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DOMINGO DE PENTECOSTES C 27 de mayo de 2007 EL DINAMISMO DE LA IGLESIA Autor: Jesus Marti
Ballester |
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1 Comienza el tiempo del Espíritu Santo, Espíritu Creador, Señor y
dador de vida quien, a su vez, es el protagonista principal del libro de los
Hechos. El domingo pasado celebrábamos la Ascensión del Señor. Impresiona el
ver que esta última Palabra que Dios envía, la de su Hijo, sea dicha con
tanta precariedad. Por qué no será este hablar postrero de Dios una Palabra
apabullante y turbativa, sino humilde y libre como todas las suyas. Acampó su
Palabra en nuestras tierras condenadas a tantos exterminios, y abrió su
Tienda para encontrarse con nosotros en el Encuentro más estremecedor y
decisivo, a fin de estrenar la felicidad, la verdadera humanidad y la dicha
bienaventurada de un amor sin precio ni ficción. ¿Podemos tener acceso a
cuanto dijo Jesús en su arameo, en su Oriente Medio, hace tantos años ya?
Aquí nos lo jugamos todo. Porque este todo se reduce a saber si aquello que
ocurrió entonces, es posible que vuelva a suceder hoy, aquí y ahora. Y
Pentecostés es la gracia de perpetuar día tras día, lugar tras lugar, lengua
tras lengua, la Palabra y la Presencia de Jesús. Así lo prometió Él: “Os he
dicho todo estando entre vosotros, pero mi Padre os enviará al Espíritu Santo
para que os enseñe y os recuerde todo lo que yo os he dicho”. Ésta ha sido la
promesa cumplida de Jesús. Y la historia cristiana da cuenta que en todo
tiempo, en cada rincón de la tierra, y en todas las lenguas, Jesús se ha
hecho presente y audible cuando ha habido un cristiano y una comunidad que ha
dejado que el Espíritu Santo enseñe y recuerde lo que el Padre nos dijo y
mostró en Jesús. El Espíritu prometido por Jesús les hace continuadores de
aquella maravilla, cuando hombres asustados y fugitivos, comienzan a anunciar
el paso de Dios por sus vidas en cada una de las lenguas de los que les
escuchaban. Debemos ser portadores de otra Presencia y portavoces de otra
Palabra, más grande que las nuestras, permitiendo que también en nosotros el
Espíritu enseñe y recuerde a Jesús, como testigos de su Reino, de la Bondad y
Belleza propias de una nueva creación, en donde la vida de Dios y la nuestra
pueda brindar en copa de bienaventuranzas.
2. El autor recurre al lenguaje metafórico cuando intenta describir su
venida: Utiliza el ruido de un viento recio, las lenguas como llamaradas, y
la comunicación en lenguas extranjeras Hechos 2,1. De una manera semejante a
como hoy se intenta describir el momento de la creación por la teoría del
bing-bang, como una explosión fabulosa, el autor sagrado, en este caso Lucas,
forcejea con los símbolos para transmitirnos el terremoto suave que
interiormente acontece en el mundo con la invasión del Espíritu de Dios, como
una inmensa botella de champán que estalla y rebosa. 3. El cuarto evangelio nos dice que el Señor "sopló sobre los
discípulos para comunicarles el Espíritu Santo" Juan 20,19. En claro
paralelismo con la descripción de la creación del primer hombre, cuando Dios
"sopló en sus narices" (Gn 2,7); y con el mandato del Señor a
Ezequiel: "Sopla sobre estos huesos para que revivan" (Ez 37). El
"soplo", "viento", "aliento", en castellano;
"ruaj","pneuma", en hebreo y en griego, son sinónimos de
Espíritu. El Don pues, del Espíritu comunicado a sus discípulos la tarde de
la Resurrección y el de Pentecostés, son descritos de la misma forma que la
creación del hombre, cuando el Señor creó en él la vida. “En el principio
Dios creó el cielo y 4. San Ireneo de Lyon, en su Tratado contra las herejías dice: ”Dios
había prometido por boca de sus profetas que en los últimos días derramaría
su Espíritu sobre sus siervos y siervas, y que éstos profetizarían; por esto
