SAN LEANDRO

13 de Noviembre

Autor: Jesus Marti Ballester

 

Cuando Hispania está dominada por los visigodos venidos del Norte, infectados de la herejía arriana, y en Hispania reina Leovigildo, nace Leandro en una de familia muy importante de la ciudad integrada por un padre hispanorromano y una madre visigoda, en Cartagena, en 540. De esa familia nacen tres hijos más. Todos son santos: Leandro el mayor, Isidoro, que le sucedería como Obispo de Sevilla, Fulgencio, Obispo de Écija y Florentina, Abadesa Benedictina. La irrupción de los bizantinos a la costa alicantina en 554, motivó el traslado de la familia a Sevilla, iniciándose un terrible destierro. En Sevilla Leandro completará su formación, influida ya por la conversión de la madre al catolicismo. Al morir los padres Leandro queda como tutor de sus hermanos pequeños. Ya libre, ingresa en un monasterio. En el año 578 es nombrado obispo de Sevilla, y participó activamente en la sublevación de Hermenegildo contra su padre Leovigildo.

LA ESCUELA DE SEVILLA

En Sevilla creó una escuela, en la que se enseñaban no sólo las ciencias sagradas, sino también todas las artes conocidas en aquel tiempo. Como alumnos tiene a Hermenegildo y Recaredo, hijos del rey visigodo Leovigildo. En su escuela comenzó el proceso de conversión de Hermenegildo, que lo llevaría a abandonar el arrianismo y a abrazar la fe católica. Hermenegildo se enfrenta con su padre, arriano y se declaran la guerra. Hermenegildo envía a Leandro a Constantinopla para recabar apoyos para su causa, allí estuvo tres años. Estableció una fructífera relación con san Gregorio Magno, que le dedicó la "Expositio in Librum Job".

EL DESTIERRO

A su regreso a tierras hispalenses sufrió la persecución y el destierro por parte del monarca visigodo. Durante el destierro dedicó la mayor parte de su tiempo a escribir obras contra los arrianos. Hermenegildo fue asesinado por orden de su padre, al no querer recibir la comunión de manos de un obispo arriano. Cuando pudo volver a Sevilla catequizó a Recaredo a instancias del propio Leovigildo, síntoma del cambio que se produce en los últimos años de su reinado. Leovigildo, roído por el remordimiento, cambió, arrepentido y aconsejó bien a su otro hijo, Recaredo, que le sucedería en el trono. El nuevo rey, aconsejado por Leandro, junto con el abad Eutropio, después obispo de Valencia, convocó el Concilio III de Toledo, en el que rechazó la herejía arriana y abrazó la fe católica.

EL III CONCILIO DE TOLEDO

La conversión de Recaredo y el pueblo visigodo al catolicismo en 586 ocurrió en el Concilio de Toledo  convocado tres años después. En una vieja basílica en plena vega toledana, se celebró el concilio con sus naves repletas de obispos, monjes, nobles y guerreros. Presidió Mausona, obispo de Mérida, el prelado más antiguo, a sus lados Eufemio, obispo de Toledo y Leandro, de Sevilla, setenta mitrados más rodean la sacra presidencia. Enfrente, en el trono de los príncipes godos se asienta el joven Recaredo. Es el cuatro de mayo del 589. Se acaba de abrir la segunda sesión del tercer concilio toledano. Cumplidos los tres días de ayuno decretados en la primera sesión para disponer los ánimos y las conciencias. El rey se levantó y ofreció a los Padres por escrito, en su nombre y en el de la reina Bada, una profesión de fe católica y una abjuración de la herejía arriana. Los Padres puestos en pie han aplaudido frenéticamente. El prelado que hace de secretario ha preguntado si se adhieren a los sentimientos y hechos del monarca a todos los presentes. Ocho obispos y cinco Grandes han renunciado a continuación a sus heréticas opiniones, firmando la abjuración. La obra de San Leandro se ha consumado, el anciano obispo derrama lágrimas desde su sitial. Todos tienen puestos los ojos en él. Leandro se ha erguido y va a hacer el gran sermón de la unidad de España. La celebridad de este día y la presente alegría, dice, es tan grande y tan colmada, como ninguna fiesta que por todo el discurso del año celebramos, lo cual ninguno de vosotros podrá dejar de confesarlo. En las demás festividades celebramos la memoria de algún antiguo misterio y beneficio que se nos hizo, el día de hoy presenta materia de nueva y mayor alegría.

