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DOMINGO XVI DEL TIEMPO
ORDINARIO CICLO C ABRAHAM Y MARTA Y MARIA
HOSPEDAN ATENTOS AL SEÑOR DOMINGO 22 DE JULIO Autor: Jesus Marti
Ballester |
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1. Parecería, después de escuchar la parábola del
buen samaritano, que toda la enseñanza de Jesús se concentraba en la acción. “Ve,
haz tú lo mismo”. Caeríamos entonces en la trampa actual del hacer, producir,
prescindiendo del ser. Ante la actitud de Abraham y de María, comprenderemos
la actitud exacta que Jesús nos quiere enseñar, mirarle a él para hacer, orar
para producir. Para ser una Iglesia samaritana, debemos ser primero una
Iglesia abrahámica y mariana. Es decir, debemos ser una Iglesia que escucha
la Palabra y la pone en práctica. Si seguimos y profundizamos lo vamos a
entender. 2. La virtud de la hospitalidad practicada por
Abraham nos prepara para contemplar simultáneamente otra escena de acogida
del huésped por parte de Marta y María. En ambos casos el huésped es Dios.
Abraham no lo sabía y Marta casi tampoco. El motivo de la visita de Dios a
Abraham afianzando los lazos de amistad comenzada hace años entre los dos, le
trae el anuncio de que la promesa del hijo ya está cumpliéndose. Abraham se
prodiga en atenciones, pues la hospitalidad era característica de los
orientales, y por otra parte necesaria, dada la precariedad de medios en
aquella cultura seminómada. Pone en movimiento a los criados: traed agua para
lavarles los pies, coged tres cuartillos de harina, amasadlos para hacer una
hogaza, escoged un hermoso ternero y manda a un criado a que lo mate y lo
guise. Preparar el requesón, traer la leche y el ternero preparado y
servírselo. Mientras los tres hombres comían, Abraham permaneció de pie,
atento a los tres personajes, pendiente de sus gestos y de sus miradas, como
dice el salmo: "Como están los ojos de los esclavos fijos en las manos
de sus señores, así están los ojos de Abraham, en el Señor, esperando su
misericordia" (Sal 122,2). 3. Abraham observaba, sentía que aquella presencia le
hacía arder el corazón y se experimentaba conmovido y movido a actuar con
sumo respeto en medio de su contemplación. Se comprende intrigado porque
aquellos huéspedes parecen diferentes de las otras personas nómadas a quienes
tantas veces ha visto y tratado y hasta ha hospedado. En una cultura en que
la mujer no cuenta, resulta extraño que pregunten por Sara, que se quedaba en
la penumbra, reservada y tímida, pero preguntan por ella, pues en su seno ha comenzado,
o va a comenzar a germinar, el cumplimiento de la tan esperada promesa.
Abraham respondió que Sara estaba en la tienda. Y uno de los tres dijo a
Abraham: "Cuando vuelva a verte dentro del tiempo natural, Sara habrá
tenido un hijo". Sara lo oyó desde dentro de la tienda, y se rió
sorprendida dudosa y gozosa, que es el significado del nombre de Isaac, “el
que hace reir”. Parecería normal que hubieran llamado a Sara y le hubieran
dado la noticia que biológicamente afectaba más a ella. Pero desde el comienzo
de la llamada de Abraham éste ha sido el interlocutor de Dios y el que ha
recibido la promesa. 4. En el contacto con sus huéspedes ha ido creciendo
la confianza de Abraham. Poco a poco ha comprendido que no son de este mundo.
El crecimiento de la amistad es terreno abonado para las confidencias. Ese es
el clima que se está creando entre Abrahám y el interlocutor y la prueba de
la verdadera amistad, compartir secretos íntimos. “Ya nos os llamo siervos,
sino amigos, porque os he revelado
todo lo que se de mi Padre. iEn ese clima, el Señor revela a Abraham su
decisión de destruir la ciudad de Sodoma. Abraham, el hombre que ha escuchado
tantas veces a Dios, ha comprendido hoy que para ser el padre de un gran
pueblo y conocer los designios de Dios, ha de estar a la escucha de sus
palabras. A fuerza de escuchar tantas veces la palabra del Señor, ha ido
conociéndolo mejor y en su corazón ha crecido su cariño y su intimidad.
Génesis 18, 1. 5. La escucha de la palabra exige y es causa de
practicar la justicia, tener intenciones limpias y leales, no hacer mal al
prójimo, no difamarle, no ser usurero, ni aceptar soborno contra el inocente.
