BEATO PIO IX

7 DE FEBRERO

Autor: Jesús Marti Ballester

 

EL PAPA LARGO EN NOMBRES Y EN AÑOS DE PONTIFICADO: 31 AÑOS. EL SEGUNDO DESPUES DE SAN PEDRO QUE DURO ENTRE 34 Y 37.

SUS ORIGENES

Giovanni Maria Giambattista Pietro Pellegrino Isidoro Mastai Ferretti Sollazzi nació en Senigallia, Italia, 13 de mayo de 1792, el noveno hijo del conde Girolamo Mastai Ferretti y de su esposa Caterina Sollazzi. Quiso pertenecer a la Guardia Noble de la Santa Sede, pero fue rechazado por su epilepsia y estudió teología en el seminario de Roma. Fue ordenado sacerdote en abril de 1819, y fue nombrado rector del Instituto Tata Giovanni de Roma, hasta que fue enviado a Chile y a Perú como secretario del nuncio apostólico, Giovanni Muzi. Regresó a Roma para dirigir el hospital de San Michele y para ocupar el cargo de canónigo de Santa Maria in Via Lata.

ARZOBISPO DE SPOLETO

Consagrado arzobispo de Spoleto, destacó por haber conseguido la amnistía para los participantes en una fallida revolución que en 1831 se había extendido a aquella ciudad, por lo que ganó fama de liberal. Al año siguiente fue trasladado al obispado de Imola, manteniendo el cargo de arzobispo ad personam. Gregorio XVI lo nombró cardenal in pectore. En 1840 fue proclamado cardenal del título de Santos Pedro y Marcelino.

ELEGIDO SUCESOR DE PEDRO

Al morir Gregorio XVI, en un momento de ambiente político inestable en Italia, varios cardenales extranjeros decidieran no asistir al Cóclave. A su comienzo, sólo estaban presentes 46 de los 62 cardenales. El cónclave, se celebró en el palacio del Quirinal de Roma, entonces y se dividieron los cardenales en conservadores y liberales. Los conservadores apoyaban a Luigi Lambruschini, cardenal obispo de Sabina y secretario de Estado Gregorio XVI. Los liberales apoyaban alternativamente a dos candidatos: a Tommaso Pasquale Gizzi, cardenal del título de Santa Pudenziana, y al cardenal Mastai Ferretti. En la primera votación, Mastai Ferretti obtuvo quince votos y los demás votos fueron para Lambruschini y Gizzi. Muchos pensaban que si Lambruschini no resultaba elegido, lo sería Gizzi.Por fin los liberales y moderados decidieron votar por Mastai Ferretti, contra la mayor parte de los gobiernos de Europa. El segundo día del cónclave, el 16 de junio de 1846, Mastai Ferretti fue elegido papa. Como era de noche, sólo lo anunció la fumata blanca. Muchos católicos asumieron que Gizzi había sido escogido como sucesor de San Pedro. De hecho, hubo celebraciones en su ciudad natal, Ceccano, y sus ayudantes, según la tradición, quemaron sus hopalandas cardenalicias.

FUE PROCLAMADO AL DIA SIGUIENTE

A la mañana siguiente, se anunció la elección del cardenal Mastai Ferretti. Cuando el nuevo papa apareció en el balcón, el clima fue jubiloso. Mastai Ferretti escogió el nombre de Pío IX en honor de Pío VII. A las pocas horas de su elección llegó a Roma Karl Kajetan Gaisruck, cardenal arzobispo de Milán, con el veto del emperador Fernando I de Austria-Hungría a la elección de Mastai Ferretti, pero los hechos ya se habían consumado.

Pío IX fue coronado el 21 de junio por el cardenal Ludovico Gazzoli. Inmediatamente nombró a Gizzi secretario de Estado. Los liberales europeos aplaudieron su elección como Sumo Pontífice.

SUMO PONTIFICE

Pío IX era un hombre culto y de ideas liberales. Cuando salió elegido, proclamó amnistía para los presos con delitos políticos e instituyó La Consulta, que ofrecía algo más de libertad para los ciudadanos de los Estados Pontificios. Por sus propósitos liberalizadores tuvo que pugnar arduamente con la curia romana, hasta el punto que en dos años tuvo siete secretarios de Estado.

