SAN CORNELIO PAPA Y SAN CIPRIANO OBISPO

Autor: JESUS MARTI BALLESTER

16 DE SEPTIEMBRE

 

ELECCION DEL PAPA CORNELIO

Año 253. Roma. Gobierna el emperador Decio. Fallece el Papa Fabián. El cristianismo es una viña joven que vive en la encrucijada de elegir un Pastor. El principal interlocutor del clero de Roma durante el interregno de Fabián era Novaciano, Cuando se atenuó el acoso de la persecución, fue posible elegir al nuevo papa. La elección que hizo la inmensa mayoría recayó sobre Cornelio, romano. Cornelio mostró una actitud conciliadora con los cristianos que habían apostatado durante la persecución de Decio, llamados lapsos, que pedían ser readmitidos à la comunión de la Iglesia. Novaciano no tenía misericordia. Esta circunstancia y el influjo de Cipriano, obispo de Cartago  que presentó a Cornelio como un hombre sin ambiciones y que había pasado a través de todos los grados del servicio eclesiástico, decidieron la elección, que según el testimonio de Cipriano-, «no por su capacidad de iniciativa, sino por su humildad, prudencia y bondad». Cornelio va a presidir en la caridad la Iglesia.  Un Pontífice que es fuerte como un cuerno, como señala su nombre excelso: CORNELIO.

NOVACIANO ANTIPAPA

Desilusionado Novaciano por no haber sido elegido él, sufrió una crisis y en contraste con el papa por la cuestión de los lapsi promovió un cisma que se extendió hasta España, Armenia y Mesopotamia, y que continuó, en comunidades aisladas, más allá del siglo quinto. Novaciano, que esperaba ser sucesor de Fabiano, se hizo consagrar obispo y se proclamó Papa. El segundo antipapa de la Iglesia inició, con un pequeño grupo de seguidores, un verdadero cisma. Trabajó con energía y habilidad para hacerse reconocer como obispo por las principales Iglesias. Pero, con la ayuda de Cipriano de Cartago y Dionisio de Alejandría, el papa venció la oposición novaciana y convocó un sínodo en Roma, donde se reeunieron 60 obispos y clero, y Novaciano y sus seguidores fueron excomulgados. Desoyó Novaciano las voces que le insistían en reconciliarse con Cornelio y escribió cartas à las otras Iglesias sobre el problema del cisma, incluso dirigió una a Eusebio de Cesárea, en que presenta una estadística detallada, de gran valor histórico, sobre el clero de la Iglesia de Roma.

UN PONTIFICADO AMARGO

Fue amargo el Pontificado de Cornelio por la rebelión de Novaciano que proclamaba que la Iglesia Católica no tenía poder para perdonar pecados y que, por lo tanto, el que hubiera renegado de su fe, nunca podía ser admitido en la Santa Iglesia. El hereje afirmaba también que la fornicación, la impureza y el adulterio, no podían ser perdonados jamás. El Papa Cornelio se le opuso y declaró que si un pecador se arrepiente y quiere empezar una vida nueva de conversión, la Iglesia puede y debe perdonarle sus pecados y admitirlo a la comunión de los fieles. Los consuelos le llegaron de San Cipriano desde África y de todos los obispos de occidente. Cuando en junio del 252, bajo el emperador Treboniano Gallo, se reanudó la persecución, Cornelio fue arrestado y desterrado a Civitavecchia, donde recibió una carta de aliento y felicitación de Cipriano.. Murió en el destierro en junio del año siguiente. Su cuerpo fue trasladado a Roma y sepultado en las criptas de Lucina en las catacumbas de San Calixto. La inscripción sobre su tumba es el primer epitafio papal que se conserva.

SAN CIPRIANO. OBISPO DE CARTAGO Y MÁRTIR. AÑO 258.

Este fue el Santo más importante de África y el más brillante de los obispos de ese continente, antes de que apareciera San Agustín. Había nacido en el año 200 en Cartago, norte de África y se dedicó a la labor de educador, conferenciante y orador público. Tenía una inteligencia privilegiada, una gran habilidad para hablar en público, y una personalidad brillante y simpática que le conseguía un impresionante ascendiente sobre los demás. Llegado a la mayoría de edad se convirtió al cristianismo por el ejemplo y las palabras de un santo sacerdote llamado Cecilio. Se bautizó y una vez bautizado hizo el juramento de no contraer matrimonio. A las gentes les llenó de admiración tal voto o juramento, porque esto no se acostumbraba en aquellos tiempos.

AMOR A LA BIBLIA

Desde su conversión, descubrió Cipriano que la Biblia contiene tesoros maravillosos de buenas enseñanzas y se dedicó con toda su brillante inteligencia a estudiar este Libro Santo y a leer los comentarios que los antiguos santos habían escrito, sobre la Sagrada Escritura. Sacrificólas lecturas de sus literatos mundanos que tanto le gustaban, y ya nunca citará ni una sola frase de un autor que no sea cristiano católico. Escribió un comentario sobre el Padrenuestro, tan bello, que hasta ahora no ha sido superado por otro autor.

ORDENADO SACERDOTE

Fue ordenado sacerdote, y en el año 248 al morir el obispo de Cartago, el pueblo y los sacerdotes aclamaron a Cipriano como el más digno de ser el nuevo obispo de la ciudad. El se resistía y quiso esconderse, pero se dio cuenta de que era inútil oponerse al querer popular y aceptó tan importante cargo, diciendo: "Creo que Dios ha expresado su voluntad por medio del clamor del pueblo y de la aclamación de los sacerdotes". Y llegó a ser el más importante de todos los obispos de Cartago.

