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SOLEMNIDAD DEL SAGRADO CORAZON DE JESÚS UN CORAZÓN TRASPASADO 15 de junio de 2007 |
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Autor: Jesus Marti Ballester |
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1. Deuteronomio significa erróneamente Segunda Ley, pero en realidad, es
el libro que recoge compilados los últimos discursos de Moisés antes de
despedirse de su pueblo, viendo cercana la muerte. Viene a ser como la última
actividad de Moisés, realizada, en las
desiertas estepas de Moab, desde donde veía la tierra prometida a la
que sabía que no tenía que entrar. El gran luchador por la tierra, sólo podrá
verla con sus ojos, pro no entrará en ella, ni la poseerá. ¡Les ha pasado a
tantos!... La estructura del Deuteronomio está formada por las últimas
palabras, exhortaciones y advertencias de Moisés al pueblo que ha dirigido
cuarenta años y con el que ha pasado de todo: Dolores y glorias. Críticas,
fracasos y desconcierto. Pero, sobre todo, esperanza. Como cualquier jefe
espiritual que ama a su pueblo con fuerza y desea enderezar sus caminos, ha
tenido que llorar sus extravíos, su furia, su crítica y su malediciencia.
Este libro viene pues a ser como el colofón que culmina la obra de Moisés,
pero debe ser leído como fruto y condensación de un devenir que sobrepasa su
obra, en la que los mejores de sus teólogos y sabios han reflexionado y dado
testimonio de la madurez de un pueblo, lo que lo constituye en la predicación
de un mensaje para su futuro. San Padre Pedro Poveda, que eligió para dirigir
la Institución Teresiana, en tiempos aciagos, a Josefa Segovia, trazó un
retrato muy elogioso de su persona, pero opino que, como buen pedagogo que
era, aunque destacó las virtudes de la Primera Directora, lo que pretendió es
dejar a las futuras teresianas, el espejo y el modelo en que debían mirarse.
Algo semejante ocurre con el Deuteronomio. Moisés ha querido dejar un espejo
donde ha de mirarse el pueblo del Señor. 2. “El Señor se enamoró de vosotros, por puro amor de él” Deuteronomio
7,6. Ni eran los más poderosos ni los más numerosos de la tierra conocida. No
tenían ningún motivo que alegar para probar la predilección de Dios y su
elección. Dios ama porque ama. Dios crea el amor. Porque sabe que puede
romper el cántaro, reconstruirlo, embellecerlo. Dios es como un maestro que
tiene sabiduría de sobra para enseñar a su pueblo y suplir sus ignorancias y
elevarle de nivel de sabiduría, hasta por ósmosis, por la acción del Espíritu
Santo. Dios por Jesús, amó a su pueblo, ¿no lloró antes de morir, a la vista
del Templo de Jerusalén, símbolo de su identidad? (Lc 19,41). Principalmente
lloraba por su ciudad, pero también por todos los pueblos de la tierra, a
quienes tenía que alcanzar la Redención. 3. Pero a la vez que les manifiesta esta declaración de amor, eleva
con ella al pueblo. Sí, ya se que el pueblo zafio y primitivo no va a
apreciar esa elección y se va a prostituir con otros ídolos, pero al menos,
alguien comprenderá y será agradecido. Diez justos pudieron salvar a Sodoma.
