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JESUCRISTO, REY DEL
UNIVERSO 25 de noviembre de 2007 “REY, CUYO REINO NO ESTA
ARMADO DE PALILLOS, PUES NO TIENE FIN” (Santa Teresa) DESCENDIENTE DEL REY
DAVID HUMANAMENTE. CONSTITUIDO REY DEL UNIVERSO POR DIOS, SU PADRE. REY, PERO SIN PALACIOS
FASTUOSOS, SIN CORTESANOS NI SERVIDUMBRE, SIN GUERRAS NI VICTORIAS, SIN
TRIBUTOS NI PRIVILEGIOS. REY QUE HA VENIDO A
SERVIR Y NO A SER SERVIDO; NO A ROBARLES IMAGEN A LOS HOMBRES, SINO A
ENTREGARLES EL CORAZÓN HASTA DERRAMAR SU SANGRE PARA INTRODUCIRLOS EN SU
REINO, DE VERDAD Y DE VIDA, DE SANTIDAD Y DE GRACIA, DE JUSTICIA, DE AMOR Y
DE PAZ. |
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1. Con la solemnidad de Jesucristo Rey culmina cada
año la Liturgia de la Iglesia el curso seguido en torno a Jesús, para significar
que El es el centro y la vida, "el Alfa y la Omega, , el Principio y el
Fin" (Ap 21,6), el Revelador del Padre, por ser la imagen visible de
Dios invisible, el primogénito de entre los muertos, la Cabeza del Cuerpo,
que es la Iglesia, el primero en todo, el receptáculo de toda la plenitud y
el reconciliador y pacificador de todo, por la sangre de su cruz, Colosenses
1,12. Pero conviene aclarar que es Rey no como los de este mundo, ni de este
mundo (Jn 18,36), por tanto no viene a competir con ningún rey o primer
mandatario de la tierra. El Nuevo Testamento asume la tradición davídica,
pero con un sentido paradójico: Jesús es hijo de David, pero reina
radicalmente desde el no-poder, se identifica con el pobre, con el siervo
sufriente, con el niño, como símbolo de quien no tiene poder. 2. En el año 1925, como fruto del Año Santo, el Papa
Pío XI, como remedio de la secularización ya avanzando, instituyó esta fiesta
para conseguir que los hombres y las instituciones se entregaran a Jesucristo
Rey. Era el 11 de marzo de 1925.
Corrían en Europa aires anticlericales y republicanos. Se pretendía afirmar
la soberanía de Cristo y de la Iglesia en todas las esferas de la vida
humana. El Concilio Vaticano II modificó el sentido de esta Fiesta.
Jesucristo es Rey con un nuevo título, pues su potestad abraza la entera
persona humana, cabeza, voluntad, y corazón, el cual, apreciando menos los
apetitos naturales, debe amar a Dios sobre todas las cosas y estar unido a El
sólo. Fue tal vez mirando y rezando a su Rey, como un grupo de obispos, al
concluir el Concilio Vaticano II, se decidió a formular estos compromisos:
“Renunciamos para siempre a la apariencia y a la realidad de la riqueza, en
los ornamentos, colores brillantes,
galas ricas, insignias de materia preciosa, etc. Rehusamos ser llamados por los
nombres y títulos que significan grandeza y poder, Eminencia, Excelencia,
Monseñor. Preferimos ser llamados con el nombre evangélico de Padre”. 3. Jesús no utiliza su poder para beneficio propio.
