STA. TERESA BENEDICTA DE LA CRUZ

EDITH STEIN

Autor: JESUS MARTI BALLESTER

COPATRONA DE EUROPA

9 de agosto

 

Simula Catón en un periódico de Cancún un diálogo entre Dios Creador y el Espíritu. Pregunta éste: ¿Por qué hiciste a San Francisco de Asís, a Gandhi, a Simone Weil, a Mozart, a Fra Angélico, a Cervantes, a Martin Luther King, a Teilhard de Chardin, a Bonhoeffer, a San Juan de la Cruz, a la Madre Teresa de Calcuta, a Giordano Bruno, al rabí Sem Tob, al Padre Miguel Pro, a Pascal, a Van Gogh, a Bach, a Edith Stein, a Maximilian Kolbe, a Borges, a Bernanos, a Oscar Schindler, a Thoreau, a Teresita de Lisieux, a Kierkegaard, a Sócrates, a Martin Buber, a Foucauld, a Tolstoi, al padre Damián, a Takashi Nagai, a Mauriac, a Thomas Merton, a Miguel Ángel, a Pergolesi, a Darwin, a fray Bartolomé de las Casas, a Sundhar Singh, a Ana Frank, a Raïsa Maritain...

 -¿Por qué hiciste a esos hombres y mujeres?

Contestó Dios:

-Porque quise hacer versiones humanas de mí mismo.

Comienzo este reportaje con la cita de este autor por la visión que presenta de tantas grandes personalidades y entre ellas incluida nuestra Edith Stein. Me parece una buena introducción para que nos sumerjamos en su conocimiento.

TERESA BENEDICTA DE LA CRUZ,  (Edith Stein). Alemana de Breslau y judía, precedida por diez hermanos. Era muy sensible, dinámica, nerviosa e irascible. Y presumida (era la pequeña de la casa). Así se lo hacían ver sus hermanas. Un día observó una pelea de borrachos en plena calle. La gente que estaba alrededor se reía y casi les incitaban. Sacaron los cuchillos y al final corrió la sangre. Le impresionó tan vivamente la escena que decidió cambiar de carácter, controlar su ira y no probar nunca el alcohol.

A los siete años ya empezó a madurar su temperamento reflexivo. Pronto se destacaría por su inteligencia y por su capacidad de apertura a  los problemas. Como no encuentra en la escuela y en la religión sentido para la vida, las abandona. Surgen sus grandes dudas existenciales sobre el sentido de la vida del hombre, inicia su búsqueda, motivada por un sólo principio: "estamos en el mundo para servir a la humanidad".

AYUDANTE DE HUSSERL

En la Universidad de Gottiengen fue una brillante alumna de fenomenología. Husserl la prefiere para ser su asistente de cátedra a Martín Heidegger, uno de los filósofos más importantes del siglo XX. Ese dato, en 1916, era un logro impresionante para una mujer. Mujer de una personalidad marcada fuertemente por la determinada determinación, que encontrará después en Santa Teresa, que la fascinó. Tenacidad, terquedad y seguridad en sí misma, pareja a la de la Santa de Avila. Obtuvo el título de Filosofía de la Universidad de Friburgo.

ENORME PERSONALIDAD Y BELLEZA DE ALMA

Es una mujer con una personalidad de alta tensión y fuertemente pasional, racionalista y atea, con corazón generoso y con un espíritu de servicio a la humanidad, que existencialmente la angustiaba. Por eso se alistó en la Cruz Roja como enfermera en la primera Guerra mundial. Dijo entonces: "ahora mi vida no me pertenece. Todas mis energías están al servicio del gran acontecimiento. Cuando termine la Guerra, si es que vivo todavía, podré pensar en mis asuntos personales. Si los que están en las trincheras tienen que sufrir calamidades, por qué he de ser yo una privilegiada?" Todo esto revela un alma buena en búsqueda, un alma que, aun no conociendo a Dios, se solidariza con el sufrimiento ajeno. En 1915 recibe la “medalla al valor". Junto a esto, brillaron otras características humanas de su carácter: su amabilidad, paz, silencio, servicio y dominio de sí misma. Todo el mundo la quería. Dios ya estaba preparando su alma.

LA SERENIDAD DE SU AMIGA Y LA LECTURA DE SANTA TERESA

 En el año 1921, al morir un amigo muy querido, Edith acompaña a la viuda, Hedwig Conrad. La muerte le causaba siempre un impacto muy grande, porque le hacia sentir la urgencia de dar respuesta a los grandes interrogantes de la vida. En este momento, ya vivía interiormente una cierta kenósis, pues había experimentado el vacío de las aspiraciones de las ideas filosóficas. Éstas no eran capaces de llenar su alma, ni de calmar su deseo de una verdad más profunda, más plena. Reconocía que en ellas quedaban grandes vacíos y lagunas. Edith buscaba más.

Le impresionó mucho ver a su amiga, no sólo no desconsolada, sino con una gran paz y gran fe en Dios. Y deseaba conocer la fuente de esta paz y de esta fe. Mientras estaba en casa de la viuda Conrad, Edith leyó la biografía de Santa Teresa de Jesús. Edith no pudo soltar el libro, y pasó toda la noche leyendo hasta terminarlo. Intelectual y lógica como era, leía y analizaba cada página hasta que finalmente su raciocinio se sometió a la gracia haciéndola pronunciar desde su corazón femenino: "ésta es la verdad".

FORMIDABLE BATALLA

La fenomenóloga brillante quiere rendirse a la gracia, pero atraviesa crisis profundas. Crisis a las que su voluntad se resiste. Edith estudia incansablemente "los fenómenos" que se van sucediendo en su alma, se apasiona por "explicar" qué es lo que le pasa sin lograrlo. Esto la lleva a tener un cansancio psíquico, que al final demuestra el poder de la gracia de Dios. Así, escribe: "hay un estado de sosiego en Dios, de total relajación de toda actividad espiritual, en el que no se hacen planes ningunos, no se toman decisiones de ninguna clase y, sobre todo, no se actúa, sino que todo el porvenir se deja a la voluntad de Dios, se abandona uno totalmente al "destino".  Edith ha descubierto la verdad y se entrega: Seré Católica. Si en 1916 ser ayudante del gran Husserl era una epopeya, hacerse católica antes del Vaticano II y el Decreto Nostra Aetate, cuando los católicos rezábamos el día de Viernes Santo “pro perfidis judeis” y en el Oficio de Tinieblas los niños matábamos judíos golpeando los bancos de las iglesias, a la epopeya se unía el heroísmo. La verdad es que la había precedido en el mismo camino Raïssa Maritain. En efecto, el 11 de junio de 1906, un año después de escribirle la primera carta a León Bloy, con su esposo Maritain, acompañados de Vera, hermana de Raissa, fueron bautizados, apadrinados por León Bloy. Aunque creo que Edith no estaba en esta onda francesa. La historia nos dice que la relación entre judíos y cristianos ha sido siempre tormentosa y sangrienta, hasta la llegada del Concilio Vaticano II. Ahora mismo, cuando estoy escribiendo esta hagiografía, me llega la noticia amarga de otro judío bautizado católico a los 14 años, el fallecimiento del Cardenal emérito de París Jean Marie Lustiger, cuya madre, había sido gaseada también como Edidth, en Auswitz. El Señor lo acoja en su regazo.

BAUTISMO DE EDITH STEIN

 El día 1 de enero de 1922, Edith entra en una Iglesia Católica, y después de la Misa, busca al sacerdote en la sacristía y le comunica su deseo de ser bautizada. Ante el asombro del Padre y cuestionamiento de su preparación para recibir el sacramento y de ser iniciada en la fe católica, Edith responde simplemente: ‘Haga la prueba.” Y la hizo: El sacerdote bautiza a Edith, que añade a su nombre el de Hedwig, en honor a su amiga, instrumento de su conversión. Su bautismo es fuente de inmensas gracias. Ella reconoce, admirablemente, que su inserción en el Cuerpo Místico de Cristo como Católica, lejos de robarle su identidad como Judía, más bien le da cumplimiento y un sentido más profundo. Al ser Católica se siente mas Judía; encuentra en Jesucristo el sentido de toda su fe y vida como Judía. Este doble aspecto, crea en Edith un corazón auténticamente reconciliador entre las dos religiones.

