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DOMINGO XVII DEL TIEMPO
ORDINARIO CICLO C 29 de julio de 2007 LA FUERZA DEL HOMBRE Y LA
DEBILIDAD DE DIOS Autor: Jesus Marti
Ballester |
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1. Camino de Sodoma partieron los ángeles para examinar
con justicia a la ciudad. El Señor seguía en compañía de Abraham, con la
intención de que Abraham ejerciera su carisma de instrumento de intercesión,
como padre del Pueblo de Dios y así comienza el Patriarca a interceder por
Sodoma: “El juez de toda la tierra ¿no hará justicia? Su confianza en el
Señor había crecido, y apela a la justicia de Dios que no puede consentir la
destrucción de los inocentes por causa de los culpables: "Si hubiera
cincuenta inocentes en la ciudad, ¿no la perdonarás en atención a los
cincuenta?" Génesis 18, 20. Abraham retuerce el argumento. En vez de
castigar a los justos por causa de los culpables, ¿por qué no salvar a los
culpables por causa de los justos? De la confianza en la justicia, la audacia
de Abraham pasa a invocar la justicia en servicio de la misericordia, para
que una ciudad pecadora no acarree el castigo sobre cincuenta inocentes, sino
que cincuenta, cuarenta, treinta, veinte, diez inocentes salven a una ciudad
entera. ¿No puede el amor de Dios, cuya gloria es el hombre viviente, hacer
que su justicia de vindicativa del mal se convierta en justificativa de los
malos haciéndolos justos? 2. Accede el Señor a la intercesión y se presta al
regateo. Lleno de osadía, a la vez que de humildad, sigue Abraham rebajando
el número de los inocentes hasta diez. El pensaría en Lot y en su familia,
que siguen vinculados a él y a la promesa: - "En atención a los diez no
destruiré la ciudad". Abraham ha invertido los factores de la
solidaridad. De una ciudad malvada que arrastra al castigo a unos inocentes,
pasa a diez inocentes que pueden conseguir el perdón de la ciudad. La
justicia que va a ejercer sobre Sodoma servirá para que la descendencia de
Abraham se enderece por buenos caminos “y hagan justicia y juicio para que
cumpla Yahvé a Abraham cuanto le ha dicho”. 3. En ese camino está cercano ya al Siervo de Yahvé
de Isaías, quien, uno solo, con su justicia salvará y justificará a muchos
(Is 53,11). Ya estamos en plena profecía del plan salvador realizado en la
cruz por un solo justo, Jesucristo. 4. La misión de Abraham y de su pueblo aparece clara
a esa luz: la misión de la intercesión no sólo por su pueblo, pues Sodoma no
lo es, sino por toda la humanidad, representada aquí en Sodoma, que resume la
maldad de los hombres. La revelación de Dios a Abraham de su plan sobre
Sodoma, el mundo, constituye al confidente, en mediador, como Moisés. Dios
habla y actúa, haciendo ejercitar de inmediato la intercesión de Abraham. Y
con ello manifiesta que su amor que quiere prender fuego a la tierra, va a
contar con el hombre, a cuya petición y oración no sólo está siempre
plenamente abierto, sino que la propicia y estimula. 5. El salmista confiesa su experiencia de oración
favorecida: "Cuando te invoqué, Señor, me escuchaste" Salmo 137. 6. Abraham suplicando nos ha abierto el camino hacia
la enseñanza de Jesús. El era un hombre de oración. En sus años de Nazaret,
oraría en la sinagoga, con su familia santa, y también a solas. Tardes y
noches del sabat, cuando ya mayorcito, se ha ido a la soledad del campo o de
la montaña para hablar con su Padre, lleno de su Espíritu Santo. Poco a poco,
a medida que iba creciendo en edad y en gracia, ha ido descubriendo el
inmenso amor que el Padre le tiene, al que él va correspondiendo y va
comprendiendo que la única comparación que se aproxima a su ternura, es la
del amor que él ha ido recibiendo de san José y de su madre María, que son
sus papaítos. 7. Cuando los discípulos le vieron una vez orar,
quisieron orar como él. Se le veía tan lleno de luz y de paz, de cariño y de
suavidad, e irradiaba tanto candor y tanta belleza, que les fascinó. Cómo
sería el rostro y toda la persona de Jesús cuando estaba inmerso en oración,
sólo con verle orar, se enamoran de la oración y piden al Maestro que les
enseñe también a ellos a orar. Y Jesús les contenta, como hemos oído,
enseñándoles la oración del Padre Nuestro. En el libro del Papa Benedicto XVI sobre Jesús,
escribe el Papa: “Sin el arraigo en
Dios la persona de Jesús es fugaz, irreal e inexplicable. Éste es el punto de
apoyo sobre el que se basa este libro mío: considera a Jesús a partir de su
comunión con el Padre. Éste es el verdadero centro de su personalidad».