SEGUNDO PADRE DE HISPANIA.

San Leandro de Sevilla era el padre de HISPANIA. Santiago había sembrado la religión verdadera, Leandro la ha recuperado. Una paternidad merecida providencialmente a través de una vida santa y tenaz. Primero fue el hogar donde Severiano y su esposa Tortura, educaron a cuatro hijos que hoy celebramos como santos. Después el destierro a Sevilla y el monasterio. Allí bajo tierra se fue pudriendo la virtud del joven cartagenero. “Si el grano de trigo cae en tierra y se pudre, da mucho fruto”, había anunciado el Señor.

UNA GRAN PERSONALIDAD

Era una persona de singular erudición y de costumbres limpias, y con no menor suavidad en su trato; la elegancia en el estilo y en el trato y en las palabras era muy grande, cosa que en aquel tiempo se podía tener por milagro. De su erudición sabemos haber escrito sus libros apologéticos frente a los arrianos, defendiendo especialmente la procesión del Espíritu Santo, viniendo del Padre y del Hijo, A él se deberá entre tantos otros cánones del concilio, aquel que manda a los fieles de España recitar antes de recibir la comunión el símbolo católico de Nicea.

ERUDITO, TEOLOGO Y HUMANISIMO

Erudito y teólogo, pero también amigo delicadísimo. Impresiona encontrar en un varón de tanta autoridad y prestigio el amigo fiel y el hermano tierno que nos descubren sus cartas. La escribió a Florentina, la hermana virgen, dedicándole además todo un tratado de la Virginidad a imitación de San Ambrosio. Asimismo no menos hermosas son sus cartas al hermano menor, el niño Isidoro. Estaba entonces Leandro en el destierro, su hermano pequeño, dada su edad, había podido permanecer en Sevilla, a él se dirigen las letras fraternales, exhortándole a toda buena inclinación y suave ingenio y, sobre todo, a que estuviese pronto a derramar su sangre en defensa de Cristo frente a los arrianos.

FORMADOR DE SAN ISIDORO, SU HERMANO PEQUEÑO

No fue pequeña la parte que le correspondió a Leandro en la formación de aquella gran gloria que fue para España, la figura y la obra del santo y doctor Isidoro, sucesor de su hermano en la silla de Sevilla. Pero donde encontramos las fibras más humanas de su carácter de santo hecho a toda bella cualidad de hombre, es en su correspondencia con su alter ego, Gregorio de Roma, a quien conoció de legado del Papa en Constantinopla y después, elegido ya Pontífice, fue su fiel y constante corresponsal.

FIEL EN LA AMISTAD

Como ejemplo de aquella amistad entre dos santos de tan grandes proporciones, leamos este párrafo del Papa al obispo de Sevilla: “Escríbame vuestra santidad si la gota que le aflige, yo tengo tantos dolores de ella que estoy muy debilitado y casi consumido, pero fácilmente nos consolaremos si nos acordamos de nuestros pecados y entendemos que las enfermedades son dones de Dios”.

Como fundador de la escuela teológica sevillana, se interesó por la enseñanza oral, los escritos y la formación de los clérigos. A Leandro le debemos no sólo la conversión del rey, sino también el haber contribuido al resurgir de la vida cristiana por toda la Península: se fundaron monasterios, se establecieron parroquias por pueblos y ciudades, nuevos Concilios de Toledo dieron sabias legislaciones en materias religiosas y civiles...

ESTADISTA Y SANTO

Leandro fue un verdadero estadista y un gran santo. Como tal, al mismo tiempo que desarrollaba una vasta labor como hombre de Estado, nunca olvidaba que, como obispo, su ministerio le exigía una profunda vida religiosa y una dedicación pastoral intensa a su pueblo. Predicaba sermones, escribía tratados teológicos, dedicaba largos ratos a la oración, a la penitencia y al ayuno...

SU MUERTE

Antes de morir, pudo recibir estas bellas palabras escritas por su amigo el Papa: “¿Qué diré en el Juicio final. Cuando me presente yo al juicio final con las manos vacías y vos vayáis seguido de rebaños de fieles, cuyas almas habéis ganado a la fe sólo con la persuasión de la persuasión". Murió el Obispo Leandro, en Sevilla, el año 601. Su fiesta se celebra el 13 de noviembre.

JESUS MARTI BALLESTER

 

Jesus Marti Ballester

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