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Nuevas cuestiones sobre la oración


Hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo

Por Jesús Martí Ballester


El Padre Martí escribe nuevamente sobre la oración. Ofrecemos ahora este tratado, que esperamos que sea del interés de nuestros lectores. Queremos no obstante agradecer al Padre Martí Ballester haber escrito, en exclusiva paraBetania, este importante tratado sobre la oración, totalmente inédito, en su versión completa, aunque ya lo habiamospublicado por partes.


http://wmail33.movistar.es/cp/ps/Mail/Downloader?d=telefonica.net&fp=INBOX&contentSeed=23106&c=yes&u=cdbll&disposition=inline&an=CDBLL%40telefonica.net&uid=15420&pct=d45d3&dhid=attachmentDownloader&ai=1De entrada le doy la palabra a Benedicto XVI, JosephRatzingerque estoy contemplando en su inmenso libro “Jesús de Nazaret”. “En las palabras de esta petición aparecen inmediatamente claras dos cosas: existe una voluntad de Dios con nosotros y para nosotros que debe convertirse en el criterio de nuestro querer y de nuestro ser. Y también: la característica del «cielo» es que allí se cumple indefectiblemente la voluntad de Dios o, con otras palabras, que allí donde se cumple la voluntad de Dios, esta el cielo. La esencia del cielo es ser una sola cosa con la voluntad de Dios, la unión entre voluntad y verdad. La tierra se convierte en «cielo» si y en la medida en que en ella se cumple la voluntad de Dios, mientras que es solamente «tierra», polo opuesto del cielo, si y en la medida en que se sustrae a la voluntad de Dios. Por eso pedimos que las cosas vayan en la tierra como van en el cielo, que la tierra se convierta en «cielo». Pero, ¿que significa «voluntad de Dios»? ¿Cómo la reconocemos? ¿Cómo podemos cumplirla? Las Sagradas Escrituras parten del presupuesto de que el hombre, en lo mas íntimo, conoce la voluntad de Dios, que hay una comunión de saber con Dios profundamente inscrita en nosotros, que llamamos conciencia (cf. p. ej., Rm 2, 15). Pero las Escrituras saben también que esta comunión ha sido enterrada en el curso de la historia; que aunque nunca se ha extinguido del todo, ha quedado cubierta de muchos modos; que ha quedado como una débil llama tremulante, con demasiada frecuencia amenazada de ser sofocada bajo las cenizas de todos los prejuicios que han entrado en nosotros. Y por eso Dios nos ha hablado de nuevo en la historia con palabras que nos llegan desde el exterior, ayudando a nuestro conocimiento interior que se había nublado demasiado. EI núcleo de estas «clases de apoyo» de la historia, en la revelación bíblica, es el Decálogo del monte Sinaí que, como hemos visto en el Sermón de la Montaña, no queda abolido o convertido en «ley vieja», sino que, ulteriormente desarrollado, resplandece con mayor claridad en toda su profundidad y grandeza”, en el saber con el Creador, que El mismo nos ha dado al crearnos «a su imagen»,

INTERVIENE SU MADRE

Jesús no ha señalado un catálogo de cosas que podemos pedir. Su madre le pidió vino en Caná, el buen ladrón le pidió el paraíso. Podemos pedir de todo y todo, pero somos como niños que no saben lo que piden y queda el discernimiento de la madre dar lo bueno y lo mejor y no dar lo malo, que a veces deslumbra y es bonito y bien visto, lo razonable es que, después de pedir, lo dejemos en manos de Dios, pues él sí sabe lo que nos conviene más y lo que nos puede dañar. Para que después no se nos pueda decir, “Fraile mostén, tú te lo tienes, tú te lo ten”, debemos terminar siempre nuestras peticiones, como nos enseña Jesús en la oración que nos enseñó: “Hágase tu voluntad“, que es como el oró en la agonía de Getsemaní: “Padre, si es posible, pase de mí este cáliz, pero no se haga mi voluntad sino la tuya”.

FIEMONOS DE LA VOLUNDAD DE DIOS, QUE ES PADRE

En muchas ocasiones nos preguntamos por que Dios hace esto o aquello, por qué él deja que pasen esas cosas en nuestras vidas. Pero estas cosas son misterios y nunca las vamos a entender, ya que las decisiones de nuestro Padre Dios son decisiones universales y eternas, las que cumplen un plan determinado en el universo material y espiritual.

En una tarde su pequeño hijo José, se había puesto muy enfermo, tenía una fiebre incontrolable, que lo estaba quemando por dentro; llevó a su hijo a la clínica. El médico con un semblante de desconcierto y de desolación, con voz entrecortada le dice que al niño lo han dado por muerto. En ese momento su mundo se había sumido en un abismo de confusiones y dolores, no dejó que el médico explicara nada, Salió de allí y fue a una pequeña capilla y le exigió a Dios que su hijo volviera a la vida, mientras que ella gritaba como loca a Cristo.

Una enfermera entró diciendo que el médico la llamaba a su consulta. Su hijo había vuelto a la vida, no podía creer lo que estaba viviendo, se había hecho un milagro. Días más tarde, era un angelito que no se había dado cuenta de lo que había sucedido, su alma no estaba contaminada, Dios lo estaba esperando en el cielo, como un hijo que vuelve a casa. Pasan los años y el niño se transforma en un joven con una vida propia e independiente. El hijo por el que había luchado tanto para que viviera tenía una vida secreta y macabra; descubre que ese hijo era uno de los principales sicarios de la región, la lista de muertos que él tenía en su conciencia era innumerable. Doce años después de lo que vivió con esa criaturita lo esta volviendo a vivir, pero con la gran diferencia de que hoy no pide la vida de su hijo sino su muerte.

Trece años después, su hijo había sido encontrado en un barranco donde depositaban la basura muerto, su cuerpo había sido torturado, tiroteado y comido por las aves de rapiña. El Padre Dios quería llevarse a su hijo cuando era un bebe y prevenirle las angustias y los dolores que el le cometió a tanta gente y el suicidio. Pero más que salvar su cuerpo carnal, Dios quería salvar el alma de aquel niño. El universo entero se mueve milimétricamente, los designios de Dios ni los entendemos y no los vamos a entender, ya que sus decisiones son más sabias que las nuestras. De demonios sólo se lanza con oración y ayuno" (Mc 9,18). También San Pablo nos exhorta: "Orad sin interrupción" (Col 4,2; 1Tes 5,17). De hecho, Jesús comenzó su Pasión orando en el huerto deGetsemaní (Lc 22,41). María comenzó a ejercer de Madre de la Iglesia orando en el cenáculo con los apóstoles (Hech 1,14). Y los apóstoles decidieron con alegría: "Nosotros nos dedicaremos a la oración y al ministerio de la Palabra" (Hech 6,4). Así lo testifica Orígenes: "En el edificio de la Iglesia conviene que haya un altar, y son capaces de llegar a serlo los que están dispuestos a dedicarse a la oración, para ofrecer a Dios día y noche sus intercesiones y a inmolarle las víctimas de sus suplicas. Como los apóstoles que perseveraban unánimes en la oración y oraban concordes con una misma voz y un mismo espíritu" (Homilía en la Dedicación de la Iglesia).

NECESIDAD, CUALIDADES Y EFECTOS DE LA ORACION.

a) La oración es necesaria, como el agua para los árboles y las plantas, como la comida para el cuerpo, como la sangre para el organismo, como los cimientos para la casa, como el estómago para la digestión, como el oxígeno para la vida.

b) La oración es fuente de conocimiento no teórico, sino sapiencial. El Niño Jesús, a quien vieron tantos, sólo fue reconocido por Simeón y Ana, y como Hijo de Dios y Mesías, sólo por San Pedro, porque no lo supo por los sentidos corporales. Así como las manzanas no hay que rimarlas, sino morderlas para saborearlas y el perfume de la rosa hay que aspirarlo y no contentarse con saber de la rosa leyendo las Enciclopedias, a Dios hay que saborearlo para saber a qué sabe (San Juan de Ávila). "En la oración se aprenden verdades" garantiza Santa Teresa de Jesús.

c) La oración es fuente de energía. En la vida cristiana, no podemos estar siempre gastando energías. Necesitamos reposo, sosiego, paz: "Marta, Marta, estás muy nerviosa" (Lc 10,41). Y así como el agricultor no pierde el tiempo cuando afila la guadaña, "si yo realizo el trabajo de orar caerán todas las murallas", ha dicho el científico Von Braun Pero nos dice la experiencia, que este trabajo nos resulta el más difícil. Siempre se nos ocurren cosas que hacer cuando decidimos ir a orar. Porque la dificultad no sólo nos viene de la naturaleza, sino del príncipe de este mundo, que sabe que está perdido si oramos.

