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DOMINGO XXVII DEL TIEMPO
ORDINARIO CICLO C 7 de octubre de 2007 EL JUSTO VIVE DE ACUERDO
CON LA FE Autor: Jesus Marti
Ballester |
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1. "¡Auméntanos la fe!" Lucas 17,5. Mateo
ofrece un contexto diferente del de Lucas. Es éste: "Mi hijo es lunático
y está muy mal. Muchas veces cae en el fuego, o en el agua. Lo presenté a tus
discípulos y no han podido curarlo". - Los discípulos preguntaron a Jesús aparte: -"¿Por qué
nosotros no hemos podido curarlo?" - "Por vuestra poca fe, porque
si tuvierais fe como un grano de mostaza, le diríais a este monte: Vete de
aquí allá, y se trasladaría; nada os sería imposible. Mas esta clase de
demonios no puede ser lanzada sino por la oración y el ayuno" (Mt
17,15). La clave es la calidad más que la cantidad. Jesús, según Lucas, dice
que no se necesita demasiada fe para conseguir maravillas. Podemos
preguntarnos qué pasa en nuestro ambiente con tantos cristianos, tantos
católicos, tantos colegios religiosos, tantas catequesis, tantas
parroquias.... Y... ¿cuántos
creyentes? ¿Tenemos fe? ¿O tenemos un conjunto de afirmaciones doctrinales,
un complicado credo que no transforma nuestra vida? Jesús sigue diciéndonos
hoy: si me siguierais de verdad, si vivierais según el Evangelio, tendríais
la Fuerza necesaria para cambiar el mundo. Según las leyes de la física es imposible que la
montaña se mueva de su sitio y se presente a nuestro lado, como cita Mateo y
que la morera se lance al mar, como dice Lucas, pero esto prueba que, aunque Jesús
habla hiperbólicamente, está aludiendo al surrealismo del Reino de Dios, que
nos regala la visión de otras posibilidades reales, superiores a las
apariencias del orden natural, que dejan vislumbrar una eficacia de una vida
enteramente nueva, ajena al resultado de causas naturales. 2. Si conjugamos el relato de Mateo con el de Lucas,
comprenderemos mejor la petición de los Apóstoles: "¡Auméntanos la
fe!". En el mismo episodio contado por Marcos, también le preguntan los
discípulos por qué ellos no han podido lanzar al demonio. Jesús contesta:
"Esta clase sólo se lanza con oración y el ayuno" (Mc 9,29). 3. Cuando dice Jesús, fe como un grano de mostaza,
quiere decir que si tienen fe, aunque sea pequeña como el grano de mostaza,
la más pequeña de las semillas, pero viva, confiada y humilde, pueden
conseguir maravillas. Podemos tener una gran fachada o apariencia de fe,
vacía, muerta, incapaz de germinar. O podemos tener la fe de la higuera
estéril, con mucho follaje, pero sin fruto. 4. El llorado Don Marcelo González, Cardenal Primado
de Toledo, dijo que Europa era un árbol semiseco. Para hacer retoñar a este
árbol, como brotó el tronco de Jesé (Is 11,1), es necesario e imprescindible
que comencemos cultivando con intensidad nuestra débil y pobre fe, que es
donde los discípulos de Jesús fracasaron. No hay otra solución y ésta además,
infalible, prometida y garantizada por el Señor. Entonces, cuando tuvierais
esa fe y confianza vivas, nos dice
Mateo: "como un grano de mostaza, diríais a este monte, vete de aquí
allá, y se trasladaría" (Mt 17,20). 5. ¿Y los que no tienen fe? Unos no creen en Dios.
Para ellos Dios no existe. Es una situación lamentabilísima. Se anuncia ya la
clonación humana y la ciencia pretende con ello suplantar a Dios Creador.
