SAN FRANCISCO DE SALES

Obispo de Ginebra, y Fundador

El patrono de los periodistas

Autor: Jesus Marti Ballester

 

Sabio conocedor del poder de la prensa, escribía de día hojas clandestinas y las metía por debajo de las puertas, de noche. Esto, aparte de sus libros, ha merecido el premio de "patrono de los periodistas". Escribía como un ángel, de forma, que los franceses lo tienen entre sus clásicos de literatura. Su libro "Introducción a la vida devota", alcanzó cuarenta ediciones en vida del autor, y en aquellos tiempos. Un libro utilizado muchísimo tiempo como lectura espiritual. Al terminar el brillante examen que sostuvo el preboste Francisco de Sales, el Papa Clemente Vlll, le dirigió estas palabras del libro de los Proverbios: “Hijo mío, bebe el agua de tu cisterna, la que brota de en medio de tu pozo. Que se desborden por fuera tus arroyos y envíen corrientes de agua por las plazas” (Proverbios, 5, l5-l6).

EL AGUA DE SU CISTERNA

Tratado del Amor de Dios. Controversias serie de Meditaciones, “La defensa del estandarte de la Santa Cruz” “Filotea” Vida Devota, l, 39). “Las verdaderas pláticas espiritualeas” No pedir nada, no negar nada”. Sus Sermones se presentan de tres maneras diferentes: unos, enteramente escritos de su mano, son generalmente de los primeros años de su apostolado, y tienen lo que él mismo llamaba “excrecencias” o adornos que parecen excesivos. Los otros son esquemas más o menos detalladosde textos de la Escritura y de Padres de la Iglesia. Su “Carta sobre la Predicación”, dirigida a Andrés Fremyot, Arzobispo de Bourges y hermano de la baronesa de Chantal, nos entrega la concepción del Santo Doctor sobre esta materia: “¿Quién debe predicar? Aquel que ha recibido tal misión y que sabe hacerse capaz de ella por la doctrina y la virtud. ¿Con qué fin se debe predicar? Para hacer lo que hace Nuestro Señor mismo, para que los pecadores recobren la vida sobrenatural que han perdido y los justos la tengan en mayor abundancia. ¿Qué se debe predicar? La Biblia, los Padres, las vidas de los santos, y excepcionalmente el gran libro de la naturaleza, ‘como si se tratara de hongos’, citas y ejemplos profanos. ¿Cómo predicar? De manera de hacerse entender claramente al menos por los oyentes de mediana cultura, en un lenguaje con imágenes que ayude a hacerse comprender, y además simplemente y cándidamente, con amor y con devoción, de manera de inspirar confianza”. Más de dos mil cartas, al mismo tiempo que revelan el corazón del hombre y el alma del santo, le proporciona al teólogo otras tantas ocasiones de precisar su doctrina. “La Regla de San Agustín y las Constituciones para las Hermanas de la Visitación”, legislación que desde Clemente Xl hasta San Pío X han alabado a porfía los Papas por “su sabiduría, discreción y suavidad”. “Ordinario y Directorio” llamado “El molde de la Visitandina”. El Ejercicio de la mañana, la Preparación del día, el Recogimiento y el retiro espiritual, el Desasimiento y el perfecto abandono de sí mismo en las manos de Dios, etc., etc. . . Declaración mística sobre el Cantar de los Cantares.

EL OBISPO SABOYANO

Montañés de cuerpo entero, nacido en los Alpes, en el castillo saboyano de Sales. Familia exquisita. Estudia en la Sorbona, la universidad de París y en Padua. Canónigo de Annecy, obispo auxiliar de Ginebra, líder de debates con los protestantes, apóstol de la región de Chablais. Vuelve a París, trata con san Vicente de Paul, en todas partes se le recibe con entusiasmo.