LA TRAGEDIA DEL ANTISEMITISMO

La declaración, Nostra Aetate, nos dice: "La Iglesia, que reprueba cualquier persecución contra los hombres, consciente del patrimonio común con los judíos, e impulsada no por razones políticas, sino por la caridad evangélica, deplora los odios, persecuciones y manifestaciones de antisemitismo de cualquier tiempo y persona contra los judíos." La "caridad evangélica" es el motivo de la declaración que deplora el antisemitismo en todas sus manifestaciones. En los años posteriores al Concilio, después de los importantes pasos que Juan XXIII tomó para acercar a las dos comunidades de fe-refiriéndose al pueblo judío como nuestros "hermanos mayores"-los avances en el camino de la reconciliación han partido desde este deseo de dar expresión a este valor fundamental para todos los cristianos, llamado "caridad", que es una manera efectiva de amar que calificamos como "evangélica" porque manifiesta la enseñanza más central del Evangelio, proclamado por Jesús. Jesús es para todo cristiano la "Buena Nueva" en sí, personificado, que declara que amar a Dios y amar al prójimo resume toda revelación hecha por Dios a la humanidad. En la Iglesia Católica hemos visto que estas profecías se están cumpliendo al pie de la letra. Cientos de judíos del norte, ashkenazis, han reconocido a Cristo Jesús como Mesías y Salvador, han recibido el bautismo de salvación en la Santa Madre Iglesia, y han sido completamente restaurados, sin dejar de ser y vivir como judíos.

DEUS CARITAS EST

La caridad evangélica también ha sido tema de la encíclica de Benedicto XVI, Deus caritas est. "Dios es amor." "Según el modelo expuesto en la parábola del buen Samaritano-explica el pontífice-la caridad cristiana es ante todo y simplemente la respuesta a una necesidad inmediata en una determinada situación: los hambrientos han de ser saciados, los desnudos vestidos, los enfermos atendidos para que se recuperen, los prisioneros visitados, etc. Las organizaciones caritativas de la Iglesia, comenzando por Cáritas (diocesana, nacional, internacional), han de hacer lo posible para poner a disposición los medios necesarios y, sobre todo, los hombres y mujeres que desempeñan estos cometidos. …"

EL HOLOCAUSTO

La pregunta por la trayectoria católica frente al Holocausto, entonces, asume dimensiones desafiantes para cada cristiano: ¿No fueron nuestros "prójimos" los que se llevaron a los campos, que huyeron de Alemania y otros países buscando refugio, que murieron víctimas de este genocidio? Ciertamente que si, e incluso "prójimos" muy cercanos de nosotros, herederos de la cuna espiritual de nuestra propia fe, de la raza de Jesús, María, José y los apóstoles. Como dijo Juan Pablo II en su visita a la sinagoga de Roma en 1986, ""La Iglesia descubre su relación con el judaísmo, escrutando su propio misterio"… "La religión judía no nos es 'extrínseca' sino que es 'intrínseca' a nuestra religión. Tenemos con ella relaciones que no tenemos con ninguna otra religión. Sois nuestros hermanos predilectos y en cierto modo, nuestros hermanos mayores."

El Papa Benedicto XVI, en la encíclica citada, hace e interesantes referencias a las Sagradas Escrituras que hemos recibido del Pueblo Elegido para sostener sus reflexiones sobre el amor, reflejando su sensibilidad por el pueblo judío y lo que ha contribuido, como fuente, a la fe cristiana. Ha hecho una alusión a Moisés que me llamó la atención, pensando en el sufrimiento que el Holocausto significó para tantos millones de personas:

"…En la narración de la escalera de Jacob, los Padres han visto simbolizada de varias maneras esta relación inseparable entre ascenso y descenso, entre el Eros que busca a Dios y el ágape que transmite el don recibido. En este texto bíblico se relata cómo el patriarca Jacob, en sueños, vio una escalera apoyada en la piedra que le servía de cabezal, que llegaba hasta el cielo y por la cual subían y bajaban los ángeles de Dios (Gn 28, 12; Jn 1, 51). Impresiona la interpretación que da el Papa Gregorio Magno de esta visión en su Regla pastoral. El pastor bueno, dice, debe estar anclado en la contemplación. Sólo de este modo le será posible captar las necesidades de los demás en lo más profundo de su ser, para hacerlas suyas: " per pietatis viscera in se infirmitatem caeterorum transferat ". En este contexto, san Gregorio menciona a san Pablo, que fue arrebatado hasta el tercer cielo, hasta los más grandes misterios de Dios y, precisamente por eso, al descender, es capaz de hacerse todo para todos (2 Co 12, 2; 1 Co 9, 22). También pone el ejemplo de Moisés, que entra y sale del tabernáculo, en diálogo con Dios, para poder partiendo de Él, estar a disposición de su pueblo. “Dentro del tabernáculo se extasía en la contemplación, fuera del tabernáculo se ve apremiado por los asuntos de los afligidos: intus in contemplationem rapitur, foris infirmantium negotiis urgetur ". …"

JUAN PABLO CONMOVIDO

Semejante actitud de contemplación silenciosa asumió Juan Pablo II, muy conmovido, durante su visita a Yad Vashem, el memorial a las víctimas del Holocausto nazi en Israel, en el año "jubilar" de 2000: "En este lugar de recuerdos, la mente, el corazón y el alma sienten una extraña necesidad de silencio. Silencio para recordar. Silencio, para intentar encontrarle el sentido a los recuerdos que nos invaden como un torrente. Silencio, porque no existen palabras suficientemente enérgicas con las cuales deplorar la terrible tragedia del Shoa. …"  Se acercó al Papa el Presidente de Israel Ehud Barak y le dijo: “No hubiera podído decir usted  más de lo que ha dicho”. El Cardenal Walter Kasper describió la visita de Juan Pablo II a Ucrania, refiriéndose a la necesidad que sentía de no decir mucho: "Debido al interés en la reconciliación judeo-cristiana -el Santo Padre pudo dedicar tiempo para visitar Babi Yar, el lugar de la masacre de 100.000 judíos en septiembre de 1941. Aquí se arrodilló silenciosamente en oración y luego recitó el Salmo De profundis: "Desde lo hondo a ti grito, Señor: ¡Señor, escucha mi clamor! ¡Estén atentos tus oídos a la voz de mis súplicas!" (Salmos 130, 1-2). Fue un momento sumamente emotivo." Añadió el cardenal, "Comencé mi discurso con este relato para asegurarle a la comunidad judía que la Iglesia Católica no olvidará la Shoá, ni olvidará el dolor infligido al pueblo judío a través de los siglos, a menudo por cristianos, ni apoyará de modo alguno el mal del antisemitismo. …" En medio de tal silencio atento frente al Holocausto, no podemos evitar la pregunta -¿Qué faltaba en nuestra contemplación a Dios como Iglesia, que no supimos escuchar los gritos y sentirnos apremiados por los afligidos del Holocausto?

CERCANÍA ESPIRITUAL ENTRE CRISTIANOS Y JUDÍOS

La necesidad de reconocer la cercanía espiritual entre cristianos y judíos, y además de recordar el Holocausto, dieron fruto eventualmente en el documento titulado "Nosotros recordamos", de 1998, publicado por la Comisión de Relaciones con el Pueblo Judío de la Santa Sede.

"Frente a ese terrible genocidio, --decía el documento-que los responsables de las naciones y las mismas comunidades judías encontraron difícil de creer cuando era cruelmente perpetrado, nadie puede quedar indiferente, y mucho menos la Iglesia, por sus vínculos tan estrechos de parentesco espiritual con el pueblo judío y por su recuerdo de las injusticias del pasado. La relación de la Iglesia con el pueblo judío es diferente de la que mantiene con cualquier otra religión." 

EL CALVARIO

 Pero el Calvario separó en dos al pueblo elegido: por un lado, los discípulos, apóstoles y los primeros cristianos, que reconocieron en Jesús crucificado al Mesías que venía a cumplir la Ley y los Profetas, adhiriendo plenamente a su mensaje, a su espíritu y a su cuerpo místico, la Iglesia; por otro, aquellos sobre cuya cabeza ha caído, según su deseo, la sangre del Justo, lo cual les valió una maldición que durará mientras persista en su rebeldía.

