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DOMINGO XXXIII DEL TIEMPO
ORDINARIO CICLO C 18 de noviembre de 2007 PARA RECONSTRUIR, ES NECESARIO DERRIBAR. JESUS SABE
QUE DEJA EN LA TIERRA UN POLVORÍN QUE HA DE ESTALLAR. EL TEXTO EVANGELICO ES COMPLEJO: DESTRUCCION DE JERUSALEN
PROFETIZADA EN GENERO APOCALÍPTICO; ANUNCIO DEL FIN DEL MUNDO; PERSECUCION DE
LOS CRISTIANOS. PERO CON LA PROMESA: “CON VUESTRA PERSEVERANCIA SALVARÉIS
VUESTRAS ALMAS”. EL MENSAJE DE JESUS NO ES PESIMISTA SINO LLENO DE BUENAS
NOTICIAS: YO ESTARÉ CON VOSOTROS INSPIRÁNDOOS LO QUE TENÉIS QUE DECIR. |
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2 -"Mirad que llega el día, ardiente como un
horno: malvados y perversos serán la paja, y los quemaré..." Serán
destruidos los malvados, porque son paja. Si no hubieran sido sólo paja, el
fuego no habría sido destructor, sino acrisolador. Este texto, con el
apocalíptico de Lucas de hoy, inspiró en la Edad Media la terrible Secuencia
del “Dies irae”, que hasta la renovación de la Liturgia del Vaticano II, nos
aterrorizaba en las misas de difuntos. Aquel día que está preparando el
Señor, brillará la justicia divina para reparar tantas injusticias humanas.
Será un día tétrico, "que no dejará rama ni raíz". Para los buenos,
en cambio, amanece un día feliz, "que lleva la salvación en las
alas". “Pero a los que honran mi nombre, los iluminará un sol de
justicia" Malaquías 3,19. La llama de amor viva les habrá purificado. 3. Es el día de la tan anhelada era mesiánica, en que
la justicia será el alimento de todos los hombres que vivirán en paz
perfecta, armonía y felicidad, sin discriminación de razas, ni clases, sin
envidias ni egoísmos, sin excesos ni defectos. Todos vivirán inundados por la
justicia interior, cuyo fruto primero será la justicia social, como exponente
de desarrollo de la verdadera personalidad. Serán hombres plenos y consumados
en perfección, que vivirán su relación con las cosas, con los hombres y con
Dios, según el orden querido por su voluntad de amor. 4. Aquel será el día en que el amor gobernará la
tierra, pues ya ha se habrá cumplido la hora "del Señor, que llega para
regir la tierra con justicia". Habrá llegado el kairos, el momento del
amor pleno, la hora de la sinceridad en la que triunfará la justicia de Dios,
tan diferente de la de los hombres, que admiten sobornos, dilaciones,
egoísmos de partido, de amiguismos, de carrierismos y de sorpresas y engaños
a los que desde arriba dominan y disponen a su talante y según sus políticas
y conveniencias. Y habrá que celebrarlo con el son de la cítara, de clarines
y de trompetas y de todos los instrumentos. Y habrá que invitar al mar para
que retumbe, y a los ríos para que aplaudan y a los montes para que aclamen
al Señor que llega patra gobernar con rectitud” Salmo 97. 5. "Algunos ponderaban la belleza del Templo,
por la calidad de la piedra. Jesús les dijo: "Esto que contempláis,
llegará un día en que no quedará piedra sobre piedra: todo será
destruido". Teniendo en cuenta que la mole soberbia del Templo era el
símbolo de la Ciudad Santa de Jerusalén y el orgullo religioso de todo el
pueblo judío, la profecía de Jesús debió de caer como una bomba. Si alguien,
antes de 11 de septiembre, hubiera dicho algo semejante a los admiradores de
la Torres Gemelas, buque insignia del poderío y signo de la prosperidad de
Estados Unidos de América, habría causado desconfianza, y habría provocado la
extrañeza y habrían estado tentados de responderle: Pero tú estás loco Y
espantosa y cruelmente ha sucedido. Como el año 70, se cumplió la profecía de
Cristo, en la destrucción de Jerusalén por los ejércitos romanos de
Tito. 6. "Maestro, ¿cuándo va a ser eso?". Era
natural que lo preguntaran. Y ¿qué hicieron algunos
seguidores de Cristo: Si esto se acaba, mejor es no trabajar. A esta postura
contestará Pablo en el texto que hemos leído hoy: .
Ante la confusión de los primeros cristianos de la proximidad del fin del
mundo que les indujo a la pasividad, Pablo les impone el mandato del trabajo.
La espera del día del Señor nos ha de motivar al trabajo incesante y
constante para mejorar el mundo y purificar las estructuras de pecado y
estimular la solidaridad dando pasos adelante hacia el mundo más humano y
justo. Prepararse para utilizar y cultivar los inventos de la ciencia y los
avances de la técnica para construir un mundo mejor y más sabio y espiritual,
que prepare la llegada del Reino de Dios. "Tenéis que imitar mi ejemplo
de trabajador día y noche. Y el que no quiere trabajar que no coma".