El cura de Torcy en la novela de Bernanos, "el cura rural", le dice sabiamente al protagonista, un joven sacerdote lacerado: "Muchacho, sufres demasiado para lo que oras. Hay que alimentarse en proporción a nuestros dolores".

El P. Ravignan recomendaba a un ejecutivo que se lamentaba de su stress, hacer un cuarto de hora de oración diaria. -"Pero, Padre, ¡si le estoy diciendo que no tengo tiempo!", respondía el manager.-"Es verdad, repuso el Padre, haga media hora cada día".

Acertó Nietzsche cuando dujo: "Quien tiene mucho que hablar ha de guardar mucho silencio. Quien algún día ha de engendrar el rayo ha de ser largo tiempo nube".

d) La oración es fuente de alegría. ¿Quiere, acaso Jesús que nuestro Vía crucis sea más largo y duro, de lo que lo es normalmente?

-Ciertamente que no. Por eso dice: "Venid los que estáis cansados y yo os aliviaré y hallaréis el descanso> (Mt 11, s), y, "Mi paz os dejo, mi paz os doy" (Jn 20,19).El anhelo de la felicidad es un motor que no deja reposar a los hombres, "Nos has hecho, Señor para ti, y sólo descansaremos en Dios", en la oración. Si Moisés baja radiante del Sinaí es porque había permanecido largo tiempo con el Señor (Ex 34,29). Si Agustín veía radiantes en la catedral de Milán a los jóvenes salmodiando, es porque oraban. "No se puede ser cristiano sin oración", ha escrito Urs Von Balthasar.

e) La oración es fuente de conversión diaria. Por eso María y la Iglesia nos entregan este modo sencillo de orar: el rosario.

"DOMINGO, SIEMBRAS MUCHO Y RIEGAS POCO".

http://wmail33.movistar.es/cp/ps/Mail/Downloader?d=telefonica.net&fp=INBOX&contentSeed=23106&c=yes&u=cdbll&disposition=inline&an=CDBLL%40telefonica.net&uid=15420&pct=d45d3&dhid=attachmentDownloader&ai=2Una noche en Fangeaux, Domingo de Guzmán tiene una revelación respaldada por numerosos documentos pontificios. Estando en su convento de Prouille, en la capilla, le suplicó a Nuestra Señora que lo ayudara, pues no estaba logrando casi nada. La Virgen se le apareció en la capilla, con un rosario en su mano un rosario y le enseñó a rezarlo. Dijo que lo predicara por todo el mundo, prometiéndole que muchos pecadores se convertirían. Domingo salió de allí lleno de celo, con el rosario en la mano. Lo predicó, y con gran éxito por que muchos albigenses volvieron a la fe. Agotado de tanto predicar, le dijo la Virgen: "Domingo, siembras mucho y riegas poco". Esta experiencia de María, le persuadió a orar más. El 21 de enero de 1217, el Papa Honorio III aprobó la obra de Domingo, la Orden de los Dominicos. Al haberse extendido la herejía de los cátaros y albigenses por Italia. El Papa Honorio III quiso dar una gran misión, y encomendó la dirección a Domingo. Así comenzó a propagar el rezo del Rosario.

ELECCIÓN DEL CARDENAL WOYTILA

El 16 de octubre de 1979 los cardenales eligen en Roma a un Papa polaco. El Kremlin tembló. Armaron el brazo de Alí Agca, y el 13 de mayo, día de la Virgen de Fátima, caía Juan Pablo II en la plaza de San Pedro. Andropov, al frente de la KGB, tiene como subalterno a Gorvachov, el que le dice a Juan Pablo II, ahora, que aprecia mucho sus oraciones. Para todos, incluso para los observadores más perspicaces, es inexplicable la caída, en cuatro meses, del marxismo... Para todos los que ignoran la profecía de Fátima, en cambio ha dicho el cardenal de Cracovia, Mons.Marchaski: "para nosotros no es inexplicable. Hace años que venimos orando".Después, caerá el Muro de Berlín, y terminará la máscara histórica que ha durado setenta años y sembró la tierra de muertos y de mentiras en todos los sectores de las sociedades y de las naciones. No escapó España, donde se cebó cruelmente, y llenó los altares de mártires. La Archidiócesis de Valencia, ha ofrendado a la humanidad 226 Beatos Mártires, cuya fiesta se ha celebrado el día 22 de septiembre. Recuerdo la tragedia, la viví y la lloro, a la vez que agradezco a Dios el privilegio de ver a compañeros y amigos en los altares, como al Beato José Toledo Pellicer.

HE VISTO A UN MARTIR. EL BEATO JOSE TOLEDO PELLICER

Nunca hablé con él, pero le vi, le vi bastantes veces. Era natural del pueblo de Llaurí, en la provincia de Valencia, que posteriormente pude visitar el día 29 de junio del año 1935 en la primera Misa de Baldomero Rubio Meliá, a la que asistí, acompañando como seminarista a su primo hermano, Don José Serra Meliá, quien predicó en la celebración eucarística. Los tres, fueron acribillados en el mismo acto en el Saler, el año siguiente. Preguntaron a sus verdugos: "¿Qué les vais a decir a nuestras madres, cuando os pregunten qué habéis hecho con nosotros?" Pero yo conocí a Don José Toledo antes, porque era el ayudante del Director de la Schola Cantorum del Seminario Conciliar de Valencia, Don Juan Belda Pastor, hijo de Bocairente, también mártir. Yo, niño de 11 años, cantaba la voz de tiple, y Toledo, la de bajo. No estábamos cerca en los ensayos, yo era un niño, y él todo un hombre, apuesto, moreno, cerrado de barba, serio, voz impresionante, activo y atractivo. Se encargaba de repartir los papeles al comienzo de los ensayos. Es significativo que de entre los cincuenta que formaban la Schola, sólo recuerdo su persona, su rostro, su carácter, y la de nadie más, lo que demuestra su atractiva personalidad, que impactó mi persona de niño. Entre otras piezas, ensayábamos el Ofertorio de la fiesta del Corpus: "Sacerdotes Domini", del Maestro Ubeda, organista de la Capilla del Patriarca de Valencia. Es un texto del Levítico, letra premonitoria y profética en el caso de nuestro mártir: "Los sacerdotes del Señor han de ser santos para su Dios, y no profanarán su Nombre, pues ellos son los que ofrecen los panes y el incienso a su Dios (21,6). ¡Qué pronto iba a vivir lo que cantaba y dirigía, al convertirse con sus tres compañeros en pan de Cristo, molido en la muela del martirio, y en incienso que perfumó el altar del Señor! Construyó la Iglesia mártir de Valencia, edificó a sus coetáneos y nos dejó una huella de santidad a imitar. He visto a un mártir. He estado al lado de un mártir, he cantado con él, y hoy me siento privilegiado y agraciado de poder hablarle familiarmente y con confianza: ¡Beato José Toledo Pellicer, ruega por nosotros!¡Por aquel tiple, por los que queden de aquella Schola Cantorum, por la Archidiócesis de Valencia, de la que eres una rosa martirial calificada. Ruega porque el peligro sigue acechando y arrecia y necesitamos recobrar, con el vigor del Rosario, la fuerza de vuestro heroísmo.

Hemos repasado la historia y hemos contemplado varios acontecimientos que nos revelan la eficacia de la oración del Rosario.

ORACIÓN TRANSFORMATIVA

Ese hombre que vemos tan feble en Job y, que la experiencia nos comprueba, es un ser llamado a ser divinizado, a convertirse en Dios... Ahora nos preguntamos si esa transformación se ha de operar espontáneamente o de una manera mágica. No hay espontaneidad ni arte de magia.