Para ellos, el cuento: Un grupo de científicos desafía a Dios: Ya no te
necesitamos. Vamos a hacer un hombre nosotros solos. Dios acepta el reto,
según el relato del Génesis: cogen un puñado de barro y… Interviene Dios: -
“Ese es mi barro… tenéis que hacerlo con vuestro barro…” 6. La fe tiene distintos matices, el más común y
elemental es creer o no en Dios. No con la fe según la cual se decide si uno
es católico o protestante, cristiano o musulmán, sino la fe según la cual se
decide si se es creyente o no creyente, creyente o ateo. En la carta a los
Heb 11,6 leemos: «El que se acerca a Dios ha de creer que existe y que
recompensa a los que le buscan». Éste es el primer escalón de la fe, sin el
cual no hay otros. En un nivel universal no podemos basarnos sólo en la
Biblia, porque ésta tiene valor sólo para los cristianos, y, en parte, para
los judíos. Pero Dios ha escrito dos libros: la Biblia, y la creación. Uno
está formado por letras y palabras, el otro por criaturas. No todos saben o
pueden leer el libro de la Escritura, pero todos, desde cualquier latitud y
cultura, pueden leer el libro de la creación. De noche tal vez mejor,
incluso, que de día. «Los cielos proclaman la gloria de Dios, el firmamento
la obra de sus manos... Por toda la tierra alcanza su pregón, y hasta el
confín del mundo su mensaje» (Salmo 19). Pablo ha escrito «Lo invisible de
Dios, se deja ver a la inteligencia desde la creación del mundo, a través de
sus obras» (Rom 1, 20). Cicerón, el gran orador romano, antes de Cristo, se
preguntaba: ¿Quién es tan necio que mirando al cielo no sienta que Dios
existe? “¿Quién se atreverá a afirmar, ante la contemplación de tantas
galaxias y miríadas de soles y estrellas recorriendo con vértigo sus rutas,
no hay una inteligencia suprema y sapientísima que ha trazado sus órbitas y
sus rutas? Por eso los verdaderos sabios, dirán, como Pasteur: “Porque he
estudiado mucho, tengo la fe de un bretón; si hubiera estudiado más tendría
la fe de una bretona”. Newton dijo: El maravilloso sistema solar no es obra
de una necesidad, sino de un Ser poderoso y sapientísimo. De una manera
semejante se manifiesta Einstein. Que caigan de rodillas, pues, y pidan el
don gratuito y magnífico de la fe. «Lo que ha conseguido la victoria sobre el
mundo es nuestra fe» (1 Juan 5,4). 7. Dicen: la ciencia ya ha explicado el mundo, sin
necesidad de recurrir a Dios. Todo lo contrario, la ciencia nos acerca más a
la fe en un creador que en el pasado. El Big Bang, o la gran explosión
inicial da pìe a afirmar que en una millonésima de segundo, se pasa de una
situación en la que no existe aún nada, ni espacio ni tiempo, al comienzo del
tiempo, el espacio y en potencia, todo el universo de miles de millones de
galaxias, que conocemos hoy. ¿Qué había antes de aquel instante, porque no
existe un "antes" cuando aún no existe el tiempo.¡Cómo no
remontarse a la historia del cosmos como si hojeáramos las páginas de un
inmenso libro, partiendo del final. Como si faltara la primera página. Justo
sobre esta primera página que falta, la revelación bíblica tiene algo que
decir. No se puede pedir a la ciencia que se pronuncie sobre este antes que
está fuera del tiempo. No se pretende demostrar la existencia de Dios, Aquí
vemos como en un espejo y en un enigma, dice san Pablo. Cuando un rayo de sol
entra en una habitación, lo que se ve no es la luz misma, sino el polvo que
recibe y revela la luz. Así es Dios: no le vemos directamente, sino como en
un reflejo, en el portento de la creación: “Cuando contemplo el cielo obra de
tus dedos, la luna y las estrellas que has creado, ¿qué es el hombre por que
te acuerdes de él, el hijo de hombre para que cuides de él? (Sol 8,4-5) 8. Galileo. 9. "Levantad vuestros ojos y contemplad: ¿quién
ha creado todos esos astros? El, el mismo que hace salir en orden su ejército
y que llama o cada estrella por su nombre. Su Fuerza es tan grande y su poder
tan inmenso que ninguno escapa a su control... ¿No lo sabes? “¿No te has
enterado de que Yahvé es un Dios eterno que ha formado los contornos del
mundo, que no desfallece ni se cansa y que su inteligencia no tiene
límites?" (1s 40, 26.28). "En el principio era el Verbo y el Verbo
era Dios; al principio El estaba junto
a Dios. Por El se hizo todo y nada llegó a ser sin El. Lo que llegó a ser,
tiene vida en el, y para los hombres esta vida es luz. La luz brilló en los
tinieblas y los tinieblas no pudieron vencer lo luz" (Jn. 1, 1). Y les
dijo: id por todo el mundo y predicad el evangelio o toda criatura" (Mc
1 6, 25). 10. "Pues, aunque a él no le podemos ver, lo
contemplamos a través de sus obras, puesto que él hizo el mundo y por su
creación entendemos que él es eterno y poderoso, y que es Dios" (Rom
1,20). "Y toda la creación espera ansiosa que los hijos de Dios salgan a
la luz. Porque si la creación se ve obligada a trabajar para nada, no es
porque ella quiere esta suerte, sino que le viene de quien la sometió, aunque
con la esperanza de ser también liberada de la servidumbre de la corrupción y
entrar en la libertad gloriosa de los hijos de Dios. Sabemos, en efecto, que toda
la creación, hasta el momento actual, gime con dolores de parto. Y no sólo la
creación, sino también nosotros, a los que se nos han dado como un anticipo
las primicias del Espíritu, gemimos interiormente, anhelando el dio en que
Dios libere nuestro cuerpo”. (Rom 8,1 9). "Quien está en Cristo es una
nueva creación. Para él lo antiguo ha pasado y un nuevo mundo ha
llegado" (2Cor 5, 1 7). 11. "Porque nosotros somos obra de Dios. El nos
ha creado en Cristo Jesús con miras a las buenas obras que Dios había
ordenado de antemano para que anduviéramos en ellos" (Ef 2, 10).