"Trabajad con tranquilidad para ganaros el pan" 2 Tesalonicenses
3,7 Todo trabajo —tanto manual como intelectual— está
unido inevitablemente a la fatiga El libro del Génesis lo expresa de manera
verdaderamente penetrante, contraponiendo a aquella originaria bendición del
trabajo, contenida en el misterio mismo de la creación, y unida a la
elevación del hombre como imagen de Dios, la maldición, que el pecado ha
llevado consigo: -- Por ti será maldita la tierra. Con trabajo comerás de
ella todo el tiempo de tu vida -- (Gén 3,17). Este dolor unido al trabajo
señala el camino de la vida humana sobre la tierra y constituye el anuncio de
la muerte: --Con el sudor de tu rostro comerás el pan hasta que vuelvas a la
tierra; pues de ella has sido hecho...-- (Gén 3,19). Casi como un eco de estas palabras, se expresa el
autor de uno de los libros sapienciales: -- Entonces miré todo cuanto habían
hecho mis manos y todos los afanes que al hacerlo tuve...-- (Ecl 2,11). No
existe un hombre en la tierra que no pueda hacer suyas estas palabras. El
Evangelio pronuncia, en cierto modo, su última palabra, en el misterio
pascual de Jesucristo. Y aquí también es necesario buscar la respuesta a
estos problemas tan importantes para la espiritualidad del trabajo humano. El sudor y la fatiga, que el trabajo necesariamente
lleva en la condición actual de la humanidad, ofrecen al cristiano y a cada
hombre, que ha sido llamado a seguir a Cristo, la posibilidad de participar
en el amor en la obra que Cristo ha venido a realizar (Jn 17,4). Esta obra de
salvación se ha realizado a través del sufrimiento y de la muerte de cruz.
Soportando la fatiga del trabajo en unión con Cristo crucificado por
nosotros, el hombre colabora en cierto modo con el Hijo de Dios en la
redención de la humanidad. 7. Pero los hombres han seguido preguntando por el
cuándo y unos dijeron que cuando la desolación de las tropas de Atila
asolaban Europa. Otros, al fin del primer milenio. Otros, espantados ante los
avances de la Media Luna. San Gregorio Magno creyó ver el anuncio del fin del
mundo en las calamidades de su tiempo (Homilías sobre san Mateo). San Vicente
Ferrer lo vio en el gran cisma de Occidente, en la guerra de los Cien Años y
en la hecatombe de la peste negra. Todas las sectas religiosas: Adventistas
del Séptimo Día, Testigos de Jehová... lo han anunciado repetidas veces, y lo
siguen anunciando. E incluso se ha especulado sobre el tercer secreto de
Fátima, ya desvelado. Pero el tiempo del fin no la marcan las catástrofes
humanas sino Dios, y Jesús no quiso responder a la pregunta impertinente.
"No les hagáis caso". Sólo les manda oración y vigilancia.
"Con vuestra perseverancia salvaréis vuestras almas". Porque: «Todo
es catástrofe sin Dios!», ha dicho Eugenio Ionesco. 8. Jesús nos habla también, como Malaquías, de la
destrucción del templo, pero con la promesa de que todo esto ocurrirá antes
de que amanezca el sol de la salvación para sus discípulos, que quiere sean
todos los hombres. Ante la admiración de los apóstoles frente al Templo,
monumento de piedra, símbolo de duración y permanencia, Jesús habla de crisis
y de destrucción. Todo lo material es destructible. ¿Habéis seguido alguna
vez el nacimiento de un pollo? A partir del primer picotazo, se va
desmoronando poco a poco la cáscara. Por fin, de la ruina del huevo, de entre
los cascotes resquebrajados, sale aturdido el pollo, nace la vida. De un modo
semejante, el Reino de Dios ha de nacer a partir de la destrucción de la
actual construcción injusta. Las relaciones personales, familiares,
internacionales, las instituciones y el mismo cosmos, entrarán en el
torbellino de la destrucción. Pero sobre esa inseguridad cósmica, los
discípulos de Cristo tienen la certeza de la presencia y la actuación de
Jesús en medio de todos los avatares y persecuciones de la historia. 9. La seguridad de que sólo los valores que Jesús
predica van a permanecer les dará claridad y fortaleza para no seguir los
contravalores del mundo, cuando les asalte la tentación de claudicar. Quizá
vista con ojos humanos nuestra vida puede ser un fracaso. Tendremos que
sufrir soledad, desprecio e, incluso la incomprensión de la propia familia, que
busca el éxito o la prosperidad en esta vida. Tendremos dificultades con los
poderes de este mundo, que exigen adulación y que siempre marginan al que
anuncia verdades y exigencias diferentes. Pero, cuando todo se haya
derrumbado, y la contradicción entera se haya desplomada sobre vuestras
cabezas, "ni un cabello de vuestra cabeza se habrá perdido: con vuestra
perseverancia salvaréis vuestras almas" Lucas 21,28. 10. Jesús no perdió nada en la Pascua. El cristiano
tampoco perderá nada después de su cruz y de su fracaso. Saltará hecho añicos
este mundo, en lo que tiene de inicuo JESUS MARTI BALLESTER. |
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JESUS
MARTI BALLESTER |
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Pedro
Sergio Antonio Donoso Brant |