Desde la cruz, que era signo de maldición y por eso el crucificado era situado de espaldas a la ciudad para
que no la maldijera, completa el plan misericordioso de Dios. Jesús
transforma la oleada de insultos, que en catarata le llueven hasta el
patíbulo, en manifestación de misericordia, perdón y salvación. Jesús está en
la plenitud de su realeza porque está en la plenitud de su entrega a la
obediencia del Padre. 4. Y deja en
nuestras manos la tarea de construir su Reino en el mundo y en la vida de los
hombres y mujeres, transformándolo de acuerdo al deseo de Dios. Sabemos cómo
hacerlo: consolando, escuchando, perdonando, curando, liberando, tocando
leprosos, lavando pies, devolviendo bien por mal, practicando la compasión y
la misericordia, ofreciendo alegría y esperanza.... Desde la fe y el
reconocimiento de la situación personal brota la súplica. Nada nos podrá
apartar de Jesús, ni siquiera el pecado más horrendo. Las puertas del Paraíso
quedan abiertas de par en par. El buen ladrón escucha las mejores palabras
que se pueden oír en el momento de morir. Las mismas que deseamos nos dirá a
cada uno de nosotros en el momento de nuestra muerte. Desde esa certeza,
¿cómo comprendemos y vivimos nuestra propia muerte y la de nuestros
familiares y amigos? 5. Jesucristo debe reinar en el cuerpo y en los
miembros como instrumentos, en el texto de San Pablo, de justicia para Dios,
servidores de la santificación del alma. Desde el Reinado de Cristo en cada
corazón humano, podemos hacer avanzar el Reino de Dios, pues como miembros
todos del Cuerpo Místico con Cristo, hasta que no estemos todos entregados a
El, no podrá entregar su Reino al Padre, como atestigua San Pablo: “Cristo
tiene que reinar hasta que Dios haga de sus enemigos estrado de sus pies. El
último enemigo aniquilado será la muerte. Y cuando todo esté sometido,
entonces también el Hijo se someterá a Dios, al que se lo había sometido
todo. Y así Dios lo será todo en todos” (1 Cor 1,5). Si estas cosas se
proponen a la consideración de los fieles, éstos se inclinarán más fácilmente
a la perfección, como escribió el Papa en la Encíclica "Quas
primas". Para, desde el reinado de Jesús en los corazones, llegar a
reinar en las sociedades y en la historia.
Cristo puede empezar a reinar en nuestros corazones apenas se lo
permitamos. Así vamos instaurando el Reino de Cristo en nosotros mismos y en
nuestros hogares, empresas y ambiente. 6. Las características de su Reino nos las ha
enseñado Jesús en parábolas: "es semejante a un grano de mostaza”;
" al fermento en la masa”; "a un tesoro escondido"; "a un
mercader que busca perlas preciosas ". En
ellas, Jesús nos hace ver que vale la pena buscarlo y encontrarlo, que vivir
el Reino de Dios vale más que todos los tesoros de la tierra y que su
crecimiento será discreto, sin ostentación, sin que nadie sepa cómo ni
cuándo, pero eficaz. La Iglesia tiene el encargo de predicar y extender ese
reinado de Jesucristo entre los hombres. Su predicación y extensión debe ser
el centro de nuestro afán, como miembros de la Iglesia, para que Jesucristo
reine en el corazón de los hombres, en el seno de los hogares, en las
sociedades y en los pueblos, hasta conseguir un mundo nuevo en el que reine
el amor, la paz, la justicia y la salvación de todos los hombres. 7. Para lograr que Jesús reine, debemos conocerle. La
lectura y reflexión del Evangelio, la oración personal y los sacramentos son medios para conocerlo y recibir fuerzas y gracia, que
abran nuestros corazones a su amor. Hay que conocer a Cristo de una
experiencialmente y no sólo teológicamente, teóricamente. La Eucaristía es