Mons. Delassus señala que "el deicidio ha abierto un abismo entre el antiguo tiempo y el nuevo, abismo que la misericordia divina cerrará el día que su justicia haya terminado su obra.”

Santa Edith Stein, judía y católica. Su importante aportación  a la conciencia de ser judía y católica.

Edith Stein, asesinada por los Nazis en Aushwitz y canonizada por Juan Pablo II en 1998, ha hecho una aportación importante a la conciencia de ser judía y católica. Nunca ocultó ni vivió como contradictoria su identidad de judía y católica. Dice Gabriel Castro, experto sobre la santa: "su conversión a la fe católica es también una conversión al judaísmo que había dejado de practicar en su juventud. Sólo mucho más tarde, en el Concilio Vaticano II, esta comprensión e integración de la fe del primer y del segundo testamento ha venido a ser cosa común en la Iglesia católica. En su tiempo, esta doble pertenencia aún no estaba asumida. Hoy nos es de gran ayuda su testimonio para ir curando las heridas históricas de judíos y católicos". La santa rezaba para que "El Señor sea recibido por los suyos (el pueblo judío). En su canonización el Papa declaró que el testimonio de Santa Edith Stein "fortalecerá la comprensión entre judíos y cristianos". La fe cristiana sostiene que el niño que adoramos en el pesebre es verdaderamente el Hijo de David, verdaderamente judío. El nos da la luz para comprender el sentido pleno de las Sagradas Escrituras de los judíos y reconocemos que de ellos nos viene la salvación. Creemos que Abraham es nuestro padre en la fe y que la Iglesia es la Nueva Israel. Al mismo tiempo reconocemos a los judíos como nuestros hermanos mayores en la fe y no podemos entender el cristianismo sin comprender sus raíces judías.

SU VOCACION RELIGIOSA

Después de su bautismo emergió en ella, como fruto directo, la seguridad de su vocación a la vida religiosa. Escribía a su hermana Rosa en una ocasión: "Un cuerpo, pero mucho miembros. Un Espíritu, pero muchos dones. ¿Cuál es el lugar de cada uno? Ésta es la pregunta vocacional. La misma no puede ser contestada sólo en base de auto-examen y de un análisis de los posibles caminos. La solución debe ser pedida en la oración y en muchos casos debe ser buscada a través de la obediencia". Es difícil a una mujer tan acostumbrada a la vida independiente y con la tenacidad de su carácter someterse a la obediencia. Pero en efecto, lo hizo.

VIDA APOSTÓLICA

Edith deseaba entrar casi inmediatamente a la vida religiosa, pero el Padre que en ese momento la aconsejaba espiritualmente, reconociendo los dones extraordinarios que ella poseía, la disuade, considerando que aún tenía mucho bien que hacer por medio de sus actividades “en el mundo”. Así, Edith empieza un periodo de apostolado fecundo y de un alcance impresionante. Empieza a trabajar como maestra en la escuela de formación de maestras de las dominicas de Santa Magdalena. Aquí establece amistosas relaciones con varias profesoras y alumnas, amistades que durarán toda su vida.

Además de sus clases, escribe, traduce, e imparte conferencias. Durante estos años realizó, además de otros trabajos menores, dos obras voluminosas: La traducción al alemán de las cartas y diarios del Cardenal Newman, y la traducción, en dos tomos, de las Cuestiones sobre la verdad de Santo Tomás de Aquino. Este se convertirá en base fundamental para sus obras filosóficas, escritas luego en el Carmelo. También da varias conferencias y programas de radio dentro y fuera de Alemania, siendo reconocida notablemente por sus colegas.

Aún en medio de tanta actividad apostólica, Edith busca sobre todo en Semana Santa, la soledad y la paz de la abadía benedictina de Beuron. Su amor a la Liturgia de la Iglesia la lleva a pasar horas en la capilla y a celebrar las diferentes horas de oración junto con los benedictinos. Cuando más tarde debe escoger un nombre religioso, decide agregarse el nombre de Benedicta, en reconocimiento de las muchas gracias que recibió durante sus horas con la orden benedictina.

En 1933, la situación política en Alemania iba empeorando. El 1 de abril de 1933, el nuevo Gobierno nazi ordena a los profesores no-arios que abandonen  sus profesiones. Aunque teme por la situación cada vez más precaria para los judíos, Edith y su director espiritual reconocen que no hay nada que ya le impida su entrada al Carmelo, su sueño más constante durante los últimos once años. Y así Edith decide escuchar y acceder la voz de su corazón, abrazando la vida religiosa. El famoso y brillante conferencista católico renuncia al mundo y pasa a ser parte del anonimato por tanto tiempo anhelado.

"¡Una verdadera locura!" ¿Cómo a alguien se le ocurre renunciar a la fama y al éxito después de tanta lucha? Ella, que hubiera sido nombrada "Filósofa del siglo XX" si no se hubiese retirado... Pero Stein desapareció de la vida pública y la Orden del Carmelo abrió sus puertas a una de las grandes pensadoras de nuestra época.

EL MARTIRIO DE SU FAMILIA

Inmensa cruz. La incomprensión de su mamá, le causó un verdadero martirio interior. Para su madre, Edith hacerse católica era una traición que no aceptaría jamás. Su madre, sufrió un duro golpe con la decisión de su hija más querida de entrar religiosa. Edith abrazó este profundo sufrimiento que traspasó su corazón por seguir la voluntad de Dios, costara lo que costara.

ENTRA EN EL CONVENTO DE COLONIA

El 15 de abril de 1934, toma el hábito del Carmelo teresiano y cambia su nombre por el de Teresa Benedicta de la Cruz. No ha tomado su nombre a la ligera; ha entendido bien que abrazar la vida religiosa es la entrega generosa del alma en la cruz, en unión con el Crucificado, para el bien de las almas.

Ella escribe: “Mira hacia el Crucificado. Si estás unida a él, como una novia en el fiel cumplimiento de tus votos, es tu sangre y Su sangre preciosa las que se derraman. Unida a él, eres como el omnipresente. Con la fuerza de la Cruz, puedes estar en todos los lugares de aflicción.” “Es una vocación a sufrir con Cristo y a colaborar en su obra de redención. Si estamos unidos al Señor, somos miembros del Cuerpo Místico de Cristo. Todo sufrimiento llevado en unión con el Señor es un sufrimiento que da fruto porque forma parte de la gran obra de redención.” El 21 de abril de 1935, acabado el año de noviciado, hace su primera profesión religiosa y el 21 de abril de 1938, su profesión solemne.

En estos años concluyó una de las más admirables y profundas de sus obras, no ya para brillar, sino para obedecer. Se trata de la gran obra titulada: Ser Finito y Eterno. En ella Edith trata las preguntas mas existenciales del hombre; reconoce la sed infinita que posee el hombre de conocer la verdad y de experimentar su fruto, entendido desde la realidad de lo eterno y lo trascendental. Y así busca unir las dos fuentes que conducen al hombre al conocimiento de si mismo y de la verdad: la fe y la filosofía.

AL CONVENTO DE ECHT, HOLANDA

Una vez más, la situación de los judíos y de los que los acogen empeora. Y ante la hostilidad creciente, sobre todo después de la famosa noche de los “Cristales Rotos”, Edith pide trasladarse del Carmelo de Colonia para evitar peligros a la comunidad. Es trasladada, -junto con su hermana Rosa, quien, después de la muerte de la mamá, se había convertido al Catolicismo como Edith, y era una hermana lega de la comunidad- al Convento de Holanda.

LA CIENCIA DE LA CRUZ

Empieza a escribir, en 1941, su última y más ilustre obra: La Ciencia de la Cruz. Hecha por obediencia a sus superiores, más que una obra intelectual, es el fruto de su propio camino interior de inmolación y victimación imitando al Cordero Inmolado. Teresa Benedicta de la Cruz ha deseado con todo su ser, dar respuesta a la vocación de la entrega total, hasta la Cruz. Entrega su propia vida por los pecadores y por la liberación de su pueblo de la situación tan horrenda que viven bajo los nazis. En el Carmelo no se ha acallado las voces del sufrimiento de su pueblo, ni del horror de la guerra. La Hermana Teresa está profundamente preocupada por la situación del pueblo judío, y ve en su entrega sacrificial la oportunidad de responder. Este deseo creciente del ofrecimiento de sí misma como víctima por su pueblo, por la conversión de Alemania y por la paz en el mundo, se hace cada vez más vivo. Su modo de apostolado se había transformado en el apostolado del sufrimiento.

