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SANTA MARIA MAGDALENA 22 DE JULIO AUTOR: JESUS MARTI BALLESTER |
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SI ESTE FUERA PROFETA!!!... Caminando por Galilea, Jesús ha entrado en Naim,
villa graciosa junto al Tabor en el panorama de la llanura del Esdrelón. Ha resucitado al hijo de la viuda. Y el
pueblo todo revive la escena, la gratitud y la admiración.
Simón es en Naim un representante del
fariseísmo. Ha preparado un banquete, y ha invitado a sus amigos.
Estima secretamente a Jesús, pero el orgullo farisaico le impide
cumplir los deberes de la hospitalidad. Ni lava los pies al invitado ni le
besa la mejilla, ni perfuma sus cabellos, según las tradiciones
hebreas. Jesús en el banquete habla poco; pero observa y su mirada
serena se fija sobre la multitud, como si buscase a alguien. De repente, una mujer aparece en la puerta, se acerca al Señor
y se arrodilla delante de Él. Tímida y audaz, indiferente a la
lluvia de miradas que la acribillan, pero con un gesto de infinito respeto, rompe
el frasco de alabastro que lleva apretado contra el pecho, y derrama los
perfumes sobre los pies de Jesús. Todos los comensales se llenan de
admiración y toda la casa se llena del olor del perfume. Con amor y
con delicadeza, rocía los
pies portadores de la paz; hasta que, la ola de ternura que le aprieta el
corazón, rompe en llanto. La congoja le impide hablar, pero llora;
llora en silencio, manifestando, como puede, su humildad, su gratitud, su
arrepentimiento. Los pies del Nazareno están humedecidos de llanto y
de nardo; la pobre mujer no sabe cómo enjugarlos; pero tiene su
cabellera fina y suave. Lentamente, amorosamente, las va pasando por los pies
virginales de Jesús, y los cubre de besos. Los comensales se miraban unos a otros con caras de pasmo.
Simón, en el fondo, se sentía satisfecho. Parecíale
haber descifrado un enigma. Por fin sabía a qué atenerse con
respecto a aquel convidado misterioso, que parecía humillar a los
más grandes de Israel con sólo su mirada. Era un hombre como los demás; a quien pueden engañar y
sensible a las caricias de una mujer. "Sí éste fuese
profeta—decía en su interior—, debiera saber qué
clase de persona es la que le toca." Y revelaba en su ademán la
complacencia y el desprecio. Pero Jesús, que ha leído en el
corazón de la pecadora, descubre también el pensamiento del
fariseo, y le dice: "Simón, tengo una cosa que decirte." Y
Simón responde: "Maestro, habla.": "Un acreedor,
prosigue Jesús, tenía dos deudores; el uno le debía
quinientos denarios y el otro cincuenta. Y como ni uno ni otro tenían
con qué pagar, les perdonó la deuda. ¿Quién de
ellos le amará más?" Y Simón respondió;
"Supongo que aquel a quien más perdonó." "Has
juzgado rectamente", dijo Jesús; y señalando a la mujer,
prosiguió: "¿Ves a esta mujer? He entrado en tu casa y no
me has lavado los pies; pero ella me los ha regado con sus lágrimas y
secado con sus cabellos. Tú no me has besado, pero ella, desde que ha
entrado, no ha cesado de besarme los pies; no me has ungido con óleo
la cabeza, pero ella me ha ungido los pies con perfumes. Por eso te digo que
se le ha perdonado mucho, porque ha amado mucho" Luego dijo a la mujer:
"Tus pecados te son perdonados." Los invitados de Simón habían seguido la
parábola en silencio. Las últimas palabras de Jesús les
desconcertaban: "¿Quién es
éste que perdona los pecados; Jesús volviéndose hacia la
pecadora, le dijo: "Tu fe te ha salvado; vete en paz." Y la
pecadora salió, no ya a buscar las amargas alegrías del placer,
sino a abrazarse con los rigores de la expiación. Porque esta
pecadora, cuyo nombre calla San Lucas, no parece ser otra que la Magdalena.