LA LUCHA CONTRA SU MAL CARÁCTER

La dulzura de este hombre fue consecuencia de una lucha constante, de quien en su juventud tenía tan mal genio. Respecto a esto, es una constante en la biografía de todo santo su lucha ascética para conseguir autodominio. Esta virtud no se consigue de la noche a la mañana. Francisco tuvo que hacerse una enorme violencia por su fuerte carácter para hacerse y aparecer amable, delicado y bondadoso en el trato. Esa dulzura no le fue fácil conseguirla. San Francisco de Sales escribió: "No nos enojemos en el camino unos contra otros; caminemos con nuestros hermanos y compañeros con dulzura, paz y amor; y te lo digo con toda claridad y sin excepción alguna: no te enojes jamás, si es posible; por ningún pretexto des en tu corazón entrada al enojo". Es aquí donde entra San Francisco de Sales como modelo ejemplar de virtud. Su dulzura no era según la carne, falsa y aparente, fruto del deseo de agradar a los hombres y no a Dios. Era una dulzura verdadera, puesta a prueba en el crisol... dulzura que partía de su corazón injertado en el Corazón del Señor, que lo hacía tierno, misericordioso, y amable con los demás.

TESTIMONIO DEL PAPA PIO XI

Nos dice el Papa Pío XI que “se engañaría quien creyera que su dulzura era privilegio de su naturaleza. San Francisco por su temperamento era de carácter vivo, pronto a airarse, pero habiéndose puesto por modelo la imitación de Jesucristo manso y humilde de corazón, con la ayuda de la gracia y el dominio de sí mismo, consiguió reprimir y refrenar los movimientos de su carácter de tal manera que llegó a ser un vivo retrato del Dios de la paz y la dulzura.”

Él mismo admitía, y sus historiadores nos lo confirman, que tenía un temperamento fuerte, que era una persona iracunda. Sin embargo, a través de sus escritos vemos claramente reflejada esa dulzura que fue su carácter distintivo, y por la cual su espíritu libró grandes batallas. Ha pasado a la historia de la Iglesia como el Santo de la amabilidad, título que amerita por su vida ascética, y por su muerte al yo, viviendo a diario su respuesta de amor a Cristo. Nos dice Mons. Camus que al sacarle la hiel la encontraron convertida en 33 piedras, producidas por los esfuerzos heroicos que había tenido que hacer para vencer su temperamento tan inclinado a la cólera y al mal genio. He visto también , creo que era el hígado o el riñón, no los puedo ahora distinguir, de San José de Calasanz en el museo de su casa natal en Peralta de la Sal, Huesca, también solidificado en una pura piedra de tanto que le hicieron sufrir su propios hermanos.

EL CARÁCTER SE FORJA EN EL CORAZÓN

Lo dijo el Beato Papa Juan XXIII: La virtud se logra en una enorme labor durante años macerando el corazón. Francisco después de una ocasión en la que tuvo que reprender a un joven que maltrataba a su madre, dijo: “He temido perder en un cuarto de hora la poca dulzura que he trabajado en conseguir desde hace 22 años gota a gota, como el rocío en el vaso de mi pobre corazón... a la manera que una abeja tarda varios meses en hacer un poco de miel que un hombre consume en un bocado.” Y en otra oportunidad dijo: “Sentía hervir la cólera en mi cerebro como hierve el agua en un vaso que está sobre el fuego.”

EL CONOCIMIENTO DE SI MISMO

La clave, nos enseña San Francisco para adquirir las virtudes es conocerse a sí mismo. La mansedumbre y la humildad son el cimiento de la adquisición de todas las demás virtudes, pues sólo puede dominarse a sí mismo aquél que reconoce su flaqueza y está dispuesto a doblegar la voluntad. Asimismo, el domino sobre sí mismo hace al hombre abierto, acogedor y dulce para con los demás. No podemos trabajar en aquello que no vemos, y necesitamos humildad para ver, pues lo que necesitamos ver no es algo que necesariamente nos gusta ver: nuestro propio pecado. Aquél ciego a quien Jesús curó en sábado dijo a los fariseos: Me puso barro sobre los ojos, me lavé y veo (Jn 9, 15). Tenemos que permitir que el Señor ponga el barro de nuestro pecado ante nuestros ojos, luego lavar ese barro con el agua de la oración, la mortificación diaria, la penitencia, y esperar en Dios que podamos algún día ver como él vio. ¡Alegría, hermanos, si nos hemos convertido! Convertido del pecado a la gracia, de la tibieza, a la intimidad con Dios.

