SAGRADO CORAZÓN DE JESÚS.

JESUS MARTI BALLESTER  -  AMOR Y CRUZ

30 de mayo de 2008

 

SOLEMNIDAD DEL SAGRADO CORAZON DE JESÚS.

 

UN CORAZÓN TRASPASADO

 

1. El Deuteronomio, quinto libro sagrado del Pentateuco, significa erróneamente Segunda Ley, pero en realidad, es el libro que recoge la recopilación de los últimos discursos dirigidos por Moisés a su pueblo, como recuerdo y despedida, viendo cercana la muerte. Viene a ser como la última actividad de Moisés, realizada en las desiertas estepas de Moab, desde donde veía la tierra prometida, a la que sabía que no tenía que entrar. El gran luchador por esa tierra sólo podrá verla con sus ojos, pero no entrará en ella, ni la poseerá. ¡Les ha pasado a tantos!...La estructura del Deuteronomio está formada por las últimas palabras, las exhortaciones y advertencias de Moisés al pueblo que había  dirigido durante cuarenta años y con el que ha pasado de todo: Dolores y glorias. Críticas, fracasos y desconcierto. Pero, sobre todo, esperanza. Como cualquier jefe espiritual que ama a su pueblo con fuerza y desea enderezar sus caminos, ha tenido que llorar sus extravíos, su furia, su crítica y su maledicencia. Este libro es pues, como el colofón que culmina la obra de Moisés, pero debe ser leído como fruto y condensación de un devenir que sobrepasa su obra, en la que los mejores teólogos y sabios de Israel, han reflexionado y dado testimonio de la madurez de un pueblo, lo que consigue que el libro constituya la predicación de un mensaje válido para su futuro. El Beato Padre Pedro Poveda, que eligió para dirigir la Institución Teresiana, en tiempos aciagos, a Josefa Segovia, trazó un retrato muy elogioso de su persona, pero opino que, como buen pedagogo que era, aunque destacó las virtudes de la Primera Directora, lo que pretendió es dejar a las futuras hijas de la Institución, el espejo y el modelo en que debían mirarse e imitar. Algo semejante ocurre con el Deuteronomio.

2. ?El Señor se enamoró de vosotros, por puro amor de vosotros? Deuteronomio 7,6. Ni eran los más poderosos, ni los más numerosos de la tierra entonces conocida. No tenían ningún motivo para probar la predilección de Dios y su elección. Dios ama porque ama. Dios crea el amor. Porque sabe que puede romper el cántaro, reconstruirlo, purificarlo, hacerlo nuevo, embellecerlo. Dios es como un maestro que tiene sabiduría de sobra para enseñar a su pueblo y suplir sus ignorancias y elevarle de nivel de sabiduría y amor, hasta por ósmosis, mediante la acción del Espíritu Santo. Dios por Jesús, amó a su pueblo, ¿no lloró antes de morir, a la vista del Templo de Jerusalén, símbolo de su identidad? (Lc 19,41). Aunque literalmente y principalmente lloraba por su ciudad, lo hacía también por todos los pueblos de la tierra, a quienes tenía que alcanzar la Redención.

3. Pero a la vez que les manifiesta esta declaración de amor, eleva con ella al pueblo. Sí, ya sé que el pueblo, zafio y primitivo, no va a apreciar esa elección y se va a prostituir con otros ídolos, pero al menos, alguien comprenderá y será agradecido. Y desde luego, para todos es un estímulo saber que Dios le ha preferido, le ha amado, le sigue amando. Esa fidelidad seguramente le llenará más y le reconducirá a Dios, más que la recriminación y el castigo.

4. Dios actúa como cualquier muchacho enamorado. En los jardines y en los árboles de mayores dimensiones, hemos visto cientos de veces dos iniciales toscamente grabadas dentro de un corazón roto por una flecha. ¿Quién puede medir la tensión apasionada con que fueron taladrados aquel corazón y aquellas letras y aquella flecha? Allí se encerraba toda una vida, toda una ilusión, todo un enamoramiento que, después de haber sido dicho y manifestado con ardientes palabras, no se ha saciado y lo graba, lo esculpe, lo deja allí, a la vista de todo el mundo. El muchacho o la muchacha han escrito allí con sangre su amor.

