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DOMINGO XVIII DEL TIEMPO
ORDINARIO CICLO C 5 de agosto de 2007 "LO QUE HAS
ACUMULADO ¿DE QUIEN SERÁ? Autor: Jesus Marti
Ballester |
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1. Desde el domingo 12 hasta el 18 del Ciclo C, Jesús
nos ha venido ofreciendo en el evangelio las notas esenciales que deben
caracterizar a sus discípulos. 1º, deben seguirle cargando con su cruz cada
día (domingo 12); 2º, deben practicar la mansedumbre, predicada a Santiago y
Juan en Samaría, afirmar la decisión de permanecer
con él, y cumplir las exigencias del reino, manifestadas a los que pretenden
seguirle (domingo 13); 3º, con la designación de los 2. Situemos la primera lectura: Al preguntarse el
autor del Eclesiastés, si el hombre puede encontrar en las cosas de la tierra
la felicidad plena que anhela su corazón, pasa revista a todas aquellas cosas
que parecen prometerla, y el resultado de sus investigaciones es que los
esfuerzos que el hombre pone en buscarla son tan vanos, como el perseguir al
viento. Pero descubre que existe una felicidad relativa, la que proporcionan
la ciencia y las riquezas, los placeres de la mesa, las alegrías de la
juventud y el hogar, todo como don de Dios, e invita a gozar de ellas en los
días de vida que el Señor le conceda, hace un elogio relativo de la
sabiduría, y recomienda el temor de Dios, que El no dejará sin recompensa. El
libro ofrece un moderado optimismo. Y avisa que Dios juzgará las obras de los
hombres, por lo que amonesta a que gocemos de los bienes y alegrías que el
Señor nos conceda en los días de nuestra vida, pero sin ofender a Dios. El
autor no es un pesimista decepcionado tras sus experiencias, que proclama que
no vale la pena vivir. 3. Perdida toda fe en Dios, hoy con frecuencia muchos
se encuentran en las condiciones de Qohélet, que no
conocía aún la idea de una vida después de la muerte. La existencia terrena
parece en este caso un contrasentido. Ya no se usa el término «vanidad», que
tiene sabor religioso, sino el de absurdo. «¡Todo es
absurdo!». El teatro del absurdo (Beckett, Ionesco) era el reflejo de toda una cultura. Los que
evitan la tentación de la acumulación de las cosas, como ciertos filósofos y
escritores, caen en algo peor: la «náusea» ante las cosas. En la novela La
náusea, Sartre afirma que las cosas están «de más»,
son oprimentes. En el arte, vemos las cosas
deformadas, objetos que se aflojan, relojes que cuelgan como jamones. Es el
«surrealismo», que es un rechazo de la realidad. Todo exhala putridez,
descomposición. ¡El abandono de la idea del cielo no ha hecho más libre y
alegre la vida en la tierra! Qohelet aún reconoce
que existe en la tierra una felicidad relativa que él mismo invita a
disfrutar. Ni es un optimista que sonría a la vida como si ésta ofreciese la
felicidad a ultranza, porque todo es vanidad y persecución del viento. Es un
realista, que juzga la vida tal como se presentaba a un israelita de su
época. Ignora la felicidad eterna, no la encuentra en esta vida y, siente
desilusión. Vive en una época social y políticamente deficiente, en que no
era fácil conseguir ni siquiera las alegrías que la vida puede ofrecer. El
Eclesiastés, concediendo un cierto valor a los bienes terrestres, constata su
inconsistencia y vaciedad, y así orientaba insensiblemente a los hombres
hacia un futuro ultraterreno. En esto es más positivo que el libro de Job,
quien si hubiera obtenido recompensa temporal para su justicia, se hubiese
aquietado. El Qohelet, no; porque ha gozado todo lo
que la vida en el mundo da de sí y lo ha encontrado incapaz de satisfacer
plenamente las aspiraciones del hombre. "Hay quien trabaja con
sabiduría, ciencia y acierto, y tiene que dejarle su porción a uno que no ha
trabajado" (Ecl 2,21). 4. Aparentemente negativo, Qohelet