¡Cuánto más vivas en tí,

Menos vivirás en Dios!

A cada conversión corresponde una invasión de Dios, a cada abnegación, te inundará una oleada de vida divina. Llamados a vivir la vida trinitaria de Dios, no nos quedemos ni nos satisfagamos con nuestra pobreza miserable, si queremos vivir la alegría y la paz verdaderas y completas.

LA MIRADA EN CRISTO CRUCIFICADO

 ¿Qué veía San Francisco? Su mirada estaba fija en Cristo Crucificado. De hecho, culmina el Tratado del Amor de Dios, con un capítulo titulado: Que la palabra Calvario es la escuela del amor. Nos dice: “Vivid toda vuestra vida y modelad vuestras acciones sobre la cumbre del Calvario, y Dios os bendecirá.” Lo decía con la autoridad del que vive lo que aconseja. La dulzura de San Francisco no era innata, sino que la ejerció... Y la ejerció junto a todas las demás virtudes, situándose él mismo en la cumbre del Calvario, contemplando al que traspasaron. Él nos dice: “Seguid siendo amables, ved al Hijo de Dios. De cuántas contradicciones y murmuraciones no fue objeto... siendo como era tan santo, fue tenido por impostor, por samaritano poseído del demonio, y muchas veces tomaron piedras para apedrearle. Sin embargo, no maldijo a los que le maldijeron, devolvió bendición por maldición, poseyendo su alma en la paciencia.” Es éste el legado que nos deja a nosotras, un camino sólido de espiritualidad que radica en la contemplación de Cristo, y en la cooperación activa con la gracia del Espíritu que no escatima en derramarse en los corazones generosos como el suyo.

SOPORTAR LAS FLAQUEZAS DE NUESTRO PROJIMO

“El soportar las imperfecciones del prójimo es uno de los principales puntos del amor. En la cruz nos lo mostró Nuestro Señor, que tenía un corazón tan dulce para con nosotros y nos amaba tan tiernamente... ¡Qué miserables somos los mundanos, porque a duras penas podemos olvidar las injurias que se nos hacen! Por consiguiente, el que prevenga a su prójimo con bendiciones de dulzura, será el más perfecto imitador de Nuestro Señor.” La imitación de Cristo, su amor al Crucificado, era lo que le movía al vencimiento propio y a la adquisición de las virtudes. Contemplar a un Dios que nos ha amado hasta tal extremo, debe impulsarnos a la consolación y a la reparación. Y San Francisco nos enseña que nuestras debilidades y bajas pasiones nos dan una gran oportunidad para que yendo en contra de las mismas, las resistamos y podamos ofrecernos como sacrificios vivos. Nos dice: “Las rebeliones de nuestras pasiones: de la ira, de la sensualidad, de la concupiscencia, permite Dios que permanezcan en nosotros para que nos mantengamos en la humildad, y para que nos ejercitemos en la virtud resistiéndolas y no consintiéndolas de ninguna manera.”

LEVANTAR EL TEMPLO DEL ESPIRITU

“Nosotros queremos levantar un gran edificio, es decir, queremos edificar en nosotros la casa de Dios. Por consiguiente, consideremos muy maduramente, si tenemos bastante ánimo y resolución, para derribarnos y crucificarnos a nosotros mismos, o mejor dicho, para permitir a Dios que él mismo nos derribe y crucifique, a fin de que también él construya, para que seamos el templo vivo de su Majestad.”

Además nos recuerda que, “Las virtudes formadas en tiempo de prosperidad son, por lo común, flacas e inconstantes: pero las que crecen en medio de las aflicciones son siempre fuertes y duraderas.” Y también: “No nos suceda lo que dice el Salmo 106 sobre Moisés: Lo sacaron de sus casillas y dijo palabras indebidas. Las palabras duras que callamos, son nuestras esclavas. Las palabras indebidas que decimos son nuestras tiranas. Que nuestro hablar sea poco y amable, poco y dulce, poco y lleno de bondad.”