Y desde luego, para todos es un estímulo saber que Dios le ha preferido, le
ha amado, le sigue amando. Esa fidelidad seguramente le llenará más y le
reconducirá a Dios, más que la recriminación y el castigo. 4. Y para que entre por los ojos de sus hijos, Dios actúa como
cualquier muchacho enamorado. En los jardines y en los árboles más gruesos,
hemos visto cientos de veces dos iniciales dentro de un corazón roto por una
flecha. ¿Quién puede medir la tensión apasionada con que fueron taladrados
aquel corazón y aquellas iniciales y aquella flecha? Allí se encerraba toda una
vida, toda una ilusión, todo un enamoramiento, que después de haber sido
dicho y manifestado con ardientes palabras, no se ha saciado y lo graba, lo
esculpe, lo deja allí a la vista de todo el mundo. El muchacho o la muchacha
han escrito allí con sangre su amor. 5. Cuando el mundo se había enfriado, Dios llamó a una mujer
visitandina en Paray-le- Monial y le enseñó un corazón, como aquel del árbol,
pero éste vivo, y con una llaga ancha y profunda, chorreando sangre y
coronado de espinas y en el Terminal de la aorta una hoguera llameante. Y a
la vista de ese corazón salido de su pecho, le dijo estas palabras: “Mira el
corazón que tanto ha amado a los hombres y que a cambio sólo recibe de ellos,
ofensas, injurias y pecados. ¿Quieres consolarlo tú?”. Estas fueron las
palabras del Corazón de Jesús a Santa Margarita María de Alacoque. El Vicario
de Cristo encargó a la Compañía de Jesús con el Padre Claudio de La
Colombiere, director espiritual de la Santa, predicar y extender la devoción
al Sagrado Corazón. 6. “Cargad con mi yugo y aprended de mí, que soy manso y humilde de
corazón” Mateo 11,25. Como los semitas, sitúa Jesús la fuente de la vida
emotiva, afectiva y sentimental en el corazón. Y en el suyo vive la
mansedumbre, contraria a la cólera y al frenesí y a la aspereza. Ha querido
describir una antítesis entre la persona y actitud de los jefes religiosos de
Israel y la suya propia, tan humana y humilde y misericordiosa. Vive también
la humildad, contraria igualmente al modo de proceder altanero y soberbio de
los fariseos que, se las sabían todas, y que juzgaban al pueblo, no ya como
un menor de edad, sino como unos malditos: “Esos malditos que no conocen la
ley” (Jn 7,49). Y su magisterio estaba lleno de soberbia, y no buscaba otra
cosa que “la vanagloria de su sabiduría unos de otros” (Jn 5,44); de donde
nacía el despotismo y las palabras ásperas e iracundas con que trataban a las
gentes que no admitían sus mandatos y que iban por otros caminos, como Jesús,
a quien odiaban porque no se sometía a sus interpretaciones y a su visión
religiosa, que ellos creían infalible. Junto a este defectos pecaban de
pormenizadores y minuciosos,
quisquillosos. “Que no es nada quisquilloso mi Dios”, decía la Santa
de Ávila. “Colaban el mosquito y se tragaban el camello”. Era un
contrasentido su magisterio: “Están sentados en la cátedra de Moisés, pero no
hagáis lo que ellos hacen” (Mt 23,3). Una cosa es predicar y otra dar trigo.
Orgullosos y autosatisfechos de su ciencia, su rabinismo secaba el alma,
quedaba en obras exteriores, era incapaz de entusiasmar. La ciencia hincha
sin humildad: Pietas sine scientia, inutilem facit, sciencia sine pietate,
supebum facit.. Por el contrario, aceptando el yugo del Señor, se hace ligera
la carga y suave el yugo, porque el evangelio, promovido por el Espíritu
Santo, es descanso del alma. Lo duro se ablanda, lo tieso se enternece, el
amor todo lo allana. “Donde se ama, no se trabaja y si se trabaja, se ama el
trabajo”. El Espíritu de Jesús y del Padre lava lo que está manchado, pone
paz donde hay guerra, hace humilde al soberbio, en fin llena a la persona del
Espíritu de Cristo. Hay personas que piensan ser de Cristo, pero no tienen
sus sentimientos de reconciliación y misericordia, amor y dulzura, paciencia
y magnanimidad, rechazan cualquier corrección y guardan resentimientos contra
los encargados de enderezarles por el camino de la virtud, dándose de
espirituales. A los tales, les dice San Pablo: “El que no tiene el Espíritu
de Cristo no es de él” (Rm 8,9). 7. Creo que es oportuno que nos preguntemos, si nuestra práctica
religiosa, no ha decaído en el rabinismo, porque entonces tendríamos la
explicación de la esterilidad de la comunidad cristiana, sobre todo, en
cuanto a vocaciones de consagrados. Me da la impresión de que se ha hecho una
religión tan Light, que ha perdido su mordiente y atractivo. Se ha relegado
al Espíritu Santo a la sombra. No se hace oración y cuando no se ora el
Espíritu Santo se ausenta, dijo el teólogo protestante Oscar Cullman. La doctrina
del Concilio y las Encíclicas de los Papas, sobre todo de Juan Pablo II,
yacen empolvadas en los archivos y la doctrina primorosa, se predica en muy
limitados círculos eclesiales. La delicadeza del amor de Cristo, la herida de
su costado, las filigranas del amor, están de modas y a todo lo que se aspira
es a tener un neófito más: “¡Ay de vosotros, escribas y fariseos hipócritas,
que recorréis mares y tierras para hacer un prosélito y, cuando llega a
serlo, lo hacéis hijo de la gehena dos veces más que vosotros” (Mt 23,15).
