EL SERMO DE LA PAU

(RECUERDOS, AÑORANZAS Y ENSEÑANZAS)

JESÚS MARTI BALLESTER

 

Nada tiene de extraño que naciendo en una familia  donde mi padre era cofrade de la Cofradía de  San Roque, mi madre de la Virgen de los Desamparados, mi hermana de las Hijas de María, y mis abuelos paternos de la Virgen del Rosario y de la Festa de Gracies, cuando yo naciera mi madre me inscribiera en la Cofradía del Santísimo Cristo de la Piedad, lo que significa que por los cuatro costados he sido introducido en el espíritu de les Festes de Carpesa.

Sería muy pequeño, me lo han contado siempre: Mi madre me había cosido unos pantalones de terciopelo negro. Cada domingo, después de la misa mayor, me llevaba en brazos ante el Cristo de la Piedad, el que quemaron, que si el que reconstruyó y esculpió Carmelo Vicent es hermoso, sobre la belleza de éste, brillaba en aquél la tradición. Cuando yo me de pie sobre el altar y miré al Cristo vestido con una faldita de terciopelo negro como el que yo vestía, comparé y exclamé alborozado a mi madre: “M´has posat els pantalóns del Cristo”….

Un día mi madre lo contó en la carnicería del tío Uiso el Carnicer, aquel hombre bueno y católico cabal, que armonizaba su bondad y su fe con su gracia natural y chispeante, y cada vez que me veía entrar en brazos de mi madre, el tío Uiso, me preguntaba inevitablemente delante de todos: “Jesuset, ¿abuí no portes els pantalóns del Cristo?”... La carcajada estaba asegurada y era general. ¡Cuántas veces he predicado en la fiesta del Cristo durante mis cincuenta y ocho años de sacerdocio! Y ¡cuántas he presidido la procesión silenciosa del día de la festa, con emoción y agradecimiento!: ¿Por qué entre tantos, yo?

Fui creciendo y supongo, esto no lo recuerdo, pero sí que se lo oía  a mi tío Vicente Martí Ballester, que llevaba los mismos apellidos que yo. Me contaba el gran cantor y mejor persona, mi tío, el tenor Vicente Martí, cantor del Colegio del Patriarca, que había sido discípulo del Maestro Ripollés, Maestro de Capilla de la Catedral de Valencia, extraordinario gregorianista, a quien debo casi toda mi formación musical. Pues, como estoy diciendo, me contaba que de niño le preguntaba a su madre: “Mare, el día de la festa grosa, ¿portaré closa?” Lo que va de ayer a hoy!!! La completa ilusión de un niño era llevar closa, es decir, la muleta para que los portadores de las andas, descansaran las andas durante la procesión… Tal vez yo soñaba todo el año también con llevar closa en les festes!…

Pero mi vista se dirige a las flores, dalias, miosotis, y nardos olorosos. Y mi olfato está aspirando aún el aroma embriagador del romero de la enramá y la murta de l´entrá y aquel revuelo de désimes que admirábamos flotando, volando, aterrizando tras el disparo de la carcasa que las hacía llover del cielo!... Un año, siendo ya seminarista, me pidieron las Hijas de María que escribiera las décimas, era mi segunda obra escrita y publicada, habiendo sido la primera un poema a la Virgen publicado en la revista “Ave María”, publicada por la misma imprenta de José Presencia, la Editorial situada en la Calle de Avellanas, que editaba la HOJA PARROQUIAL DE LA DIOCESIS DE VALENCIA. Cuando el Director aceptó el poema a la Virgen yo contaba 10 años, cariñosamenteme dijo: “Que la Virgen te haga su poeta”. Era y fue el presagio y el inicio de mi labor editorial, mantenida hasta hoy.

Y las tracas, y los cohetes y los castillos de fuegos artificiales y la solidaridad de los vecinos y de las familias y les coques cristines y las visitas de los amigos y les coques en sachí y els brasos de gitano…

Pero, por encima de todos los recuerdos, vive con mucha intensidad, el que voy a narrar, y que estará en la mente de todos los mayores, de los que quedamos pocos: Me estoy refiriendo a “EL SERMO DE LA PAU”.