POR DEJARSE LLEVAR

San Francisco nos dice que la falta de dulzura, y la falta de amabilidad, “no proviene sino de que nos dejamos conducir por la propia inclinación, por las pasiones o afectos, pervirtiendo así el orden que Dios ha establecido en nosotros, según el cual todo debería estar sujeto a la razón.” Describe nuestra naturaleza: “inestabilidad, inconstancia, variaciones, cambios, ligerezas, que ahora me hacen ser fervorosa y amable, y poco después flojos y negligentes, ahora alegres, y luego melancólicos. Estoy tranquilo una hora y después inquieto dos días.” Obrando de este modo “nuestra vida transcurrirá en la desidia y en la pérdida de tiempo.” Qué triste, hermanos, que después de haber entregado la vida a Cristo, resulte que sea una vida de desidia y pérdida de tiempo."

San Francisco hablaba por experiencia propia: “Hay que bajar continuamente la cabeza, y marchar a contrapelo de vuestras costumbres e inclinaciones, encomendándoos a Nuestro Señor, y en todo y por doquier dulcificándoos, y no pensando casi en otra cosa sino en la búsqueda de esta victoria.” “¿Qué puedo deciros, sino lo que tantas veces os he dicho? Que sigáis vuestra vida ordinaria lo mejor que podáis con amor de Dios, haciendo siempre actos interiores y exteriores de amor, y sobre todo acomodando vuestro corazón hasta donde podáis a la santa dulzura y tranquilidad: dulzura con el prójimo, aunque sea molesto y enojoso; tranquilidad con vos mismo, aunque esté tentado y afligido.” “Sed siempre lo más amable que podáis, porque se recogen más moscas con una cucharada de miel, que con cien barriles de vinagre. Si es preciso caer en algún extremo, que sea en el de la dulzura.”

LA PAZ ES UNA CONQUISTA

Para San Francisco la dulzura fue una conquista, que le duró 22 años de una gran vigilancia, examinando su conciencia frente a la adquisición de dicha virtud, y como diría San Pablo: “con perseverancia en la oración y constancia en la tribulación” (Rom 12).

Se crece en las virtudes a través del esfuerzo. Todas ellas, a excepción de las teologales, son ejecutadas. Las cosas de Dios son activas, nada es pasivo... gota a   gota ....  siempre hacia delante.... Es posible llegar a tener un corazón puro, virtuoso, pues para eso murió Cristo en la Cruz, y para eso nos dejó el Espíritu Santo. Llegar a tener un corazón puro requiere dolor, mucha muerte al yo, pero como nos lo muestra el Santo de la amabilidad, es posible!

PARA RESUCITAR HAY QUE MORIR

Cristo sufrió y murió antes de resucitar. El camino ya está trazado. Fue el mismo que recorrió San Francisco, y es el mismo que tenemos nosotras por delante, no hay otro. Los discípulos camino de Emaús se decían: ¿Cómo puede ser posible que Jesús, el profeta poderoso en palabras y obras haya sido condenado a muerte y crucificado? Y qué les dijo el Señor?    Oh insensatos y tardos de corazón para creer todo lo que le dijeron los profetas! ¿No era necesario que Cristo padeciera eso para entrar así en su gloria? (Jn 24). Del mismo modo nosotras en nuestro diario caminar podemos decirnos: ¿Cómo puede ser posible que me cueste tanto el trato con tal persona? ¿Cómo puede ser posible que me cueste tanto la dulzura, la amabilidad, o cualquier otra virtud? ¿Cómo es posible que tal situación no cambie? ¿Cómo es posible que siga cayendo en el mismo pecado? Pero Jesús hoy nos dice lo mismo que dijo a aquellos caminantes, y nos lo dice dándonos el ejemplo de alguien para quien lo imposible se hizo posible en Cristo, que le fortaleció. Que nuestro corazón no sea tardo en tomar conciencia de que no podemos llegar a la tierra prometida sin pasar por el desierto.