descendió el Espíritu Santo sobre el Hijo de Dios, que se había hecho Hijo
del hombre, para así, permaneciendo en él, habitar en el género humano,
reposar sobre los hombres y residir en la obra plasmada por las manos de
Dios, realizando en el hombre la voluntad del Padre y renovándolo de la
antigua condición a la nueva, creada en Cristo. Lucas nos narra cómo este
Espíritu, después de la ascensión del Señor, descendió sobre los discípulos
el día de Pentecostés, con el poder de dar a todos los hombres entrada en la
vida y para dar su plenitud a la nueva alianza; por esto, todos a una, los
discípulos alababan a Dios en todas las lenguas, al reducir el Espíritu a la
unidad los pueblos distantes y ofrecer al Padre las primicias de todas las
naciones. Por esto el Señor prometió que nos enviaría aquel Defensor que nos
haría capaces de Dios. Pues, del mismo modo que el trigo seco no puede
convertirse en una masa compacta y en un solo pan, si antes no es humedecido,
así también nosotros, que somos muchos, no podíamos convertirnos en una sola
cosa en Cristo Jesús, sin esta agua que baja del cielo. Y, así como la tierra
árida no da fruto, si no recibe el agua, así también nosotros, que éramos
antes como un leño árido, nunca hubiéramos dado el fruto de vida, sin esta
gratuita lluvia de lo alto. Nuestros cuerpos, en efecto, recibieron por el
baño bautismal la unidad destinada a la incorrupción, pero nuestras almas la
recibieron por el Espíritu. El Espíritu de Dios descendió sobre el Señor,
Espíritu de prudencia y sabiduría, Espíritu de consejo y de valentía,
Espíritu de ciencia y temor del Señor, y el Señor, a su vez, lo dio a la
Iglesia, enviando al Defensor sobre toda la tierra desde el cielo, que fue de
donde dijo el Señor que había sido arrojado Satanás como un rayo; por esto
necesitamos de este rocío divino, para que demos fruto y no seamos lanzados
al fuego; y, ya que tenemos quien nos acusa, tengamos también un Defensor,
pues que el Señor encomienda al Espíritu Santo el cuidado del hombre,
posesión suya, que había caído en manos de ladrones, del cual se compadeció y
vendó sus heridas, entregando después los dos denarios regios para que
nosotros, recibiendo por el Espíritu la imagen y la inscripción del Padre y
del Hijo, hagamos fructificar el denario que se nos ha confiado, retornándolo
al Señor con intereses”. 5. Lucas acumula imágenes para
sugerimos que Pentecostés fue similar a la gran teofanía del Sinaí. El
período abarca los mismo días: cincuenta después de Pascua, igual que el
fragor de huracán y las llamaradas de fuego. El Pentecostés judío conmemoraba
el don de la Ley en el Sinaí, y Dios eligió el mismo día para enviar al
Espíritu Santo, porque se inauguraba 6. Hoy es, pues, el aniversario
del nacimiento de 7. La Iglesia, nacida del Espíritu, “hace suyos los gozos y las
esperanzas, las tristezas y las angustias de los hombres de nuestro tiempo”
(GS 1). Y en el afán de llegar a todos los hombres, les hablará en sus
propias lenguas. No se encerrará en una lengua, por sagrada que sea. Mientras
en el templo de Jerusalén y en el monasterio de Qumrán se alababa a Dios sólo
en hebreo, los apóstoles reciben del Espíritu el don de hacerse entender en
una multitud de lenguas extranjeras: "¿No son galileos todos esos que
están hablando? Entonces, ¿cómo es que cada uno los oímos hablar en nuestra
lengua nativa?". Pero las lenguas de fuego del día de Pentecostés
insinúan que el Espíritu da a la Iglesia un lenguaje ardiente como el fuego
del amor, que todos los hombres entienden. Y hoy más que nunca hace falta el
amor, no un amor de bellas palabras, sino un amor solidario capaz de
compartir. Esta mañana de Pentecostés el fuego ha prendido sobre la colina de
Sión y se propagará de ciudad en ciudad hasta la capital de los Césares y
hasta el confín del mundo. Se refería a este fuego Jesús cuando dijo: “He