El Evangelio no lo indica claramente, pero Tertuliano, Clemente de
Alejandría, San Cipriano, San Jerónimo, San Agustín, San
Gregorio Magno y San Cirilo de Alejandría; y
entre los modernos, Baronio, Lacordaire,
Maldonado y los Bolandistas, defiende la identidad de María de Mágdala, María de Betanía
y esta desconocida. LA LEYENDA DEL TALMUD Su nombre y su historia han dejado huellas en los libros
rabínicos. La leyenda del Talmud nos habla
de su espléndida hermosura, de su cabellera famosa, de sus riquezas y
de sus escándalos. Casada con un doctor de la Ley, hubo de sufrir los
celos rabiosos de su marido, que la encerraba en casa cuando se ausentaba.
Altiva e impetuosa, se rebeló contra esta tiranía,
sacudió todo yugo, se fugó con un oficial de las tropas del
César, y con él se estableció cerca de Cafarnaum, en el pueblecito de Magdala,
llenando las cercanías del Lago con sus desórdenes. Allí, sin duda, oyó hablar del profeta que
prometía la felicidad al que sufre y es despreciado y es blanco de
ultrajes y de insultos. En la soledad de las horas vacías que siguen siempre a las
horas de placer, debió considerar la tristeza de su vida de pecado: el
ocaso de la belleza, la vanidad de un cuerpo que terminaría pasto de
los gusanos, la miseria de los paños de seda, de las joyas, de los
ungüentos. En esta soledad interior llegaron hasta ella los primeros
ecos de la buena nueva; las luces alegres del sermón de la Montana y
de las parábolas del Lago; "Bienaventurados los limpios de
corazón... Llamad y se os abrirá; buscad y encontraréis.
¿Quién de vosotros, si su hijo le pide pan, le daría una
piedra?" Estas palabras despertaron en ella una energía
sobrenatural, se sintió libre, tuerte, capaz de vivir siempre en
humildad de corazón, de regenerarse. Y, buscó a Jesús,
el único que no la había de rechazar; le buscó con un
amor impetuoso, con una voluntad resuelta de romper con el pasado. Y llegaba
transformada, iluminada por la gracia, purificada por la llama de la caridad.
Había pecado mucho, y por eso amaba mucho al que la llamó, y la
salvó, y la convirtió, y la perdonó; y sus
lágrimas, sus perfumes y su silencio, no son más que la expresión
humilde de su amor agradecido. Desde este momento, María Magdalena queda asociada al grupo de
los íntimos de Jesús. Todo había cambiado en ella. SIETE DEMONIOS Siete espíritus inmundos habían entrado en ella. Ella
les abrió su corazón y sus sentidos. La dominaban, la
tiranizaban, y sólo vivía para ellos; para la envidia y del
rencor, para la concupiscencia y el placer. Toda esta bandada infernal
había huido con vuelo de pájaros nocturnos y agoreros. Aquellos
ojos, fijos antes sobre las cosas de los sentidos, se habían vuelto
hacia la luz de la vida verdadera. Ahora sólo les llenaba: la
presencia de Jesús. María Magdalena vivía sólo
para la contemplación ardiente y apasionada. Seguía a
Jesús silenciosa, le miraba y recogía sus gestos, meditaba sus
palabras y presenciaba sus milagros. Se unió a los mujeres que le
seguían detrás de los doce, Él rara vez parecía
distinguir aquella figura doliente que le miraba con ojos secos e
inmóviles, como los que han llorado todas sus lágrimas. Pero
ella le sentía dentro de sí, y ese sentimiento dejaba en su
alma un consuelo perenne, una luz, una esperanza libre de inquietas
incertidumbres. Lo demás la importa poco: el último lugar le
basta; un rincón entre los discípulos de Jesús; un
puesto humilde entre sus oyentes, lo bastante cerca para poder espiar sus
movimientos y no perder el acento de su voz. EL MAESTRO ESTA AHÍ Y TE LLAMA María vive ahora en Betania, cerca
de Jerusalén; vive con sus hermanos, con Marta, la activa, y con
Lázaro, muerto y enterrado, cuya muerte está llorando.