SEGUIR A JESUS

Nos dice San Francisco: “Si seguimos a Jesucristo, correremos continuamente en pos de Él, que no se detuvo jamás, antes bien, continuó la ruta de su amor hasta la muerte y muerte de cruz.” La práctica de las virtudes se lleva a cabo en el silencio de una vida escondida, una vida puesta al descubierto solamente ante el Señor. “A imitación de Nuestra Señora y de San José, debemos encerrar nuestras virtudes y todo lo que pueda ganarnos la estima de los hombres, contentándonos con agradar a Dios, y permaneciendo bajo el velo de la abyección de nosotros mismos, en espera de que Dios, cuando venga, para llevarnos al lugar de la seguridad, que es la gloria, haga que se manifiesten nuestras virtudes por su honor y por su gloria.”

SONREIR Y SUFRIR

San Francisco cita las palabras de San Juan en su primera carta: “Si nos amamos unos a otros, Dios mora en nosotros y su amor ha llegado en nosotros a la perfección. Quien no ama a su hermano a quien ve, no puede amar a Dios a quien no ve.” Le decía a una persona que hacía penitencias exageradas: “Nuestra mejor mortificación es esforzarnos por no pecar. Qué gran mortificación sonreír a quien nos importuna, y dedicar amablemente el tiempo a escuchar con bondad a los demás.” “El que es dulce no ofende a nadie, soporta y sufre de buena gana a los que le hacen mal, sufre pacientemente los golpes y no devuelve mal por mal. El que es dulce no se turba jamás, sino que empapa todas sus palabras en la humildad, venciendo el mal por el bien.” “¿Cuándo llegará el día en que estemos todos empapados en dulzura y suavidad hacia el prójimo? ¿Cuándo veremos las almas de nuestros prójimos en el sagrado pecho del Salvador? El que las mira fuera de ahí corre el riesgo de no amarle pura, constante, igualmente.”

PEQUEÑOS ACTOS DE VIRTUD

Se nos presentan numeras ocasiones para practicar el vencimiento propio. “Sufrir una ligera palabra, reprimir un leve sentimiento, condescender con la voluntad del prójimo, excusar una indiscreción, mortificar un pequeño deseo, he aquí una porción de actos virtuosos al alcance de todo el mundo y cuya oportunidad se nos presenta a cada paso.” “En la variedad de las ocurrencias de esta vida conservad siempre la igualdad de ánimo, pues esto es una gran perfección y muy grato a Dios.”

En el Santo Obispo de Sales, el amor a Dios se proyectó de forma palpable en la dulzura para con el prójimo. Pío XI dice que no hay que maravillarse de que la dulzura pastoral de que estaba adornado gozase para atraer corazones de aquella eficacia que Jesucristo prometió a los mansos: Bienaventurados los mansos, porque ellos poseerán la tierra.

POSEIA SU CORAZON PARA ENTREGARLO A DIOS

Poseyó su corazón para entregarlo al Señor como holocausto. A su dulzura, que fue la reina entre sus virtudes, le acompañaban como un cortejo todas las demás: la mansedumbre, la humildad, la paciencia, la obediencia, la fortaleza, la sencillez, el sacrificio, la pureza.... todas! Es maravilloso ver cómo su docilidad a la gracia hizo de Él Doctor y Maestro de tantas virtudes, y cómo las supo enseñar de forma tan sencilla y tan práctica, especialmente en sus escritos a las religiosas. Dios nos ha dado en Él un medio para sacar aguas con alegría de las fuentes de su enseñanza. “Podemos tener alguna clase de virtud sin tener las demás, y a pesar de esto, no podemos poseer virtudes perfectas sin tenerlas todas. Las virtudes perfectas jamás están las unas sin las otras  "¿No es una barbaridad -decía- querer desterrar la vida devota del cuartel de los soldados, del taller de los artesanos, del palacio de los príncipes, del hogar de los casados?"