PERFIL DE CIPRIANO

Un escritor de ese tiempo dejó este retrato de la bondad y venerabilidad de Cipriano: "Era majestuoso y venerable, inspiraba confianza a primera vista y nadie podía mirarle sin sentir veneración hacia él. Tenía una agradable mezcla de alegría y venerabilidad, de manera que los que lo trataban no sabían qué hacer más: si quererlo o venerarlo, porque merecía el más grande respeto y el mayor amor".

NUEVA PERSECUCION DE DECIO

En el año 251 el emperador Decio decreta una terrible persecución contra los cristianos. Le interesaba sobre todo acabar con los obispos y destruir los libros sagrados. Y para destruir la religión más eficamente invitó a todos los que quisieran renegar de la religión cristiana a quemar incienso a los dioses y con eso quedaban perdonados. Muchísimos cayeron en esta trampa, para no perder sus bienes, su libertad y su vida, quemaron incienso a las imágenes de los ídolos paganos, y renegaron de la religión. El mal fue inmenso.

Cipriano, con gran prudencia, viendo que lo que primero buscaban esra acabar con los jefes de la Iglesia, huyó y se escondió, pero desde su escondite envíaba continuas cartas a los fieles invitándolos a no abandonar la religión por nada en la vida. Los paganos recorrieron las calles de Cartago gritando: "Pedimos que Cipriano sea echado a los leones". Pero no lo lograron encontrar para echarlo a las fieras.

PERIODO BREVE DE PAZ

Hubo un corto período de paz y Cipriano volvió a su cargo de obispo. Pero encontró que algunos aceptaban sin más en la Iglesia a los que habían apostatado, sin exigirles hacer penitencia de ninguna clase. Se opuso a esta relajación y en adelante a todo renegado que quiso volver a la Iglesia le exigió que hiciera antes cierto tiempo de penitencia. Así preparaba a los creyentes para que en las próximas persecuciones no se dejaran dominar por el miedo y no renegaran tan fácilmente de su fe. Muchos se oponían a esta severidad, pero era necesaria para prevenir el peligro de apostasías en la próxima persecución que ya se avecinaba. Y sucedió que cuando llegaron las más horrorosas persecuciones, los cristianos prefirieron morir antes que quemar incienso a los dioses de los paganos. Y fueron mártires gloriosos.

LA PESTE

El año 252, llega la peste de tifus negro a Cartago y empiezan a morir cristianos por centenares y quedaban miles de huérfanos. El obispo Cipriano se dedicó a repartir ayudas a los que habían quedado en la miseria. Vendió todo lo más valioso de su casa episcopal, y pronunció unos de los sermones más bellos que se han compuesto en la Iglesia sobre la limosna. Todavía hoy al leer tan emocionantes sermones, siente uno un deseo inmenso de dedicarse a ayudar a los necesitados. Sus oyentes se conmovieron al escucharle tan impresionantes enseñanzas y fueron generosísimos en auxiliar a las víctimas de la epidemia.

PERSECUCION DE VALERIANO

El año 257 el emperador Valeriano decretó una violentísima persecución contra los cristianos. Pena de destierro para todo creyente que asistiera a un acto de culto cristiano, y pena de muerte para cualquier obispo o sacerdote que se atreviera a celebrar una ceremonia religiosa. A Cipriano le decretan en el año 157 pena de destierro, pero como donde va sigue celebrando la liturgia, en el año 258 le decretan pena de muerte. Se conservan las actas de la última audiencia de los jueces para condenarlo al martirio. Son muy interesantes. Dicen así:

PROCESO DE CIPRIANO

Dice el juez: El emperador Valeriano ha dado órdenes de que no se permite celebrar ningún otro culto, sino el de nuestros dioses. ¿Ud. qué responde?

Responde Cipriano: Yo soy cristiano y soy obispo. No reconozco a ningún otro Dios, sino al único y verdadero Dios que hizo el cielo y la tierra. A El rezamos cada día los cristianos.

El 14 de septiembre una gran multitud de cristianos se reunió frente a la casa del juez. Este le preguntó al mártir: "¿Es usted el responsable de toda esta gente?

- Si, lo soy. 

-El emperador le ordena que ofrezca sacrificios a los dioses.

-No lo haré nunca.

-Píenselo bien.

-Lo que le han ordenado hacer, hágalo pronto. Que en estas cosas tan importantes mi decisión es irrevocable, y no va a cambiar.

El juez Valerio dictó la sentencia: "Ya que se niega a obedecer las órdenes del emperador Valeriano y no quiere adorar a nuestros dioses, y es responsable de que todo este gentío siga sus creencias religiosas, Cipriano: queda condenado a muerte. Le cortarán la cabeza con una espada". Al oír la sentencia, Cipriano exclamó:

-¡Gracias sean dadas a Dios!

Toda la inmensa multitud gritaba:

 -"Que nos maten también a nosotros, junto con él", y lo siguieron en gran tumulto hacia el sitio del martirio.

Al llegar al lugar donde lo iban a matar Cipriano mandó regalarle 25 monedas de oro al verdugo que le iba a cortar la cabeza. Los fieles colocaron sábanas blancas en el suelo para recoger su sangre y llevarla como reliquias.

EL MARTIRIO

Cipriano se vendó los ojos y se arrodilló. El verdugo le cortó la cabeza con un golpe de espada. Esa noche los fieles llevaron en solemne procesión, con antorchas y cantos, el cuerpo del glorioso mártir para darle honrosa sepultura.

A los pocos días murió de repente el juez Valerio. Pocas semanas después, el emperador Valeriano fue hecho prisionero por sus enemigos en una guerra en Persia y siguió prisionero hasta su muerte.

 

JESUS MARTI BALLESTER

www.jmarti.ciberia.es

jmartib@planalfa.es

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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