María sigue llorando la muerte de su hermano; sabe que Jesús
llega a Betania, pero sigue sollozando sin
atreverse a salir, hasta que Marta llega y le dice: "El Maestro
está ahí fuera y te llama." Las lágrimas de
María, la contemplativa, han conmovido a Jesús: “Mirad
como le amaba”. Y Lázaro será "el hombre en quien se
manifestó la gloria de Dios".
MARIA HA ESCOGIDO LA MEJOR PARTE Cuando Jesús va a la ciudad santa, y cuando vuelve, el Maestro
se detiene en su casa; allí come, duerme, hace sus milagros y predica
LA PALABRA. La casa de Lázaro es, en Judea, lo que era la de Pedro en Cafarnaum. Desde que pasa el umbral, Marta empezaba a
trajinar por la casa; Lázaro se acercaba con el agua de las
abluciones, clavando en el Señor una mirada de gratitud, como de quien
había visto a la muerte; María quedaba como arrobada en
éxtasis, inmóvil, sin poder hacer otra cosa más que
contemplar a Jesús, admirarle, escucharle, sentir la caricia de su
acento y el latido de su corazón. Ya era bastante; era lo mejor, lo
más perfecto, porque saciaban las ansias de su amor. Ha entregado su
alma, toda su alma embelesada. ¿Qué importa el cansancio de las
manos y el los pies, sí puede ofrecer a su Dios el homenaje rendido
del corazón? Y el Maestro aprueba su conducta: "María ha
escogido la mejor parte, que nadie le arrebatará. "SE HA ADELANTADO A UNGIR MI CUERPO PARA EL SEPULCRO Fue también en un banquete, un banquete celebrado en Betania. Marta sirve a la mesa; Lázaro se sienta
al lado de Jesús; en la sala hay muchos judíos, que han venido
de Jerusalén para ver a Lázaro resucitado. Había
adoradores, había espías y había curiosos llenos de
admiración y respeto, y miradas llenas de hostilidad. Ya terminaba la
comida, y apareció la Magdalena en la sala. Como en el banquete de su
conversión, el de las lágrimas que la habían purificado,
el de la voz que la había perdonado. Ahora había permanecido
oculta y silenciosa, recogiendo la gracia de los labios y de los ojos del
Señor. Tal vez en su frente leyó la tragedia sombría que
una semana más tarde se iba a desarrollar en el Gólgota. No
lloraba, pero toda su alma era llanto. Roja de amor y de vergüenza,
inundado el rostro de una tristeza infinita, se acerca a Jesús, y
derrama en su cabeza el precioso ungüento de nardo, que le llega hasta
los pies. La sala, y la respiración de todos en la noche campesina,
quedaron envueltas en la suave fragancia. Jesús volvió la
cabeza, y vio el alabastro roto y la mujer que le enjugaba con sus cabellos.
Y comprendió una vez más, María de Magdala
le hacía el sacrificio de lo mejor que había en su casa, de
aquel nardo precioso y sin mezcla, que amó tanto en los tiempos del
pecado, y que ahora era el símbolo de su amor y de su
adoración. Pero no todos pensaban igual. Judas a la vista del pomo
roto, decía: "¡Qué locura! Más de una libra
de ungüento, pudo venderse por trescientos denarios, para socorrer a los
pobres…." Habla de los pobres, pero lo que le importa es el
dinero. Su mirada refleja avaricia y envidia. María, acribillada por
aquellos ojos, era una paloma ante el gavilán. Jesús
respondió a aquellas palabras como al silencio de Simón:
"¿Por qué molestáis a esta mujer por esta obra de
ternura que ha hecho conmigo?. A los pobres siempre
los tendréis con vosotros; mas no a Mi. Se ha adelantado a ungir mi
cuerpo para el sepulcro. En verdad os digo, que mientras se predicare el
Evangelio a través del mundo, se contará lo que ha hecho esta
mujer, en memoria suya.'' Jesús
palideció; la Magdalena permaneció en una actitud de
adoración; Judas se maldijo, y en su alma saltaron todas las
víboras aletargadas de la perversidad. Ya no hubo alegría en. el banquete, En vano chispeaban los vinos en los vasos de
plata; la sombra de la muerte flotaba entre el parpadeo de las luces, por
encima de los comensales.