Escribe: “Yo hablaba con el Salvador y le decía que sabía que era su Cruz la que ahora había sido puesta sobre el pueblo judío. La mayoría no lo comprendían; mas aquellos que lo sabían, deberían cargar con ella de buena gana en nombre de todos. Tenía la más firme persuasión de que había sido escuchada por el Señor. Pero dónde había de llevarme la Cruz, aún era desconocido para mí.”

DESA SUFRIR CON SU PUEBLO

El pueblo sufría y la Hermana Teresa, por amor, desea sufrir con él. “El amor desea estar con el amado.” Decidida en su vocación a la Cruz por su pueblo y los pecadores, la Hermana Teresa hace una petición por escrito a su Priora, pidiendo permiso para ofrecerse víctima: “Querida Madre, permítame Vuestra Reverencia, el ofrecerme en holocausto al Corazón de Jesús para pedir la verdadera paz, que la potencia del Anticristo desaparezca sin necesidad de una nueva guerra mundial y que pueda ser instaurado un orden nuevo. Yo quiero hacerlo hoy porque ya es medianoche. Sé que no soy nada, pero Jesús lo quiere, y Él llamará aún a muchos más en estos días.”

Como Católica, la Hermana Teresa, vive su realidad judía en plenitud. Es llamada a responder como respondió la Reina Ester a favor de su pueblo. Su función consiste en interceder con toda el alma y con una disposición total para conseguir lo que pide, incluso contando con su martirio. Pero lo hace en total unión con el ofrecimiento del Divino Mesías. Quiere colaborar en lo que falta a la Pasión de Cristo. Escribe: “Porque el Señor ha tomado mi vida por todos tengo que pensar continuamente en la Reina Ester que fue arrancada de su pueblo para interceder ante el rey por su pueblo. Yo soy una pobre e impotente pequeña Ester, pero el rey que me ha escogido es infinitamente grande y misericordioso. Esto es un gran consuelo.”

En 1942 empiezan las deportaciones de judíos. Luteranos, calvinistas y católicos acuerdan leer el mismo día un texto conjunto de protesta en sus servicios religiosos. La Gestapo amenaza a todas las autoridades cristianas de Holanda con extender la orden de deportación a los judíos conversos a sus credos. Los calvinistas y los luteranos dan marcha atrás, pero Pío XII se mantiene firme. El texto de condena se lee en todas las iglesias católicas de Holanda. La venganza se cumple unos días mas tarde. Las SS invaden el convento del Carmelo de Echt y se llevan a dos monjas judías conversas: Edith y Rosa Stein. 

CONDENA DEL NAZISMO POR PIO XI

No era la primera vez que la Iglesia protestaba y sufría. Ya el día de la Pascua de 1939, la encíclica de Pío XI condenando duramente el nazismo, se había leído desde todos los púlpitos de Alemania. Muchos sacerdotes y católicos comprometidos habían sufrido graves consecuencias.  Esta condena ocurrió antes que Francia e Inglaterra se decidieran contra Hitler.  Las fuerzas Nazis de Ocupación, por las declaraciones de los obispos católicos de Holanda en contra de las deportaciones de los judíos, declaran a todos los católicos-judíos “apátridas”. A la vista de los graves peligros que corren en Holanda, la comunidad del Carmelo comienza los trámites para que Edith y Rosa puedan emigrar a Suiza, pero los intentos no dan resultado. El 2 de agosto del año 1942, miembros de la SS apresan a la Hermana Teresa Benedicta de la Cruz y a su hermana Rosa y las conducen al campo de concentración de Auschwitz. Al salir del convento, la Hermana Teresa cogió tranquilamente a su hermana de la mano y le dijo: “¡Ven, hagámoslo por nuestro pueblo!”  Estas palabras eran eco de unas que había escrito mucho antes pero con la misma dedicación y determinación:

“Yo sólo deseo que la muerte me encuentre en un lugar apartado, lejos de todo trato con los hombres, sin hermanos de hábito a quienes dirigirme; sin alegrías que me consuelen, y atormentada de toda clase de penas y dolores. He querido que Dios me pruebe como a sierva, después de que Él ha probado en el trabajo la tenacidad de mi carácter; he querido que me visite en la enfermedad, como me ha tentado en la salud y la fuerza; he querido que me tentase en el oprobio, como lo ha hecho con el buen nombre que he tenido ante mis enemigos. Dígnate, Señor, coronar con el martirio la cabeza de tu indigna sierva.”

EN LA CIMA DE LA CRUZ

Al ser sacadas del Convento de Holanda, primero son trasladadas la Hermana Teresa y Rosa, al campo de concentración de Mersforrt. A empujones y golpes de culata las metieron en barracones llenos de suciedad. Tenían que dormir sobre somieres de hierro sin colchón; a los servicios tenían que ir en grupo y las vigilaban mientras los utilizaban. Los hombres del SS se divertían poniendo a las monjas contra la pared y apuntándolas con los fusiles. En aquella horrible situación, una gran paz emanaba de Edith Stein.

En la noche del 4 de agosto, obligaron de nuevo a los prisioneros a subir a los medios de transporte, llevándoles hacia el norte del país. Durante este traslado, eran muchos los que morían por las asfixia y otros se volvían locos por la desesperación. La caravana se detuvo en un lugar descampado, y entre bosques y prados, obligaron a las 1200 personas a ir hacia el campo de Westerbork.

Durante toda esta trayectoria horrenda, los prisioneros quedaban admirados ante la serenidad de Edith. Los supervivientes dan testimonio de la paz interior de la santa:

“Las lamentaciones en el campamento, y el nerviosismo en los recién llegados, eran indescriptibles. Edith Stein iba de una parte a otra, entre las mujeres, consolando, ayudando, tranquilizando como un ángel. Muchas madres, a punto de enloquecer, no se habían ocupado de sus hijos durantes días. Edith se ocupaba inmediatamente de los pequeños, los lavaba, peinaba y les buscaba alimento.”“Había una monja que me llamó inmediatamente la atención y a la que jamás he podido olvidar, a pesar de los muchos episodios repugnantes de los que fui testigo allí. Aquella mujer, con una sonrisa que no era una simple máscara, iluminaba y daba calor. Yo tuve la certeza de que me hallaba ante una persona verdaderamente grande, afirma un testigo. En una conversación dijo ella: “El mundo está hecho de contradicciones; en último término nada quedará de estas contradicciones. Sólo el gran amor permanecerá. ¿Cómo podría ser de otra manera?”. “Tengo la impresión de que ella pensaba en el sufrimiento que preveía, no en su propio sufrimiento, --por eso estaba bastante tranquila, demasiado tranquila, diría yo--, sino en el sufrimiento que aguardaba a los demás. Cuando yo quiero imaginármela mentalmente sentada en el barracón, todo su porte externo despierta en mí la idea de una Pietá sin Cristo”, declara otro testigo

EL MARTIRIO

Después de varios tormentos y humillaciones indescriptibles, el 7 de agosto, apenas salido el sol, Edith y su hermana, junto con unos mil judíos, son trasladados a Auschwitz. Llegan al campo de concentración el mismo 9 de agosto y los prisioneros son conducidos a la cámara de gas. Es ahí donde Edith encuentra la culminación de su ofrecimiento como Esposa de Cristo. Muere como mártir, ofreciéndose como holocausto por la salvación de las almas, por la liberación de su pueblo y por la conversión de Alemania. Con la oración de un Padrenuestro en los labios, Edith da el sentido mas pleno a su vida, entregándose por todos, por amor...Se puede declarar que la vida de Teresa fue bendecida por la Cruz. Con su vida, la Hermana Teresa repite las palabras de Sta Teresa de Lisieux: “No me arrepiento de haberme entregado al Amor.” Edith Stein fue canonizada como mártir en 1998 por el Papa Juan Pablo II, quien le dio el titulo de “mártir de amor”. En octubre de 1999, fue declarada co-patrona de Europa.

SU ÚLTIMO TESTAMENTO:

El telegrama que Edith había enviado a la Priora de Echt antes de ser llevada a Auschwitz, contenía esta declaración: "No se puede adquirir la ciencia de la Cruz más que sufriendo verdaderamente el peso de la cruz. Desde el primer instante he tenido la convicción íntima de ello y me he dicho desde el fondo de mi corazón: Salve, Oh Cruz, mi única esperanza".