SERVIR A LA IGLESIA

La única ambición de Pío IX, servir a la Iglesia, se arraigaba en una fe pro­funda y en una ardiente piedad. Sus adver­sarios han criticado lo que llamaban su "misti­cismo", la tendencia a remitirse en todo a la acción de la divina Providencia. Pero no puede sino admirarse su total confian­za en Dios, su preocupación por no adoptar ninguna decisión importante sin antes invocar a la Virgen, el tiempo que siempre concedió al rezo en su vida. Escrupulosamente fiel a su meditación cotidiana, gustaba de recitar su breviario de rodillas, rezar largamente ante el Santo Sacramento y entrar en las iglesias en el curso de sus paseos. la afirmación de Manning: "Es la persona más sobrenatural que nunca haya visto", por la observación de Talbot: "El santo padre es un hombre excelente, pero no es un santo; tiene sus debilidades." En todo caso, no cabe duda que no solamente su fer­yor, que constituía la admiración de cuantos le veían oficiar, respondía al estado de sus sentimientos íntimos, sino que su preocu­pación dominante fue siempre y ante todo la de actuar como sacerdote, en hombre de Iglesia, responsable ante Dios de la defensa de los valores cristianos, amenazados por el aumento de la impiedad, del laicismo y del racionalismo.

SU CELO

No fue por ambición personal por lo que alentó, cada vez más abiertamente, los pro­gresos de la corriente ultramontana, sino porque veía en ello la condición para la res­tauración y expansión de la vida católica allí donde las intervenciones gubernativas en la vida de la Iglesia amenazaban con ahogar el ardor apostólico, y el mejor medio para inte­grar a todas las fuerzas vivas del catolicismo y que éstas pudiesen reaccionar contra la ola ascendente del liberalismo anticristiano.

PASTOR DE ALMAS

Fue un hombre excelente, como decía Talbot; un hombre que, sin ser un genio, no estaba falto de talento ni de carácter; fue, sobre todo, un pastor de almas, celoso y cuidadoso. Al menos, tal nos aparece Pío IX. Emilio Ollivier, nos sitúa al papa con sus cualidades: Su vida es de una santidad edificante, su alma de una pureza angélicas. Es desintere­sado. Su inteli­gencia es de una encantadora espontaneidad. Capta rápidamente las ideas, pero son otros quienes las han fraguado. Es sagaz, pero otros fueron profundos. Ve con propiedad el aspecto de las cosas que se le muestran. Siempre influido, nunca es dominado, aunque, debido a la movilidad de sus impresiones, no experimenta durante mucho tiempo una misma influencia. Es cauto en los asuntos importantes. Corrige por su buena disposi­ción y la amabilidad de su acogida, los consejos que un círculo íntimo y apasionado le dan, aunque en ocasiones, otros no dieron crédito a las pasiones de su corte. Pero el Papa no conoce el odio.

UN PAPA POPULAR

Cuantos se aproximaron a Pío IX confesaban la fascinante atracción que dimanaba de su persona y a la que contribuían muchos elementos: una gran prestancia, un aire de aristócrata, junto a una gran sencillez -"noble y digno con desen­voltura; desenvuelto con dignidad", decía Spada-; una voz musical, hechizante, que secundaba maravillosamente sus dotes innatas de orador.

HUIDA A GAETA

Durante las revoluciones de 1848 en Roma se proclamó la república y el papa tuvo que huir a Gaeta, en el reino de las Dos Sicilias, disfrazado de monje. Cuando sus territorios le fueron restituidos por los franceses volvió con ideas menos liberales.

LOS PROTESTANTES

En 1853 se reconcilió con las monarquías protestantes de los Países Bajos e Inglaterra, que permitieron el restablecimiento en sus países de la jerarquía católica.

Siguió encaminado al repliegue doctrinal y a la preservación de los Estados Pontificios, amenazados por la unificación de los territorios italianos que estaba llevando a cabo el reino de Piamonte.

EL SYLLABUS

En 1864 promulgó la encíclica Quanta cura con el Syllabus, y sus ochenta proposiciones condenatorias de las doctrinas más progresistas del momento. Anatematizó el panteísmo, el naturalismo, el nacionalismo, el indeferentismo, el latitudinarismo, el socialismo, el comunismo, el liberalismo, las sociedades secretas, el biblismo, y la autonomía de la sociedad civil. Además, rechazaba la existencia de una ética natural (en contraposición a la moral católica), no permitía el matrimonio civil y no toleraba oposición alguna al poder temporal de los papas.