EN EL CALVARIO Era un viernes, cuando empezaban a abrirse las flores de los
manzanos. Una semana después, el viernes de la
parasceve, María Magdalena, sosteniendo a la Virgen María,
caminaba pálida y llorosa a través de la calle de la Amargura.
Su amor llegaba hasta el fin; era más fuerte que la muerte.
Allí, en la cumbre del Calvario, la tuvo clavada durante las horas
mortales de la agonía de Jesús. Los ojos del Hijo del hombre la
miraron; tal vez pensó que también para ella tendría una
palabra, como para su madre, para Juan, para el buen ladrón; pero
pensó que no era digna, que debía amarle más aún
y llorarle más. Y lloró sobre su cuerpo muerto y besó
sus brazos rígidos cuando José de Arimatea
los desclavaba de la cruz, y le ungió por última vez antes de
colocarle en el sepulcro, cuando ya no podía mirarla ni defenderla. Su
amor era tan grande, que no podía apartarse del huerto de José
de Arimatea: "Alejándose los
discípulos—nos dice ella misma en la liturgia—, yo no me
alejaba; y encendida en el fuego de su amor, me abrasaba en deseos," Iba
y venía a través del huerto, siempre con los perfumes. Y al fin
su anhelo mereció la mayor recompensa. Fue en la mañana
memorable de la Resurrección. Ojerosa y pálida, María
había llegado al sepulcro. Dos días llorando, dos días
sin dormir. De repente, un nuevo dolor: el sepulcro estaba vacío. Muda
de espanto, la pobre Magdalena mira en torno, busca huellas humanas entre los
olivos, corre entre el follaje, agitada por una angustia infinita. De pronto,
envuelto en los primeros rayos de la mañana, aparece un hombre,
qué se acerca a ella y le dice: "Mujer, ¿por que lloras?
¿A quién buscas?" Creyó María que era el
hortelano, y con voz suplicante le dijo: "Lloro porque se han llevado a
mi Señor, y no sé dónde lo han puesto. Si has sido
tú, dime dónde lo colocaste, y yo iré por él.
¡La locura del amor que piensa poder levantar ella sola un
cadáver!" Enternecido por tan apasionado candor, conmovido por
tan amable ingenuidad, el desconocido sólo pronunció una
palabra, un nombre, su nombre, el de ella. Pero el acento era bien conocido:
el inolvidable acento de los días de Naim y
de Betanla: "¡María!". Al
fin, lo comprendió todo:”Rabboni”
"¡Maestro!", clamó cayendo ante él sobre la
hierba cubierta de rocío, y esforzándose por besar aquellos
pies, con la cicatriz roja de los clavos. Pero Jesús la detuvo: "No me toques—dijo—,
porque aún no he subido a mi Padre; pero ve a mis hermanos y diles:
Subo a mi Padre y vuestro Padre. Os precederé en Galilea." Y
mientras se alejaba entre los árboles coronados de luz, María,
ciega de felicidad, apóstol de los apóstoles, corría al
cenáculo llevando la noticia de la resurrección. Antes que
nadie ella, la contemplativa, había logrado ver a Cristo triunfador,
Resucitado. MAGDALENA
EN EL CODIGO DA VINCI (P. Löring). "Los enemigos de la Iglesia
se aprovechan de cualquier cosa, aunque sea una tontería, para