venido a prender fuego en el mundo, ¡y ojalá estuviese ya ardiendo!" (Lc
12,49). 8. “¿Qué es esto!” se decían extrañados los peregrinos judíos que
habían venido a Jerusalén, para los cuales la religión no era más que un
código anquilosado de ritos externos. ¡Es Pentecostés del Espíritu! -les dice
Pedro en pie con los Once; es una ráfaga de aire fresco que echa fuera el
olor encerrado de 9. Pero para que aparezcan las flores de la vida tiene que ser
removida 10. Es el Espíritu Santo el que actúa en la misión de la Iglesia,
descubriéndole campos nuevos de acción, tareas nuevas, e impulsándola a tomar
iniciativas nuevas, fecundando siempre su acción. Por eso debe estar atenta a
los signos de los tiempos, que llevando siempre una iniciativa divina, hay
que saberla discernir con perspicacia y con docilidad, magnanimidad y
humildad y sin pusilanimidad. 11. Siempre que se confiesa a Cristo en el mundo, se hace presente el
Espíritu, y cuando se va construyendo la comunidad y ésta va creciendo, allí
está el Espíritu dando dinamismo y siendo la fuente del crecimiento. 12. El Espíritu es la fuerza que impulsa la vida de los creyentes. Por
eso nos exhorta Pablo: "Andad en Espíritu y no según la carne" (Gal
5,16); "Si vivís según la carne, moriréis, si según el Espíritu,
viviréis" (Rm 8,10). Los cristianos deben producir los frutos del Espíritu:
"Amor, alegría, paz, comprensión, servicialidad, bondad, lealtad,
amabilidad, domininio de sí" (Gál 5,22).
13. El Espíritu es el que nos abre a Dios: ora en nosotros con gemidos
inefables y nos permite decirle "Abbá", "Padre" (Rm
8,15); y el que nos hace abrirnos a los hermanos: "Vosotros fuisteis
llamados a la libertad; pero que no sea motivo para servir a la carne, sino
servíos unos a otros, mediante la caridad" (Gál 5,13). En fin, el
Espíritu nos convierte en pequeños cristos que multiplican su presencia y su
acción en el mundo. 14. El Espíritu Santo nos revela la realidad verdadera de 15. Allí donde los hombres se despojan de su egoísmo, se reúnen en la
caridad, se perdonan y disculpan, se hacen mutuamente el bien y se ayudan,
está de manera especial presente el Espíritu. Porque el hombre se encuentra a
sí mismo y avanza por el camino de la perfección, no cuando se entrega a los
impulsos del egoísmo, sino cuando da, ofrece, comparte. Donde hay caridad se
anticipa la plenitud y la transformación del mundo. 16. El hombre encuentra su perfección más profunda donde su condición
de persona es aceptada y respetada incondicional y definitivamente. Sólo Dios
puede aceptar al hombre de esa manera. Y le acepta de hecho en su amistad y
le hace partícipe de su vida por el Espíritu Santo. Una vez entroncado en
Dios el hombre y salvado y santificado, es capaz de manifestar los frutos de
esta santidad y amistad en su trato con los hermanos: en su afabilidad,
disposición siempre atenta a ayudar, en su comprensión y tolerancia, en su
generosidad. Y como la comunicación con Dios es la perfección mas honda del
hombre, el que se abre a la acción del Espíritu Santo, queda lleno de paz
interior, de consuelo y de gozo espiritual. La resurrección de Jesús marca el
acontecimiento fundamental que hizo posible el nacimiento de la primitiva
comunidad cristiana. Pero ésta no comprendió todo el alcance de la
resurrección hasta después de la venida del Espíritu Santo. 17. Al recibir la comunión ejercitemos nuestra profunda fe en la
llegada a nosotros del Espíritu que disipe el fragor del mal y de las
tinieblas que todavía nos vencen; ahuyente el
caos del desorden y abrillante la belleza de nuestra vivir hasta
hacernos hombres divinos. ¡“Ven Espíritu Santo; Ven, no tardes”! ayuda
maternal de la Madre de la Iglesia, también subida al Cielo.. JESUS MARTI BALLESTER |
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JESUS MARTI BALLESTER |
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Pedro Sergio Antonio
Donoso Brant |