres veces al día el Shema, Israel, el letrado sabe que tiene que amar a Dios y cómo tiene que cumplir ese mandamiento, pero no conoce cómo tiene que amar al prójimo, porque en la praxis del judaísmo no se había acentuado esta segunda parte del máximo mandamiento de la ley. Y, sobre todo, no sabe quién es "su prójimo". Y por eso sigue preguntando: "¿Quién es mi prójimo?". Y Jesús cuenta la parábola, tan conocida, del buen samaritano, imagen de la auténtica santidad.

5. Como otras veces, introduce en la escena a este samaritano, hereje y no practicante del culto judío, que hace el contrapunto al sacerdote y al levita, observantes y piadosos, que bajan los 27 kilómetros que dista Jerusalén de Jericó, entre montañas escapadas, lugar propicio para cobijar a los bandoleros. Los dos judíos se supone que vienen de ejercer sus funciones religiosas en el templo de Jerusalén. Uno y otro, miran hacia el otro lado. Dan un rodeo. No quisieron ni contaminarse ni comprometerse. Era ilegal tocar la sangre y les incapacitaría para realizar sus actos de culto. Entre tanto, el pobre apaleado y medio muerto, queda tirado en la cuneta. ¿Qué religión practicaban aquellos profesionales de la religión y especialistas de la ley? Todo era superficial, o peor, hipocresía. Para la religión de Israel era primero el culto que la caridad. Jesús, que está enseñando su verdadera revolución, va a propinar un duro golpe a aquella mentalidad.

6. Ahí está el delicioso samaritano, proscrito por los hombres de la Torá, que, seguro no viene del templo de Jerusalén; (los samaritanos celebraban sus ceremonias en el monte Garicim) y sin ningún remilgo, descabalga, comprueba el estado del herido, siente lástima, lo lleva a la posada en su propia cabalgadura, lo cuida, y pasa la noche con él. Paga al posadero, le encarga que siga cuidándolo, y que lo ponga todo a su cuenta. Cuando todos han escuchado la parábola diáfana, pregunta Jesús al letrado: "¿Cuál de estos tres te parece que se portó como prójimo del que cayó en manos de los bandidos?". -"El que practicó la misericordia con él", respondió abrumado el letrado. "Anda, haz tú lo mismo", cerró satisfecho Jesús.

No necesitamos más argumentos. La lección está clara. Donde veas una necesidad, cuando veas en un apuro a tu hermano, practica con él la misericordia y estarás cumpliendo el primer mandamiento de la ley.

7. Lleva toda la razón Cerfaux cuando asegura que toda la civilización cristiana tiene su origen en esta parábola. Aunque muchísimos cristianos hoy parece que han heredado más las actitudes del sacerdote y del levita que las del samaritano, a juzgar por la cerrazón egocéntrica de nuestra sociedad. De la cultura del “es tu problema”.

8. ¿De qué les sirvieron sus rezos y ceremonias al sacerdote y al levita? Los que estuvieran atentos para creer en lo sobrenatural, a la actitud de estos dos comerciantes de la ley, a estos dos profesionales del culto, tenían motivos para no creer, al menos en aquellos hombres y, en consecuencia, en lo que ellos representaban. Lo verdaderamente nuevo, en la parábola del buen samaritano, no es que en ella Jesús exija un amor universal y concreto. La auténtica novedad, observa el Papa en su libro Jesús de Nazaret, está en otro punto. Después de narrar la parábola, Jesús pregunta al doctor de la ley que le había interrogado: «¿Quién de estos tres, el levita, el sacerdote, el samaritano, te parece que fue prójimo del que cayó en manos de los salteadores?».

9. Jesús da una inversión inesperada al concepto tradicional de prójimo. Prójimo es el samaritano, no el herido, como nos habríamos esperado. Esto significa que no hay que esperar pasivamente a que el prójimo se cruce en nuestro camino, con luces de emergencia y alarmas. Nos toca a nosotros estar dispuestos a percibir quién es, a descubrirle. ¡Prójimo es aquello a lo que cada uno de nosotros está llamado a convertirse! El problema del doctor de la ley aparece derribado; de problema abstracto y académico, se hace problema concreto y operativo. La cuestión que hay que plantearse no es: «¿Quién es mi prójimo?», sino: «¿De quién me puedo yo hacer prójimo, ahora, aquí?».

10 En su libro, el Papa hace una aplicación actual de la parábola del buen samaritano. Ve a todo el continente africano simbolizado en el desventurado que ha sido despojado, herido y medio muerto en la cuneta, y ve en los de los países ricos del hemisferio norte, a los dos personajes que pasan de largo, y a los salteadores que le han dejado en esas condiciones. Si Jesús viviera hoy en Israel, y un doctor de la ley le preguntara: «¿Quién es mi prójimo?», el samaritano sería un palestino! Pero es muy cómodo limitar el tema a África o a Oriente Medio. Si uno de nosotros le preguntara a Jesús: «¿quién es mi prójimo?», ¿qué respondería? Nos recordaría que nuestro prójimo no es sólo el compatriota, sino también el emigrante; no sólo el cristiano, sino también el musulmán; no sólo el católico, sino también el protestante. Pero añadiría que no es esto lo más importante; lo más importante no es saber quién es mi prójimo, sino ver de quién me puedo hacer yo prójimo, hoy, aquí; para quién puedo ser yo el buen samaritano.

11. Cuando practicamos el amor y la misericordia, también estudiando la palabra y exponiéndola con sencillez, estamos imitando la misericordia del Padre, que nos ha enviado a Jesús, su Hijo amado, a curarnos cuando estamos atracados y heridos por el demonio y caídos en la cuneta del pecado, como más o menos dice San Agustín. Jesús es el Buen Samaritano, que ahora nos está curando las heridas con el aceite de su palabra, y con el vino de su sangre, ayudado por su bendita Madre, la Enfermera celestial.

JESUS MARTI BALLESTER.

JESUS MARTI BALLESTER

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Pedro Sergio Antonio Donoso Brant

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