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DOMINGO XXV DEL TIEMPO
ORDINARIO CICLO C 23 de septiembre de 2007 GANAOS AMIGOS CON EL
DINERO Autor: Jesus Marti
Ballester |
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1. Al comienzo de la misa hemos oído al Señor
decirnos: "Yo soy la salvación del pueblo". En la comunión oiremos
a Jesús: "Yo soy el buen pastor" Juan 10,14. Nuestra respuesta a
Dios que nos salva en Jesús, extendiendo sus brazos en la cruz, ha de ser la
de una gran fidelidad en el cumplimiento del amor a Dios y a los hombres
hermanos. 2. El profeta Amós alza el látigo de una valiente y
minuciosa denuncia de injusticias sociales, que sólo en la forma desentona
con la actualidad, pero el fondo es idéntico: afán desenfrenado de dinero, y
corazón de piedra ante la miseria de los pobres. Es tan insaciable la
ambición de los poderosos, que ya no celebran las fiestas para honrar al
Señor, sino como pesada carga que les pone nerviosos porque les impiden sus
negocios. Es el reflejo de la sociedad de consumo que destruye a los hombres
avarientos que no se detienen ante las injusticias más repugnantes, devorados
por el ansia por lo terreno, por lo económico y material, arriesgándose a
sumergirse en los negocios más sucios e ilegales. No se dan cuenta de que
creando desamparados que no tienen nada que perder, los están llenando de
odio, terreno abonado para todas las insidias, venganzas, odios, revoluciones
y terrorismo. 3. Por eso Jesús nos enseña a usar el dinero. El
peligroso dinero, del cual desconfía tremendamente, mientras privilegia a
quienes no lo tienen: "Dichosos los pobres" (Mt 5,3)... Aunque su
desconfianza no recae sobre el mismo dinero, sino sobre la ceguera que el
dinero produce. 4. ¿Necesitamos hoy que Jesús nos proponga una
parábola sobre la corrupción que engendra el dinero? ¿No tenemos innumerables
ejemplos en la vida actual?. No hay día que no salte
a las páginas de los periódicos y a las pantallas de la televisión un
escándalo de dinero: Sin Dios todo es posible, igual que para Dios todo es
posible (Mt 19,26). 5. Sin Dios... Dice Jesús en la parábola que el
hombre rico, cuando oyó las denuncias, destituyó al administrador Lucas 16,1.
El hombre rico hizo justicia, despidiendo al administrador derrochador. Hoy
se denuncian las corrupciones y las apropiaciones indebidas, (el uso de los
eufemismos, como la interrupción del embarazo, ¿cómo
no llaman también la interrupción de la respiración al que ahorcan), intenta
dulcificar con el nombre la negrura del crimen, a costa de la sangre de los
pobres, y no se cesa al administrador. En una sociedad que quiere ignorar a
Dios, todo vale. Si no se teme a Dios, tampoco se teme a la historia, en
primer lugar porque se la falsea. Ni a la justicia, porque se intenta y se
consigue autoamnistiarse. Y tan campantes. Pero
Dios no va a callar: "Usáis balanzas con trampa, compráis por dinero al
pobre. El Señor jura que no olvidará vuestras acciones", nos ha dicho el
profeta Amós 8,4. 6. “Así son los malvados: siempre seguros, acumulan
riquezas” (Sal 72). En cambio, los verdaderos pobres del mundo, los
verdaderos pueblos sin despensa y sin historia, las naciones paupérrimas de
África y de Asia no alimentan el terrorismo ni entrenan terroristas, sino que
ayunan, enferman, sufren, mueren. Los que dirigen la guerra nueva, que es el
terrorismo, no son los pueblos pobres y sin historia. Las naciones pobres lo
son porque sus dirigentes tiranos se quedan con la parte del león y al pueblo
sólo le llegan las migajas. Las naciones donde el terrorismo tiene sus cuevas
y campos de entrenamiento y tienen dinero para comprar armas y para preparar
costosas operaciones de destrucción y muerte, son aniquiladas. Hay países que
un tiempo fueron emporios de riqueza, de cultura y de poder y que hoy podrían
vivir con la venta del petróleo y sin embargo viven en la miseria. Damasco,
Bagdad, Marruecos dominaron Asia, África y parte de Europa. Sus grandes y
bellas mezquitas pueblan el mundo antiguo. Sus bibliotecas y su cultura se
extendían por toda la tierra entonces conocida. Los africanos que ahora
vienen a España en pateras mortales son pueblos esquilmados por la rapiña de
sus jefes. Mientras no haya administradores justos y capaces, por mucha ayuda
externa que socorra a los pobres del tercer mundo, es imposible que salgan de
la lacra de la miseria, y de la indignidad y que prosperen. 7. El administrador destituido, que nunca ha dado
golpe, ¿qué hace? Otra injusticia. Vende favores a costa de su amo, que es
una forma de prolongar su administración, de seguir en el poder. Se convierte
en un poder en la sombra que sigue manejando todos los hilos. ¡Había conocido
todos los secretos y fraguado muchas amistades e intereses! Como las mejores
parábolas, ésta es como un drama en miniatura, lleno de movimiento y de
cambios de escena. La primera tiene como actores al administrador y a su
señor y concluye con un despido tajante: «Ya no puedes ser administrador».