SUS AMISTADES

Entre sus numerosas amistades no podemos omitir la más eficaz, la que mantuvo con Juana Chantal, con la que fundó la Orden de la Visitación. En la cuaresma de 1604, Juana Francisca, sabía que Francisco de Sales; Obispo de Ginebra, viene a predicar a Dijón  y comenzó a oír sus sermones. Empezaron a conocerse: él, con lentitud prudente; ella, sin titubeos. "Desde que tuve la dicha de conocerle-dirá más tarde-, le llamé santo desde el fondo de mi corazón." Mientras duró la Cuaresma, la baronesa se sentaba frente al predicador para verle y oírle mejor. El santo empezó pronto a fijarse en aquella viuda, que escuchaba con tanta atención, preguntó al obispo de Bourges, justamente hermano de la baronesa: "¿Quién es esa señora joven de tez morena clara, que viste de viuda y se coloca en frente de la cátedra del predicador?" Después Juana y Francisco se entrevistaron repetidas veces en la casa del presidente Fremyot, que celebraba viendo en su mesa al obispo de Ginebra. Juana "le seguía a todas partes, siempre que podía."

PRUDENTE OBSERVACION

En su conversación, San Francisco de Sales, que nunca termina­ cuando escribe, era reservado y parco en palabras, más amigo de observar que de hablar. Observaba a la señora de Chantal, y la joven viuda "morena clara" se le presentaba como un enigma. Seria y jovial, concentrada y fácil, tímida y ardiente, sencilla y elegante, nada parecía indicar en ella la actividad de su vida interior. Sus labios estaban cerrados a toda confidencia. "A nadie comunicaba nada -dice ella­- sino con gran temor, aunque la bondad del obispo me invitaba a hacerla, y yo me moría de ganas de hablar." El obispo se esforzaba por echar la sonda, incluso llegó a preguntarle si tenía intención de casarse, Y respondió que no. "Entonces sería bueno arriar la bandera." Ella comprendió, y al día siguiente arrinconó todas sus galas y apareció en público con un vestido di una sencillez extremada, con sólo un pequeño encaje de seda. El obispo quedó encantado de aquella docilidad. - "Señora -le dijo-, ¿estaríais menos bien si esos encajes no figurasen ahí?" Ella se levantó inmediatamente y arrancó aquellos adornos con su propia mano.

POR FIN, LA DECISION

Un miércoles santo, Juana se decidió a abrir su alma con timidez al obispo. Salió tan confortada de la entrevista que le parecía que había hablado con un ángel. Francisco no se apresura a recibir aquella alma que se entrega a su dirección y que lleva en la frente y en los ojos el sello del heroísmo. Como si tuviera miedo ante la riqueza de sus dones naturales y los efectos maravillosos que la gracia estaba empezando a producir en ella. Pasan  largos meses de incertidumbre en Francisco él y de crisis en Juana; hasta que un día de agosto de 1604 se encuentran en Annecy, a medio camino entre Borgoña y Saboya. Con el obispo están su madre, su hermana y sus amigos. La baronesa trae también su séquito. Hechas las presentaciones, el obispo pasa diestramente el cortejo a su madre, "y tomando aparte a su querida hija espiritual, hizo que le contase todo lo que había pasado en ella; y ella habló con tal claridad, sencillez y candor, que no olvidó el menor detalle. El santo prelado escuchó muy atentamente, y sin decirle una sola palabra, se separaron. Y Francisco escribe a Juana: “Nunca me distraigo en la misa, pero desde que os conozco, sobre todo en la misa, vuestra imagen y recuerdo no se separa de mi mente. 

LA HORA DE DIOS

Un día, muy temprano, fue en su busca. Estaba muy cansado y abatido. "Sentémonos -le dijo-; estoy: fatigado, y pensando toda la noche en vuestro asunto, no he podido dormir. Veo claro que la voluntad de Dios es que me encargue de vuestra dirección espiritual y que sigáis mis consejos­ Después permaneció un poco en silencio, y levantando los ojos al cielo, continuó: "Señora, ¿os lo diré? Debo decirlo, puesto que es la voluntad de Dios. No os extrañéis de que haya tar­dado en resolverme: quería conocer bien la voluntad de Dios, para que no haya en este asunto más que la intervención suya."