Se logra esta transformación por un proceso que es normal en todo cambio de forma en los seres: Pérdida de la primera y adquisición de la segunda, o nueva. Perder la primera forma es morir a la misma. No se puede conseguir, pues, esta evolución sino mediante una muerte, en la participación de la Pascua.

Es necesario que el Cristo padezca y muera para llegar a la gloria: Por eso Cristo, en signo de esta muerte, curaba a los enfermos y expulsaba demonios. Dejaba el alma en vacío de su anterior ser: era conducida por el espíritu del demonio y ahora era cogida de la mano y levantada por el Señor. Jesús curó la enfermedad. La enfermedad deja paso a la salud, forma nueva: El mal espíritu da lugar al buen espíritu. y esto se obra en virtud de una alquimia conocida por el nombre de oración: «Se levantó por la mañana, se marchó al descampado y allí se puso a orar» (Mc 1). «Porque esta clase de demonios se lanza sólo con oración y ayuno» (Mt 17,21;Mc 9,29).

Y como su misión era ésa: lograr que los hombres se hiciesen dioses y la solución estaba en la oración, se fue a predicar para enseñar a orar: «Vámonos a otra parte, a las aldeas cercanas, para predicar también allí que para eso he venido» (Mc 1, 29). Y sigue predicando en Pablo, que, con el espíritu de Cristo «se hace todo a todos para ganar, sea como sea, a algunos» (1 Co 9,22).

Y no predica por su propia voluntad o siguiendo sus aficiones, sino porque le empuja la caridad de Cristo. Lo hace por el Evangelio que tiene que hacer llegar a todos y para eso él lo medita, lo contempla, porque quiere también que en él se logre la transformación que cambie su corazón en el de Cristo. Cor Pauli,cor Christi.

La oración será la celdilla donde se obra el cambio de forma; de humana en divina, donde el gusano de seda pasará a ser graciosa mariposilla (Santa Teresa. 5 Moradas, 2, 2-3).Si queremos vivir según el espíritu es necesario que entremos en este estudio, donde se va trasvasando la luz de Dios, hecha añicos la tiniebla que nos oscurecía.

ORACIÓN, TALLER. ORACIÓN, ALQUIMIA CELESTE.

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Oración sauna donde se eliminan las toxinas que envenenan la sangre.

Oración, fuego donde el madero verde pierde la humedad y se dispone para ser embestido por el fuego de Dios.

Debemos seguir con Pablo enseñando a los hombres el medio de ser transformados en Dios, y esto mediante la predicación y la muerte, quizás algunos nos oigan y se aprovechen.

Si no moramos el tiempo debido en el alcabor de la oración no perderemos nuestra forma humana viciada, no adquiriremos la espiritual forma de los llamados a ser hijos de Dios. Porque se logra en ella la metanoia, que es la muerte del hombre viejo, condición sine qua non para que nazca el hombre nuevo a imagen de Jesucristo.

Esa manera nueva de vivir, de sí no comporta ninguna manifestación en el hombre de un modo corporal o visible. Cambia únicamente el espíritu que anima al hombre pero le deja en su misma actividad. Pedro seguirá siendo pescador, pero de hombres. Ejerciendo la misma actividad, cambia el objeto de la misma y el fin que se propone y los motivos por los que la ejerce. Sólo cuando la actividad es contraria al Espíritu quedará neutralizada. Entretanto esta vida está escondida con Cristo en Dios (Col 3, 3).

Es así como el hombre dejará de ser ese desgraciado que dice Job y pasará a ser el hombre nuevo, tras la metamorfosis que Dios operó en él por virtud de su contacto por el amor, «hasta su manifestación en la gloria donde ya seré visto como soy y le veremos no como en un espejo sino cara a cara y tal cual es» (1Co 13,12).

TODOS CONTEMPLATIVOS

En el año Centenario del nacimiento de santa Teresa del Niño Jesús, 1973, el Papa Pablo VI decía en carta dirigida al Obispo deBayeux, («Santa Teresa del Niño Jesús y las necesidades de nuestro tiempo»).

«En nuestra época la intimidad con Dios sigue siendo un objetivo principal pero difícil.

»En efecto se ha lanzado la sospecha sobre Dios; se ha calificado de alineación toda búsqueda de Dios por sí mismo; un mundo ampliamente secularizado tiende a seo parar de su fuente y de su finalidad divinas la existencia y la acción de los hombres. y por tanto, la necesidad de una oración contemplativa desinteresada, gratuita, se deja sentir cada vez más.

»El mismo apostolado, a todos sus niveles, debe echar sus raíces en la oración, alcanzar el corazón de Cristo, bajo pena de disolverse en una actividad que no conservaría de evangélica otra cosa que el nombre.

»Frente a esta situación, Teresa, sigue siendo, ante todo, aquella que ha creído apasionadamente en el amor de Dios, que ha vivido bajo su mirada los menores detalles cotidianos, marchando en su presencia; que ha hecho de toda su vida un coloquio con el Ser querido, y que ha encontrado en Él, no solamente una aventura espiritual extraordinaria, sino el lugar en que alcanzaba los horizontes más amplios y participaba íntimamente de las preocupaciones y necesidades misioneras de la Iglesia.

»Todos los que actualmente están buscando lo esencial, que presienten la dimensión interior de la persona humana, que buscan el soplo capaz de suscitar una verdadera oración y de dar un valor teologal a toda su vida son invitados por Nos a ser contemplativos o apóstoles, a volverse hacia la carmelita de Lisieux. Ella constituye una guía incomparable por los caminos de la oración».

¡Qué lejos de la realidad estaba aquella hermana que en las horas de agonía de santa Teresa del Niño Jesús dijo que la Priora chocaría con la dificultad de no saber qué decir porque bien poca cosa había hecho aquella religiosa!…

Así sucedió. Aplicábanle botones de fuego en el costado. Un día que por esta causa había sufrido extraordinariamente, y mientras descansaba en la recreación, oyó decir en la cocina: «No tardará en morir la hermana Teresa del Niño Jesús; ya la verdad no sé lo que Nuestra Madre podrá decir de ella después de su muerte. Se hallará en un verdadero apuro, pues esta hermanita, con todo lo amable que es, no ha hecho, ciertamente, nada que valga la pena de ser referido».

PABLO VI

Dice Pablo VI en el documento repetidas veces citado que el Centenario del nacimiento de Teresa se presenta como una luz providencial. y augura el Papa: ¡Que su proximidad a Dios y la sencillez de su oración arrastren los corazones a buscar lo esencial! ¡Que su esperanza abra el camino a los que dudan de Dios o sufren sus limitaciones!

¡Que el realismo de su amor eleve nuestras tareas cotidianas y transfigure nuestras relaciones en un clima de confianza en la Iglesia! «Y desde lo alto del cielo, no lo dudemos, santa Teresa del Niño Jesús a lo largo de este año jubilar, no dejará de realizar sobre la tierra todo el bien que prometió».

Escribir de la oración de santa Teresa del Niño Jesús es una cuestión difícil. ¿Qué podemos decir nosotros de su oración? ¿Qué podemos saber de la vida de intimidad de dos enamorados? Eso queda para ellos. «Las mejores páginas de mi vida no se leerán en la tierra». y éstas son las mejores páginas de su vida. No las podemos leer. Los requiebros, la fuerza, el vigor que le llegó a Teresa a través de su oración, quedan para el Esposo y la esposa.

Sí sabemos positivamente que su oración es sencilla; «para mí la oración es un impulso del corazón, una simple mirada dirigida al cielo, un grito de gratitud y de amor, tanto en medio de la tribulación como en medio de la alegría. En fin es algo grande, algo sobrenatural que me dilata el alma y une con Jesús» («Manuscritos autobiográficos», Setién, Cáp. 10, 17, Burgos, 1963, pág. 351). En ella no ha habido nada extraordinario, salvo raras excepciones. Una de ellas acaeció el viernes siguiente de su ofrecimiento de víctima, el domingo 9 de junio, fiesta de la Santísima Trinidad hallándose en el coro. Nos lo refiere ella:

«Este año, el 9 de junio, fiesta de la Santísima Trinidad, recibí la gracia de comprender más que nunca cuánto desea Jesús ser amado.