"Señor, enséñanos a orar" (Lc 11,1). Y les enseñó la primera
oración cristiana, muy distante de las rituales impersonales y rutinarias de
la sinagoga, que ellos conocían. 8. Comenzó a invocar justamente al "Papá"
de su experiencia personal, que no cambia la realidad del Altísimo, del
Todopoderoso, del Omnisciente, del Todo hermoso, del Dios Soberano sobre
todos los dioses, acentuado por el Antiguo Testamento, sino que destila su
experiencia de Padre bueno que desborda amor, cariño, confianza, amistad, en
la que predomina el deseo de la llegada del reino y su santidad, el
cumplimiento de la voluntad del Padre, y sigue la petición del pan de cada
día y el perdón fraterno, en resumen del amor, y la fuerza para no caer en la
tentación del antirreino, que arrastra consigo todo el mal. La invasión del
amor. Era toda una revelación exhaustiva de la idea de Dios, que es la que
conviene al hijo que no sólo quiere un Dios dulzón, sino un Dios poderoso y
justo, que no ignora los esfuerzos ni las luchas y los sufrimientos de sus
hijos. 10. Pero ¿cómo personalizar y vitalizar la oración de
petición, para que no decaiga en la rutina? Tenemos necesidad de la oración
personal, meditativa o contemplativa. No es suficiente la oración vocal
obligatoria. ¿No es suficiente la celebración eucarística y la Liturgia de
las horas?- se pregunta el cardenal Martini. El interrogante que se nos
plantea cuando debemos luchar por esta oración es si vale la pena luchar,
hacer tantos sacrificios por algo que no sabemos muy bien si es necesario.
¿Se puede saber si la oración es fructuosa o si he dado golpes de ciego y he
perdido el tiempo? ¿Existe el riesgo de que se convierta incluso en
desorientadora, engañosa o falsa? Podemos pensar que es una ilusión y, que no
somos capaces de hacerla, que es una idea de los padres espirituales, de
santa Teresa, de los santos: una realidad justa y bella, pero no para
nosotros. Y llegamos a creer que se podría prescindir de ella, que ya tenemos
la misa, el breviario y la preparación de la homilía. Y comienza un proceso
un poco ambiguo de autojustificación: no tengo tiempo y, si acaso, la haré
mañana. Poco a poco, la oración mental, o personal, va quedando marginada.
Sin embargo, advertimos pronto los efectos dolorosos que esto tiene: la
Liturgia de las horas se hace también costosa, y a veces la misma celebración
eucarística resulta pesada, rutinaria, formal. Ese estado de cansancio, que
tiene su origen precisamente en el abandono de la oración personal, se va
extendiendo gradualmente a la vida, dificultando el ordenamiento de los pesos
cotidianos con que se debe cargar. El problema de la oración mental no se
plantea, pues, en sí mismo, sino en sus consecuencias: existe en la Iglesia
como crisis, como carencia, porque, cuando llega a faltar la oración personal,
todas las demás formas de oración acaban también por reducirse a gestos
exteriores, a ejecuciones, a cumplimientos externos, que duran poco o se
arrastran con suma dificultad. Creo que esta grave crisis en la Iglesia
actual no sólo afecta a la vida sacerdotal, sino a la misma vida consagrada,
en particular a la de tipo apostólico. 11. Ahora estamos escuchando a Jesús, que nos dice:
“Velad y orad, para no caer en la tentación”. Sus palabras son tan actuales y
más que la sangre que corre por nuestras venas y que los latidos del corazón
que estamos sintiendo. Su amor sigue tan real y actual, que en seguida va a
estar vivo y resucitado sobre el altar. Viene con el Corazón lleno de su
Espíritu para derramarlo sobre toda la comunidad y sobre cada uno. Cuando a continuación
recemos el Padre nuestro, unidos a la Madre de Jesús, recordemos que él nos
lo ha enseñado y que nos quiere a todos salvados por su Sangre. A él gloria
por los siglos. Amen. JESUS MARTI BALLESTER. |
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JESUS MARTI BALLESTER |
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Pedro
Sergio Antonio Donoso Brant |