manantial de agua viva. Oremos con profundidad escuchando a Cristo. Conocer a
Cristo es amarlo. Y cuando uno está enamorado, le imita. El amor nos lleva a
pensar como Cristo, querer como Cristo y a sentir como Cristo, viviendo la
verdadera caridad y autenticidad cristiana. Cuando imitamos a Cristo
conociéndolo y amándolo, podemos experimentar que el Reino de Cristo ha
comenzado para nosotros. Y comienza el compromiso apostólico de extender el
Reino de Cristo a todas las almas con obras concretas de apostolado. No nos
podremos detener. La caridad, como dice San Pablo, nos urgirá. Nuestro amor
se desbordará. Comprenderemos que dedicar nuestra vida a la extensión del
Reino de Cristo en la tierra es lo mejor que podemos hacer, pues Cristo nos
premiará con una alegría y una paz profundas e imperturbables. 8. Cuando el Señor rechazó a Saúl como rey de Israel,
mandó a Samuel a buscar a David para ungirle rey en Belén (1 Sam 16,1):
"Tomó Samuel el cuerno del aceite y ungió a David. El Espíritu del Señor
se apoderó de él" (1 Sam 16,13). Por segunda vez, "Todos los
ancianos de Israel fueron a Hebrón a ver al rey, y el rey David hizo con
ellos un pacto en Hebrón en presencia del Señor, ellos ungieron a David como
rey de Israel" 2 Samuel 5,3. Jesús, que por genealogía humana es rey
como descendiente del rey David, como lo atestigua San Mateo 1,1), fue ungido
= Cristo en griego, y Mesías, en hebreo y arameo, por el Espíritu Santo, no
por Samuel, como su padre David. Sobre Jesús, el Hijo de David, descendió en
el Bautismo el Espíritu Santo (Lc 3,21), como lo testificó Pedro en casa de
Cornelio (He 10,34). David, el Ungido del Señor, convertido en Pastor-Rey de
pueblos el que era pastor de ovejas, es el tipo de Jesucristo Hijo de David,
que hereda su reino, y por eso es profetizado Pastor-Rey por Ezequiel (Ez
34,23). Los enfermos le gritaban: “Jesús, hijo de David, ten compasión de mí”
(Mc 10,47). Las multitudes le aclamaban: “¡Hosanna al Hijo de David!” (Mt
21,9). Y San Pablo le exhortará a Timoteo en su testamento: “Acuérdate de Jesucristo
resucitado de entre los muertos, del linaje de David” (2 Tim 2,8). 9. El mismo Jesús se proclamó Pastor Rey, pues los
reyes se consideraban Pastores y guías del pueblo: "Yo soy el Buen
Pastor que da la vida por sus ovejas" (Jn 10,11). El pueblo comprendía
perfectamente que en el pastor que caminaba delante de su rebaño, tenía la
seguridad de ser apacentado, dirigido, defendido, conducido y protegido por
una sabiduría y un poder superiores. En una palabra, veían a Dios su Creador
y su Señor, conductor y guía de su pueblo, con su providencia a su servicio y
su amor fiel e incondicional que lo dirigía con poder. 10. Por eso, la proclamación de Jesús como Rey
"nos llena de alegría sabiendo que vamos a la casa del Señor", que
es su reino, donde celebraremos su nombre y su victoria Salmo 121. 11. Al degenerar la imagen del rey por el contagio de
Israel con otros pueblos gobernados por reyes casi siempre tiranos, y en el
mismo Israel por la mala conducta de algunos de sus reyes, era necesaria una
larga evolución en su teología para pasar de una visión terrena y humana de
mesianismo triunfalista, a la visión del Reino de Dios, que culminará en la
cruz, en el más rotundo y clamoroso fracaso. Y lo mismo ha ocurrido en otros
países más occidentales y habremos de atenernos al mandato de Jesús: “Los
reyes de las naciones las tiranizan. Pero entre vosotros no ha de ser así,
sino que el mayor entre vosotros sea vuestro servidor” (Lc 22,25). Así lo ha
hecho El, que ha querido caminar entre valles de tinieblas por donde
caminamos nosotros, los hombres, y ha subido el camino del Calvario y se ha