5. Cuando el mundo se había enfriado en el amor, Dios llamó a una mujer visitandina pura y humilde, en Paray-le- Monial y la hizo reposar en su pecho divino,  que parecía un horno encendido, y abriéndoselo, le descubrió el corazón, como aquel del árbol, pero éste vivo, y con una llaga ancha y profunda, chorreando sangre y coronado de espinas y en el terminal de la aorta una hoguera llameante, coronada con una cruz.. Y a la vista de ese corazón salido de su pecho, le dijo estas palabras: ?Mira el corazón que tanto ha amado a los hombres, que nada ha perdonado hasta agotarse y consumirse para demostrarles su amor, y que a cambio sólo recibe de ellos, ofensas, injurias y pecados, irreverencias y sacrilegios. Mi divino corazón está tan apasionado, que no pudiendo contener las llamas de su amor, quiere derramarlas valiéndose de ti, para que se manifieste a los hombres a fin de  enriquecerles con los preciosos dones que te estoy descubriendo. E hizo más. Le pidió a la joven muchacha su corazón, y al tomarlo,  se trocó en una llama viva en forma de corazón.  Y le preguntó: ¿Quieres consolarlo tú??. Estas fueron las palabras del Corazón de Jesús a Santa Margarita María de Alacoque, a quien en el transcurso de una clase, un renombrado profesor de Escritura y escritor prolífico, motejó de ?loca?. Yo, que asistía a clase, le dije al padre jesuita, que con esa descalificación,  se estaba alejando de la voluntad del Vicario de Cristo, que había encargado a la Compañía predicar y extender la devoción al Sagrado Corazón. San Claudio de la Colombiere, fue el primero que dirigió y animó a la Santa, y me contestó ??Si digo eso, no me vuelven a buscar?. Vamos a leer en el punto siguiente la repulsa del Papa a quienes han pensado o actuado como el citado.

6. En el tercer centenario de la muerte de Sta. Margarita María, Juan Pablo II escribió esta carta sobre el Corazón de Jesús: "Durante mi peregrinación en 1986 a la tumba de Sta. Margarita María, pedí que, dentro del espíritu de lo que ella trasmitió a la Iglesia, el culto al Sagrado Corazón, fuera fielmente restaurado. Porque es en el Corazón de Cristo donde el corazón humano aprende a conocer el verdadero y único significado de su vida y su destino. Es en el corazón de Cristo donde el corazón del hombre recibe la capacidad de amar. Santa Margarita aprendió a amar por medio de la cruz. Ella nos revela un mensaje que sigue siendo actual: "hacernos copias vivientes de nuestro Esposo Crucificado, expresándolo en nosotros por medio de nuestras acciones" (Enero 1989). -Es el amor de Cristo lo que hace al hombre digno de ser amado. El hombre recibió un corazón ávido de amor y capaz de amar. "Tened en vosotros los sentimientos que estuvieron en Cristo Jesús: (Fip 2,5). Todos los relatos evangélicos deben ser releídos en esta perspectiva. El Hijo único de Dios, encarnándose, toma un corazón humano. A lo largo de los años que pasa en medio de los hombres, "manso y humilde de corazón", revela las riquezas de su vida interior por medio de cada uno de sus gestos, sus miradas, sus palabras, sus silencios. Y he aquí que somos llamados a participar en ese amor y a recibir, por el Espíritu Santo, esta extraordinaria capacidad de amar. Aliento a los pastores, las comunidades religiosas y a todos los que llevan peregrinaciones a Paray-le-Monial para que contribuyan a la extensión del mensaje recibido por Santa Margarita María (Junio 22, 1990).

7. Siendo yo muy joven sacerdote y párroco, encargué a mi madre comprar medio metro de terciopelo rojo. Ella lo rellenó de guata y yo hice con él un acerico y lo llené de alfileres negros grandes. Los niños venían a la catequesis y por cada sacrificio o acto de virtud que habían practicado, sacaban un alfiler, como si fuera una espina, del corazón que tanto ha amado y sigue amando a los hombres.