es altamente positivo, pues al constatar la insuficiencia de una retribución
terrena, lanza al hombre hacia nuevas metas. Las que el evangelio nos señala:
“ser rico ante Dios” y por eso Pablo nos exhorta: a "buscar los bienes
de allá arriba, donde está Cristo, sentado a la derecha de Dios, y no los de
la tierra" Colosenses 3, 1. Y nos confiesa su planteamiento en su carta
a los Filipenses: “Todo eso que para mí era ganancia, lo tuve por pérdida
comparado con el Mesías; más aún, cualquier cosa tengo por pérdida al lado de
lo grande que es haber conocido personalmente al Mesías Jesús mi Señor. Por
él perdí todo aquello y lo tengo por basura con tal de ganar a Cristo e
incorporarme a él” (3, 7). 5. Uno entre
la gente pidió a Jesús que interviniera en un litigio entre él y su hermano
por cuestiones de herencia. Como a menudo, cuando presentan a Jesús casos
particulares, no responde directamente, sino que afronta el problema en la
raíz; se sitúa en un plano más elevado, mostrando el error que está en la
base de la propia cuestión. Los dos hermanos están equivocados porque su
conflicto no deriva de la búsqueda de la justicia y de la equidad, sino de la
codicia. Entre ellos ya no existe más que la herencia para repartir. El
interés acalla todo sentimiento, deshumaniza.Y les
cuenta la parábola de un hombre rico que consiguió una gran cosecha que
desbordaba sus graneros, y se vio forzado a ensancharlos; y cuando ya tenía
almacenado todo el grano y el resto de su cosecha, se dijo a sí mismo: No te
acabarás lo que tienes, disfrútalo, date buena vida, come y bebe todo cuanto
quieras. Pero Dios le dijo : "Necio, esta noche
vas a morir. ¿Para quien será lo que has acumulado?" Lucas 12, 13. El
pecador siempre teme morir; porque intuye que la muerte le ha de quitar todos
los bienes y le ha de dar todos los males: La muerte de los pecadores es
pésima (Sal 33,22). Por eso les amarga su recuerdo: ¡Oh
muerte, qué amargo es tu recuerdo para el que vive tranquilo con sus
posesiones, para el hombre satisfecho que prospera en todo y tiene salud para
gozar de los placeres! (Eclo 41,1]. 6. Talleyrand, político
francés, y hombre con una vida muy agitada y azarosa, cargado de honores y de
títulos, cuando estaba a punto de morir, se levantó de la cama y comenzó a
abrazar sus muebles y sus joyas, y a cada objeto que abrazaba preguntaba:
¿También esto lo he de dejar? Los pecadores temen mucho la muerte porque aman
mucho la vida de este mundo y poco la del otro. Pero el alma que ama a Dios
vive más en la otra vida que en ésta, porque el alma vive más donde ama que
donde anima. Por eso aprecia poco esta vida temporal y puede decir: “Máteme
tu vista y hermosura” (San Juan de la Cruz). 7. Los valores más apreciados por la sociedad actual
son las riquezas, y el poder. El granero de su cabeza está repleto de coches,
casas, electrodomésticos, aparatos de las mejores marcas. Se planea una
civilización del bienestar, con un horizonte cerrado, que no piensa en los
demás, próximos o lejanos. Anestesiada por su confort y despilfarro, contempla
impasible las imágenes del consumismo de los que siempre van con sus mismos
harapos, con sus mismos pies descalzos. No advierte al pobre Lázaro, mientras
él derrocha. Ni ante las hambrunas y
la pobreza y la miseria, su conciencia le reprocha su mesa repleta, su
confort y su derroche y despilfarro. Una sociedad que no piensa más que en
vivir en este mundo, como si todo acabara con la muerte. Una civilización
regresiva donde predomina la ley del más fuerte, llena de sí misma,
suficiente y agresiva, prepotente y deshumanizada. Una sociedad que no duda
en cerrar la puerta de la vida a los intrusos que se atreven a nacer y a
disputar un plato más o un puesto más en el banquete de la vida, que quieren
para ellos solos. Toda la riqueza que acumulan, sin reparar en la
licitud de los medios, ni en los destrozos que causa a su alrededor, con el