JESUS MARTI BALLESTER

www.jmarti.ciberia.es

jmartib@planalfa.es

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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STA. TERESA BENEDICTA DE LA CRUZ

EDITH STEIN

Autor: JESUS MARTI BALLESTER

COPATRONA DE EUROPA

9 de agosto

 

Simula Catón en un periódico de Cancún un diálogo entre Dios Creador y el Espíritu. Pregunta éste: ¿Por qué hiciste a San Francisco de Asís, a Gandhi, a Simone Weil, a Mozart, a Fra Angélico, a Cervantes, a Martin Luther King, a Teilhard de Chardin, a Bonhoeffer, a San Juan de la Cruz, a la Madre Teresa de Calcuta, a Giordano Bruno, al rabí Sem Tob, a Miguel Pro, a Pascal, a Van Gogh, a Bach, a Edith Stein, a Maximilian Kolbe, a Borges, a Bernanos, a Oscar Schindler, a Thoreau, a Teresita de Lisieux, a Kierkegaard, a Sócrates, a Martin Buber, a Foucauld, a Tolstoi, al padre Damián, a Takashi Nagai, a Mauriac, a Thomas Merton, a Miguel Ángel, a Pergolesi, a Darwin, a fray Bartolomé de las Casas, a Sundhar Singh, a Ana Frank, a Raïsa Maritain...

 -¿Por qué hiciste a esos hombres y mujeres?

Contestó Dios:

-Quise hacer versiones humanas de mí mismo. Comienzo este reportaje con la cita de este autor por la visión que presenta de tantas grandes personalidades y entre ellas incluida nuestra Edith Stein. Me parece una buena introducción para que nos sumerjamos en su conocimiento.

TERESA BENEDICTA DE LA CRUZ,  (Edith Stein). Alemana de Breslau y judía, precedida por diez hermanos. Era muy sensible, dinámica, nerviosa e irascible. Y presumida (era la pequeña de la casa). Así se lo hacían ver sus hermanas. Un día observó una pelea de borrachos en plena calle. La gente que estaba alrededor se reía y casi les incitaban. Sacaron los cuchillos y al final corrió la sangre. Le impresionó tan vivamente la escena que decidió cambiar de carácter, controlar su ira y no probar nunca el alcohol.

A los siete años ya empezó a madurar su temperamento reflexivo. Pronto se destacaría por su inteligencia y por su capacidad de apertura a  los problemas. Como no encuentra en la escuela y la religión sentido para la vida y las abandona. Surgen sus grandes dudas existenciales sobre el sentido de la vida del hombre, inicia su búsqueda, motivada por un sólo principio: "estamos en el mundo para servir a la humanidad".

AYUDANTE DE HUSSERL

 En la Universidad de Gottiengen fue una brillante alumna de fenomenología. Husserl la prefiere para ser su asistente de cátedra a Martín Heidegger, uno de los filósofos más importantes del siglo XX. Ese dato, en 1916 era un logro impresionante para una mujer. Mujer de una personalidad marcada fuertemente por la determinada determinación, que encontrará después en Santa Teresa, que la fascinó. Tenacidad, terquedad y seguridad en sí misma, pareja a la de la Santa de Avila. Obtuvo el título de Filosofía de la Universidad de Friburgo.

ENORME PERSONALIDAD Y BELLEZA DE ALMA

Es una mujer con una personalidad de alta tensión y fuertemente pasional, racionalista y atea, con corazón generoso y con un espíritu de servicio a la humanidad, que existencialmente le angustiaba. Por eso se alistó a la Cruz Roja como enfermera en la primera Guerra mundial. Dijo entonces: "ahora mi vida no me pertenece. Todas mis energías están al servicio del gran acontecimiento. Cuando termine la Guerra, si es que vivo todavía, podré pensar en mis asuntos personales. Si los que están en las trincheras tienen que sufrir calamidades, por qué he de ser yo una privilegiada?" Todo esto revela la búsqueda de un alma buena, de un alma que aun no conociendo a Dios, se solidariza con el sufrimiento ajeno. En 1915 recibe la “medalla al valor". Junto a esto, brillaron otras características humanas de su carácter: su amabilidad, paz, silencio, servicio y dominio de sí misma. Todo el mundo la quería. Dios ya estaba preparando su alma.

LA SERENIDAD DE SU AMIGA Y LA LECTURA DE SANTA TERESA

 En el año 1921, al morir un amigo muy querido, Edith acompaña a la viuda, Hedwig Conrad. La muerte le causaba siempre un impacto muy grande, porque le hacia sentir la urgencia de dar respuesta a los grandes interrogantes de la vida. En este momento, ya vivía interiormente una cierta kenósis, pues había experimentado el vacío de las aspiraciones de las ideas filosóficas. Éstas no eran capaces de llenar su alma, ni de calmar su deseo de una verdad más profunda, más plena. Reconocía que en ellas quedaban grandes vacíos y lagunas. Edith buscaba más.

Le impresionó mucho ver a su amiga, no sólo no desconsolada, sino con una gran paz y gran fe en Dios. Y deseaba conocer la fuente de esta paz y de esta fe. Mientras estaba en casa de la viuda Conrad, Edith leyó la biografía de Santa Teresa de Jesús. Edith no pudo soltar el libro, y pasó toda la noche leyendo hasta terminarlo. Intelectual y lógica como era, leía y analizaba cada página hasta que finalmente su raciocinio se sometió a la gracia haciéndola pronunciar desde su corazón femenino: "ésta es la verdad".

FORMIDABLE BATALLA

La fenomenóloga brillante quiere rendirse a la gracia, pero atraviesa crisis profundas. Crisis a las que su voluntad se resiste. Edith estudia incansablemente "los fenómenos" que se van sucediendo en su alma, se apasiona por "explicar" qué es lo que le pasa sin lograrlo. Esto la lleva a tener un cansancio psíquico, que al final demuestra el poder de la gracia de Dios. Así, escribe: "hay un estado de sosiego en Dios, de total relajación de toda actividad espiritual, en el que no se hacen planes ningunos, no se toman decisiones de ninguna clase y, sobre todo, no se actúa, sino que todo el porvenir se deja a la voluntad de Dios, se abandona uno totalmente al "destino".  Edith ha descubierto la verdad y se entrega: Seré Católica. Si en 1916 ser ayudante del gran Husserl era una epopeya, hacerse católica antes del Vaticano II y el Decreto Nostra Aetate, cuando los católicos rezábamos en viernes Santo “pro perfidis judeis” y en el Oficio de Tinieblas los niños matábamos judíos golpeando los bancos de las iglesias, era un heroísmo. La verdad es que les había precedido en el mismo camino Raïssa Maritain, pues el 11 de junio de 1906, un año después de escribirle la primera carta a León Bloy, con su esposo Maritain, acompañados de Vera, hermana de Raissa, fueron bautizados, apadrinados por León Bloy. Aunque creo que Edith no estaba en esta onda francesa. La historia nos dice que la relación entre judíos y cristianos ha sido siempre tormentosa y sangrienta, hasta la llegada del Concilio Vaticano II.

BAUTISMO DE EDITH STEIN

 El día 1 de enero de 1922, Edith entra en una Iglesia Católica, y después de la Misa, busca al sacerdote en la sacristía y le comunica su deseo de ser bautizada. Ante el asombro del Padre y cuestionamiento de su preparación para recibir el sacramento y de ser iniciada en la fe católica, Edith responde simplemente: ‘Haga la prueba.” Y la hizo: El sacerdote bautiza a Edith, que añade a su nombre el de Hedwig, en honor a su amiga, instrumento de su conversión. Su bautismo es fuente de inmensas gracias. Ella reconoce, admirablemente, que su inserción en el Cuerpo Místico de Cristo como Católica, lejos de robarle su identidad como Judía, más bien le da cumplimiento y un sentido más profundo. Al ser Católica se siente mas Judía; encuentra en Jesucristo el sentido de toda su fe y vida como Judía. Este doble aspecto, crea en Edith un corazón auténticamente reconciliador entre las dos religiones.

