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DOMINGO 5 DE PASCUA C 6 de Mayo de 2007 EL MANDAMIENTO NUEVO, AUNQUE ANTIGUO Autor: Jesus Marti
Ballester |
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Pablo con Bernabé, llegan a Antioquía, en donde habían recibido la
misión del Espíritu mediante la oración, el ayuno y el envío de 2. Pablo y Bernabé se presentan a los ojos de los nuevos retoños de la
Iglesia, primicia de la gentilidad, como modelos de la magnanimidad,
paciencia y valentía cristianas, por su arriesgado vivir y entusiasmo
emprendedor, tan alejado, a veces, de la pusilanimidad de los cristianos
instalados confortablemente, puntillosos y susceptibles, incapaces de
emprender cualquier actividad o destino que les suponga tener que renunciar a
sus manías de perder la salud, o temerosos de acortar su vida, que les
empequeñece las capacidades creativas y de iniciativa. La intrepidez de la fe
de aquellos, debe ser un acicate para la enfermiza fe de los actuales, que
parece ignorar que nuestras vidas están en las manos de Dios. 3. Reunida la comunidad de Antioquía, recibe a los misioneros, que
cuentan sus experiencias y cómo han palpado la acción del Espíritu Santo con
su providencia en aquella primera misión extramuros del judaísmo Hechos
14,20. 4. Pablo y Bernabé, llenos del gozo del Espíritu, contaron a los
fieles de Antioquía "las hazañas de Dios y la gloria y majestad de su reinado",
que se había manifestado bendiciendo los trabajos que ellos, por obediencia a
la comunidad, habían comenzado y desarrollado Salmo 144. 5. Pero, ¿cuál había sido el principio vital y dinamizador que puso en
marcha a estos evangelizadores, y que les sostuvo en medio de pruebas tan
diversas y de persecuciones tan encarnizadas? La tarde del jueves Santo,
durante la cena, después de lavar los pies a sus discípulos, hubo un momento
en que Jesús se sintió profundamente conmovido, y anunció que uno de ellos le
iba a traicionar. Cuando Judas hubo salido, a pesar de la tristeza que había
penetrado en el corazón de todos por la predicción de Jesús, quedó aliviada
la tensión, y se intensificó el clima de intimidad, que Jesús acrecienta, al
dirigirse a sus amigos llamándoles: "hijitos míos". Quizá no los
había llamado nunca con esa ternura. 6. La intensidad del momento es máxima, e inmensa su densidad. Está
hablando un hombre condenado a muerte, horas antes de ser ajusticiado. Las
palabras que está diciendo deben de ser muy importantes y trascendentales:
"Ahora es glorificado el Hijo del Hombre y Dios es también glorificado
en él". Nosotros hubiéramos pensado: Ya está bien de oscuridad, de
espera, de méritos no reconocidos; se le va a hacer justicia reconociendo su
valía y colmándolo de honores. Por fin se le va a hacer justicia. 7. Jesús piensa de otra manera: La glorificación coincide con el
último acto de rechazo de los suyos, con la humillación máxima, la traición
de Judas. Porque la crucifixión y muerte constituyen el primer acto de todo
lo que viene después: Crucifixión, muerte, resurrección, Iglesia penetrada
del Espíritu, todo forma una unidad para que el hombre llegue a vivir en
Dios. La gloria de Jesús es la gloria del Padre: Están unidos los dos con un
lazo eterno y su voluntad humana está vitalmente identificada con 8. Pero ¿cuál es la voluntad del Padre? La voluntad del Padre es que
todos los hombres se salven (1 Tim 2,4). ¿Por qué tanto interés hasta
entregar a su propio Hijo a la cruz? Porque los ama infinitamente y no quiere