Éste no esboza siquiera una autodefensa. Tiene la conciencia sucia y sabe
perfectamente que lo que ha llegado al conocimiento del patrón es cierto.
Sigue un soliloquio del administrador que se acaba de quedar solo. No se da
por vencido; piensa enseguida en soluciones para garantizarse un futuro. Y
sigue el fraude: «“¿Tú cuánto debes?” Respondió: “Cien cargas de trigo”. Le
dijo: “Toma tu recibo y escribe ochenta”». Un caso clásico de corrupción y de
falsa contabilidad que nos hace pensar en frecuentes episodios parecidos en
nuestra sociedad, si bien a escala mucho mayor. 8. Pero he aquí que la conclusión es desconcertante:
«El señor alabó al administrador injusto porque había obrado astutamente».
¿Es que Jesús aprueba o alienta la corrupción? La parábola no hay que
trasladarla en bloque y con todos sus detalles en el plano de la enseñanza
moral, sino sólo en el aspecto que el narrador quiere valorar. Y está claro
el mensaje de esta parábola. El señor alaba al administrador por su
sagacidad, no por otra cosa. No se retracta de su decisión de despedir al
administrador. Es más, visto su rigor inicial y su rapidez en descubrir la
nueva estafa, podemos imaginar, que después de alabar al administrador por su
astucia, el señor debe haberle ordenado devolver inmediatamente lo robado con
trampa. Es pues, la astucia, lo que alaba Jesús. Por es añade: -Los hijos de
este mundo son más astutos con los de su generación que los hijos de la luz-.
9. En efecto, aquel hombre, cuando estaba en juego su
porvenir, dio prueba de extrema decisión y de gran astucia. Actuó pronta e
inteligentemente, aunque deshonestamente, para ponerse a salvo. Esto –dice
Jesús a sus discípulos— es lo que debéis hacer vosotros para poner a salvo no
el futuro terreno, que dura algunos años, sino el futuro eterno. «La vida,
que decía Séneca a nadie se le da en propiedad, sino a todos en administración».
Somos todos los «administradores»; por ello debemos hacer como el hombre de
la parábola. Él no dejó las cosas para mañana, no se durmió. Está en juego
algo más importante como para confiarlo al azar. Y dice Cristo: «Yo os digo:
haceos amigos con el dinero injusto, para que, cuando os llegue a faltar, os
reciban en las eternas moradas». Es decir: haced como aquel administrador;
haceos amigos de quienes un día, cuando os encontréis en necesidad, puedan
acogeros. Estos amigos poderosos son los pobres, pues Cristo considera dado a
Él en persona lo que se da al pobre. Los pobres, decía San Agustín, son, si
lo deseamos, nuestros correos y porteadores: nos permiten transferir, desde
ahora, nuestros bienes en la morada que se está construyendo para nosotros en
la casa del Padre. 10. "No podéis servir a dos amos". "No
podéis servir a Dios y al dinero". Quien absolutiza
la riqueza se hace enemigo de Dios y de su Reino. Dice San Pablo: “Nada
trajimos al mundo, como nada podremos llevarnos, así que teniendo qué comer y
con qué vestirnos, podemos estar contentos. Los que quieren hacerse
ricos caen en tentaciones, trampas y
mil afanes insensatos y funestos, que hunden a los hombres en la ruina y en
la perdición porque la raiz de todos los males es
el amor al dinero; por esta ansia algunos se desviaron de la fe y se
infligieron mil tormentos (1 Tm 6, 7). Con el dinero se puede hacer mucho
bien, en primer lugar, administrarlo bien, sobre todo, cuando no es propio,
sino de los administrados, a quienes se ha pedido el sacrificio de los
impuestos. 12. En segundo lugar, hay que jerarquizar el gasto
con justicia y evitar crear parásitos sociales con las subvenciones. En
tercer lugar, incentivar el ahorro para educar al pueblo a vivir con
austeridad. Pero parece que se siga la política de "detrás de mí el
diluvio". Regalar el dinero de los contribuyentes en búsqueda nerviosa
de votos de los incautos y que al depositar su sufragio en la urna, no