dejado clavar en la cruz. Cuando Jesús describe en la parábola del hombre
noble que se marchó a un país lejano para conseguirse el título de rey y
volver después... termina diciendo: Dicho esto, echó a andar delante de
ellos, subiendo hacia Jerusalén. Esta expresión bíblicamente significa, subir
a la Cruz. En ella extenuado, le quedan pocos momentos de vida, ya no es un
peligro para sus adversarios. Le piden que baje de la cruz, como el diablo en
el desierto le pidió que se tirara del pináculo del Templo (Mt 4,5). Jesús no
accede. Acepta el plan del Padre: el mesianismo doliente y crucificado; a los
insultos responde con el silencio (Mt 27,14). Le provocan furiosos los ladrones
(Mt 27,4). Pero hay un ladrón que increpa a su compañero, "lo nuestro es
justo, pero éste no ha hecho ningún mal"... Su compasión y sentido de la
justicia le hacen lanzar un grito de confianza: "Acuérdate de mí cuando
llegues a tu reino". Jesús, reuniendo sus fuerzas en medio de los
tormentos, le responde y le garantiza: "Te lo aseguro: hoy estarás
conmigo en el paraíso" Lucas 23,35. Jesús, que ha afirmado solemnemente
ante Pilato: “Tú lo dices: Yo soy Rey” (Jn 18,37), promete recibir en su reino
hoy mismo, al ladrón que viéndole en la cruz, le confiesa rey. 12. Ni las amenazas ni los sarcasmos han obtenido
respuesta de Jesús. La oración emocionada de aquel ladrón ajusticiado, sí, y
qué respuesta. Yo quiero penetrar en el corazón de cada uno de los dos: del
ladrón, reconciliado, aceptando su muerte, pacificado, lleno de esperanza,
transfigurado su rostro, antes alterado y desesperado. Había observado con
asombro a Jesús, y su paciencia, su bondad, su amor le había convencido y
cambiado el corazón. Le arrebató fascinado. Y quiero entrar en el Corazón de
Jesús que en medio de los tormentos, ve a su lado recién brotada una espiga
de la cosecha. Ha comenzado a manifestarse la eficacia del tormento y la
Sangre derramada. Jesús ya ha comenzado a reinar: Es rey en el corazón de un
ladrón bueno, que se dejó seducir por el gesto de Cristo, por sus palabras de
amor, de verdad y de perdón. Por la gracia merecida en la cruz. He ahí dos
crucificados en la paz de Dios. Son amigos. Los dos van a morir en el amor.
Los dos van a ser recibidos en los brazos del Padre. El buen ladrón ha
descubierto el mundo de la gracia. En medio de la justicia y de la
injusticia, la de Jesús y la suya, ha sabido reconocer en la muerte de Jesús
el camino de la vida y ha pasado de la muerte a la vida, del pecado a la
santidad. 13. Ocurrió en el rodaje de la película “JESÚS DE
NAZARET” que dirigió hace ya algunos años Franco Zeffirelli. Robert Powell,
interpretó en esa película a Jesús. Tenía 31 años y no era católico. Su vida
cambió radicalmente tras el rodaje de la película. Y reveló que durante el
rodaje ocurrieron cosas emocionantes, y conversiones, ente ellas la del que
representaba a Judas, que era ateo. Todos los actores sufrieron una crisis
religiosa que a muchos les transformó. Lo mismo ha ocurrido con la película
de La Pasión de Mel Gibson. Jesús Rey no deja indiferentes. El amor engendra
vida: “Donde no hay amor, ponga amor y cosechará amor”, ha escrito San Juan
de la Cruz. 14. Dejémonos nosotros invadir por el amor de Jesús
para pasar también de la muerte a la vida, por la Eucaristía. Porque El no
sólo es el rey del cosmos, pues “todo fue creado por El y para él”, sino que
es rey porque nos ha redimido, y porque es la “cabeza del cuerpo, de la
Iglesia”. Y como “primogénito de todos los muertos en el que reside toda la
plenitud”, quiere “reconciliar consigo todos los seres por la sangre de su