SANTA LIBERTAD"

Aquella misma mañana dice el: relato biográfico- Juana Francisca hizo su confesión general con el obispo. Hay una palabra que resume el método que siguió San Francisco en la dirección de Santa Chantal: la palabra libertad. Me quejaba -dice ella- de que no me mandaba bastante." Pero al mismo tiempo experimentaba que acababa de salir de una cautividad interior. Francisco, atento a la acción de Dios en las almas, no quería entorpecer esa acción con la suya. Es prudente, además, porque no­ está bien seguro de las posibilidades que aquella naturaleza de mujer tan excepcional y, elegida. Pero la tarea que él sueña también necesita gestos sublimes y fortaleza varonil.

INFLUENCIA DE SANTA TERESA

Aún no hace un cuarto de siglo que Santa Teresa ha muerto. Había dejado sembrados dieciocho monasterios en España. Cuando va a actuar Francisco de Sales, las carmelitas ya han penetrado en Lisboa, Portugal, con María de San José y el padre Gracián de la Madre de Dios. Ahora las carmelitas de Santa Teresa, acaban de ser introducidas en Francia por Ana de Jesús, “la capitana de las prioras”, como la llamaba Santa Teresa y la predilecta de San Juan de la Cruz, aunque alguna vez había opinado mal de la designación de San Juan llamando hija suya a Santa Teresa y replicaría,”que lo es muy de verdad de mi alma. A estas alturas ya se  han establecido en Dijón. Juana ya se relaciona con ellas. Francisco no impide su relación con las monjas españolas, cosa de competencias desgraciadamente tan corriente por los celos humanos, sino que la favorece, y goza viendo a Juana envuelta en aquella brisa mística que llega de Avila. La mística y los modos teresianos dejarán un rescoldo fecundo en la vida espiritual de la baronesa, que imprimirá una huella en la espiritualidad de Santa Juana, Así lo testifican sus propias confesiones: “De campestre que era, la hicieron ciudadana de la mística. Eso le alentó a ascender de los primeros grados de la oración y la liberó de la sumisión excesiva a los métodos de la oración ordinaria. A los asiduos a los monasterios de la Visitación les resultará familiar el verbo latino ”cucurri”. Forma parte de un salmo latino que reza así: “Mandata tua cucurri, cum dilatasti cor meum”, “guardé gozosamente tus mandamientos cuando ensanchaste mi corazón”  Se refiere la frase la delicia que siente un alma cuando es conducida por el Espíritu Santo por la vía mística, que se goza por los Dones del Espíritu santo y no por las virtudes. Juan Francisca estaba en disposición de empezar su obra.

En Italia, Felipe Neri ha fundado la congregación del Oratorio, que, como los Oblatos fundados en Milán por Carlos Borromeo, desean vivir un sacerdocio fervoroso. Bérulle trata de convencer a Francisco de Sales para que funde el Oratorio en Francia, pero no lo consigue, aunque, a instancias del Arzobispo de París, Henri de Gondi, fundará en 1611 el Oratorio de París, una "congregación de sacerdotes que practicarán la pobreza, con voto de no pretender beneficio o dignidad, contra la ambición, y el de dedicarse al sacerdocio, contra la inútil inactividad.

VICENTE NOMBRADO PÁRROCO DE CLICHY

Bérulle deseaba que Vicente ingresara en el Oratorio, pero no acepta. Sí en cambio reemplaza a un sacerdote que ingresa en el Oratorio; y acepta su parroquia de "Clichy la Garenne". de 600 habitantes, habitada sobre todo por hortelanos y llega a encontrarse a gusto Allí enseña el catecismo, repara el mobiliario de la Iglesia, cuando después de doce años que es sacerdote, es la primera vez que ejerce un ministerio sacerdotal.