LA TRAGEDIA DEL ANTISEMITISMO

La declaración, Nostra Aetate, nos dice: "La Iglesia, que reprueba cualquier persecución contra los hombres, consciente del patrimonio común con los judíos, e impulsada no por razones políticas, sino por la caridad evangélica, deplora los odios, persecuciones y manifestaciones de antisemitismo de cualquier tiempo y persona contra los judíos." La "caridad evangélica" es el motivo de la declaración que deplora el antisemitismo en todas sus manifestaciones. En los años posteriores al Concilio, después de los importantes pasos que Juan XXIII tomó para acercar a las dos comunidades de fe-refiriéndose al pueblo judío como nuestros "hermanos mayores"-los avances en el camino de la reconciliación han partido desde este deseo de dar expresión a este valor fundamental para todos los cristianos, llamado "caridad", que es una manera efectiva de amar que calificamos como "evangélica" porque manifiesta la enseñanza más central del Evangelio, proclamado por Jesús. Jesús es para todo cristiano la "Buena Nueva" en sí, personificado, que declara que amar a Dios y amar al prójimo resume toda revelación hecha por Dios a la humanidad. En la Iglesia Católica hemos visto que estas profecías se están cumpliendo al pie de la letra. Cientos de judíos del norte, ashkenazis, han reconocido a Cristo Jesús como Mesías y Salvador, han recibido el bautismo de salvación en la Santa Madre Iglesia, y han sido completamente restaurados, sin dejar de ser y vivir como judíos.

DEUS CARITAS EST

La caridad evangélica también ha sido tema de la encíclica de Benedicto XVI, Deus caritas est. "Dios es amor." "Según el modelo expuesto en la parábola del buen Samaritano-explica el pontífice-la caridad cristiana es ante todo y simplemente la respuesta a una necesidad inmediata en una determinada situación: los hambrientos han de ser saciados, los desnudos vestidos, los enfermos atendidos para que se recuperen, los prisioneros visitados, etc. Las organizaciones caritativas de la Iglesia, comenzando por Cáritas (diocesana, nacional, internacional), han de hacer lo posible para poner a disposición los medios necesarios y, sobre todo, los hombres y mujeres que desempeñan estos cometidos. …"

EL HOLOCAUSTO

La pregunta por la trayectoria católica frente al Holocausto, entonces, asume dimensiones desafiantes para cada cristiano: ¿No fueron nuestros "prójimos" los que se llevaron a los campos, que huyeron de Alemania y otros países buscando refugio, que murieron víctimas de este genocidio? Ciertamente que si, e incluso "prójimos" muy cercanos de nosotros, herederos de la cuna espiritual de nuestra propia fe, de la raza de Jesús, María, José y los apóstoles. Como dijo Juan Pablo II en su visita a la sinagoga de Roma en 1986, ""La Iglesia descubre su relación con el judaísmo, escrutando su propio misterio"… "La religión judía no nos es 'extrínseca' sino que es 'intrínseca' a nuestra religión. Tenemos con ella relaciones que no tenemos con ninguna otra religión. Sois nuestros hermanos predilectos y en cierto modo, nuestros hermanos mayores."

El Papa Benedicto XVI, en la encíclica citada, hace e interesantes referencias a las Sagradas Escrituras que hemos recibido del Pueblo Elegido para sostener sus reflexiones sobre el amor, reflejando su sensibilidad por el pueblo judío y lo que ha contribuido, como fuente, a la fe cristiana. Ha hecho una alusión a Moisés que me llamó la atención, pensando en el sufrimiento que el Holocausto significó para tantos millones de personas:

"…En la narración de la escalera de Jacob, los Padres han visto simbolizada de varias maneras esta relación inseparable entre ascenso y descenso, entre el Eros que busca a Dios y el ágape que transmite el don recibido. En este texto bíblico se relata cómo el patriarca Jacob, en sueños, vio una escalera apoyada en la piedra que le servía de cabezal, que llegaba hasta el cielo y por la cual subían y bajaban los ángeles de Dios (Gn 28, 12; Jn 1, 51). Impresiona la interpretación que da el Papa Gregorio Magno de esta visión en su Regla pastoral. El pastor bueno, dice, debe estar anclado en la contemplación. Sólo de este modo le será posible captar las necesidades de los demás en lo más profundo de su ser, para hacerlas suyas: " per pietatis viscera in se infirmitatem caeterorum transferat ". En este contexto, san Gregorio menciona a san Pablo, que fue arrebatado hasta el tercer cielo, hasta los más grandes misterios de Dios y, precisamente por eso, al descender, es capaz de hacerse todo para todos (2 Co 12, 2; 1 Co 9, 22). También pone el ejemplo de Moisés, que entra y sale del tabernáculo, en diálogo con Dios, para poder partiendo de Él, estar a disposición de su pueblo. “Dentro del tabernáculo se extasía en la contemplación, fuera del tabernáculo se ve apremiado por los asuntos de los afligidos: intus in contemplationem rapitur, foris infirmantium negotiis urgetur ". …"

JUAN PABLO CONMOVIDO

Semejante actitud de contemplación silenciosa asumió Juan Pablo II, muy conmovido, durante su visita a Yad Vashem, el memorial a las víctimas del Holocausto nazi en Israel, en el año "jubilar" de 2000: "En este lugar de recuerdos, la mente, el corazón y el alma sienten una extraña necesidad de silencio. Silencio para recordar. Silencio, para intentar encontrarle el sentido a los recuerdos que nos invaden como un torrente. Silencio, porque no existen palabras suficientemente enérgicas con las cuales deplorar la terrible tragedia del Shoa. …"  El Cardenal Walter Kasper describió la visita de Juan Pablo II a Ucrania, refiriéndose a la necesidad que sentía de no decir mucho: "Debido al interés en la reconciliación judeo-cristiana -el Santo Padre pudo dedicar tiempo para visitar Babi Yar, el lugar de la masacre de 100.000 judíos en septiembre de 1941. Aquí se arrodilló silenciosamente en oración y luego recitó el Salmo De profundis: "Desde lo hondo a ti grito, Señor: ¡Señor, escucha mi clamor! ¡Estén atentos tus oídos a la voz de mis súplicas!" (Salmos 130, 1-2). Fue un momento sumamente emotivo." Añadió el cardenal, "Comencé mi discurso con este relato para asegurarle a la comunidad judía que la Iglesia Católica no olvidará la Shoá, ni olvidará el dolor infligido al pueblo judío a través de los siglos, a menudo por cristianos, ni apoyará de modo alguno el mal del antisemitismo. …" En medio de tal silencio atento frente al Holocausto, no podemos evitar la pregunta-¿Qué faltaba en nuestra contemplación a Dios como Iglesia, que no supimos escuchar los gritos y sentirnos apremiados por los afligidos del Holocausto?

CERCANÍA ESPIRITUAL ENTRE CRISTIANOS Y JUDÍOS

La necesidad de reconocer la cercanía espiritual entre cristianos y judíos, y además de recordar el Holocausto, dieron fruto eventualmente en el documento titulado "Nosotros recordamos", de 1998, publicado por la Comisión de Relaciones con el Pueblo Judío de la Santa Sede.

"Frente a ese terrible genocidio, --decía el documento-que los responsables de las naciones y las mismas comunidades judías encontraron difícil de creer cuando era cruelmente perpetrado, nadie puede quedar indiferente, y mucho menos la Iglesia, por sus vínculos tan estrechos de parentesco espiritual con el pueblo judío y por su recuerdo de las injusticias del pasado. La relación de la Iglesia con el pueblo judío es diferente de la que mantiene con cualquier otra religión." 

EL CALVARIO

 Pero el Calvario separó en dos al pueblo elegido: por un lado, los discípulos, apóstoles y los primeros cristianos, que reconocieron en Jesús crucificado al Mesías que venía a cumplir la Ley y los Profetas, adhiriendo plenamente a su mensaje, a su espíritu y a su cuerpo místico, la Iglesia; por otro, aquellos sobre cuya cabeza ha caído, según su deseo, la sangre del Justo, lo cual les valió una maldición que durará mientras persista en su rebeldía.

Mons. Delassus señala que "el deicidio ha abierto un abismo entre el antiguo tiempo y el nuevo, abismo que la misericordia divina cerrará el día que su justicia haya terminado su obra.”

Santa Edith Stein, judía y católica. Su importante aportación  a la conciencia de ser judía y católica.