cruz”; y reinar dentro de nosotros. “El reino de Dios está dentro de
vosotros”. No ha temido que los hombres le robemos imagen, sino que nos ha constituido,
por el Bautismo, reyes y sacerdotes para su Padre, para que le ayudemos a
instaurar en el mundo su Reino, de la verdad y de la vida, de la santidad y
la gracia, el reino de la justicia, el amor y la paz. 15. El reino de la verdad. En el mundo no hay verdad,
el relativismo la manipula. Por eso dice Jesús que su Reino no es de este
mundo. Porque en el mundo todo es falso. Los reyes de este mundo, los que
tienen el poder, son hombres sujetos a pasiones y mueren: A veces el que
menos manda es el rey. Los validos, los cortesanos que les auparon, usurpan
el poder. Y por tanto no es verdad que el rey sea el rey. 16. El Reino de la vida. Más pronto o más tarde llega
la muerte: ¿Cuántos reyes célebres podríamos ahora recordar? Isabel y
Fernando, Carlos V, Felipe II... El reino de este mundo es el reino de la
muerte. El reino de Cristo es el Reino de la Vida y si murió, murió por amor,
pero venció a la muerte. Es el primogénito de los muertos, el primer
resucitado. 17. El Reino de santidad y de gracia. La santidad es
el triunfo de las virtudes. La santidad es la vida de Dios, espíritu de Dios,
intenciones en el actuar según las intenciones de Dios. 18. El Reino de la justicia. Reino donde se trabaja,
donde se mira al hermano como hermano, sin diferencia de clases, donde el que
tiene da al que no tiene, donde el que sabe, enseña al que no sabe. 19. El Reino del amor. El cimiento del Reino es el
amor porque Dios, que es Amor, ha querido, por amor, que participáramos del
clima de su Reino en el Amor. Y su Legislador propone como máximo
mandamiento, el mandamiento del amor: a Dios y a los hermanos. En el reino
del amor no cabe el odio, pero tampoco la mala voluntad, ni la envidia ni el
egoísmo. Jesús Rey de Amor, excluye de su reino los partidos y las banderías,
las murmuraciones y calumnias y los insultos, las palabras que ataquen de
alguna manera la caridad fraterna. Pero no sólo es negativo el mandato del
amor. Cristo Rey quiere positivamente que en su Reino viva la bondad de unos
con otros, la comprensión e indulgencia, la tolerancia y la afabilidad
sincera y sencilla, sin reticencias; la cordial servicialidad que ve en los
hermanos a Dios, que acepta como hecho a él lo que se ha hecho a sus
pequeños. 20. El Reino de la Paz. Es natural. ¿A dónde, si no,
llegaremos por el camino de la santidad y de la gracia y de la justicia y del
amor, sino a la paz, entera y total, a la tranquilidad del orden, al mar en
calma de la paz conseguida a costa de superar las embravecidas olas del
egoísmo y desamor, del odio y del pecado? 21. “In Pace”, rezaban los epitafios de los primeros
mártires cristianos en las catacumbas. “En la Paz”. El mundo con todo su
dinero, placer y poder, no puede dar la paz de Dios. 22. "Hemos sido trasladados al Reino de su Hijo
querido, por cuya sangre hemos recibido la redención, el perdón de los
pecados" Colosenses 1,12. Hoy ya no es suficiente hablar de Cristo,
decía Juan Pablo II. El gran desafío del testimonio de católicos, ortodoxos y
protestantes hoy es «ayudar a la gente a verle». Esta fue la consigna que dio
el Pontífice hace ya algunos años, a mil quinientos fieles greco-católicos de
Ucrania. Tras recordar los años del régimen comunista, el Papa reconoció que
«hoy en vuestra tierra se puede hablar libremente de Dios. Pero para el
hombre contemporáneo, inmerso en el estruendo y en la confusión de la vida
cotidiana, las palabras ya no son suficientes: no sólo quiere oír hablar de