Dejan el mundo y en el monasterio se encuentran con mil mundos, demonios y
carnes”, escribe Santa Teresa. 8. No podía ser de otra manera. Si Dios es amor, y Jesús es la
encarnación del amor movido por el Espíritu Santo, que es el Amor personal de
ambos, que los textos de la liturgia del Corazón de Jesús, no respirasen amor
que dilata el corazón, y nos ambienta en el Espíritu y en su Ley de amor, que
es la única que nos engrandece, y no las vanidades y los títulos. La dureza
no cabe en el amor de Cristo, ni el espíritu de revancha, ni la llamada
“placer de dioses”, la venganza, la represalia, el desamor, la envidia, el
odio, y el espíritu de carne del amor propio y del resentimiento. Claro que
hay que luchar porque en nuestro interior hay dos fuerzas antagónicas que
guerrean: la de la carne y la del Espíritu, como señala San Pablo: “La carne
lucha contra el espíritu, y el espíritu contra la carne...Y las obras de la
carne son manifiestas: fornicación, impureza, lujuria, idolatría, hechicería,
enemistades, disputas, celos, iras, disensiones, divisiones, herejías,
envidias, homicidios, embriagueces y otras cosas semejantes” (Gal 5,17). 7. También la 1ª carta de San Juan, que tras la afirmación maravillosa
de “Dios es amor”, manifestado en el envío a la cruz a su Hijo, y que el que
ama es de Dios, y el que no ama, no ha conocido a Dios deduce de ese
principio fundamental que nos debemos amar unos a otros. Cuando San Pablo le
advierte a su discípulo Timoteo: “No impongas a nadie las manos sin la debida
consideración, para no hacerte partícipe de los pecados ajenos” (1 Tim 5,23),
se refería a que la predicación de la palabra y el gobierno de las almas
necesita madurez, más que años, de experiencia de Cristo y de su amor, y
larga labor y asidua del Espíritu Santo. En consonancia con estas
experiencias, el P. Garrigou Lagrange aporta este refrán: “Los novicios,
parecen santos, y no lo son. Los padres jóvenes, ni lo parecen, ni lo son”.
Refiriéndose a la visión plena del misterio de Cristo y a la maduración bajo
la acción de su Dones y la donación de sus frutos. Y termina San Pablo
diciendo en otro lugar: “Que no sea neófito, no sea que dominado por el
orgullo venga a caer en la condenación del diablo” (1 Tim 3,5). ¡Cuántos se
habrán apartado de la Iglesia por la poca preparación y madurez de los
cristianos! ¡Y cuántos no han dado todo el rendimiento a la comunidad
eclesial por la escasa humildad de los que se colocaron en primera línea,
cuando debieron quedarse en la penumbra de la oración de principiantes, y se
colocaron como Nicodemo como maestros de Israel, sirviendo sólo como herreros
o desbastadores y se metieron a tallistas sin tener preparación ni
experiencia para ello, como dice San Juan de la Cruz en su Llama de amor
viva!! 8. Del Dios poderoso del Sinaí al Dios débil y humillado de la Cruz.
Pero he ahí que el Dios que los judíos nunca pudieron comprender que tuviera
un Hijo, Jesús, se convierte en un Dios débil y humillado, anonadado. Vendido
por Judas, negado por Pedro, juzgado por el Sanedrín, por Herodes y Pilato,
preferido por los judíos a Barrabás, un bandido, abofeteado, azotado,
escupido por los soldados, coronado de espinas, abochornado y burlado con un
manto escarnio de púrpura, mofado como rey de burla, pedido para ser
crucificado. Condenado a muerte, escarnecido en la Cruz, insultado por los
ladrones y por los Sumos Sacerdotes: "Si eres hijo de Dios, sálvate y
baja de la Cruz". Movían la cabeza. Ha salvado a otros y a sí mismo no
se puede salvar. El Dios Jesús callaba. Ofrecía su mejilla a los que le
golpeaban y soportaba que se mofasen de él. Y Dios muere, no con una muerte
heroica y grande, sino humillante y dolorosa, escandalosa. Muere crucificado,
tormento horrible, condena de esclavos.