8. ?Cargad con mi yugo y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón? Mateo 11,25. Como los semitas, Jesús sitúa en el corazón la fuente de la vida emotiva, afectiva y sentimental. Y en el suyo vive la mansedumbre, contraria a la cólera, al frenesí y a la aspereza. Está describiendo una antítesis entre la persona y actitud de los jefes religiosos de Israel y la suya propia, tan humana, humilde, compasiva y misericordiosa. Y  también la humildad, contraria igualmente al modo de proceder altanero y soberbio de los fariseos, que se las sabían todas, y juzgaban al pueblo, no ya como un menor de edad, sino como unos malditos: ?Esos malditos que no conocen la ley? (Jn 7,49). Y por eso su magisterio estaba lleno de soberbia, "que  sólo buscaba la vanagloria de su sabiduría unos de otros" (Jn 5,44); de donde nacía el despotismo y las palabras ásperas e iracundas con que trataban a las personas que no admitían sus mandatos y seguían otros caminos, entre ellos sobre todo, a Jesús, a quien odiaban porque no se sometía a sus interpretaciones y a su concepción  religiosa, que ellos creían infalible. Junto a este defecto pecaban de quisquillosos y minuciosos. ?Colaban el mosquito y se tragaban el camello? (Mt 23,24). Su magisterio era un contradicción: ?Están sentados en la cátedra de Moisés, pero no hagáis lo que ellos hacen? (Mt 23,3). Ese rabinismo secaba el alma, quedaba en obras exteriores, era incapaz de entusiasmar. Por el contrario, aceptando el yugo del Señor, se hace ligera la carga, y suave el yugo, porque el evangelio, promovido por el Espíritu Santo, es descanso vida y paz. Lo duro se hace blando, lo tieso, se enternece, el amor todo lo allana. ?Donde se ama, no se trabaja y si se trabaja, se ama el trabajo? (San Agustín). El Espíritu de Jesús y del Padre lava lo que está manchado, pone paz donde hay guerra, hace humilde al soberbio, en fin, llena a la persona del Espíritu de Cristo. Algunos piensan que son de Cristo, pero no tienen sus sentimientos de reconciliación y misericordia, amor y dulzura, paciencia y magnanimidad, docilidad y obediencia, y sí seguridad excesiva en sus criterios y altanería. A los tales, les dice San Pablo: ?El que no tiene el Espíritu de Cristo no es de él? (Rm 8,9).

9. Creo que es oportuno que nos preguntemos, si nuestra práctica religiosa, no ha decaído en el rabinismo, porque entonces tendríamos la explicación de la esterilidad de la comunidad cristiana, sobre todo, en cuanto a vocaciones de consagrados. Me da la impresión de que se ha hecho una religión tan light, que ha perdido su mordiente y atractivo. Se ha relegado al Espíritu Santo a la sombra. La doctrina del Concilio y las Encíclicas de los Papas, sobre todo de Juan Pablo II, yacen empolvadas en los archivos y la doctrina primorosa, se predica en muy limitados círculos eclesiales, de lo que es testimonio el dato que acabo de citar del famoso padre jesuita. La delicadeza del amor de Cristo, la herida de su costado, las filigranas del amor, están demodés, y a todo lo que se aspira es a tener un neófito más: ?¡Ay de vosotros, escribas y fariseos hipócritas, que recorréis mares y tierras para hacer un prosélito y,  cuando llega a serlo, lo hacéis hijo de la gehena dos veces más que vosotros? (Mt 23,15).

10. No podía ser de otra manera. Si Dios es amor, y Jesús es la encarnación del amor movido por el Espíritu Santo, que es el Amor personal de los dos, los textos de la liturgia de la fiesta del Corazón de Jesús, tenían que respirar amor que dilata el corazón, y nos ambienta en el Espíritu y en su Ley de amor, que es la única que nos engrandece, y no las vanidades, las pretensiones y los títulos. La dureza no cabe en el amor de Cristo, ni el espíritu de revancha, ni la llamada ?placer de dioses?, la venganza, que dicen que es un plato que se sirve frío, la represalia, el desamor, la envidia, el odio, la competitividad desleal, la rivalidad desmesurada y el espíritu de carne del amor propio. Claro que hay que luchar, porque en nuestro interior hay dos fuerzas antagónicas que guerrean: la de la carne y la del Espíritu, como señala San Pablo: ?La carne lucha contra el espíritu, y el espíritu contra la carne...Y las obras de la carne son manifiestas: fornicación, impureza, lujuria, idolatría, hechicería, enemistades, disputas, celos, iras, disensiones, divisiones, herejías, envidias, homicidios, embriagueces y otras cosas semejantes? (Gal 5,17).

11. También la 1ª carta de Juan que, tras la afirmación maravillosa de ?Dios es amor, que se manifestó en enviar a la cruz a su Hijo, y que el que ama es de Dios, y el que no ama no ha conocido a Dios, deduce de ese principio fundamental, que nos debemos amar unos a otros. Cuando San Pablo le advierte a su discípulo Timoteo: No impongas a nadie las manos sin la debida consideración, para no hacerte partícipe de los pecados ajenos? (1 Tim 5,23), se refería a que la predicación de la palabra y el gobierno de las almas necesita madurez, más que años, de experiencia de Cristo y de su amor, y larga labor y asídua del Espíritu Santo. En consonancia con estas experiencias, el P. Garrigou Lagrange aporta este refrán: ?Los novicios, parecen santos, y no lo son. Los padres jóvenes, ni lo parecen, ni lo son. Refiriéndose a la visión plena del misterio de Cristo y a la maduración bajo la acción de su Dones y la donación de sus frutos. Y termina San Pablo diciendo en otro lugar: ?Que el elegido no sea neófito, no sea que dominado por el orgullo venga a caer en la condenación del diablo" (1 Tim 3,5). ¡Cuántos se habrán apartado de la Iglesia por la poca preparación y madurez de los cristianos! ¡Y cuántos no han dado todo el rendimiento a la comunidad eclesial por la escasa humildad de los que se colocaron en primera línea, cuando debieron quedarse en la penumbra de la oración de principiantes, habiendo conseguido con sus artes estratégicas, ser como Nicodemo, maestros de Israel, cuando  sólo servían para herreros o debastadores, metiéndose a tallistas y a artífices de virtudes, sin tener preparación ni experiencia ni doctrina para ello, como dice San Juan de la Cruz, en su Llama de amor viva!