Edith Stein, asesinada por los Nazis en Aushwitz y canonizada por Juan Pablo II en 1998, ha hecho una aportación importante a la conciencia de ser judía y católica. Nunca ocultó ni vivió como contradictoria su identidad de judía y católica. Dice Gabriel Castro, experto sobre la santa: "su conversión a la fe católica es también una conversión al judaísmo que había dejado de practicar en su juventud. Sólo mucho más tarde, en el Concilio Vaticano II, esta comprensión e integración de la fe del primer y del segundo testamento ha venido a ser cosa común en la Iglesia católica. En su tiempo, esta doble pertenencia aún no estaba asumida. Hoy nos es de gran ayuda su testimonio para ir curando las heridas históricas de judíos y católicos". La santa rezaba para que "El Señor sea recibido por los suyos (el pueblo judío). En su canonización el Papa declaró que el testimonio de Santa Edith Stein "fortalecerá la comprensión entre judíos y cristianos". La fe cristiana sostiene que el niño que adoramos en el pesebre es verdaderamente el Hijo de David, verdaderamente judío. El nos da la luz para comprender el sentido pleno de las Sagradas Escrituras de los judíos y reconocemos que de ellos nos viene la salvación. Creemos que Abraham es nuestro padre en la fe y que la Iglesia es la Nueva Israel. Al mismo tiempo reconocemos a los judíos como nuestros hermanos mayores en la fe y no podemos entender el cristianismo sin comprender sus raíces judías.

SU VOCACION RELIGIOSA

Después de su bautismo emergió en ella, como fruto directo, la seguridad de su vocación a la vida religiosa. Escribía a su hermana Rosa en una ocasión: "Un cuerpo, pero mucho miembros. Un Espíritu, pero muchos dones. ¿Cuál es el lugar de cada uno? Ésta es la pregunta vocacional. La misma no puede ser contestada sólo en base de auto-examen y de un análisis de los posibles caminos. La solución debe ser pedida en la oración y en muchos casos debe ser buscada a través de la obediencia". Es difícil a una mujer tan acostumbrada a la vida independiente y con la tenacidad de su carácter someterse a la obediencia. Pero en efecto, lo hizo.

VIDA APOSTÓLICA

Edith deseaba entrar casi inmediatamente a la vida religiosa, pero el Padre que en ese momento la aconsejaba espiritualmente, reconociendo los dones extraordinarios que ella poseía, la disuade, considerando que aún tenía mucho bien que hacer por medio de sus actividades “en el mundo”. Así, Edith empieza un periodo de apostolado fecundo y de un alcance impresionante. Empieza a trabajar como maestra en la escuela de formación de maestras de las dominicas de Santa Magdalena. Aquí establece amistosas relaciones con varias profesoras y alumnas, amistades que durarán toda su vida.

Además de sus clases, escribe, traduce, e imparte conferencias. Durante estos años realizó, además de otros trabajos menores, dos obras voluminosas: La traducción al alemán de las cartas y diarios del Cardenal Newman, y la traducción, en dos tomos, de las Cuestiones sobre la verdad de Santo Tomás de Aquino. Este se convertirá en base fundamental para sus obras filosóficas, escritas luego en el Carmelo. También da varias conferencias y programas de radio dentro y fuera de Alemania, siendo reconocida notablemente por sus colegas.

Aún en medio de tanta actividad apostólica, Edith busca sobre todo en Semana Santa, la soledad y la paz de la abadía benedictina de Beuron. Su amor a la Liturgia de la Iglesia la lleva a pasar horas en la capilla y a celebrar las diferentes horas de oración junto con los benedictinos. Cuando más tarde debe escoger un nombre religioso, decide agregarse el nombre de Benedicta, en reconocimiento de las muchas gracias que recibió durante sus horas con la orden benedictina.

En 1933, la situación política en Alemania iba empeorando. El 1 de abril de 1933, el nuevo Gobierno nazi ordena a los profesores no-arios que abandonen  sus profesiones. Aunque teme por la situación cada vez más precaria para los judíos, Edith y su director espiritual reconocen que no hay nada que ya le impida su entrada al Carmelo, su sueño más constante durante los últimos once años. Y así Edith decide escuchar y acceder la voz de su corazón, abrazando la vida religiosa. El famoso y brillante conferencista católico renuncia al mundo y pasa a ser parte del anonimato por tanto tiempo anhelado.

"¡Una verdadera locura!" ¿Cómo a alguien se le ocurre renunciar a la fama y al éxito después de tanta lucha? Ella, que hubiera sido nombrada "Filósofa del siglo XX" si no se hubiese retirado... Pero Stein desapareció de la vida pública y la Orden del Carmelo abrió sus puertas a una de las grandes pensadoras de nuestra época.

EL MARTIRIO DE SU FAMILIA

Inmensa cruz. La incomprensión de su mamá, le causó un verdadero martirio interior. Para su madre, Edith hacerse católica era una traición que no aceptaría jamás. Su madre, sufrió un duro golpe con la decisión de su hija más querida de entrar religiosa. Edith abrazó este profundo sufrimiento que traspasó su corazón por seguir la voluntad de Dios, costara lo que costara.

ENTRA EN EL CONVENTO DE COLONIA

El 15 de abril de 1934, toma el hábito del Carmelo teresiano y cambia su nombre por el de Teresa Benedicta de la Cruz. No ha tomado su nombre a la ligera; ha entendido bien que abrazar la vida religiosa es la entrega generosa del alma en la cruz, en unión con el Crucificado, para el bien de las almas.

Ella escribe: “Mira hacia el Crucificado. Si estás unida a él, como una novia en el fiel cumplimiento de tus votos, es tu sangre y Su sangre preciosa las que se derraman. Unida a él, eres como el omnipresente. Con la fuerza de la Cruz, puedes estar en todos los lugares de aflicción.” “Es una vocación a sufrir con Cristo y a colaborar en su obra de redención. Si estamos unidos al Señor, somos miembros del Cuerpo Místico de Cristo. Todo sufrimiento llevado en unión con el Señor es un sufrimiento que da fruto porque forma parte de la gran obra de redención.” El 21 de abril de 1935, acabado el año de noviciado, hace su primera profesión religiosa y el 21 de abril de 1938, su profesión solemne.

En estos años concluyó una de las más admirables y profundas de sus obras, no ya para brillar, sino para obedecer. Se trata de la gran obra titulada: Ser Finito y Eterno. En ella Edith trata las preguntas mas existenciales del hombre; reconoce la sed infinita que posee el hombre de conocer la verdad y de experimentar su fruto, entendido desde la realidad de lo eterno y lo trascendental. Y así busca unir las dos fuentes que conducen al hombre al conocimiento de si mismo y de la verdad: la fe y la filosofía.

 

AL CONVENTO DE ECHT, HOLANDA

Una vez más, la situación de los judíos y de los que los acogen empeora. Y ante la hostilidad creciente, sobre todo después de la famosa noche de los “Cristales Rotos”, Edith pide trasladarse del Carmelo de Colonia para evitar peligros a la comunidad. Es trasladada, -junto con su hermana Rosa, quien, después de la muerte de la mamá, se había convertido al Catolicismo como Edith, y era una hermana lega de la comunidad- al Convento de Holanda.

LA CIENCIA DE LA CRUZ

Empieza a escribir, en 1941, su última y más ilustre obra: La Ciencia de la Cruz. Hecha por obediencia a sus superiores, más que una obra intelectual, es el fruto de su propio camino interior de inmolación y victimación imitando al Cordero Inmolado. Teresa Benedicta de la Cruz ha deseado con todo su ser, dar respuesta a la vocación de la entrega total, hasta la Cruz. Entrega su propia vida por los pecadores y por la liberación de su pueblo de la situación tan horrenda que viven bajo los nazis. En el Carmelo no se ha acallado las voces del sufrimiento de su pueblo, ni del horror de la guerra. La Hermana Teresa está profundamente preocupada por la situación del pueblo judío, y ve en su entrega sacrificial la oportunidad de responder. Este deseo creciente del ofrecimiento de sí misma como víctima por su pueblo, por la conversión de Alemania y por la paz en el mundo, se hace cada vez más vivo. Su modo de apostolado se había transformado en el apostolado del sufrimiento.