atacarla. Empecemos por El Evangelio
de Judas. Como si fuera un descubrimiento descomunal. ¡Pero si El Evangelio de Judas se conoce
desde el siglo II, y ya San Ireneo en el siglo II dijo que era falso! A que
viene ahora que digan: "Hemos descubierto un manuscrito del siglo
II", si, pero que es falso. "Es un evangelio apócrifo, que
no tiene origen divino. Hay montones de evangelios apócrifos y uno de
ellos el de Judas, pero no es el único. Hay un libro de la editorial
católica española BAC, dedicado a los evangelios
apócrifos. Y ahora dicen que aparece un manuscrito en griego con El Evangelio de Judas. Hay montones
y ese es uno de tantos manuscritos de evangelios falsos del siglo II, siglo
III o siglo IV. "Los evangelios auténticos, los inspirados por
Dios, los bíblicos, son cuatro: Mateo, Marcos, Lucas y Juan. Y toda la
lista de evangelios falsos, no son bíblicos. Por que son falsos. No
tienen ninguna autoridad, no tienen ningún valor", sólo
tiene el valor de ser un manuscrito antiguo, como hay muchísimos
manuscritos antiguos. Pero no está inspirado por Dios y no hay por que
darle crédito, y mucho menos cuando sabemos que en los evangelios
apócrifos se inventan cosas, se cuentan historias que no tienen
fundamento histórico ni son inspirados por Dios". "El contenido del Evangelio de Judas tiene el
propósito de dejar bien a Judas que traicionó a Cristo. De este
manuscrito se deduce que Judas cumplió su misión, que hizo lo
que estaba escrito, que Jesús iba a ser traicionado y Judas lo
cumplió. Se le presenta como un pobrecillo, que le tocó lo feo,
que tuvo que traicionar como estaba en las profecías. Quieren hacer
pensar en Judas como un pobre hombre que cumplió con la misión
que el cielo le había encomendado, traicionar a Cristo. Judas
traicionó libre y voluntariamente. Estaba profetizado, por que Dios
conoce el futuro y Dios sabía que Judas lo iba a traicionar y en las
sagradas escrituras estaba escrito que Cristo iba a ser traicionado, pero
Judas lo hizo libremente. Eso de querer presentar a Judas como un mensajero,
un realizador de la voluntad de Dios. La novela y película del Código Da Vinci:
"En la Última Cena de Leonardo Da Vinci
no hay un cáliz. Cristo usó un cáliz. Porque Leonardo Da
Vinci no pone cáliz en su cuadro, ¿
no hubo cáliz?. Y si Leonardo pone un gato, ¿ había un gato en la última cena? El
artista puede poner lo que le da la gana, pero no tiene nada que ver con la
realidad. La última cena fue como fue, y no como la pinte Leonardo Da Vinci". "Vamos a ver la
idiotez que nos quieren hacer creer. Dice el novelista que la figura del
apóstol San Juan a un lado de Cristo en la pintura, no es Juan sino
María Magdalena. Pues si esta figura es María Magdalena
¿dónde está San Juan? En el cuadro hay 12
apóstoles y si el novelista inventa que uno no es San Juan sino
María Magdalena, San Juan ¿no fue a la última cena?