»Pensaba en las almas que se ofrecen como víctimas a la Justicia de Dios a fin de desviar y atraer sobre sí los castigos reservados a los culpables.

«Esta ofrenda me parecía grande y generosa, pero me sentí muy lejos de ser llamada a realizarla en mí.

»¡Oh, Dios mío! -exclamé desde el fondo de mi corazón- ¿sólo vuestra Justicia recibirá almas que se inmolen como víctimas? ¿No tiene también vuestro Amor Misericordioso necesidad de ellas? En todas las partes es desconocido o rechazado, los corazones a los que deseáis prodigárselo se vuelven con miserable afección hacia las criaturas pidiéndoles la felicidad, en lugar de arrojarse en vuestros brazos y aceptar vuestro amor infinito.

»¡Oh, Dios mío! ¿Deberá vuestro amor despreciado quedarse solitario en vuestro corazón? Estoy convencida de que si encontraseis almas que se ofreciesen como víctimas de holocausto a vuestro amor, las consumiríais dicho. so de no veros obligado a reprimir las oleadas de infinita ternura que hay en Vos.

»Si a vuestra Justicia -que sólo se extiende a la tierra- le gusta descargarse ¿cuánto más deseará vuestro amor Misericordioso abrasar a las almas, puesto que vuestra Misericordia se eleva hasta los cielos?

»¡Oh, Jesús mío! ¡Que sea yo esa víctima feliz!, consumid vuestro holocausto con el fuego de vuestro divino amor.

»Madre mía querida: Vos que me permitisteis ofrecerme de este modo a Dios, conocéis los ríos, o mejor los océanos de gracia que han inundado mi alma. ...¡Ah! desde aquel día feliz, siento que el amor me penetra y me rodea. Me parece que ese amor misericordioso renueva y purifica a cada instante mi alma, no dejando en ella traza de pecado» (Ibíd. 8, 23, Pág., 258-259).

«Algunos días después de mi Ofrenda al Amor Misericordioso, al empezar en el coro el Vía-Crucis, me sentí herida de repente por un dardo de fuego tan abrasador , que creí morir. No sé cómo explicarlo. Era como si una mano invisible me hubiese hundido enteramente en el fuego. ¡Oh, qué fuego y qué dulzura al mismo tiempo!» (Ibíd. Apéndice II, 6, Pág., 406-407)

Hablar de la naturaleza de su oración tiene corto campo. Lo más que podemos decir es la frase del Papa: «La sencillez de su oración».

SU ORACIÓN ES CONTINUA.

Una cosa es el acto de oración y otra el hábito. Ella tiene un espíritu de oración al cual le ha llevado su oración diaria.

Quizá se duerme durante la misa, o no le den suficiente tiempo para dar gracias después de la comunión, pero se pasa el día con Dios, en su dulce intimidad.

Sufrirá sequedades y aridez frecuentemente... no olvidemos que ella abre un camino que han de seguir las almas pequeñitas. y las almas pequeñitas no tienen cosas extraordinarias.

Coge el Evangelio, lee unas palabras y las escucha en su corazón. Los libros la dejan seca. «He aquí mi oración. Pido a Jesús que me atraiga a las llamas de su amor, que me una tan estrechamente a sí que sea Él quien viva en mí. Creo que cuanto más me abrase el corazón el fuego del amor, con tanto mayor fuerza diré: " Atráeme". Y cuanto más se acerquen las almas a mí -pobre trocito de hierro inútil si se aleja del brasero divino -, con tanta mayor ligereza correrán estas almas al olor de los perfumes de su Amado».

El apostolado de Teresa arranca de su oración. «Todos los santos lo entendieron así, y más particularmente los que llenaron el universo con la luz de la doctrina evangélica.

»¿No fue acaso, en la oración, donde san Pablo, san Agustín, san Juan de la Cruz, santo Tomás, san Francisco, santo Domingo y tantos otros ilustres amigos de Dios aprendieron la ciencia divina que causa admiración a los más grandes genios ?

»Un sabio dijo: dadme una palanca, un punto de apoyo y levantaré el mundo. Lo que Arquímedes no pudo lograr, lo lograron los santos en toda su plenitud. El Todopoderoso se les dio a sí mismo por único punto de apoyo. Y por palanca la oración, que enciende en fuego de amor los corazones. Así lo siguen levantando los santos que

aún militan en la tierra, y así lo levantarán hasta el fin del mundo los santos que vengan».

Creo que si hemos podido decir poco de su oración queda claro con estas palabras el concepto que de ella tiene.

Es bien seguro que si en todas las comunidades eclesiales lográsemos que cada alma elevase al cielo diariamente una oración por pequeña que fuese, veríamos pronto la luz de la primavera.

LA SEQUEDAD EN LA ORACIÓN

En medio de la sencillez tiene también su entrada la sequedad. Pero, hemos de estar prevenidos ante ella. Hay que huir de dejar la oración por sequedad. Al que busca a Dios en la oración lo mismo le importa la sequedad que el fervor. ¿Qué más da? Estoy ante -El. De rodillas o sentado. Y no siento nada. ¿Es mala mi oración por eso?

Voy a analizar. He venido aquí. Mi voluntad ha arrastrado el cuerpo. Eso es lo que vale. Éste es el obsequio que le hago a Dios con tal de que mantenga después el esfuerzo de estar en su presencia con todo mí ser y no sólo con mi cuerpo, ausente la mente. El sentimiento no añade nada porque no cae bajo la voluntad, que es la única que tiene derecho al mérito.

Mi ser ante Dios, sienta o no sienta, pues no es eso lo que interesa. Lo que me interesa es que a Él le gusta y yo hago lo que a Él le agrada, prescindiendo de mi gusto. Le hago compañía. Monto la guardia ante Él. Él es lo suficientemente grande como para que me queme ante Él.

He venido a estar con Él. Si Él me convida me quedaré a comer. Si no lo hace me quedaré en ayunas. Si me da de comer dulces y turrón y una copita de licor, lo aceptaré y diré gracias, te lo agradezco, pero yo no he venido por el turrón, he venido por Ti.

Si me da acelgas o nabos hervidos, me los comeré con paciencia y ¡no se acaban! ¡pero qué pastosos!... ¡cuidado con tirar el bocado! ¡lo tragaré todo!

Y ni iré a la oración por el turrón ni dejaré de ir por los nabos ni porque no me da ya turrón.

¡Vamos, que eso no es delicado! Que vayamos a que nos conviden y dejemos de ir porque ya no nos convidan...

Hemos de ir porque es nuestro deber y porque le amamos. Nuestra oración ha de ser tan desprendida como las tres primeras peticiones del Padrenuestro.

Y, a lo mejor, nos sucede como en Caná, que primero sirvieron el vino malo y después va Él y nos regala con el bueno, cuando ya no lo esperábamos y todo junto.

Aunque la comparación no es exacta por cuanto la sequedad no es vino malo, sino para entender que el regalo puede venir a la postre.

PASADO, PRESENTE Y FUTURO DE LA ORACIÓN

La palabra de los Pontífices «¿Se reza hoy? ¿Sabe rezar el hombre moderno? ¿Siente la obligación de hacerlo? ¿Siente afecto siempre por las formas de oración que la piedad de la Iglesia, aun no declarándolas oficiales, es decir, propiamente litúrgicas, nos ha enseñado y recomendado tanto, como el rosario, el vía crucis, etc., y especialmente la meditación, la adoración eucarística, el examen de conciencia. la lectura espiritual?»

Es Pablo VI quien pronunció estas palabras en la audiencia general del 14 de agosto de 1969 en la que propugnaba la necesidad de retornar a la oración personal.

«Porque debemos reconocer que la irreligiosidad de tantas personas de nuestro tiempo hace muy difícil el encender la plegaria fácil, espontánea, jubilosa, en las mentes de nuestros contemporáneos». De los mismos labios de Pablo VI salían años después, el 22 de agosto de 1973, estos lamentos que tienen todo el valor de un diagnóstico.

Y estos otros tan realistas: «No se quiere orar ya, no se sabe orar, muchísimas gentes no rezan y por motivos terribles pero falsos. Conocemos la gravedad de esta afirmación, la cual se refiere a la gran polémica con el ateísmo práctico y con el ateísmo teórico de nuestra época» (Pablo VI, 30 enero 1974).