El que así obra nunca fallará y merecerá hospedarse en la tienda del Señor,
como Abraham ha conseguido hospedarle en la suya. Salmo 14. Nuestro ideal es
aspirar a ser amigos íntimos del Señor, y “amigos fuertes de Dios”, como nos
quiere Santa Teresa. 6. Marta y María han hospedado también a Jesús en su
casa. María, como Abraham, ha permanecido a la escucha de la palabra de Jesús.
Marta ha cargado con todo el trajín, más atenta a que el hospedaje que
ofrecía a Jesús fuera decoroso, que a la acogida que prestaba a su persona.
No estaba mal esto, pero lo principal era lo otro. "A los pobres los
tenéis siempre con vosotros, en cambio, a mí no siempre me tenéis" (Mt
26,11). Jesús no había ido a su casa a que Marta y María le dieran un
banquete, sino a ofrecérselo él a las dos, porque "No sólo se vive de
pan, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios" (Lc 4,4). 7. Cuando Marta, nerviosa, tensa, agobiada y un poco
celosilla, pidió a Jesús que reprendiera a Marta, consiguió ser ella la
amonestada: "Estás inquieta y nerviosa por tantas cosas: una sola es
necesaria". No reprendió su servicio, sino el modo de servir. ¿Por qué
estaba tensa? Quería jugar un buen papel delante de su huésped. Buscaba
causar una impresión de eficacia; ganar prestigio de buena anfitriona, más
que acoger a la persona del Maestro. Con amor de sí misma se olvidó del amor
al Señor. En vez de dedicarle a él la atención y el afecto y el cariño, la
mirada y el acatamiento, la dedicó a los pucheros y a la sopa, a las
manzanas, a los dátiles y a la carne que estaba cociendo, al mantel y a la
colocación de los muebles y esteras. No es que esto estuviera mal, es que esa
actitud activista la descentraba, le robaba hondura y serenidad y perdía la actitud mejor, que es la que supo
adoptar María, eligiendo la mejor parte, que no se la quitarán Lucas 10, 38.
8. Otra vez las dos hermanas: -- Marta servía -- y María -- tomando una libra
de perfume de nardo puro, muy caro, ungió los pies de Jesús y los secó con
sus cabellos. Y la casa se llenó del olor del perfume -- (Jn 12, 1). Una
expresa su amor con el servicio concreto; la otra con gestos de amor a Jesús.
Una, muy práctica, prepara las comidas a Jesús y la otra, de forma más lírica
y poética, perfuma a Jesús. Ambas vocaciones son hermosas, pero corren un
riesgo: las personas activas, pueden caer en la disipación y la ansiedad; las
contemplativas, en la pereza y el ocio. Es necesario tener el corazón de
María y las manos de Marta. Hay que encontrar la perfección y el equilibrio
entre las dos vocaciones en la Virgen María. «María» meditaba en su corazón
las palabras de Dios y estaba en silencio junto a la cruz; y como -- Marta -- visitar a su prima Isabel y en
Caná darse cuenta de que no había más vino. Hemos de saber reservarnos algún
tiempo para pararnos, para reencontrar el centro y los motivos de nuestro
actuar, para entrar en nuestro ser profundo con Dios. Sin descartar que las
dos, como su hermano Lázaro, querían mucho a Jesús y Jesús a ellos, por eso
para Jesús aquella casa de Betania era tan querida y se encontraba tan a
gusto que cuando subía a Jerusalén, allí tenía su hogar y así lo manifestó al
morir Lázaro cuando lloró ante su sepulcro: ¡cómo lo quería! decían los que
vieron sus lágrimas. Y Lázaro, nuestro amigo, duerme”. 8 La Iglesia tiene que hacer la síntesis de las dos
posturas. No excluir una en detrimento de la otra, sino integrar las dos. De
la intensidad de la atención al Señor brota la iniciativa del servicio y la
permanencia en él, aunque no sea gratificante. Porque sensiblemente casi
siempre es menos placentero atender a Dios, que parece que no nos dice nada
aunque nos pasemos la noche en oración, que dar de comer a un enfermo que nos
corresponde con una sonrisa. Y seguramente es más apetecible organizar un
club de muchachos agradables, que dedicar la mitad del tiempo a estar sentado
a los pies del Señor como María, o estar de pie con los ojos fijos en él,
como Abraham. Un esposo que trabaja toda la semana y cuando llega por la
noche cansado, apenas le dice cuatro palabras a su esposa, y el viernes por
la tarde le entrega el sobre abultado con el salario ganado y cree que porque
ha estado enfrascado en el trabajo para la esposa ha cumplido con su deber de
esposo, no se ha dado cuenta de que la atención a la persona de su esposa y
al diálogo con ella es más importante. ¿Pueden estar toda la semana mirándose
a los ojos? No, hay que integrar las dos actitudes. Primero, el corazón a la