¿Andaba de paseo? ¡Pero que idioteces!". "Hace años
en España en un cine forum, después de ver la película,
salieron los comentarios: "esta escena lo que quiere decir…",
"pues esta escena, el mensaje que transmite…", "pues tal
escena…" y al cabo de un tiempo, salió un señor que
estaba de incógnito diciendo: "Soy el director de la
película, de cuántas cosas me he enterado que yo no
sabía, provocando la risa en el auditorio. "Así pasa, y
empiezan a interpretar, "es que Leonardo Da Vinci
lo que quería decir"… ¿Usted que sabe de lo que
Leonardo Da Vinci quería decir? Si Leonardo
Da Vinci levantara la cabeza diría:
"Que cantidad de cosas dicen de mi cuadro que yo no sabía". "Nos quieren hacer
creer que el cáliz con la sangre de Cristo, el Santo Cáliz, era
el bebé que llevaba María Magdalena en sus entrañas y
que había engendrado Jesús. ¡Terrible blasfemia! Y que por
eso no hay cáliz, según el novelista, por que el Santo Grial,
Grial significa copa, la Santa Copa o Santo Cáliz, era el bebé
que Magdalena llevaba en su seno engendrado por Cristo". La verdad del Santo
Grial: "San Marcos el evangelista era de una familia rica. Ellos eran
muy amigos de Jesús, y la última cena se celebró en la
casa de la familia de Marcos en Jerusalén. Y como es lógico, le
pusieron a Jesús la mejor vajilla que tenían. En aquel tiempo
las copas finas eran de alguna piedra semipreciosa. El Santo Grial es de
Ágata". "Después de
la muerte y resurrección de Cristo, San Marcos se va con San Pedro a
Roma y se lleva el cáliz que usó Jesús en la
última cena. En ese cáliz decía misa sólo el
Papa. Era el Cáliz Papal": "Antes del Concilio Vaticano II
todas las misas eran con el Canon Romano, que es el mismo que usaba San Pedro
para decir la misa. El texto de la consagración dice: "El
Señor Jesús tomando en sus santas manos este
cáliz". San Pedro decía "este cáliz" por
que era el cáliz que había usado Cristo en la última
cena. Cáliz Papal, donde sólo decía misa el Papa". Pasaron los años,
y en tiempos del Papa Sixto II, el Emperador Valeriano se apoderaba de los
bienes de la Iglesia. El Papa encargó a San Lorenzo diácono y
administrador, que salvara el Santo Grial de la rapiña del emperador.
San Lorenzo era español, y le diço el
Cáliz Papal a un soldado romano que era de su Jaca para que lo lleve a
su familia en Jaca, España, junto con una carta que se conoce. En la
basílica actual de San Lorenzo hay una pintura de San Lorenzo
entregando un cáliz a un soldado romano que lo recibe de rodillas. La
familia de San Lorenzo en Jaca, da el Santo Cáliz al obispo y al
llegar la invasión musulmana de España, el obispo esconde el
Grial en el Monasterio de San Juan de la Peña en el Pirineo
Aragonés y ahí quedó escondido por siglos ".
"Cuando terminó la ocupación musulmana, el Santo Grial
volvió a ser expuesto a la veneración pública. Entonces
el Rey de Valencia Martínez Lugano, da un fuerte donativo al
monasterio y se lleva el Santo Grial a su oratorio particular.
Después, otro Rey de Valencia, Alfonso el Magnánimo, piensa que
tener el Santo Grial en su oratorio particular era una joya demasiado valiosa
y se lo da al Obispo de Valencia. El Obispo hace construir una capilla para
custodiar el Santo Cáliz y hasta el día de hoy está en
Valencia el Santo Grial. Y el que quiera enterarse, se puede enterar".
"Que no que me inventen la idiotez de que el Santo Grial es el
bebé que lleva la Magdalena dentro. Son invenciones del novelista, la
historia es la que es y documentada. Hay documentación y montones de
estudios sobre lo el tema. Cuando el Papa Juan
Pablo II fue a Valencia, dijo misa con el Santo Grial, el Cáliz
Papal", aseveró con firmeza. "Es triste que por incultura o
por moda, o ligereza e irresponsabilidad, la gente se traga la novela del Código Da Vinci
como si fuera verdad, es novela, todo es mentira, todo lo inventa el
novelista, es mentira y además blasfemia. Por que todo eso que dice,
que Jesús se casó con María Magdalena, que tuvo un
hijo… ¡Vamos eso es blasfemo, es blasfemia! No tiene
ningún fundamento para hacer esas afirmaciones. Todo
mentira del novelista y además blasfemia". "Un católico
no debe comprar el libro ni ver la película. No debes dar ni un euro a
ese sinvergüenza, que se está enriqueciendo calumniando a la
Iglesia y además blasfemando. JESUS MARTI BALLESTER |
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Jesús Marti Ballester |