Sería muy largo citar al mismo Pontífice que repetidas veces en sus discursos y alocuciones expresaba su dolor ante esta catástrofe que le atormentaba. Podríamos llenar muchas páginas con sus textos sagaces, religiosos, profundos, pero no es éste el momento.

También Juan Pablo II dijo, que «se ha discutido mucho y se ha orado demasiado poco. No ha habido bastante valor para realizar el mismo sacerdocio a través de la oración. Para hacer eficaz su auténtico dinamismo evangélico, para confirmar la identidad sacerdotal. Es la oración la que señala el estilo esencial del sacerdocio; sin ella, el estilo se desfigura» («Carta «Novo incipiente» a todos los sacerdotes de la Iglesia, 8 abril 1979) Habló él con la autoridad que le da su vida, porque Juan Pablo II, como ha dicho Mns. Moreira Neves, Secretario de la Sagrada Congregación para los Obispos, «es un hombre profundamente espiritual, un contemplativo, un hombre de oración permanente: un hombre de fe» (Declaraciones en la Universidad de Navarra, Pamplona 11 abri1 1980). Lo que los Papas han dicho no lo han dicho de ahora mismo. El mal viene ya de lejos.

LA PALABRA DE LOS OBISPOS Y SUPERIORES GENERALES

También los obispos han hablado. Recientemente el Primado de Bélgica y Presidente de la Conferencia Episcopal Godfried Daneelsha dicho: «Lo tenemos todo, la ciencia lo puede todo pero he ahí que nos falta un padre y que tenemos frío. Y que somos como los niños del cuento de Kafka, muertos por haberse dejado encerrar en una caja cuya tapa nadie se preocupó de levantar. Sufrimos, desde varios siglos, de un complejo de Edipo. Cueste lo que cueste debemos redescubrir la noción de padre, e] calor de un Padre. Sin ella el viejo continente cristiano se enfría día a día».

Si Dios ha muerto porque lo hemos matado, ¿a quién orar? Algunos Superiores Generales de órdenes Religiosas han detectado lo mismo. Por dar un ejemplo, sólo uno, llegado desde una Orden especialista de la oración, e] Carmelo Reformado, citemos la conclusión a que llegó en 1967 el Capítulo General, tras el análisis de la encuesta a nivel internacional.

«Todos afirman que hay entre nosotros una verdadera crisis de oración; crisis que no sólo es negativa. Por otra parte nos pone sinceramente ante la realidad de una serie de dificultades objetivas y nos obliga a confesar humildemente que en la Iglesia damos poco testimonio de oración» (De Pablo Maroto, «Dinámica de la oración., EDE, Madrid 1973, pág. 138).

La oración en la Iglesia Anglicana El mismo fallo acusa la Iglesia Anglicana. Douglas Rhymes afirma en su libro «La oración en la ciudad secular» (Sígueme, Salamanca 1969, págs. 12-13): «En una reciente reunión del clero joven apareció con claridad que muchos habían abandonado el rezo del oficio, pues lo encontraban sin sentido para ellos; que en muchas parroquias ya no se reunían en común para los oficios o la meditación».

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d) Silencio sobre la mística. Pero es que si alguna vez se habla de oración esa palabra queda restringida a la oración vocal. Si acaso se pasará a la oración mental, o, en un paso más, a la afectiva. La oración mística, en sus grados distintos, queda definitivamente excluida, considerada patrimonio de seres excepcionales, cuando no ridiculizada, a base de algunos chistes desgraciados que hicieron desafortunada fortuna y que forjaron una mentalidad subconsciente antimística que radica en la ignorancia.

No pocas veces esta ignorancia confundió los fenómenos extraordinarios de la mística con el concepto genuino de la misma. Cuando en realidad no hay más que un solo camino espiritual entrelazado de ascética y mística, en el que unas veces predomina la ascética y otras la mística, según que predomine en la actividad espiritual el influjo de los Dones del Espíritu Santo o el de las virtudes.

La característica del camino ascético es la oración discursiva y la del místico es la oración contemplativa y unitiva.

--En el ascético dirige la prudencia la vida del hombre y en el místico la acción está influida por el don de consejo.

--En el ascético prevalecen los contentos espirituales y en el místico los gustos o gozos espirituales.

--No podemos hacer dicotomía de ascética y mística, pues los dos estados se ensamblan en el curso de toda la vida.

--El alma en gracia goza de las fuerzas de las virtudes teologales y morales infusas. Goza también de los dones.

--Los santos, aun los más santos, viven a la vez, vida ascética y mística. No siempre están dirigidos por el Espíritu Santo, lo están también por la razón y luces naturales y ejercitan las virtudes.

En esta vida mística desea Santa Teresa ver a los reyes cuando exclama en el capítulo 21 de su vida: «¡Oh qué estado éste para reyes!; ¡cómo les valdría más procurarle que no gran señorío!; ¡qué rectitud habría en el reino!; ¡qué de males se excusarían y habrían excusado!»(«Obras completas», Ed. Monte Carmelo, Burgos 1939)

) La oración en Donoso Cortés Con razón afirma Donoso Cortés que las soluciones fundamentales de los problemas políticos y sociales sólo pueden esperarse de los orantes.

«Si pudiéramos penetrar en los secretos de Dios y de la Historia, tengo para mí que nos habríamos de asombrar al ver los prodigiosos efectos de la oración aun en las cosas humanas».

«Para que la sociedad humana esté en reposo, es necesario cierto equilibrio… entre las oraciones y las acciones, entre la vida contemplativa y la activa».

«La clave de los grandes trastornos que padecemos está quizás en el rompimiento de este equilibrio. Mi convicción en este punto es tan firme, que creo que, si hubiera una sola hora de un solo día en que la tierra no enviara al cielo oración alguna, ese día y esa hora sería el último día y la última hora del Universo» (Donoso Cortés, «Cartas a Blanche-Raffin», BAC, Obras completas, tomo 2, pág. 227).

Pero esta mentalidad de Donoso Cortés está fundada en la oración tal como la define san Juan Damasceno «petición de cosas honestas a Dios». Se ha fijado menos en la de san Agustín para quien la oración «es una elevación de la mente o del corazón a Dios».

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Ciertamente que esta expresión «pedirle mercedes» restringe la elevación del corazón a Dios, y ha dado lugar a que los teólogos de la escuela radical de la «secularización» hayan atacado el concepto con la sarcástica ironía de que Dios es el «tapa-agujeros» del hombre. El hombre sería un gran egoísta si sólo acudiese a la oración en momentos de peligro.

Potenciar la vida teologal Los teólogos cristianos, para rehuir este ataque, han acudido a potenciar la vida teologal y han visto que junto a la oración de petición está la de alabanza, acción de gracias, adoración. Dios es lo bastante grande como para tener derecho a que el hombre le inmole, como una lámpara viva, su ser y su tiempo en la oración.

Lecciones de la antropología y psicología Queremos fijarnos empero más en la antropología y en la psicología, aunque cristianas, que en la teología desencarnada. Nos referimos al estudio de la oración como energía transformadora del hombre. A la oración como máxima potencia promocionadora de los valores humanos, como integradora de la personalidad desintegrada, maduradora del carácter, fragua de humildad y mansedumbre, de paciencia y amor, de silencio y de paz.

¡Cuántas veces los hombres ven el bien y lo aprueban, pero hacen el mal que desaprueban! No es un obrar voluntario el suyo al ciento por ciento, sino un obrar condicionado, mediatizado, coaccionado por unas fuerzas invisibles, pero reales, por un subconsciente demasiado poderoso para soportar el secuestro. Jamás la fuerza de la voluntad podrá detener con su opresión el gran empuje volcánico del subconsciente que no descansa ni de día ni de noche y empuja hasta hacer trizas la costra.

Ellos quisieran pero no pueden. No pueden dejar sus hábitos de suficiencia, de carácter despótico. Buscan con sinceridad a Dios pero se sienten atraídos, subyugados, solicitados con fuerza de embrujo por sus miedos, pasiones sexuales, timideces, curiosidad irrefrenable, avaricia y ambición, afán de dominio, y todo ese mundo subconsciente, a veces aparentemente dormido, pero siempre alerta para levantar con pertinacia la cabeza.