FUNDADORA

En la primavera de 1607 la baronesa volvía a Annecy para conocer lo que su director pensaba hacer respecto a ella. "Fui en su busca -nos dice ella misma- con la mayor indiferencia que pude." Francisco escucha, observa y calla. Durante una semana entera examina la voluntad de Dios en un silencio solemne y dramático. "Pero el día siguiente a la fiesta de Pentecostés -dice una discípula de la santa-, habiéndola llamado después de la misa, con un semblante grave y serio, y de una manera que indicaba al hombre absorto en Dios, le dijo: "Bueno, hija mía, ya he resuelto lo que voy a hacer de ti". "Y yo Padre mío, estoy resuelta a obedecer." Así respondió ella, de rodillas. El obispo permaneció en pie a dos pasos de ella, y después de una pausa, continuó: "Muy bien; es preciso que entres en Santa Clara." "Dispuesta estoy, Padre mío" -contestó ella. "No -replicó el obispo-, no eres bastante fuerte; tendrás que ser Hermana del hospital de Beaune." "Como os guste." "No, no es eso lo que quiero -agregó él-; debes ser carmelita." "Ahora mismo, monseñor", repuso ella. Aún la propuso otros varios proyectos para probarla, y vio que era una cera derretida por el calor divino, dispuesta a recibir cualquier forma de vida religiosa. Le expuso al: fin su idea de fundar una nueva congregación, el instituto de la Visitación de Santa María. La vocación que Francisco quería desarrollar era la de religiosas que visitaran a los pobres, de ahí su nombre de la Visitación y visitandinas. Era pronto aún y el obispo no le permitió que salieran del claustro y tuvo que aceptar la renuncia a su primer planteamiento que, un poco después tomará San Vicente de Paul para sus Hijas de la Caridad. Observemos cómo el Señor tenía sus planes. Bérulle trata de convencer a Francisco de Sales para que funde el Oratorio en Francia, pero no lo consigue, Bérulle deseaba que Vicente ingresara en el Oratorio, pero no acepta. Dios los reservaba para dos fundaciones nuevas.

LA DESPEDIDA DE JUANA

En 1610 todo estaba preparado en Annecy para recibir a las primeras visitandinas. La señora de Chantal abandonó su casa el día de San José. La despedida dió lugar a una escena emocionante. Todos lloraban, y ella misma, a pesar de la violencia que se hacía, estaba deshecha en llanto. El mayor de sus hijos, Celso Benigno de Rabutín Chantal, el que será un día padre de la marquesa de Sevigné, se colgó a su cuello esforzándose por retenerla con sus caricias. Ella le cubría de besos y respondía a todas sus razones con un valor admirable. A fin se arrancó violentamente a los brazos de su hijo, y se dispuso a marchar. Entonces, Celso Benigno, desesperado por no poder detener a su madre, se tendió en el umbral, y dijo estas palabras: "Madre, pasa si quieres, si te atreves a pasar sobró el cuerpo de tu hijo." Dudó ella un momento y se detuvo con el corazón oprimido; pero, cobrando luego nuevas fuerzas, ~ sonriendo a través de las lágrimas, echó a andar, ganó la calle de un salto y subió a su carroza. Durante un rato caminó en silencio y con los ojos arrasados en lágrimas; después se tranquilizó súbitamente y entonó el cántico de la liberación. Su agonía había terminado.

EL HOGAR

Entre Chambery y Ginebra, sobre una de las colinas que descienden de las cumbres del San Bernardo y del Mont-Blanc, está Annecy. Es una ciudad pequeña. El primer convento del instituto, entre huertos y arboledas, fuentes cristalinas y plátanos seculares. Así se presentaba al mundo el instituto de la Visitación, concebido por el fundador con el mismo espíritu que la Introducción a la vida devota, pórtico de la santidad cristiana. Es un error querer desterrar a las persona débiles de la vida cristiana, a quien no es capaz de soportar los rigores del Carmelo, pero ni lo oficios de la noche, ni los ayunos, ni las disciplinas, son necesarios para llegar a la santidad. La Visitación será el Carmelo de los frágiles, de los enfermos. "Esta con­dición -escribe Francisco- ha sido dirigida para que ninguna aspereza pueda apartar a los débiles de dedicarse a la perfección del amor." Esta frase refleja con toda precisión el programa del nuevo instituto, y las primeras salesas lo cumplieron de una ma­nera admirable, llegando a convertirse en maestras del amor o para el mismo fundador. En aquellos días gloriosos, la Visitación fue para él un campo de experiencias místicas, donde las semillas fecundas luego habían de germinar en el Tratado del amor divino.

 

 

Jesus Marti Ballester

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