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DOMINGO XXXII DEL TIEMPO
ORDINARIO CICLO C 11 de noviembre de 2007 CRISTO RESUCITADO, PRIMICIA DE LOS QUE HEMOS DE
RESUCITAR. LOS FILOSOFOS GRIEGOS INTUYERON CON PLATON, LA ESPIRITUALIDAD
DEL ALMA Y POR ELLA, SU INMORTALIDAD. EL ANTIGUO TESTAMENTO TARDO BASTANTE EN
CONOCER LA RESURRECCION. SOLO CON JESUS EN EL NUEVO TESTAMENTO SE ABRIRA PASO
LA REVELACION DE LA RESURRECCION, QUE CULMINARÁ EN SU RESURRECCION GLORIOSA. |
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1. Cuando aún resuena el eco de la Fiesta de Todos
los Santos y del Día de todos los fieles Difuntos, nos ofrece la Liturgia de
este Domingo el tema de la RESURRECCION. El cuarto de los hermanos Macabeos,
después de haber sido torturado, a punto de morir, confiesa: "Vale la
pena morir a manos de los hombres cuando se espera que Dios mismo nos
resucitará" 2 Macabeos 7,1. 2. Y con el salmista hemos repetido que "Al
despertar me saciaré de tu semblante" Salmo 16. Despertar tiene sentido
en el lenguaje bíblico, de resucitar. 3. El deseo más hondo del hombre es no morir, seguir
viviendo siempre. Esa es la razón de su empeño en sobrevivirse a sí mismo: o
en sus hijos o en sus obras. La fe de los Macabeos, menos clara y firme en
tiempos de Moisés, origina la Ley del Levirato, levir significa cuñado: La
mujer que no le dio hijos al esposo muerto, debe casarse con su hermano,
para que los hijos de la viuda
mantengan vivo el recuerdo del difunto y le proyecten es sus hijos. La viuda
de la que le hablan a Jesús los saduceos, sacerdotes la mayoría, ha estado
casada sucesivamente con siete hermanos y de ninguno tuvo hijos. Cuando
llegue la resurrección (lo decían con ironía e incredulidad para demostrar
que la fe en la resurrección era absurda), ¿de cuál de los siete maridos será
la mujer? Hay que tener en cuenta que
los rabinos enseñaban en las escuelas que el matrimonio adquirirá una
maravillosa fecundidad después de la muerte. 4. Jesús responde remontándose a Moisés en el
episodio de la zarza, que llama al Señor <Dios de Abraham, Dios de Isaac,
Dios de Jacob>. No es Dios de muertos, sino de vivos: porque para él todos
están vivos". O viven en su presencia. Y, por lo tanto, puesto que el
pueblo judío sabe que los patriarcas han muerto, si están vivos es porque han
resucitado. No llegaréis nunca a entender la resurrección con la lógica de
vuestras leyes. Y explica la naturaleza de esta nueva vida. Los
resucitados, trascenderán la existencia matrimonial, y su vida será
resplandeciente como la de los ángeles. "En esta vida hombres y mujeres
se casan. En la resurrección no se casarán. Porque ya no pueden morir".
Y ¿cómo viven? "Son como ángeles; son hijos de Dios = de su misma
naturaleza; porque participan en la resurrección" Lucas 20,27. Ser hijos
de Dios es participar de una nueva naturaleza. Ser hijos de Dios es
participar de una nueva naturaleza. Son como la zarza ardiente que no se
consumía. La luz de la resurrección les traspasa y penetra y
los posee totalmente, profundamente plenamente y sobrenaturalmente. Con esta
catequesis extraordinaria, Jesús pone la base de la teología de la
divinización. La vida humana del alma y del cuerpo no se perderá, sino que
será transformada, divinizada, convertida en realidad divina. Los resucitados
serán elevados a vivir la misma vida divina. La persona humana resucitará. La
filosofía griega afirmaba que el alma era inmortal. Pero la escritura no dice
que el alma vive y el cuerpo muere. Por tanto, que la espiritualidad del alma
exija la inmortalidad es un concepto griego y pagano. El hombre es un
espíritu encarnado, que comienza un camino y lo consuma. Y el fundamento de
la resurrección es la vida teologal, la gracia, que es más poderosa que la
muerte. Nosotros creemos en la resurrección porque creemos que Jesús ha
resucitado. “Si no hay resurrección de los muertos, tampoco Cristo resucitó.
Y si Cristo no resucitó, vana es nuestra predicación y vana nuestra fe (1 Cor
15,13). Como somos el Cuerpo de Cristo en el mundo participaremos de su misma
suerte. A nosotros nos corresponde afirmar nuestra fe en un mundo que vive
sin esperanza y niega teórica o prácticamente la Resurrección. Nuestra gran
misión es aportarle esta inmensa y triunfal alegría, de que no hemos sido
creados para morir sino para vivir: “Yo no he de morir, yo viviré” (Sal
117,17). 5. El Creador no va a querer destruir su obra
maestra, el hombre. Un artista no destruye su obra, si acaso, la golpea para
perfeccionarla. El martillazo de Miguel Angel a la rodilla de su David, no
fue destructor, sino intento de transmisión de vida y de perpetuidad:
-“Habla” le gritó. Si yo mismo me resisto a romper mis cuartillas, a pesar de
que me roban espacio y tengo repletos los cajones; y en Valencia, en la
fiesta de las fallas, destinadas a ser destruidas por el fuego, cada año
indultan del fuego un “ninot”... ¿cómo el Creador, el Padre, iba a aniquilar
a sus criaturas, a sus hijos? Impensable. 6. "Lo
que siembras no es el cuerpo que ha de salir, sino el grano de trigo o de
otro cereal... Así es la resurrección de los muertos: Se siembra en
corrupción, se levantará en incorrupción; se siembra en vergüenza, se
levantará con gloria; se siembra en flaqueza, se levantará en potencia; se
siembra un cuerpo animal, resucitará un cuerpo espiritual" (1 Cor
15,37). Aunque el misterio no es imaginable voy a aventurar una sola
metáfora, que me parece haberme sugerido la lectura de Rahner: 7. La Resurrección de Cristo es como la erupción
primera de un volcán que demuestra que en el centro del mundo arde ya el
fuego de Dios, que un día abrasará todas las cosas en el incendio feliz de su
fuego y de su luz. En el corazón del mundo, a donde Cristo con su muerte
descendió, están actuando ya las fuerzas nuevas del mundo glorificado. El
pecado y la muerte están ya vencidos en el interior de todas las realidades.