piensan en el bien común, sino en la migajas que les dicen que llegarán a su
casa, pero que nunca llegan, 13. Jesús quiere que sus hombres no absoluticen el valor del dinero. Que hagan con él lo
mejor que se puede hacer: "ganaos amigos en los pobres", no
subvencionándolos para que no tengan necesidad de trabajar, sino colocándolos
en la posibilidad de trabajar, para que crezcan y construyan su personalidad
trabajando y para que hagan crecer el mundo y su bienestar. No dándoles pan
hoy y hambre para mañana, ni dándoles un pez, sino enseñándoles a pescar. 14. "Si no fuisteis de fiar en el vil dinero,
¿quién os confiará lo que vale de veras?". Hay que ser fieles en lo
pequeño =dinero vil, para que se nos confíe lo grande, lo que vale de veras
=el Reino. 15. Los pobres son los predilectos del Señor, que sabe
"levantar del polvo al desvalido, alzar de la basura al pobre, para
sentarlo con los príncipes de su pueblo" Salmo 112. Siempre confiando en
el auxilio de la Madre del Redentor. 16. San Pablo quiere que roguemos para que los
gobernantes cumplan con sus deberes de justicia social y distributiva:
"Hagamos súplicas por los reyes, y por todos los que gobiernan, para que
podamos llevar una vida tranquila y apacible con toda piedad y decoro"
Timoteo 2,1. ¡Qué necesario es pedir luz del Espíritu Santo para los gobernantes
en el momento crítico en que estoy escribiendo, ante unas elecciones
inminentes y decisivas! 17. La riqueza de Dios ha hecho al hombre plenamente
rico al elegirle y perdonarle. Ese amor de Dios y su Reino exigen obras, es
decir, una vida que no quede paralizada en un espiritualismo sentimental,
sino que sea ofrecida a la comunidad con amor, traducida en obras. El uso de
los bienes de fortuna según Cristo, reflejará la acción de Dios en nuestra
propia vida. El mensaje de la parábola en la que el "amo felicite al
administrador injusto por haber sabido astutamente ganarse amigos", es
hacer lo que ha hecho el administrador: ganarse amigos para el mañana eterno
entre los pobres, para que nos reciban en las moradas eternas. 18. Entre la doctrina marxista de repartir la
riquezas violentamente y el derecho a la propiedad privada, está el principio
de que los bienes de este mundo están originariamente destinados a todos
(Vaticano II, Gaudium et Spes,
Populorum progresio y Sollicitudo rei socialis). La doctrina social de la Iglesia asume una
actitud crítica ante el capitalismo liberal y ante el colectivismo marxista,
que reprime el derecho de iniciativa económica, y la creatividad del
individuo que engendra pasividad, dependencia y sumisión al aparato burocrático,
que dispone y decide y coloca a todos en una situación similar a la de
obrero-proletario en el sistema capitalista. De donde se deriva la
frustración, la desesperación y la despreocupación de la vida nacional y la
necesidad de emigrar. 19. Es también antievangélica
la existencia de un primer mundo, y segundo, tercero y hasta cuarto mundo.
Que pocos posean mucho y muchos posean poco. La multiplicación o continua
sustitución de los objetos que se poseen por otros más perfectos, sin tener
en cuenta su posible valor permanente para uno mismo o para otro ser humano
más pobre. Si no se ataja la civilización del consumo, o consumismo con
tantos deshechos y basuras, ella acabará con nosotros. Es intolerable que una
multitud ingente de hombres, mujeres y niños, adultos y ancianos sufran el
peso salvaje de la miseria. Hagámonos amigos de ellos, con nuestra
preferencia por los pobres. Con la fuerza de la palabra de la intercesión de
María y del sacramento del Cuerpo de Cristo. JESUS MARTI BALLESTER. |
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JESUS MARTI BALLESTER |
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Pedro
Sergio Antonio Donoso Brant |