¿Cómo vencer? ¿Cómo dominar toda esa selva intrincada y malsana del hombre carnal, del cuerpo de muerte? «¿Quién me librará de este ser mío, instrumento de muerte?» (Rm 7, 24).

Comienza cultivando el silencio y observando el desorden y el alboroto de la mente inalterablemente y sin sobresaltos. Mírate atentamente tal cual eres con sinceridad, sin juzgar ni analizar, sin aprobar ni condenar. Sigue haciendo un silencio cada vez más hondo, más profundo cada vez. Al observar con mirada atenta tus pensamientos malsanos verás cómo corren y se escabullen, como ratas que escapan a sus madrigueras en la cueva del subconsciente, para no volver a salir mientras tú los observes. Sin saber por dónde, ni de dónde, ni cómo. «Para venir a lo que no sabes, has de ir por donde no sabes» (San Juan de la Cruz, «Subida», 1, 13, 11) y te sentirás aliviado y descargado y curado.

h) El crisol de la noche oscura Aquí es donde entramos de lleno en el centro de la «Noche oscura» de san Juan de la Cruz. El Santo Doctor resume toda su tesis en que el hombre deje de ser carnal y se haga espiritual, de humano se transforme en divino.

Toda esta inmensa tarea la realiza Dios en el hombre en el crisol de la oración contemplativa que el Doctor Místico designa con el símbolo que ha creado felizmente para ella: «Noche oscura».

i) «Noche oscura» no es más que el crisol del amor. El alma sumergida en él va dejando todo lo que le sobra y revistiéndose de lo que le falta, como esposa enjoyada para sus Bodas con el Rey (Is 61,10).

A lo sumo vemos oración de principiantes Si con mirada atenta avizoramos el panorama de la Iglesia que ora, por los frutos veremos una multitud de principiantes. No han dejado el libro para orar y la soberbia, avaricia, lujuria, ira, gula, envidia, pereza, exclusivismo y petulancia campan por sus respetos.

Escribe el P. Arintero: «Gran multitud de cristianos, y aun de religiosos -aunque comprometidos a caminar muy de veras a la perfección evangélica -, nunca salen de esta fase de la niñez espiritual, que es la propia de ascetas y principiantes» («Evolución mística», 1ª parte, cap. 1, pág. 21, BAC 1968.).

Que esto ocurra en las personas apostólicas es grave, porque la acción debe ser el fruto de la contemplación «non per modumsubtractionis, sed por modum additionis»: «no quitando lo que ya tenía, sino aceptando una tarea más» (Santo Tomás, «Suma teológica», 2-2, q. 182-a, 3). Que por eso san Gregorio con frase lapidaria ha dicho «sea el obispo el primero en la acción y el más alto en la contemplación».

j) Todo el pueblo de Dios llamado a la santidad Pero no sólo los obispos. Jesús no quiso que su Iglesia fuese un pueblo de principiantes, sino de perfectos: «Sed perfectos como vuestro Padre celestial es perfecto» (Mt 5,48).

Yahvé quiere que el pueblo de Israel sea santo: «Yo soy el Señor, vuestro Dios, santificaos y sed santos porque yo soy santo» (Lv11, 14). Estas palabras, repetidas constantemente en los Libros Sagrados, han llegado hasta el Vaticano II en su llamada general a la santidad: «Todos los fieles cristianos, de cualquier condición y estado, fortalecidos con tantos y tan poderosos medios de salvación, son llamados por el Señor, cada uno por su camino, a la perfección de aquella santidad con la que es perfecto el mismo Padre» («Lumen gentium» 11. c.)

La misma exigencia de Jesús es recogida por el Concilio: «El divino Maestro y Modelo de toda perfección, el Señor Jesús, predicó a todos ya cada uno de sus discípulos, cualquiera que fuese su condición, la santidad de vida, de la que Él es iniciador y consumador: «Sed pues, vosotros perfectos como vuestro Padre celestial es perfecto» (Mt 5, 48).

Y en la misma Constitución citando palabras de san Pablo: «En la Iglesia, todos, lo mismo quienes pertenecen a la jerarquía que los apacentados por ella, están llamados a la santidad, según aquello del Apóstol: “Porque es la voluntad de Dios, vuestra santificación "» (1Tl 4, 3; cf Ts 1,4).

Y en otro lugar: «Quedan invitados y aun obligados todos los fieles cristianos a buscar insistentemente la santidad y la perfección dentro del propio estado» (42)

San Pablo a los Efesios enseña que estamos llamados todos sin excepción a alcanzar la edad adulta (Ef 4, 13). Pero, «cuando yo era un niño tenía mentalidad de niño, discurría como niño; cuando me hice hombre, acabé con las niñerías» (1Co 13, 11).

NECESIDAD DE LA ORACIÓN MÍSTICA

Pero caminando por la vida ascética somos como niños. Como gusanos en alegoría de santa Teresa, que representan el período ascético, gusanos llamados a convertirse en capullos de seda que es el comienzo de la vida mística, y culmina en la mariposa del total desarrollo de la unión amorosa y permanente con Dios («Quintas moradas», 2, 2-3). Por eso dice Lallemant: «Los que tienden a la perfección por la vía de las prácticas y de los actos metódicos, sin abandonarse a la dirección del Espíritu Santo, no tendrán nunca esta madurez y suavidad de la virtud que es propia de sus frutos» («Doctrina espiritua1», J,- 4,. c. 5).

Está pues claro que trabajando humanamente se consiguen pocos frutos. Precisa trabajar divinamente, conducidos o robustecidos por los Dones, que esto es la mística, para en poco tiempo conseguir mucha hacienda.

«Porque por mucho que el principiante se ejercite en mortificar en sí mismo todas sus acciones y pasiones nunca lo puede conseguir del todo, hasta que Dios lo hace en él, mientras él permanece pasivamente, por medio de la purificación de esta noche» (San Juan de la Cruz, «Noche oscura», 1. 1º, 7, 5).

Volvamos de nuevo a la «Noche oscura» donde san Juan mete al hombre para que, quemadas sus escorias en el fuego de la contemplación oscura y amorosa, quede convertido en dios por participación, como el tronco en el fuego se convierte en fuego y el sol embistiendo en el cristal lo transforma en luz.

Si queremos que los hombres avancen al compás del Espíritu pongámoslos en disposición de recibir el huracán de su soplo, unas veces, y otras, el blando céfiro de la contemplación amorosa, santa, pacífica y sabrosa.

Es decir guiémoslos a la vida mística -predominio de los Dones-; no nos conformemos con que siempre naveguen a remo, al compás de las virtudes.

Porque es mejor que el hombre sea dirigido por el Espíritu que lo sea por la razón.

Para seguir el dictamen de la razón son suficientes las virtudes. Para seguir las inspiraciones de Dios son necesarios los Dones. yel ejercicio predominante de los Dones es la vida mística.

San Juan de la Cruz ayuda a formar místicos. Hoy el mundo necesita místicos porque tiene graves problemas que sólo ellos pueden solucionar.

LA ORIENTACIÓN DE LA ORACIÓN ORIENTAL

Pero quiero destacar un fenómeno quizá llamado a revolucionar nuestra mentalidad ascética y excesivamente activista, eficaz e intelectualizada, en provecho de la mística ya poner en luz de nuevo a nuestros místicos. Me refiero a la orientación oriental de muchos sectores occidentales, particularmente entre la juventud. Buscan allá, a impulsos del grito del ser humano, una mayor dosis de misticismo que no encuentran en la religión que han visto demasiado formalista a veces y excesivamente dogmática, autosuficiente, dura, intransigente y maniquea. y que ha perdido entre la hojarasca de los detalles la joya sustancial y principal.

Gustave Thibon ve en esto una moda y un snobismo en busca de lo exótico y lejano. Pero ese afán por lo novedoso puede tener y va a tener seguramente una feliz contrapartida que es el conocer indirectamente a nuestros místicos, a quienes no conocieron por ser de casa y porque no se les supieron presentar y porque, digámoslo todo, tuvieron mala prensa. Si no me equivoco creo que vamos a encararnos afortunadamente con un acontecimiento de síntesis de dos culturas de la que ambas pueden resultar enriquecidas.