Sólo falta que se cumpla la historia después de Cristo para que aparezca por
todas partes, y no sólo en el cuerpo de Jesús, lo que en realidad ya ha
acontecido. 7. Nosotros, seres superficiales, como no hemos visto
que la Resurrección haya comenzado a curar, salvar y transfigurar al mundo en
los síntomas de la superficie, creemos que no ha ocurrido nada tras la
Resurrección. Como vemos que las aguas del dolor y del pecado fluyen y se
estancan aquí donde nosotros estamos, nos cuesta creer que sus fuentes
profundas ya están secas. Porque vemos que el mal sigue abriendo surcos en la
faz de la tierra, pensamos que en lo más hondo de la realidad está muerto el
amor. ¡Pero sólo lo está aparentemente! Y las apariencias no son la realidad
de la vida. Cristo resucitó, y conquistó y redimió para siempre por su muerte
el núcleo más íntimo de todo lo terreno. Y después de resucitado, lo
conserva. Cristo resucitado está ya en medio de todas las pobres cosas de la
tierra. 8. Para que nuestra felicidad sea completa sólo falta
que la acción de Cristo haga también saltar en pedazos el sepulcro de nuestro
corazón. También en el centro de nuestro ser, donde ya vive como fuerza y
como promesa, tiene que resucitar Jesús. Ahí está aún de camino. Ahí es
todavía Sábado Santo hasta el último día, en que se
celebrará la pascua universal del cosmos. En la Resurrección no serán
anuladas las amistades, ni perdidos los amores, ni las fidelidades olvidadas;
serán transfigurados y elevados a nivel divino. ¡Felices nosotros si vivimos
ya como resucitados anunciando el Reino! (Rahner). 9. “Gloria Dei vivens homo” dice San Ireneo. Si la
vida del hombre en plenitud constituye la gloria de Dios, el triunfo de Dios
en la historia no puede concebirse como algo independiente de la suerte de
los hombres que luchan por su Alianza y por su Amor. Por eso hemos de creer
que en la resurrección seremos
incorporados a Dios en toda nuestra realidad. Será el hombre en su totalidad
quien en la muerte se presentará a Dios y permanecerá en su presencia. En su
totalidad, que es su completa historicidad. Dios ama al hombre total, y su
vida entera, en su extensa e intensa historia, será, en su despertar,
recobrada y conservada: “Oí una voz que venía del cielo y decía: Escribe:
Bienaventurados desde ahora los que mueren en el Señor, porque los acompañan
sus obras” (Ap 14,13). Deseos y generosidad, ilusiones y ternura, luchas y
victorias amores y trabajos...todo lo que constituye la vida humana, toda la
riqueza espiritual, toda la sabiduría acumulada, los céntimos de la pobre
viuda, el cúmulo de palabras de santidad y de esfuerzo y estímulo, las
plegarias y alabanzas, el caudal de belleza que atesoró en el transcurso de
su vida, todo rodeará al hombre resucitado, nada se habrá perdido, ni el vaso
de agua olvidado...Nada dejará Dios que se pierda, porque su amor al hombre
es omnipotente, y ha recogido todas sus lágrimas y dejará que se pierda ni un
sola sonrisa. “Ni un solo cabello de vuestra cabeza se perderá”(Lc 21,18). En la resurrección encontrará el hombre, toda
su historia completa. 10. En el sacrificio de la Misa, extendemos las
raíces de la resurrección de Cristo, que ya están activadas y se filtran en
todas las hendiduras del cosmos hasta llegar al centro del universo, por la
acción del Espíritu Santo y la colaboración de nuestro ofertorio, y las
regamos con la sangre divina de Cristo al participar en la Pascua del Señor,
que siembra en nuestro corazón las semillas fecundas de resurrección.
"Que Jesucristo Nuestro Señor, el primogénito de entre los muertos Apocalipsis
1,5 y Dios nuestro Padre, que nos ha amado tanto, os consuele internamente y
os de fuerza para toda clase de palabras y obras buenas", con esta
esperanza 2 Tesalonicenses 2, 16. Amén. 11. Vamos
ahora a proclamar nuestra fe en la resurrección. Y después a comer el cuerpo
de Cristo que nos guarda para la vida eterna, con la compañía de María, la
segunda persona humana redimida y resucitada. JESUS MARTI BALLESTER. |
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JESUS
MARTI BALLESTER |
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Pedro
Sergio Antonio Donoso Brant |