que ni uno solo se pierda. La salvación de los hombres es la voluntad del
Padre. Esa es también su gloria. Por eso, en aquel momento en que Judas ha
salido para hacer lo que tenía que hacer, "hazlo cuanto antes" (Jn
13,21), es glorificado Dios y el Hijo del Hombre. Lucas manifiesta también la
premura de celebrar la pascua que acucia el corazón de Cristo:
"Vivamente he deseado celebrar esta pascua con vosotros antes de
morir" (Lc 22,14). Y en la misma atmósfera de ternura, el mandato del
amor, su testamento: "Os doy un mandamiento nuevo: amaos unos a otros
como yo os he amado" Juan 13,31. Ese es el secreto que había urgido a
los Apóstoles a entregarse a Dios y a los hombres, como él, amándoles
primero, cuando aún eran pecadores y hasta el fin, hasta el extremo. Así es
el amor de Cristo. 9. ¿Dónde está la novedad de ese amor? Todo israelita sabía que el
amor a Dios y al prójimo eran el primero y el segundo mandamiento de la ley,
por lo tanto no es éste el amor nuevo. La novedad de este amor no es pues el
amor, sino la identidad del amor con el amor de Jesús, que va entregar su
vida por amor al Padre y a los hermanos: "Nadie tiene amor más grande
que el que da la vida por sus amigos" (Jn 15,13). "Nadie me quita
la vida, sino que la doy yo por mí mismo... Ese es el mandato que he recibido
de mi Padre" (Jn 10,18). "Como el Padre me ha amado así os he amado
yo; permaneced en mi amor. Si guardáis mis mandamientos permaneceréis en mi
amor, como yo he guardado los mandamientos de mi Padre y permanezco en su
amor" (Jn 15,9). Ya no es el "amarás como a ti mismo", sino
"como yo os he amado". Ahí radica la novedad del mandamiento
"nuevo". Donde se realiza un acto de virtud, aunque escondido e
inapreciable, allí está brotando como una yema viva, el mundo nuevo y la
tierra nueva. 10. Ese amor nuevo inaugura una comunicación de amor del hombre con
Dios, como la que se da entre el Hijo y el Padre y es sacramento que
presencializa el amor existente entre el Padre y el Hijo. Y este amor nuevo
engendra el mundo nuevo, de gracia, de santidad y de vida. El mundo de Dios,
cuya ley es la ley del amor: "Ví un cielo nuevo y una tierra nueva. El
primer mundo ha pasado. Ahora hago el universo nuevo, el mar ya no existe”.
“Cielo y tierra” es un “binomio de totalidad”, dos términos opuestos para
significar “el mundo de Dios, el nuevo, y el mundo viejo, el del mal”. Ha
pasado el mundo viejo, marcado por el pecado y por la muerte; por esto dice
que “el mar ya no existe”, pues el mar es considerado la fuerza del mal (Ap
13,1). Y nace un mundo nuevo, que ya comenzó con la resurrección de Jesús y
llegará a su plenitud en la consumación final, un final que será un nuevo
comienzo. Un mundo nuevo en contraposición al viejo, caduco, agotado por
transgredido, como un odre viejo, frágil y gastado, que con la fuerza del
vino nuevo, se rasga y se pierde el vino. No contra el antiguo, dado por Dios,
al que la muerte de Cristo y la fuerza de su resurrección gloriosa va a
vigorizar a los hombres con el dinamismo del Espíritu. Así lo confirma San
Juan en su carta 1, 2,7: “No os escribo un mandamiento bisoño, sino el
mandamiento antiguo. Y sin embargo, mandamiento nuevo”. 11. Mundo nuevo cuya capital es “la Ciudad santa, 12. El Apocalipsis personifica 13. Y de la imagen del banquete de bodas el Apocalipsis pasa a la de 14. Esta felicidad se realizará con toda certeza, porque es palabra de
Dios: “Dijo el que está sentado en el trono: Ahora hago el universo nuevo. Y
añadió: Escribe: Estas palabras verídicas son de Dios. Me dijo también: Ya