Cristo», sino «en cierto sentido verle». «Dad al pueblo la posibilidad de ver
a su Salvador, no esperéis a que alguien cree las condiciones favorables al
compromiso y trabajo pastoral, suscitadlas vosotros mismos con creatividad y
generosidad». Pero sobre todo, « ¡testimoniad con la vida y con las obras la
presencia del Resucitado entre vosotros! Es el mensaje más elocuente y eficaz
que podéis dar a vuestros conciudadanos». 23. Cristo Rey de Amor, has querido comprarnos con tu
agonía y con tu sangre, con tu amor. No has temido que los hombres te hagan
sombra, sino que les acompañas para que alcancen su plenitud en tu Reino:
“Que eres Dios, y no hombre, enemigo a la puerta, y no te gusta
destruir” (Os 11,9). Y “el hombre
viviente es tu gloria” en frase de San Ireneo. 24. Ptolomeo, que sintetizó los conocimientos hasta
el siglo II, teorizó un sistema astronómico geocéntrico. Durante toda la Edad
Media su sistema se convirtió en un modelo científico-tecnológico
incontrastable. El imponente edificio geométrico-matemático veía la Tierra en
el centro del universo concebido en estratos como las capas de una cebolla:
los cielos eran estratos físicamente sólidos y entre uno y otro estaban
encajados los planetas y las estrellas. El motor inmóvil, como lo designaba
Aristóteles, que lo hacía mover todo, era Dios. En 1507, Copérnico, seguido
de Galileo y de San Alberto Magno, dieron un giro copernicano con su sistema
heliocéntrico en el que la Tierra orbitaba alrededor del Sol, contra
Ptolomeo, en el que el centro era la Tierra. 25. Cambiando nuestro sistema humano en el que el Yo
se convierte en el centro, por el cristiano, dando un giro copernicano,
digámosle a Cristo, en contra de los conciudadanos de aquella parábola que
enviaron una embajada para decirle al Emperador: “No queremos que él sea
nuestro rey”. Afirmemos nosotros que le queremos como nuestro Rey. Déjanos
que te digamos que te queremos amar; que no queremos separarnos de Tí, que
queremos seguir siempre siendo ovejas de tu rebaño. Con tu gracia y ayuda,
lucharemos para dar a conocer al mundo cuánto nos amas. Nos asaltan los
enemigos, ¿cuáles? Mundo, demonio y carne. El egoísmo nos quiere dominar. La
sensualidad y la vida de sentidos nos quieren acaparar... Por eso nos
agarraremos con fuerza y perseverancia a tus sacramentos, a la oración, a la
atención a tu presencia y al sacrificio, para que reines en nuestra vida y en
nuestro entorno, con la fe de que «Cuando el Espíritu Santo establece su
morada en el corazón del hombre, ya coma, ya beba, ya duerma, ya hable o se
entregue a las demás actividades no cesa de orar», como afirma Isaac el
Sirio. 26. “Jesús, Cristo, tu bajas hasta lo más hondo de
nuestra condición humana. Más aun, tu visitaste
incluso aquellos que murieron sin saber nada de ti en esta tierra, oraba el Prior de Taizé. Y Papini, el
converso italiano, le dedica esta oración a Jesús al terminar su Vida de
Cristo:“Viniste la primera vez para salvar, para
salvar naciste; para salvar hablaste; para salvar quisiste ser crucificado;
tu arte, tu obra, tu misión, tu vida es de salvación. Y nosotros tenemos hoy,
en estos días grises y calamitosos, en estos años que son una condensación,
un acrecimiento insoportable de horror y de dolor; tenemos necesidad, sin
tardanza, de ser salvados”. “Venga a nosotros tu Reino, de Verdad y de Vida,
de Justicia, de Amor y de Paz”. Con la ayuda indispensable de la intercesión
materna y segura de la Virgen Madre del Rey. Amen. JESUS MARTI BALLESTER. |
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JESUS
MARTI BALLESTER |
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Pedro
Sergio Antonio Donoso Brant |