Yo ya estaba incorporado a la vida diocesana, dirigiendo las parroquias que la jerarquía me iba confiando. Era el año 1952. Yo no residía ya en Carpesa, aunque sí mi familia, pero me llegaban ecos de la situación en que se había urdido el conflicto entre las autoridades y los clavarios de San Roque, con sus respectivas familias y amigos, por una parte, y el Señor Cura y sus partidarios, por otra. El pueblo estaba dividido, pero muy dividido, con el escándalo consiguiente, porque ni las autoridades aparecían por la Iglesia, ni asistían a las procesiones ni a ningún acto en que era necesaria la noble colaboración necesaria para el recto gobierno.

Ya sabemos que pueblo pequeño, infierno grande y que la división engendra malestar y tirantez y palabras y frases hirientes, y, en fin carencia de bienestar y de alegría y mucha desconfianza. En esta situación, se están acercando las fiestas patronales. Los clavarios de San Roque me invitan a predicar el sermón de la fiesta. Vi un compromiso en aquellas circunstancias. Comprendía que había habido excesos por ambas partes, que había faltado diálogo y madurez, pero eso era ya el pasado. Preparé el discurso. A pesar de mi concienzuda preparación, cuando estoy ya en el púlpito, y el templo a rebosar y expectante, cambio de esquema, y cogiendo el toro por los cuernos, me centré en el problema social que atravesaba y vivía angustiosamente la Parroquia, y como resumen del discurso, me ofrecí, si nadie era capaz de arreglar la situación, a entrar yo como Jonás, en el vientre de la ballena, para establecer la paz en la parroquia, en el pueblo, en las familias… Bajé del púpito sudando a mares y, ya en la sacristía, recibo un desplante del Párroco y cuando llego a la Casa abadía para cambiarme de ropa, me encuentro a Don Andrés Prats Tornil, muy amigo mío y del Señor Cura, que me dice que no debía haber afrontado el problema tan grave. Fue un segundo rejonazo. Al que siguió otro aparente del Alcalde que con lo otros concejales estaban a la puerta de la Iglesia cuando yo salía hacia mi casa… en cuya dirección caminé desolado. Yo estaba plenamente convencido de que todo había sido un fracaso. La tarea era difícil, había mucha cizaña enmarañada y, como siempre, interesada. Llegué a mi casa y sólo me quedaron fuerzas para tumbarme en la cama: “-¿Pero qué te pasa? – Me preguntaba mi familia?-“ Cuando les hablo de fracaso me responden extrañados.- “Pero, ¿qué dices?-  Que no. Que todo el pueblo está entusiasmado, que se hacen lenguas del sermón”...Yo no me lo creía y seguía postrado en mi depresión….

En esas estábamos cuando comienzan a oirse los sones de la banda de música y el alboroto y el jolgorio de la multitud que se acerca! ¡Y vienen hacía mi casa! Y me levantan de la cama, y es verdad. Llegan los clavarios y las autoridades y me dicen que vamos a la Casa Parroquial a hacer las Paces con el Párroco. ¡No me lo podía creer! Me llevan en primera línea, demacrado, anonadado, al son de los instrumentos y yo, humillado y acomplejado, dando gracias a Dios por el que ha sido designado como el “Sermó de la Pau”.

Al día siguiente Don Andrés Prats, un sacerdote muy inteligente, que había sido muchos años Cura de Borbotó y con quien me unía una íntima amistad, me invita en la plaza de la Virgen en Valencia a tomar un café y hablamos. De allí entramos juntos en el Palacio Arzobispal y un sacerdote que estaba relacionado con Carpesa, y, enterado por lo visto, al vernos entrar juntos, dice: “Manolete y Arruza”.

A los pocos días recibí en mi Parroquia, la siguiente carta del señor Roque Cortina Balaguer, que transcribo literalmente:

Este es, os decía al principio, el recuerdo testimonial y provechoso que predomina en mi espíritu. Y que hoy se nos convierte en lección de vida cristiana. Con generosidad me ofrecí a entrar en el vientre oscuro de la ballena, donde, sin estar, he estado, haciendo realidad la profecía de san Juan de la Cruz cuando habla del sacrificio de Abraham, y dice que “al final queda el hijo vivo y el muerto resucitado”. Lo que viví como un fracaso, resultó una apoteosis. Por eso me ha parecido provechoso recordar este episodio cuando he tenido que reflejar en el papel mis recuerdos de las fiestas, a instancias del Señor Párroco, tan cuidadoso por conservar costumbres, tradiciones y vivencias de la Parroquia que ahora conduce con atento acierto y al que deseamos los frutos más radiantes de sus esfuerzos pastorales.

 

JESUS MARTI BALLESTER

 

 

jmarti@ciberia.es