EL DOGMA DE LA INMACULADA

Con la encíclica Ineffabilis Deus de 8 de diciembre de 1854 proclamó el dogma de la Inmaculada Concepción, que en 1830, al entregarle la Medalla Milagrosa a Catalina Labouré, proclamaba: “¡Oh María sin pecado concebida!” Y 24 años después, Pío IX definió el dogma, en 1854. Fue un Cardenal de la Iglesia: Lambruschini, quien viendo al papa Pío IX, hoy ya Beato, triste y abatido por los conflictos que azotaban a la Iglesia, le aconsejó apresurar la definición. Cuatro años después, el 25 de marzo de 1858, la Virgen le dirá en Lourdes a Bernadette, “Soy la Inmaculada Concepción”.  Para honor de la Santa e Indivisible Trinidad, para honor y decoro e la Virgen Madre, para exaltación de la fe católica y aumento de la cristiana religión, por la autoridad de Nuestro Señor Jesucristo, de. los bienaventurados apóstoles Pedro y Pablo y por la nuestra,

—Declaramos, pronunciamos y definimos que la doctrina que afirma que la bienaventurada Virgen María fue preservada y totalmente exenta de la mancha del pecado original desde el primer instante de su concepción, por un privilegio y gracia singular de Dios omnipotente y en vista de los méritos de Jesucristo, salvador del género humano, es una doctrina revelada, y por consiguiente, debe ser firme y constantemente creída por todos los fieles.

(Bula lneffabilis Deus, 8 diciembre 1854.)

  También convocó el Concilio Vaticano I (1869-1870, que, quedó inconcluso por la guerra, y definió la infalibilidad pontificia para sus pronunciamientos ex cathedra -circunstancia que se ha producido sólo en cuatro ocasiones- y la constitución apostólica Pastor aeternus de 18 de julio de 1870 que fortalece el primado romano. El concilio también recogió las tesis del Syllabus, y mediante la constitución Dei Filius (De fide catholica) dio rango supremo al ultramontanismo romano.

LOS ESTADOS TEEMPORALES DE LA IGLESIA

El esfuerzo de Pío IX tanto por reafirmar su primado como para conservar los Estados de la Iglesia fue inútil y dejó tocado el prestigio del papado; el 20 de septiembre de 1870 el ejército piamontés entró en Roma y puso fin a la soberanía de los Papas que había durado más de mil años.Pío IX se negó a reconocer el reino de Italia, a establecer relaciones diplomáticas con él, rechazó las garantías personales que se ofrecían y excomulgó al rey Victor Manuel II de Saboya. Mediante la bula Non Expedit prohibió a los católicos toda participación activa en la política italiana, incluido el sufragio. Los últimos años de su pontificado los vivió Pío IX aislado en el Vaticano. Su papado había sido uno de los más largos y más convulsos de la historia.

SUS NUMEROSAS ENCÍCLICAS CONSTITUCIONES APOSTÓLICAS Y CARTAS

La enumeración de los documentos de Pío XI asombra por su cantidad y diversidad de asuntos que tuvo que tratar y clarificar

Qui pluribus, era el programa de su pontificado(1846)

Praedecessores Nostros, sobre la situación de la Iglesia Católica en Irlanda (1847)

Ubi primum I, creando la Congregación de Ordenes Religiosas (1847)

Romani e quanti, instando a sus súbditos a mantener el orden público y a respetar las instituciones (1848)

Non semel, contra los intentos de proclamar la República Romana (1848)

Da questa pacífica, mensaje a sus súbditos desde el exilio de Gaeta (1849)

Ubi primum II, autorización para sustituir las horas del Breviario por las de la Inmaculada Concepción (1849)

La serie, al Cuerpo Diplomático acreditado ante la Santa Sede sobre la situación de exilio (1849)

Quibus, quantisque, se muestra dispuesto a ofrecer su vida por el restablecimiento de la Santa Sede en Roma (1849)

Noscitis et Nobiscum, sobre la formación para el sacerdocio (1849)

Si semper antea, agradecimiento a los monarcas europeos que le han ayudado en su reposición en la sede romana (1850)

Exultavit cor nostrum, convocando un jubileo extraordinario (1851)

Nemo certe ignorat, sobre la formación de los seminaristas(1852)

Probe noscitis, a los obispos de España para que cuiden los intereses de la Iglesia Católica (1852)

Inter multiplices, insta a replicar la propaganda contra la Santa Sede (1853)

Neminem vestrum, la situación de la Iglesia Católica en Armenia (1854)

Optime noscitis situación de la Iglesia Católica en Irlanda (1854)

Apostolicae nostrae, que insta a rogar por la pacificación de los pueblos y ofrece indulgencias al respecto (1854)

Inter graves, fija el 8 de diciembre para conmemorar la Inmaculada Concepción (1854)

Ineffabilis Deus, proclamación del dogma de la Inmaculada Concepción (8 de diciembre de 1854)