son un hecho: Yo soy el Alfa y la Omega, el Principio y el Fin”. Es la
primera y la última vez que habla directamente Dios en el Apocalipsis. Su
primera palabra en el Génesis fue: “Hágase 15. Para un mundo nuevo, un mandamiento nuevo. Un mundo nuevo, no con
edificaciones nuevas, casas nuevas, palacios nuevos, sino un mundo nuevo,
cuya ley es el amor, dice el Concilio. Pero como las edificaciones del mundo
viejo estaban construidas en el egoísmo, hay que derribar eso viejo para que
lo nuevo, el amor, pueda levantarse y brillar y actuar. Estrenemos el amor. Un
nuevo cielo y una nueva tierra, 16. Lo nuevo nos gusta no sólo porque lo nuevo funciona mejor, sino
porque la novedad, lo que no es aún conocido deja espacio a la expectativa, a
la sorpresa, a El mandamiento de Jesús es un mandamiento nuevo en sentido activo y
dinámico: porque renueva, hace nuevo, transforma todo. Es este amor que nos
renueva, haciéndonos hombres nuevos, herederos del Testamento nuevo, cantores
del cántico nuevo, del que habla San Agustín. Si el amor hablara, diría con
la segunda lectura: “He aquí que hago nuevas todas las cosas”. San Pablo canta las excelencias de ese
amor: "Es paciente", y para serlo, es necesario vencer la
impaciencia, que nace del orgullo. "No es envidioso, no se jacta, no se
engríe, no ofende, no busca el interés propio, no se irrita, no lleva cuentas
del mal. Todo lo comprende, y perdona, todo lo cree, todo lo espera, todo lo
tolera" (1 Cor 13,4). Es necesario ser educados para el amor, que no
brota de nuestro natural. El amor se nos infunde. Dios es amor y nos ama y
nos deja la semilla del amor, que hemos de cuidar y hacerla crecer y
fomentarla siguiendo los ejemplos de Cristo: "Amaos como yo os he
amado". Entregaos unos a otros como yo me entrego por vosotros. Amor
delicado, amor donde aparece y resplandece la sensibilidad y la misma
manifestación. 17. Amor nuevo, que inaugura la era de Jesús, la civilización del amor
en que "las tinieblas han dado paso a la luz verdadera" (1 Jn 2,8).
Y tal es la novedad y la categoría de este amor que él será el carné de
identidad de los discípulos: "La señal por la que conocerán que sois
discípulos míos, será que os amáis unos a otros". 18. Desde la hora gloriosa y tremenda en que Jesús pronunció este
mandamiento y por los siglos, el mundo ha sido penetrado por la inundación de
este amor. A través de la historia, mártires como Esteban, como Maximiliano
Kolbe, como Teresa de Calcuta, Teresa del Niño Jesús Santa Teresa Benedicto
de la Cruz y tantos innominados, han testimoniado con su sangre o con sus
vidas el amor nuevo, con que eran reconocidos los primeros cristianos, de los
que los paganos decían: "Mirad cómo se aman". Amor que no es ni
simpatía, ni altruismo, ni filantropismo, sino amor teologal participado del
amor con que el Hijo ama al Padre, y el Padre ama al Hijo, con el Espíritu
Santo por medio. Con el amor con que se entrega cada Persona a la otra,
estamos llamados a amarnos unos a otros, como Cristo nos ha amado. Es la
tarea más revolucionaria que ningún hombre puede emprender. La única que es
capaz de cambiar el mundo de raíz. Ese es el amor cuyo manantial es la propia
carne y sangre del Redentor, que participamos en el banquete eucarístico.
Pidamos, como San Agustín, “Señor, dame el amor que me mandas, y pídeme lo
que quieres”. JESUS MARTI BALLESTER |
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JESUS MARTI BALLESTER |
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Pedro Sergio Antonio
Donoso Brant |