esposa y desde ahí, el trabajo con mayor ilusión. "Cuando estás en casa
te entretienes jugando con el ordenador, y ahora salimos de paseo con los
niños, y te vas a ver a tu prima", oí quejarse dolida a su esposo a una
esposa, con razón. 9. Santa Teresa decía que entre los pucheros anda el
Señor, pero si no se enciende por la mañana la caldera de la calefacción,
estamos todo el día destemplados, pensando sólo en los pucheros. Para meter
al Señor entre los pucheros, hay que cultivar su amistad. De lo contrario el
Señor se va difuminando y quedando en la penumbra hasta desaparecer del
horizonte, y entonces aparece la tensión, se pierde la calma y sólo cuenta el
trabajo y "tantas cosas". Una Iglesia que centre más su atención en
el trabajo de Dios que en la persona de Cristo, ni ha entendido el amor, ni
ama de veras, y además, se agota en la esterilidad. 10. Han sido años difíciles, los pasados, para el
tema de la oración. Digo el hábito de la meditación por cuanto formaba parte
del horario de cada día, que no propiciaba mucho el hábito, al menos interior
y de profunda convicción. En realidad no sé había hecho una pastoral
pedagógica y eficaz de la oración, en todos los niveles. Fuera de una plática
teórica dedicada al tema de la oración en los ejercicios espirituales
anuales, ya no se trataba más. Se consideraba tema sabido. Ocurría como en la
ficha de la mili: Valor: se le supone. Era asunto supuesto. Los jueves y los
domingos, se oían pláticas en las que se vertían ideas. Pero nada de
ejercicio personal de oración. Hablo en general; siempre, en todos los
campos, hay alguna excepción que confirma la regla. De todos modos opino que
se tenía conciencia de que había que hacer meditación. Quizá en los años
cincuenta se mantiene, pero a la baja, esta conciencia. Y ya en los sesenta
se invierten los términos: en vez de ir al sagrario, hay que ir al hermano,
es mejor tomarse unas cervezas en el bar con unos muchachos, que estar un
rato de rodillas ante el Señor. Y entonces comienza el rumor y la sospecha sobre
la oración: es una evasión, urge el compromiso, hay que actuar ya. Se
retrasaron un poco. En España siempre se retrasan los movimientos, sean del
orden que sean. 11. Ese movimiento del «activismo» se había iniciado
y desarrollado en los Estados Unidos de América, a finales del siglo XIX. Lo
descalificó León XIII en una carta al Arzobispo de Baltimore, "Testem
benevolentiae" del 22 de enero de 1899. El Papa en esa carta condena el
«activismo» y acuña un nombre para designarlo: el «americanismo», y que
posteriormente Pío XII convertiría en la «herejía de la acción». Aún en el
año 1945 publica un libro el cardenal Speellman, Arzobispo de NuevaYork, con
el significativo título de -- Acción ahora mismo --. Vemos que por aquellas
fechas España aún andaba bastante regular. En el año sesenta y dos comenzó el
Concilio y, lo que se esperaba una bocanada de aire fresco en la Iglesia que
vivía con las ventanas cerradas, se convirtió en un huracán, que se llevó
tras de sí aquellas conciencias, ya poco sólidas, de los años cuarenta. Se
ridiculizó el rezo de oraciones tan venerables y arraigadas como el Rosario,
se desmantelaron trisagios, adoraciones eucarísticas, triduos de cuarenta
horas, novenas, ejercicios del mes del rosario, de las almas y de mayo, todo
en nombre del Concilio, que no había dicho eso, sino todo lo contrario. Había
rutinas y polvo de siglos que sacudir y poner al día, pero, de ninguna
manera, extinguir. Al pueblo se le quitó lo que tenía sin darle ninguna
sustitución. Comenzaron a cerrarse los templos por la mañana y abrirlos sólo
por la noche para la misa vespertina, y se condenó a muerte la piedad
popular. 12. Pablo VI se lamentaba y decía: -- Un célebre
escritor de nuestro tiempo hace decir a uno de sus personajes, un cultísimo e
infeliz sacerdote: "Yo había creído con demasiada facilidad que podemos
dispensarnos de esta vigilancia del alma, en una palabra, de esta inspección
fuerte y sutil, a la que nuestros antiguos maestros dan el bello nombre de
oración" (Bernanos, L´impost). 13. El Espíritu Santo que vela por la Iglesia va a
intervenir. Ha escrito Oscar Cullman, teólogo protestante, que cuando la
Iglesia deja la oración el Espíritu Santo la deja a ella. Quizá la expresión
no es muy acertada, pero es gráfica e indica una situación psicológica, más
que teológica, porque en realidad lo que hace el Espíritu Santo es corregir
la dirección y curar el desvío. Y lo hará allí mismo donde comenzó el error.