9. La inspiración del gran poeta ha intuido la inmensa e infinita
angustia del hombre Jesús: "El subía bajo el follaje gris, - todo gris y confundido con el olivar, - y metió su frente llena de polvo - muy dentro de lo polvoriento
de sus manos calientes”. (Rilke). El velo del Templo se rasgó. Ante la debilidad espantosa de Dios, debe
rasgarse también nuestro concepto del Dios del Antiguo Testamento. Debemos
aceptar a un Dios humillado, que se encarna en la debilidad humana y que
quiere ser el servidor de todos y el que está en los pequeños, en los sin
cultura, en los marginados y en los torturados de todas las sociedades:
"lo que hacéis a uno de mis pequeños, a mí me lo hacéis". Si no se
penetra en la mística terrible del Mysterium iniquitatis se comprende un poco
que se admita la muerte de Jesucristo como consecuencia sola de la voluntad
perversa de los que no le admitieron, y hasta lo crucificaron, lo que
considerarían como una circunstancia malhadada o un accidente laboral, un
desentonar con la corriente, pero en ese caso, no sé qué exégesis correcta
podrán hacer del texto revelado de la carta a los Hebreos 10,1-18: “Porque no teniendo la ley más que la
sombra de los bienes futuros, y no la realidad misma de las cosas, no puede
jamás por medio de las mismas víctimas, que no cesan de ofrecerse todos los
años, justificar a los que llegan al altar y sacrifican; si justificaran hubieran cesado ya de
ofrecerlas, pues, purificados una vez, no tendrán ya pecado; pero todos los
años al ofrecerlas se hace conmemoración de los pecados; porque es imposible
que con sangre de toros y de machos cabríos se borren los pecados. Por eso el
Hijo de Dios al entrar en el mundo dice a su Padre: Tú no has querido
sacrificio, ni ofrendas; mas a mí me has dado un cuerpo mortal; holocaustos
por el pecado no te han agradado. Entonces dije: Heme aquí que vengo, según
está escrito de mí al principio del libro para cumplir, ¡oh Dios!, tu
voluntad. Al decir: Tú no has querido, sacrificios, ofrendas y holocaustos
por el pecado, y añadiendo: Heme aquí que vengo, ¡oh mi Dios!, para hacer tu
voluntad; está claro que abolió estos últimos sacrificios, para establecer
otro, que es el de su cuerpo. Por esta voluntad, pues, somos santificados por
la oblación del cuerpo de Jesucristo hecha una vez sola. Y ya nunca jamás me
acordaré de sus pecados, ni de sus maldades. Cuando quedan perdonados los
pecados, ya no es necesaria la oblación por el pecado. Teniendo la firme
esperanza de entrar en el lugar santísimo del cielo, por la sangre de Cristo,
con la cual nos abrió camino nuevo de vida para entrar por su carne; teniendo
el gran sacerdote, Jesucristo, acerquémonos a él con sincero corazón”. 11. Tanto dolor soportado por el Corazón de Jesús, corresponde a tanto
amor ¿Por qué tanto dolor, Señor? ¿Por qué tanta humillación? Tantas
palabras, tanta formación, tantos desvelos, tanto amor malbaratado, tanta
angustia y zozobra, pobreza y sufrimiento, cobardía y mediocridad, ¿Por qué
tanta tibieza en defender lo que sabes que es la verdad, cuando tienes tantas
energías, oh cristiano, para ponerte,
como dices, en tu sitio cuando tu amor propio te empuja? ¿Por que tanta
sangre, Señor? ¡Qué gran amor el tuyo y el de tu Padre, que te entrega para
que participemos de vuestra vida trinitaria y feliz por siempre! Te adoramos,
Cristo y te bendecimos porque por tu santa Cruz has redimido al mundo. 12. CONGRESO INTERNACIONAL Los días En el congreso participaron monseñor Lluís Martínez Sistach,
arzobispo metropolitano de Barcelona; monseñor Brunero Gherardini, canónigo
de la Basílica de San Pedro del Vaticano y postulador de la causa de
canonización del beato Pío IX; monseñor Joan Enric Vives, obispo de Urgell y
copríncipe de Andorra; y los cardenales Albert Vanhoye SJ, rector emérito del
Pontificio Instituto Bíblico de Roma y el cardenal Salvatore De Giorgi,