Escribe: “Yo hablaba con el Salvador y le decía que sabía que era su Cruz la que ahora había sido puesta sobre el pueblo judío. La mayoría no lo comprendían; mas aquellos que lo sabían, deberían cargar con ella de buena gana en nombre de todos. Tenía la más firme persuasión de que había sido escuchada por el Señor. Pero dónde había de llevarme la Cruz, aún era desconocido para mí.”

DESA SUFRIR CON SU PUEBLO

El pueblo sufría y la Hermana Teresa, por amor, desea sufrir con él. “El amor desea estar con el amado.” Decidida en su vocación a la Cruz por su pueblo y los pecadores, la Hermana Teresa hace una petición por escrito a su Priora, pidiendo permiso para ofrecerse víctima: “Querida Madre, permítame Vuestra Reverencia, el ofrecerme en holocausto al Corazón de Jesús para pedir la verdadera paz, que la potencia del Anticristo desaparezca sin necesidad de una nueva guerra mundial y que pueda ser instaurado un orden nuevo. Yo quiero hacerlo hoy porque ya es medianoche. Sé que no soy nada, pero Jesús lo quiere, y Él llamará aún a muchos más en estos días.”

Como Católica, la Hermana Teresa, vive su realidad judía en plenitud. Es llamada a responder como respondió la Reina Ester a favor de su pueblo. Su función consiste en interceder con toda el alma y con una disposición total para conseguir lo que pide, incluso contando con su martirio. Pero lo hace en total unión con el ofrecimiento del Divino Mesías. Quiere colaborar en lo que falta a la Pasión de Cristo. Escribe: “Porque el Señor ha tomado mi vida por todos tengo que pensar continuamente en la Reina Ester que fue arrancada de su pueblo para interceder ante el rey por su pueblo. Yo soy una pobre e impotente pequeña Ester, pero el rey que me ha escogido es infinitamente grande y misericordioso. Esto es un gran consuelo.”

En 1942 empiezan las deportaciones de judíos. Luteranos, calvinistas y católicos acuerdan leer el mismo día un texto conjunto de protesta en sus servicios religiosos. La Gestapo amenaza a todas las autoridades cristianas de Holanda con extender la orden de deportación a los judíos conversos a sus credos. Los calvinistas y los luteranos dan marcha atrás, pero Pío XII se mantiene firme. El texto de condena se lee en todas las iglesias católicas de Holanda. La venganza se cumple unos días mas tarde. Las SS invaden el convento del Carmelo de Echt y se llevan a dos monjas judías conversas: Edith y Rosa Stein. 

CONDENA DEL NAZISMO POR PIO XI

No era la primera vez que la Iglesia protestaba y sufría. Ya el día de la Pascua de 1939, la encíclica de Pío XI condenando duramente el nazismo, se había leído desde todos los púlpitos de Alemania. Muchos sacerdotes y católicos comprometidos habían sufrido graves consecuencias.  Esta condena ocurrió antes que Francia e Inglaterra se decidieran contra Hitler.  Las fuerzas Nazis de Ocupación, por las declaraciones de los obispos católicos de Holanda en contra de las deportaciones de los judíos, declaran a todos los católicos-judíos “apátridas”. A la vista de los graves peligros que corren en Holanda, la comunidad del Carmelo comienza los trámites para que Edith y Rosa puedan emigrar a Suiza, pero los intentos no dan resultado. El 2 de agosto del año 1942, miembros de la SS apresan a la Hermana Teresa Benedicta de la Cruz y a su hermana Rosa y las conducen al campo de concentración de Auschwitz. Al salir del convento, la Hermana Teresa cogió tranquilamente a su hermana de la mano y le dijo: “¡Ven, hagámoslo por nuestro pueblo!”  Estas palabras eran eco de unas que había escrito mucho antes pero con la misma dedicación y determinación:

“Yo sólo deseo que la muerte me encuentre en un lugar apartado, lejos de todo trato con los hombres, sin hermanos de hábito a quienes dirigirme; sin alegrías que me consuelen, y atormentada de toda clase de penas y dolores. He querido que Dios me pruebe como a sierva, después de que Él ha probado en el trabajo la tenacidad de mi carácter; he querido que me visite en la enfermedad, como me ha tentado en la salud y la fuerza; he querido que me tentase en el oprobio, como lo ha hecho con el buen nombre que he tenido ante mis enemigos. Dígnate, Señor, coronar con el martirio la cabeza de tu indigna sierva.”

EN LA CIMA DE LA CRUZ

Al ser sacadas del Convento de Holanda, primero son trasladadas la Hermana Teresa y Rosa, al campo de concentración de Mersforrt. A empujones y golpes de culata las metieron en barracones llenos de suciedad. Tenían que dormir sobre somieres de hierro sin colchón; a los servicios tenían que ir en grupo y las vigilaban mientras los utilizaban. Los hombres del SS se divertían poniendo a las monjas contra la pared y apuntándolas con los fusiles. En aquella horrible situación, una gran paz emanaba de Edith Stein.

En la noche del 4 de agosto, obligaron de nuevo a los prisioneros a subir a los medios de transporte, llevándoles hacia el norte del país. Durante este traslado, eran muchos los que morían por las asfixia y otros se volvían locos por la desesperación. La caravana se detuvo en un lugar descampado, y entre bosques y prados, obligaron a las 1200 personas a ir hacia el campo de Westerbork.

Durante toda esta trayectoria horrenda, los prisioneros quedaban admirados ante la serenidad de Edith. Los supervivientes dan testimonio de la paz interior de la santa:

“Las lamentaciones en el campamento, y el nerviosismo en los recién llegados, eran indescriptibles. Edith Stein iba de una parte a otra, entre las mujeres, consolando, ayudando, tranquilizando como un ángel. Muchas madres, a punto de enloquecer, no se habían ocupado de sus hijos durantes días. Edith se ocupaba inmediatamente de los pequeños, los lavaba, peinaba y les buscaba alimento.”“Había una monja que me llamó inmediatamente la atención y a la que jamás he podido olvidar, a pesar de los muchos episodios repugnantes de los que fui testigo allí. Aquella mujer, con una sonrisa que no era una simple máscara, iluminaba y daba calor. Yo tuve la certeza de que me hallaba ante una persona verdaderamente grande, afirma un testigo. En una conversación dijo ella: “El mundo está hecho de contradicciones; en último término nada quedará de estas contradicciones. Sólo el gran amor permanecerá. ¿Cómo podría ser de otra manera?”. “Tengo la impresión de que ella pensaba en el sufrimiento que preveía, no en su propio sufrimiento, --por eso estaba bastante tranquila, demasiado tranquila, diría yo--, sino en el sufrimiento que aguardaba a los demás. Cuando yo quiero imaginármela mentalmente sentada en el barracón, todo su porte externo despierta en mí la idea de una Pietá sin Cristo”, declara otro testigo

EL MARTIRIO

Después de varios tormentos y humillaciones indescriptibles, el 7 de agosto, apenas salido el sol, Edith y su hermana, junto con unos mil judíos, son trasladados a Auschwitz. Llegan al campo de concentración el mismo 9 de agosto y los prisioneros son conducidos a la cámara de gas. Es ahí donde Edith encuentra la culminación de su ofrecimiento como Esposa de Cristo. Muere como mártir, ofreciéndose como holocausto por la salvación de las almas, por la liberación de su pueblo y por la conversión de Alemania. Con la oración de un Padrenuestro en los labios, Edith da el sentido mas pleno a su vida, entregándose por todos, por amor...Se puede declarar que la vida de Teresa fue bendecida por la Cruz. Con su vida, la Hermana Teresa repite las palabras de Sta Teresa de Lisieux: “No me arrepiento de haberme entregado al Amor.” Edith Stein fue canonizada como mártir en 1998 por el Papa Juan Pablo II, quien le dio el titulo de “mártir de amor”. En octubre de 1999, fue declarada co-patrona de Europa.

SU ÚLTIMO TESTAMENTO:

El telegrama que Edith había enviado a la Priora de Echt antes de ser llevada a Auschwitz, contenía esta declaración: "No se puede adquirir la ciencia de la Cruz más que sufriendo verdaderamente el peso de la cruz. Desde el primer instante he tenido la convicción íntima de ello y me he dicho desde el fondo de mi corazón: Salve, Oh Cruz, mi única esperanza".

JESUS MARTI BALLESTER

www.jmarti.ciberia.es

jmartib@planalfa.es

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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