Singulari quadam, prevalencia de la fe sobre la razón y la imposibilidad de salvación fuera de la Iglesia Católica (1854)

Optime noscitis II, imponiendo a la jerarquía católica del Imperio Austro-Húngaro la obligación de someter sus escritos al gobierno del emperador Francisco José I (1855)

Cum saepe, condena de las leyes anticatólicas promulgadas por el rey Víctor Manuel II (1855)

Singulari quidem, mensaje a la conferencia de obispos del Imperio Austro-Húngaro reunida en Viena (1856)

Cum nuper, mensaje a los obispos del reino de las Dos Sicilias (1858)

Amantissimi Redemptoris, reafirmando la obligación de que los sacerdotes apliquen la Eucaristía por el pueblo (1858)

Cum Sancta Mater, solicitando oraciones para la paz entre los pueblos (1859)

Qui nuper, voluntad de perseverar en su misión apostólica ante los problemas políticos (1859)

Ad gravissimum, necesidad de que la Santa Sede disponga de poder temporal(1859)

Maximo animi, protestando por la ocupación de la Emilia por las tropas de Víctor Manuel II (1859)

Nullis certe, oponiéndose a la petición de Napoleón III, de que el papa renuncie a las provincias de Emilia y Romaña - 1860

Cum catholica Ecclesia, excomunión de los que participan o alientan la rebelión en los Estados de la Iglesia (1860)

Novos et ante, protesta por la inhibición de los países europeos ante las pretensiones de Víctor Manuel(1860)

Multis gravibusque, denunciando la no ratificación del Gran Ducado de Baden del concordato con la Santa Sede (1860)

Iamdum cernimus, condenando las presiones de ceder los territorios ocupados por el rey del Piamonte (1861)

Amantissimus humani, sobre las Iglesias Orientales y su unidad con la romana (1862)

Maxima quidem, condenando los excesos del libertinaje (1862)

Quanto conficiamur, contra el indeferentismo religioso (1863)

Incredibili afflictamur, sobre la situación de la en la república de Nueva Granada (Colombia) - (1863)

Multis gravissimis, normas canónicas para las diócesis de Sicilia (1864)

Ubi Urbaniano, sobre las condiciones de la Iglesia Católica en Polonia impuestas por las autoridades rusas (1864)

Maximae quidem, a la conferencia de obispos alemanes reunida en Bamberg (1864)

Quanta cura, condena de los errores de los tiempos modernos (Syllabus) – (1864)

Multiplices inter I, contra la Masonería (1865)

Meridionali Americae, sobre el clero indígena en Sudamérica (1865)

Levate, contra la actuación de las autoridades rusas en Polonia (1867)

Ex quo infensissimi, concesión de condecoraciones a las Milicias Papales y a las tropas francesas por su actuación en la batalla de Mentana (1867)

Aeterni Patris, convocatoria del Concilio Vaticano I (29 de junio de 1868)

Arcano divinae, a todos los obispos del mundo, exhortándolos a asistir al Concilio (1868)

Iam vos omnes, a los cristianos separados de la Iglesia Católica invitándolos a la unidad (1868)

Non sine gravísimo, al patriarca de Constantinopla sobre la situación de la Iglesia Católica armena (1870)

Multiplices inter II, reorganizando la jerarquía eclesiástica en Ecuador (1870)

Apostolici ministerio, nombrando un co-visitador apostólico para la Orden Antoniana de Armenia (1870)

Quo impensiore, amenaza de excomunión a la Orden Antoniana de Armenia si no se reintegra a la disciplina romana (1870)

Respicientes ea, excomunión de cuantos hayan invadido territorios de los Estados de la Iglesia (1870)

Ubi nos, notificando a la Iglesia el rechazo de las Guarentigie (garantías) ofrecidas al papa por Víctor Manuel II (1871)

Beneficia Dei, anunciando indulgencia plenaria con motivo del XXV aniversario de su ascensión al solio pontificio (1871)

Saepe, Venerabilis, agradeciendo las muestras de apoyo y afecto de los católicos (1871)

Ordinem vestrum, lamentando que en algunos lugares se afirme que las decisiones del Concilio Vaticano I se contraponen al orden tradicional de la Iglesia (1871)

Quartus supre, exhortando a las Iglesias Orientales a permanecer unidas y fieles a la sede romana (1873)

Etsi multa, sobre la situación de la Iglesia en la Confederación Helvética (1873)

In magnis illis, sobre la consagración irregular de Kaspar I. Rinkel como obispo de Harlem (Países Bajos) (1873)

Vix dum a nobis, sobre la situación de la Iglesia en el Imperio Austro-Húngaro (1874)