"Cristo es imagen del Dios invisible, el primogénito de la creación, ya
que en él fueron creados todas las cosas, en el cielo y en lo tierra, las
visibles y los invisibles, gobiernos y autoridades, poderes y fuerzas
sobrenaturales. Todo está hecho por medio de él y poro él" (Col 1,1 5).
"Digno eres, Señor; de recibir la gloria, el honor y el poder, porque tú
creaste todos las cosas y por tu voluntad fueron creados y existen" (Ap.
4,11). 12. En el
evangelio de Lucas, el de hoy, la súplica de fe de los Apóstoles tiene este
contexto: "Si tu hermano peca, repréndele; y si se arrepiente,
perdónale. Y si peca contra ti siete veces al día, y siete veces viene a ti
diciendo: Me arrepiento, le perdonarás". Es tan difícil este perdón que
los apóstoles suplican: "Auméntanos la fe". Es decir: danos
capacidad de aceptar en nuestra vida las debilidades de nuestros hermanos,
como ellos tienen que aceptar las nuestras. 13. La fe es
la capacidad de aceptar en nuestra vida el misterio de Dios que se revela en
Cristo y de vivir con coherencia. La fe renovada en cada Eucaristía, que
acepta que unas palabras misteriosas traigan sobre el altar el Cuerpo roto de
Cristo muerto y resucitado y su Sangre derramada, que gotea sobre toda la
tierra para salvarla. La fe renovada y actuada en el sacramento de la
reconciliación que, otras palabras pronunciadas por un hombre consagrado por
la Iglesia perdone los pecados y cambie al hombre que venía vestido de
harapos, con vestidos más blancos que la nieve. La fe viva, como un grano de
mostaza, criatura viva, es más poderosa que todas las realidades físicas: el
árbol, la montaña. La fe llega hasta el fondo de Dios y de los hombres. Es
una obra de Dios en nosotros, que va creciendo y desarrollándose según el
ritmo de las pruebas que Dios envía o permite para depurar la misma fe y en
la medida que avanzamos en el conocimiento de las cosas de Dios o en su
contemplación por medio de la oración. Creer es apoyarse en solo Dios
Viviente y Verdadero, Roca inquebrantable, sin murmurar cuando tarda en
cumplirse la promesa, como en el caso de Habacuc, que ve injusto que el
pueblo infiel triunfe sobre Israel, que aunque ha pecado, es mejor que aquél,
aceptando con paciencia las dificultades y las pruebas, sin buscar el
consuelo en los ídolos como apoyo en la soledad de la prueba, siendo fuertes
con la fortaleza de Dios. La fe es apoyarse en Jesús, aceptar la cruz como
camino de resurrección. Y cumplir los mandamientos. 14. Los Apóstoles piden aumento de fe, es decir,
piden la adhesión, aceptación, compromiso y entrega a la Persona y al mensaje
de Jesús, relación personal con Él, vivir lo que Él vivió, como Él lo vivió.