El esfuerzo por injertar en nuestra mística cristiana la sicología y técnica orientales puede ser de una fecundidad enorme e insospechada. Y nótese que hablo de sicología y técnica, nunca de religión y teología. Es evidente que la finura, penetración inteligente, sagacidad y exquisitez con que los orientales dominan el funcionamiento de la mente y su interacción con el cuerpo por la experiencia de cinco mil años, está muy por encima de lo que nosotros, occidentales, hemos conseguido y elaborado.

Así lo han visto los obispos de Asia que, reunidos en Asamblea Plenaria para tratar el tema de la oración han declarado: «Asia tiene mucho que dar a la auténtica espiritualidad cristiana: una oración ricamente desarrollada de toda la persona en unidad cuerpo-psyche-espíritu; oración de profunda interioridad e inmanencia; tradiciones de ascetismo y renuncia; técnicas de contemplación de las antiguas religiones orientales, como Zen y Yoga; formas de oración simplificadas, como el nam-japa y elbhajans, y otras expresiones profundas de fe y piedad de aquellas personas que con mente y corazón se dirigen fielmente a Dios en su vida cotidiana» (19-25 de noviembre de 1978).

PARÁBOLA DE PAUL CLAUDEL

http://wmail33.movistar.es/cp/ps/Mail/Downloader?d=telefonica.net&fp=INBOX&contentSeed=23106&c=yes&u=cdbll&disposition=inline&an=CDBLL%40telefonica.net&uid=15420&pct=d45d3&dhid=attachmentDownloader&ai=6En una de sus reflexiones sobre la poesía francesa, Paul Claudel escribe la famosa parábola de Animus y Anima («Réflexions et propositions sur le vers francais, en Positions et Propositions», I, Gallimard, 1934.).Animus es el intelectual. Anima es la intuición, la originalidad, la fantasía creativa. Animus es pedante, vanidoso, tiránico. Anima es ignorante, jamás ha ido a la escuela, no la dejan hablar.

El hombre occidental es acusadamente lógico, racionalista,voluntarista, crítico, intelectual, es más Animus que Anima. Su cultura ha sido desarrollada durante siglos en un ambiente dondeAnimus ejerce su influencia totalitaria.

Desde los primeros años de su desarrollo cultural el niño occidental aprende lecciones, hace propósitos, luego irá a la Universidad «para saber pensar, «para ser inteligente».Todo lo que se le presente al occidental como mundo que se escapa a una explicación exacta, calculada, precisa, lo que aparece envuelto en los ropajes del misterio, de la intuición estética o religiosa será despreciado como Anima, que es ignorante, tonta, que jamás fue a la escuela.

En la cultura del oriental, por el contrario, el pensamiento lógico-conceptual es olvidado para dar la primacía a estados de conciencia que caen más allá de lo puramente racional. En la base de la cultura oriental están la intuición, la familiaridad con lo inefable y misterioso, la experiencia que trasciende lo que es definible con exactitud y que materialmente se puede palpar, medir, contar.

Es el reino de Ánima, que es la más rica y profunda región del hombre. Un día -termina diciendo la feliz parábola- Animus entró de repente en casa. Puede ser también que estuviera soñoliento después de comer, o tal vez absorto en su trabajo. Oyó a Ánima cantar. Cantaba ella sola, detrás de la puerta cerrada. Era una curiosa canción, algo que él no había oído jamás. No acertaba a descifrar las notas o la letra, o la clave. Una extraña y maravillosa canción realmente. Después Animus ha tratado solapadamente de hacer repetir a Ánima la canción, pero ella hace como que no entiende. Cuando él la mira ella enmudece.

Los poetas, los místicos y los artistas se mueven airosamente en el reino de Ánima. Ellos poseen un Ánima libre y llena de originalidad, de riqueza y de fantasía creativa. En este reino debe entrar nuestra Iglesia, si no quiere envejecer y perder las energías de la juventud.

Cuentan los monjes del Zen Pero a Animus todavía le sucede algo peor. Aferrado obstinadamente a su razón, a su meditación reflexiva, le ocurre lo que cuentan los monjes del Zen: Un joven viudo vivía con un hijo único de cinco años. Un día, al volver del trabajo, el padre comprobó consternado que su casa estaba ardiendo invadida por las llamas y su hijo había desaparecido.

Febrilmente, locamente, aquel hombre buscó a su hijo por todos los rincones de la casa. No lo encontró. Cuando las llamas se extinguieron, aparecieron los restos carbonizados de un niño en medio de los escombros. Lloró el padre y después de honrar aquellos restos con sus ritos funerarios, guardó las cenizas de su hijo en una pequeña caja que nunca abandonó. Aquella caja se convirtió en su objeto de adoración.

Pero, la verdad es que las cenizas aquellas no eran las de su hijo. Su hijo se había salvado del incendio y había sido raptado por unos bandoleros.

Un día el hijo logró escaparse y volvió a casa de su padre. Era medianoche y el padre estaba rezando abrazado a lo que creía las cenizas de su hijo.

Oyó golpear la puerta. ¿Quién eres? Preguntó. -«Soy tu hijo, ábreme». -«Mientes» -dijo el padre- «mi hijo murió carbonizado hace muchos meses». El hijo insistió en su llamada, pero el padre, aferrado a sus cenizas, no intentó abrir la puerta. Y así es como perdió para siempre a su hijo vivo a cambio de su hijo muerto y carbonizado.

Dios llama: «estoy llamando a la puerta» (Ap 3, 20). Animus se queda con las cenizas de sus reflexiones muertas y abrazado tenazmente a sus archivos y bibliotecas pierde al Dios vivo que llama y llama para que le toquemos y palpemos por el saboreo de la Sabiduría mística.

San Juan de la Cruz Ahí es donde nos lleva san Juan de la Cruz considerado por los orientales como un verdadero Yogui, el Yogui por excelencia como ya dije en la Introducción al Cántico espiritual leído hoy (Ediciones Paulinas, 5ª ed., 1981, citando a SwamiSideswaranada en «El Raja-Yoga de San Juan de la Cruz», Editorial Orión, México 1974.). Nos conduce por esta senda, con una diferencia, a mi entender, de los orientales: él quiere que el alma se entregue al ocio santo cuando se sienta movida a ello por unos signos especiales 75 y no le permitirá adelantar esa hora divina. El oriental comienza de entrada provocando el silencio y el vacío interior de la mente por la relajación y la concentración, bien atento a la respiración en estado de alerta, o bien a la repetición del mantra o frase, lo que él llama hacer japan, 0 bien a la observación atenta de que ya he hablado antes.

Quizás esto es lo que se escapa a san Juan, a pesar de que su técnica lleva mucha diferencia de la santa Teresa, que trata con mayor extensión la oración de los principiantes porque ella misma vivió casi 20 años en oración ascética. San Juan, que suponía además la doctrina de la Madre, escribe más para contemplativos. Pienso que para el principiante, que aún no está familiarizado con la amistad con Dios, o con el trato con la humanidad de Cristo, que es lo que pretende santa Teresa, será un comienzo provechoso el sistema oriental de observación del terrible desorden en que se debate que dará pie a la invasión de paz, sosiego, suavidad, energía, que desarrollará el ocio santo y amoroso, acelerando la hora del momento místico, que siempre es gracia, pero que jamás se niega al que busca mediante el silencio ambiental, corporal, afectivo y mental. y que es fuente de creatividad, que Dios no da sus dones para esterilizar, sino para fecundar y que nazcan siempre obras, obras» («Subida», 1, 2, 13 y «Noche oscura», 1, 1, 9. '" Santa Teresa, «Séptimas Moradas», 4, 6.).

Llegado aquí el hombre está consiguiendo su integración humana, cósmica y divina. Se va convirtiendo en

«Capullo que se hincha con vigor interno, cirio que va cuajando en el silencio, silencio sagrado de hombre que se está construyendo en el crisol santo del seno materno de la fecunda e Infinita Realidad.

Verás el capullo verde

hecho ascua de oro y rubíes.