El americanismo, herejía de la acción y escape de la oración, comenzó en
Estados Unidos. En la película
americana Siguiendo mi camino, protagonizada por Bing Crosby. Este encarna a
un sacerdote joven que llega a una parroquia americana, y que responde con
una sonrisa irónica a la pregunta del sacerdote mayor sobre si hace oración.
Pues allí, en Estados Unidos, entre los universitarios, nacerá la Renovación
Carismática para revalorizar la oración. Entre los laicos. Es tan vital la
oración que, cuando las vocaciones de consagrados están pasando su invierno,
el Espíritu Santo hace germinar la primavera en el pueblo llano, para que
vengan a ser como los primeros cristianos, de quienes los paganos decían que
eran «hombres que oran, y hombres que aman”. 14. Y después, o a la vez, ha hecho surgir los nuevos
movimientos.: «Es evidente que nos encontramos ante una crisis bastante
fuerte porque la Iglesia como institución no logra llegar a determinados
sectores», ha manifestado Silvano Cola, responsable de los sacerdotes del
movimiento focolar. Ya el cardenal Ratzinger dijo que, tras el Concilio
Vaticano II, en lugar de una explosión de vida, hubo una helada, hasta que el
Espíritu Santo volvió a soplar y crear los carismas conocidos como nuevos
movimientos». El cardenal James Francis Stafford afirma que los movimientos
son la vanguardia de la nueva evangelización querida por el Siervo de Dios,
Juan Pablo II, por lo que hay que dar a los sacerdotes, que parecen
presionados por la gran cantidad de dificultades, un poco de esperanza. Está
cambiando el rostro de la Iglesia. Antes todo se concentraba en las diócesis
y en los párrocos, ahora está naciendo en el laicado una fuente de
evangelización». 15. En una reunión de superiores mayores italianos,
celebrada en Collevalenza, un padre salesiano, ha dicho: -- Desde hace 17
años hemos alentado una rama de vida consagrada, hemos producido chispas
apagadas, no ha nacido nada. Estábamos buscando leña para nuestra chimenea,
cada uno por su cuenta, pero era leña verde y no se encendía ningún fuego, y
no nos hemos dado cuenta del incendio que el Espíritu Santo ha encendido con
los movimientos --. -- El Papa ha
insistido mucho en el perfil mariano, que es esencial al perfil petrino. El
perfil mariano implica una vida de santidad que es esencial para cada
cristiano. En términos teológicos, antes toda la estructura estaba basada en
la actuación, se confiaba en los sacramentos que actúan ex opere operato, y
se miraba menos a la santidad interior. El cardenal Darío Castrillón ha
subrayado que hace falta santidad personal, para poder evangelizar. Vemos en
los jóvenes la fe mariana, que no está en competencia con el perfil petrino.
Al contrario, el perfil mariano vive por el perfil petrino, mientras que el
petrino vive para la santidad del perfil mariano y no está en contradicción,
no hay oposición sino unidad, pureza, maternidad y coherencia. Hay que vivir
con María como ejemplo a seguir siempre --. 16. Que la Eucaristía, en la que el Señor nos hospeda
en su casa, y después de explicarnos las Escrituras, nos reparte su pan y su
vino, alimente nuestro amor y gratitud por la salvación, haga arder nuestro
corazón como a los discípulos de Emaús y lo mantenga atento durante la
semana, como Abraham y María que escuchan la palabra de Dios para cumplirla. JESUS MARTI BALLESTER. |
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JESUS MARTI BALLESTER |
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Pedro
Sergio Antonio Donoso Brant |