Se les concederá en Pentecostés. Abraham fue el hombre prototipo de fe, pero
no siempre fue perfecto en la fe; la fe, como el grano de mostaza, se
desarrolla y crece. La fe de Abraham culmina en la obediencia a Yahvé, que le
manda sacrificar a su hijo, como si viera la Patria y al hijo resucitado. Hoy
Habacuc, ante las desgracias, violencias y catástrofes, guerras y rivalidades
en su pueblo, cuando Dios parece que está ausente, recibe la respuesta. Dice
el profeta: "¿Hasta cuando, Señor, clamaré sin que me escuches? ¿Te
gritaré por todas partes violencia contra tu pueblo, sin que me salves?. -Mi
palabra no fallará, a su tiempo verás la salvación. Si tarda, espera, ten
paciencia, mi salvación llegará sin retrasarse" Habacuc 1, 2. 15. Y con la fe, la humildad: "siervos inútiles
somos". Habacuc dice, "el injusto tiene el alma hinchada". Es
la autosuficiencia. El orgullo, la soberbia, en sus múltiples
manifestaciones. La del que cree estar en posesión de la verdad. La del
fariseo, no soy como los demás... (Lc 18,11) La del que cree que no necesita
a Dios, que se basta él solo. Y ante los hombres, sobrepasarlos a todos. A
veces observo en la cola del autobús, la maña, destreza, agilidad y reflejos
que demuestran algunos para subir primero que todos. Es un ejemplo de lo que
ocurre en la vida social. Quienes tienen esos reflejos pasan delante, y no
suelen ser los más capacitados. Son los más listos, no los más inteligentes
y, sobre todo, los más ambiciosos y soberbios, y no los más humildes.
"El justo vive de la fe", es decir, de acuerdo con la fe,
consecuente en sus actos y en su obrar con lo que cree. El Profeta contrapone
la soberbia a la fe. 16. "Escucharemos tu voz, Señor. "No
endurezcáis vuestro corazón" Salmo 94. El trabajo no termina en el campo
de la evangelización, sino en la casa, en la vida personal y comunitaria. Lo
nuestro es estar alegres y agradecidos por poder ser útiles y responder a lo
que Él nos regala, sin creernos con derecho a felicitaciones, alabanzas,
recompensas ni privilegios. Lo que tenemos que hacer: ser anuncio y presencia
anticipadora del Reino que libera y cura, que nos hace más buenos y más
felices. Hacer a Dios presente en
nuestro mundo, anunciar que el Evangelio es una Buena Noticia y que todos
estamos convocados a hacer un mundo de hermanos. 17. "Vive con fe y amor cristiano, toma parte en
los duros trabajos del evangelio, ten ante ti el ejemplo que yo te he dado y
mis palabras sensatas" dice hoy Pablo a Timoteo 1,6. Creemos en Dios,
que se nos ha presentado en Jesucristo. Él es el Padre que ha creado al ser
humano libre. Creemos en Jesús, el Hijo de Dios, nacido en esta tierra para
que los seres humanos llegáramos a conocer quién es Dios y quiénes somos
nosotros mismos. Él es el Cristo, el enviado por Dios: Luz para todos los
pueblos, Verdad para todo el mundo. Por Jesús, Dios nos ha manifestado
personalmente quién es y cómo nos ama. Por Jesús, Dios ha proclamado el
derecho de toda persona a la libertad, a la justicia y al amor. Por nosotros
se ha hecho hombre en el seno de María, la primera mujer que creyó
verdaderamente más allá de las palabras y contra los hechos mismos. Creemos
que Jesús murió en la agonía y en el dolor, para que nosotros aprendiéramos
el camino de la esperanza. Creemos que se repite la realidad del crucificado
en nuestro mundo cada vez que un ser humano, es juzgado, abandonado,
explotado o menospreciado. Creemos que Jesús vivió y en Él se cumplió la
promesa de Dios, la única capaz de decir al ser humano: “Tú no morirás para
siempre”. 18. Creemos que vive hoy entre nosotros y que
continúa la verdadera obra de liberación cuando ofrecemos nuestras manos,
nuestros cuerpos y todo lo que somos al servicio del ser humano. Creemos en
el Espíritu de Cristo, que enciende en nuestros corazones la genuina esperanza
de los profetas. Creemos en la Iglesia, como pueblo que camina proclamando en
el interior del mundo la obra de Jesús, y que vive en la carne real el
encuentro con Dios. Creemos que la salvación que Jesús ha entregado a los
seres humanos es la única: al denunciar el pecado, manifestar el poder de
Dios y llamar al ser humano a convertirse por amor. Esperamos, por la fuerza
y la luz de la fe, la venida ininterrumpida de Jesús y la victoria de la vida
sobre la muerte. A Dios no se le
alcanza más que dando el salto de la fe. Por eso hemos de pedir como los
apóstoles: ¡Señor, auméntanos la fe! Prosigamos en la fe la celebración del
Sacramento de la fe, acompañados por María, nuestra Madre, la peregrina en la
fe. JESUS MARTI BALLESTER. |
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JESUS MARTI BALLESTER |
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Pedro
Sergio Antonio Donoso Brant |