Verás el enorme cirio Pascual

que es Cristo forjado

a pulso desde dentro

en el fulgor de la gran batalla

de paz, calor, dolor, olor

de rosa, de incienso quemado

fulgor de luz celeste,

aroma de sándalo...»

( Jesús Martí Ballester, «Oblación carmesí», Barcelona 1979, págs. 54-55)

Ahora va obrando el hombre con fuerza de Dios y está alcanzando una presencia en el mundo que le sitúa muy por encima de la multitud de hombres superficiales que viven y actúan sólo en la periferia, o en la cerca del castillo (Santa Teresa de Jesús, «Primeras moradas», 1, 2), porque los hombres, como las oraciones, no se cuentan, se miden por los niveles de la profundidad a que han llegado en el Océano abisal del siempre Ser y Amor.

Como esta hazaña fue interceptada por un tío que los vio cuando se iban, se conformó con que los dos serían ermitaños. En consecuencia, construían ermitas en el huerto, jugando con creatividad, audacia y eficacia. Y repetían un "mantra" interesante: "para siempre, siempre, siempre". La eternidad va a pesar mucho en su vida.

GESTAS Y HEROISMOS

Las gestas y heroísmos de los santos, leídos en el hogar, al calor del fuego, releídos después en atmósfera fraterna y amorosa, calaron hondo en aquella tierra, tan dispuesta para la Verdad, el Bien, el Amor y el heroísmo. Ese es el hontanar prometedor de la Maestra de oración. Cuando sea mayor, los hombres de Iglesia no se lo pondrán muy fácil para que pueda realizar sus impulsos, responder a sus llamadas, consumar sus ideales. Teólogos unilaterales, para quienes el ejercicio del intelecto es el supremo acto humano y religioso, como Melchor Cano, profesor de prima en la Universidad de Salamanca, escribirán que "si quien se da ala oración, Dios le da noticia del cielo y de la tierra y prudencia para obrar, cerremos los libros, mueran los estudios, y démonos todos a la oración". Desgraciadamente muchas cátedras ocupadas no lo fueron por sabiduría, sensatez, valores humanos y divinos, magnanimidad y tolerancia. Mucho ha habido de amaño, arribismo, de hombre ascendido porque supo encontrar la clave del sistema, y también por la astucia otorgadas por la naturaleza a quienes no proveyó de derecha, como un medio de sobrevivir y elevarse ¡Y, qué sobrevivir a veces, que colapsó el pálpito divino de genios que quedaron estériles o se les Silenció entregándolos al ostracismo! "No hay hombre sin hombre", Escribió Benavente en "Los intereses creados", y ese es el leiv-motiv de la comedia, tan real y repetido. Lo del "carné del partido" sólo es sombra de la verdad tan actual y de siempre y también siempre causa de descenso degenerativo.

Si Jesús no le hubiera dado a Teresa "libro vivo", no hubiera sido la que fue, y la Maestra, Doctora de la Iglesia, de una Iglesia que le cortó el paso, que le segó la hierba bajo sus pies, por obra, esta vez, del Inquisidor Valdés, Arzobispo de Sevilla, que prohibió la lectura de todos los libros de autores que hoy están en los altares, como los de San Francisco de Borja y San Pedro de Alcántara, y de otros que no lo están pero sí estuvieron en la cárcel, como el Arzobispo de Toledo, Bartolomé Carranza, ya que toda la teología de aquél y su saber de Dios, se encerraba en esta frase que escribió despreciando las obras de Fray Luís de Granada: "La contemplación es para mujeres de carpinteros". Y en parte tenía razón, porque María, la gran mujer contemplativa, era mujer del carpintero.

PENTECOSTÉS

La contemplación, como inicio de la oración mística, siempre ha sido motivo de escándalo, precisamente porque todo lo que se sale de lo ordinario y normal, lo causa. Pero no se piensa que la Iglesia nació mística. ¿Qué otra cosa fue Pentecostés? Tras los Hechos de los Apóstoles, con el recuerdo del Esposo vivo todavía, la comunidad paleocristiana vivió la fe con intensidad enamorada, y se valoró la oración por encima de todas las actividades y de todos los ministerios. Quedaba aún la Tradición de los Apóstoles que habían decidido abandonar la administración temporal, para dedicarse en plenitud "a la oración y al ministerio de la palabra" (He 6,4) Y como con la oración florecen los dones del Espíritu Santo, nace cuya infusión e influjo constituye precisamente la oración mística, en la que la persona no es movida por virtudes que exigen esfuerzo humano, sino por fuerzas divinas, que por eso se llaman místicas, es decir mistéricas, y llegan del misterio. Vinieron después los Padres de la Iglesia, con su antigüedad, santidad y doctrina, y cuando falló su predicación, se sucedieron unos siglos de decadencia que propiciaron la invasión árabe islámica. En medio de aquellos siglos oscuros y en reducidos grupos, en los siglos XII y XIII se retornó al estudio y a la oración, hasta que de nuevo sobrevino de nuevo la decadencia de los siglos XIV y XV.

Después de esta larga noche y tenebrosa, comienza de nuevo a despuntar la aurora en el siglo XVI, que es el de Teresa, que tuvo que enfrentarse aún con reminiscencias de los siglos anteriores, como he señalado antes. Es el momento en que Jesús le da a Teresa "libro vivo". La vocación a la santidad de todos los cristianos, pues, no nace en el primer tercio del siglo XX, sino que nace con la Iglesia, aunque tras el paso de varias vicisitudes el Espíritu ha suscitado apóstoles como el Padre Arintero y aGarrigou Lagrange, su continuador, para quienes la santidad pasa por la mística y es llamada lagartijas cuando hay tanto espacio para volar. Entre tanto el pueblo de Dios, casi todito, desorientado, envejecido, esclerotizado, enervado, vegeta en el raquitismo átono y aferrado a la costumbre rutinaria y ramplona. universal, como ha proclamado el Vaticano II. Es natural que si hoy nos basamos en la inspiración paupérrima de libritos de cuarta o quinta división, serviremos hamburguesas y sándwiches, pero no manjares sólidos, que sólo promueven una vida lánguida, pasota y rutinaria. Es necesario volver a los maestros acreditados, a los guías nativos: a los místicos. A Santa Teresa. Teresa es maestra y ¡qué Maestra! A la lengua se nota a quienes se formaron en su escuela. ¡Qué anchura!

Los forja como águilas. Y también se ve a la legua la superficialidad humana y cristiana de los que ni la saludaron por el camino. Son los que se entretiene en cazar" Donde no hay amor, pon amor y cosecharás amor". Esta es la doctrina magistral de los hombres de Dios, de los auténticos hombres. Pero ¿no salió Diógenes a buscar uno con un candil? El pueblo se muere de hambre. Y no es porque no nos reunimos y hablamos y hablamos y hablamos…Es que no se va a la raíz. Cuando Jesús venga no nos encontrará unidos; nos encontrará "reunidos". Estos días los medios nos decían de una madre italiana que se había expuesto a cáncer si seguía el embarazo difícil de su hijo. He oído decir a algunas madres que estaban dispuestas a dar la vida por un hijo. Y ¿qué otra cosa nos dice el Concilio?, que "la Virgen en su vida fue ejemplo de aquel afecto materno, con el que es necesario que estén animados todos los que en la misión apostólica de la Iglesia cooperan para regenerar a los hombres" (LG VIII, 65)

El Cura de Ars decía a sus feligreses: todavía no he dado la sangre por vosotros". Mientras no lleguemos a gozar de ese espíritu, poco podemos esperar. "Sólo puede evangelizar una Iglesia evangelizada y convertida de verdad al Dios vivo, liberada del poder de las ideologías, formada por personas capaces de ofrecer una alternativa de vida" (Fernando Sebastián, arzobispo de Pamplona en el Sínodo de Europa, 9.10.99. "Si el mensaje de la salvación ha llegado hasta nosotros después de mas de dos mil años es porque a los primeros apóstoles y a quienes les siguieron les preocupaba más transmitir la fe recibida que si lo que transmitían interesaba o no" (Ricardo Mª Carles, hoy arzobispo emérito de Barcelona, en el mismo acto). El pueblo vive en una mediocridad que no hay quien la pare. Teresa no se la puede parar. Tiene mucho que enseñarnos y tenemos mucho que aprender.