miembro del Comité de Presidencia del Consejo Pontificio para la Familia. Ha
sido clausurado por el arzobispo Manuel Monteiro de Castro, nuncio apostólico
del Papa en España. Enrique Martínez, coordinador del Congreso, ha expuesto
el sentido de esta devoción. Un
congreso sobre el Corazón de Jesús no es habitual. ¿Qué objetivos se
proponen? El Papa Benedicto XVI nos ha recordadoque «sigue en pie la
tarea siempre actual de los cristianos de continuar profundizando en su
relación con el Corazón de Jesús». Pues esto es lo que pretende el Congreso,
ayudar a difundir el culto al Sagrado Corazón. El Papa Pío XII lo explicó muy bien en su encíclica «Haurietis
Aguas», cuyo cincuentenario recordó el Papa Benedicto XVI: «El costado
traspasado del Redentor es la fuente a la que nos invita a acudir la
encíclica “Haurietis aquas": debemos recurrir a esta fuente para
alcanzar el verdadero conocimiento de Jesucristo y experimentar más a fondo
su amor». La celebración de la fiesta del Sagrado Corazón de la cual
conmemoramos 150 años de su instauración por el Beato Pío IX ha sido, junto
con la práctica de la consagración al Corazón de Jesús y de los primeros
viernes, el medio más eficaz de difusión de este culto, calificado audazmente
por Pío XII como «la más completa profesión de la religión cristiana». En «Deus
caritas est» el Papa habla cinco veces del costado abierto o del
corazón traspasado de Cristo. El padre Martínez Camino tuvo una ponencia en el Congreso sobre este
tema, explicando que esta encíclica es «una sugerente y bella reflexión sobre
Dios en cuanto Amor que posibilita y pide amor, delineando una especie de
programa, ciertamente inmenso: recordar de nuevo a los católicos que son
portadores de una gran alegría para el mundo: Dios se ha hecho visible, ha
mostrado su corazón: “Dios es amor”». El
hecho de incluir una conferencia sobre el Sagrado Corazón y los nuevos
movimientos eclesiales es síntoma de la importancia que éste tiene en el
momento actual La nueva evangelización en este inicio del tercer
milenio debe confiar en la fuerza evangelizadora del amor del Redentor y
mostrar el signo visible de ese amor: su Corazón traspasado. Esa ha sido la
clave de la Iglesia a lo largo de su historia, y lo sigue siendo ahora. Las
formas de hacerlo podrán ser muy variadas y adaptadas a cada época y lugar,
pero lo esencial sigue siendo lo mismo: consagrarse al Corazón de Jesús,
responder con amor a su amor, mostrarlo a los demás por medio de la caridad
fraterna, de la misericordia. Y la familia se revela un lugar privilegiado
para esta evangelización, pues ella se manifiesta precisamente como fuente de
vida. Como afirmaba el Papa Juan Pablo II: «Frente a la tarea de la nueva
evangelización, el cristiano que, contemplando el Corazón de Cristo, Señor
del tiempo y de la historia, se consagra a él y a la vez consagra a sus
hermanos, se redescubre portador de su luz». El domingo 3 de junio, en el
Templo del Tibidabo, se realizó una consagración de las familias al Corazón
de Jesús, encomendando a todas las familias del mundo, que realizó el
cardenal Salvatore de Giorgi, en representación del Pontificio Consejo para
la Familia. Ésta es fuente de vida natural, y hoy es la más acosada por la
cultura de muerte que antes mencioné; por eso es urgente que las familias
pongan su confianza en quien quiso iniciar la Redención en el seno de una
familia. 12. Como colofón de la doctrina del amor, que nos llena de esperanza
filial, leemos hoy el salmo 102: “La misericordia del Señor dura siempre, no
es voluble, hoy te quiero, ya no te quiero, porque es compasivo y
misericordioso”. Corazón de Jesús en Vos confío. En tu amor eterno. Amén. JESUS MARTI BALLESTER. |
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JESUS MARTI BALLESTER |
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Pedro Sergio Antonio Donoso Brant |
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