12. Y, como colofón de la doctrina del amor, que nos llena de esperanza filial, leemos hoy el salmo 102: ?La misericordia del Señor dura siempre, no es voluble, hoy te quiero, ya no te quiero, porque es compasivo y misericordioso?. Corazón de Jesús en Vos confío. En tu amor eterno. Amén.  Esta fiesta seremonta a 1675 después de las apariciones de Jesús a Santa Margarita María de Alacoque, en que la Santa recibió el pedido del Señor que se extendiera la comunión frecuente, especialmente los primeros viernes de cada mes, y quese dedicase esta fiesta para glorificar a su Corazón. Con el símbolo del Corazón humano de Jesús se considera ante todo el Amor eterno y personal de Dios por cada hombre en la tierra. La plenitud del amor de Dios por los hombres, que se anticipa en el pasaje de Ezequiel del Antiguo Testamento de la misa de hoy,  se manifiesta en su plenitud con el envío de la Segunda Persona a salvarnos. En el Evangelio, en forma constante Jesús nos revela el amor de Dios a cada hombre. En la parábola de la oveja perdida  Jesús nos muestra el amor personal de Dios por esa persona única, original e irrepetible que somos cada uno de nosotros. Con la ayuda del Espíritu Santo, vamos a tratar hoy de entender un poco más ese amor que Dios tiene por nosotros, reflexionado sobre la persona de Jesús, su vida y sus hechos. El Corazón de Jesús, un corazón hecho de carne y que rebalsa de sentimientos humanos, fue el instrumento elegido por Dios para expresarnos su amor infinito.

 

Esta es la razón por la que profesamos culto al Sagrado Corazón. No podemos

llegar al Corazón de Dios sino pasando por el Corazón de Cristo. El mismo afirmó: Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida. Los evangelios nos muestran la manera con que Jesús amó durante su vida en la tierra. Repetidas veces leemos que los evangelistas nos dicen que el Señor tenía compasión por su pueblo, que tenía compasión del ellos porque eran como ovejas sin pastor. Que el Señor se llenó de alegría por el éxito de la primera salida evangelizadora de los apóstoles. Que llora con la muerte de Lázaro. Que a Jesús no le era indiferente que unos leprosos no volvieran a darle gracias después de haber sido curados. Que experimentó una inmensa alegría de ver que alguno se arrepentía de sus pecados  y le seguía.

 

Poco antes de celebrar la Ultima Cena, al pensar que se quedaría siempre con nosotros mediante la institución de la Eucaristía, dijo a sus apóstoles: Ardientemente he deseado comer esta Pascua con vosotros, antes de padecer. Dios nos ama individualmente a cada uno de nosotros. Dios me ama. Y el apóstol San Juan escribió: Amemos pues a Dios, ya que Dios nos amó primero. Jesús se dirige a cada uno de nosotros con la misma pregunta que le hizo a Pedro: Simón, hijo de Juan, ¿me amas más que estos?... Hoy es el momento para responder como Juan: "Señor, Tu lo sabes todo, sabes que te amo" y pidámosle a María que nos ayude a aumentar cada día ese amor. Ama, y haz lo que quieras, dice San Agustín Si callas, callarás con amor. Si gritas, gritarás con amor. Si corriges, corregirás con amor. Si perdonas, perdonarás con amor. Si está dentro de ti la raíz del amor, ninguna otra cosa sino el bien podrá salir de tal raíz. Pidamos al Sagrado Corazón de Jesús que Él que es el amor, venga a habitar en nosotros y nos enseñe a amar.

 

        Desde la cruz redentora,

        el Señor nos dio el perdón,

        y, para darnos su amor,

        todo a la vez, sin medida,

        abrió en su pecho una herida

        y nos dio su corazón.

 

        Santa cruz de Jesucristo,

        abierta como dos brazos:

        rumbo de Dios y regazo

        en la senda del dolor,

        brazos tendidos de amor

        sosteniendo nuestros pasos.

 

        Sólo al chocar en las piedras

        el río canta al Creador;

        del mismo modo el dolor,

        como piedra de mi río,

        saca del corazón mío

        el mejor canto de amor. Amén