empobrecimiento y la ruina de los incautos, con la droga, que envenena la
vida de una innumerable multitud de jóvenes, con la corrupción y la mordida
¿quién la va a disfrutar? ¿Aspiran a se los más ricos del cementerio? 8. Jesús califica de necio al rico que ha obrado
pensando sólo en sí mismo sin acordarse para nada de Lázaro. Porque quiso ser
rico para sí mismo, y no para el reino y para los ciudadanos del reino, con
quienes debió haber compartido sus bienes almacenados, ambicionando y
codiciando más tener que ser, creyendo que no había de morir nunca. Si
hubiera sido rico en virtudes; si hubiera almacenado en el cielo, ahora que
va a morir, sabría que le estaban esperando los pobres con quienes había
compartido el fruto de su trabajo, para abrazarle en las eternas moradas (Lc
16,9). En BALARRASA, aquella ya vieja película, protagonizada por Fernando
Fernán Gómez, su hermana frívola, se miraba moribunda, una y otra vez, con
insistencia las manos y decía “Están vacías”. Es así como terminaremos todos
al morir, con las manos vacías. Pero si hemos empleado nuestros talentos con
sabiduría, mente, corazón, trabajo, dinero, bienes de cualquier orden en
hacer crecer el bien y la virtud, la ciencia y la santidad, las empresas con
sentido social y humano, el momento de morir será el momento solemne de
recibir el ciento por uno en nuestras manos vacías, que se convertirán en las
alcancías que Dios necesita para llenarlas de la riqueza de su gloria. Jesús
concluye la parábola con las palabras: «Así es el que atesora riquezas para
sí, y no se enriquece en orden a Dios». Existe también una vía de salida al
«todo es vanidad»: enriquecerse ante Dios. A este mundo moralmente enfermo
Jesús le abre una ventana de emergencia, la riqueza de su Reino. La riqueza
que no pasará, los tesoros que no pueden ser robados por los ladrones, ni
siquiera por los de guante blanco, ni roídos por la polilla. «Haceos bolsas que no se deterioran, un
tesoro inagotable en los cielos, donde no llega el ladrón ni la polilla;
porque donde esté vuestro tesoro, allí estará también vuestro corazón» (Lc
12, 33-34). Hay algo que podemos llevar con nosotros, que nos sigue a todas
partes, también después de la muerte: no son los bienes, sino las obras; no
lo que hemos tenido, sino lo que hemos hecho. Lo más importante de la vida no
es por lo tanto tener bienes, sino hacer el bien. El bien poseído se queda
aquí abajo; el bien hecho lo llevamos con nosotros. 9. Por eso Jesús, que busca nuestro bien supremo, y
que sabe que la sociedad que desdeña sus palabras no es más feliz, sino que
tiene mayor índice de inseguridad, aún aquí, y más criminalidad y mayor
número de neuróticos y de suicidios, sigue invitando diciéndonos estas verdades
tan fundamentales hoy: "¡Ojalá
escuchemos hoy su voz, y no endurezcamos nuestro corazón" Salmo 94. 10. “Buscad
los bienes de arriba”. Pero ese arriba ya está aquí abajo, y consiste en
estar abiertos al reino; en estar ya trabajando por realizar el reino ahora
ya, comenzando por establecerlo en nuestro interior; compartiendo nuestros
bienes aquí. Cristo nos enseña a seguir una nueva tabla de valores en la que
nuestra vida como don para los demás pase a primer término. Con la certeza de
que "buscando primero el reino de Dios, todo lo demás se nos dará por
añadidura" (Lc 12,31). 11. La palabra es eficaz y está obrando en nosotros
la vida, escondida con Cristo en Dios, en quien nos está salvando y con él
resucitando, con su Madre, la Corredentora, en la que esperamos. Lo obrará la
eucaristía, nuestra fuerza y esperanza, don de su amor inefable, que nos
aprovechará para nuestra salvación. JESUS MARTI BALLESTER. |
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JESUS MARTI BALLESTER |
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Pedro
Sergio Antonio Donoso Brant |