Omnem sollicitudinem, a los católicos de rito greco-ruteno (1874)

Gravibus Ecclesiae, proclamando el jubileo de 1875 (1874)

Quod nunquam, sobre la situación de la Iglesia en Alemania (1875)

Graves ac diuturnae, sobre problemas teológicos en la universidad de Berna (Suiza) - (1875)

Quae Patriarchatu, sobre problemas entre los católicos de rito caldeo (1876)

Dives in misericordia, conmemoración del II centenario de la muerte de san Francisco de Sales (1877)

Nei giorni, proclamando un indulto para los condenados por delitos políticos en los Estados de la Iglesia (1846)

Nelle istituzioni, proclamación del Estatuto Fundamental para el Gobierno Temporal de los Estados de la Iglesia, (1848)

Ex aliis nostris, condiciones para obtener indulgencias en el jubileo proclamado (1851)

Reversurus, sobre la elección de obispos (1867)

Dei Filius, promulgando la constitución del Concilio Vaticano I que condena el “racionalismo” o “naturalismo” (1870)

Pastor aeternus, constitución del Concilio Vaticano I que reafirma el Primado Romano y proclama la infalibilidad del papa cuando habla ex cathedra (1870)

Tuas libenter, al nuncio en Baviera, sobre la reunión de teólogos celebrada en Munich sin el consenso de la Santa Sede (1863)

Religiosas regularium, al obispo de Tiane, sobre la Orden Antoniana y la situación de la Iglesia Católica en Armenia (1870)

Ecclesia Dei, al cardenal Costantino Patrizi, obispo de Ostia, decano del Sacro Colegio y vicario para la ciudad de Roma, manifestando el rechazo de ls Guarentigie del rey Víctor Manuel II (1871)

Costretti nelle attuali, al cardenal Costantino Patrizi, sobre las intenciones del Reino de Italia de suprimir las órdenes religiosas (1872)

SU MUERTE

Falleció el 7 de febrero de 1878. Sepultado en las Grutas Vaticanas, en 1881,fue trasladado a la basílica romana de San Lorenzo fuori le mura. Su lápida sepulcral lleva la sucinta frase "Ossa et ceneres Pii IX papae" (Huesos y cenizas del papa Pío IX). Su cuerpo se conserva incorrupto.

BEATIFICACIÓN

El papa Juan Pablo II le proclamó Beato el 3 de septiembre de 2000. Su conmemoración se celebra litúrgicamente el 7 de febrero, aniversario de su muerte.

COMPARACIONES VANAS

La beatificación de Pio IX ha sido muy controvertida y se ha comparado desfavorablemente para él la figura de Juan XXIII, contra el testimonio del mismo Juan XXIII, que el 8 de diciembre de 1960, se presentó a sí mismo como un imitador de Pío IX con estas palabras: «¡Su figura se eleva ante nosotros y nos guía! Nos propone el camino justo y nosotros, con la ayuda de Dios, queremos imitarle y le imitaremos siguiendo en nuestro ministerio apostólico: con calma, con mansedumbre, con paciencia inexpugnable, con seguridad, ardor y con la esperanza de la victoria espiritual, independientemente de lo que suceda». A diferencia de lo que afirman quienes contraponen el Concilio Vaticano II al Vaticano I, Juan XXIII era un gran defensor del Concilio Vaticano I.

TESTIMONIO DEL BEATO JUAN XXIII

El 24 de noviembre de 1960, comentando las actas del primer Sínodo diocesano romano, Juan XIII, que pronto cumpliría los ochenta años, dijo: «En este día, sintiendo alrededor de nuestra humilde persona el eco de tantas buenas palabras de auspicio para que se prolongue la vida que el Señor nos ha concedido, pensemos en nuestro venerado predecesor, Pío IX, de gloriosísima y santa memoria, que precisamente a nuestra edad, al terminar su 79 año de vida, como nos sucede ahora, se preparó para la apertura inmediata del Concilio Vaticano I, que tanto beneficio debería aportar a la Iglesia en el mundo entero a nivel espiritual y pastoral». El Papa Roncalli no se cansó nunca de indicar a Pío IX como ejemplo: «Oh grande Pío IX -dijo al inicio del Concilio Vaticano II,- amable y fuerte, custodio inflexible de la verdad y previdente apóstol de los tiempos modernos! ¡Qué ejemplo sigue dándonos de auténtica grandeza, de constancia tenaz, de luminosa prudencia, de consuelo y aliento en nuestras humildes pero generosas empresas!».

JESUS MARTI BALLESTER

 

Jesús Marti Ballester

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