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1 DE ENERO. OCTAVA DE LA NAVIDAD AÑO 2009 CICLO B SANTA MARIA MADRE DE DIOS MARIA, MUJER CONTEMPLATIVA Autor: Jesus Marti Ballester |
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1.
"Cuando se cumplió el tiempo, envió Dios a su Hijo, nacido de una
mujer" Gálatas 4,4. Madre de Dios, ese es el título real y el fundamento
de toda su grandeza sobre las universas criaturas. Madre que concibe y Madre
que da a luz. Concebir y dar a luz. A Dios. Abruma. Que una criatura pueda
engendrar a Dios. Dar a luz a Dios. ¿No nos suena imposible? Concebir al
Dios, que es sólo quien puede crear… Para Dios nada es imposible. Basta que
quiera. Dios ha querido nacer de una mujer. Esa mujer tiene una relación no
sólo biológica, sino metafísica y espiritual con Dios. Espiritual, porque según
San Agustín, le ha concebido antes en la mente que en su seno. ¿Qué significa
esto, si significa algo? A mi entender significa que le ha hecho suyo por su
voluntad, porque de ella nace el amor y el amor unifica, hace de dos uno.
Dios se deja hacer uno en la voluntad por el amor de la criatura. Y a la vez
que es Madre de Dios, lo es también nuestra. No hemos estado en sus entrañas
físicas y carnales. Hemos estado en su corazón, por el amor. Como Dios, nos
ha amado antes de nacer. Por eso es también nuestra Madre, y lo es de todos
los hermanos de su Hijo, que a la vez, son hermanos nuestros. Somos hermanos
en su Hijo. El Hijo de Dios ha querido asumir el proceso biológico humano
como todos los hombres, sufrir naciendo, nacer llorando, pasar largos ratos durmiendo,
someterse a todas las necesidades fisiológicas, depender de su madre, como
todos nosotros. Misterio sólo alcanzable por la fe. La fe ilustradísimas de
que han gozado los santos 2.
El parloteo de los pastores despertó al Niño Jesús. La alegría del Espíritu
de que gozan les ha puesto de fiesta, les ha llenado de alegría, de júbilo,
de bullicio porque el amor es festivo. Ya no hay quien los detenga. San Juan
de la Cruz bailando en éxtasis con un Niño Jesús en brazos, ansiando morir de
amor, cantó aquellos versos deliciosos: “Si amores me han de matar / ahora
tengan lugar”. Volvamos a los pastores. Unos le cogieron en brazos, otros le
acariciaron, y, ¿quién sabe si a alguno le pasó lo que a San Juan? El Niño
correspondía con una sonrisa. Ha querido ser acunado, ha agradecido al
recibir bellos y encendidos piropos, y más, ser cubierto de besos, mientras
es alimentado a los pechos de su amorosa madre y ser mecido por ella,
cariñosa transportada y asombrada. ¿Cómo se va a acostumbrar a tener en sus
brazos a Dios, a su hijo -Dios? ¿No les ha ocurrido a las madres y les sigue
ocurriendo?¿No nos ha pasado algo parecido a los que hemos visto nacer por
primera vez y quizá no sólo la primera, en nuestras manos y por nuestras
palabras personales y ministeriales de la consagración eucarística al Hijo de
Dios? El Cura de Ars teniendo a Jesús consagrado en sus manos, dijo: “Si
supiera que no te voy a tener en el cielo en mis manos, no te soltaría” 3.
San José también lo toma en sus brazos con naturalidad y con un cariño
inmenso, agradeciendo, loco de alegría, la gran vocación y confianza
privilegiada que ha recibido del Padre. José está fascinado con su pequeño, a
la vez que también descolocado y como un intruso en la familia. 4.
Pero no están siempre en adoración del Niño. Hay que hacer cosas, limpiar el
establo, encender el fuego, preparar comida, lavar los pañales del Niño,
atender con cariño a los pastores y a los vecinos que fueron llegando también
poco a poco. 5.
Y después, cuando todos se fueron, y se quedaron solos, María pensaba. María
es una mujer contemplativa, como se deduce de las palabras del Evangelio:
"María conservaba todas estas cosas, meditándolas en su corazón"
Lucas 2,16. Había escuchado a los pastores y ahora medita en su corazón.
María sabe leer los signos de los tiempos y los signos de Dios. Cuando
decimos que María meditaba estas cosas, no queremos decir que María daba
vueltas en su mente a las imágenes de los pastores: si jóvenes, si viejos, si
rudos, si muchos, si pocos, si altos, si bajos, si de pelo negro, o de ojos
grandes, o pequeños, si habladores o graciosos, sino que se pierde en Dios.
¿Piensa que son hijos suyos todos? De momento lo son todos porque están
rebosantes de amor y el amor agracia, llena de gracia y esa es la filiación
divina. Y eso es ser hijos de María, la Madre de Dios. Entre ellos ya no hay
ni tuyo ni mío. Todos son hermanos. Y si uno fuera rico y no compartiera con
sus hermanos, ni eso agradaría a María, ni sería propio de hermanos. 6.
María cumple la misión del hombre recordada por el Concilio: "Dios ha
llamado y llama al hombre a adherirse a El con la total plenitud de su ser en
la perpetua comunión de la incorruptible vida divina" (GS 18). La contemplación
acerca intuitivamente a la divinidad, es integradora, afectiva, unificante.
Cuando María contempla, admira, se asombra, alaba, se enternece, glorifica,
agradece, se ofrece, se entrega. Sale de sí misma. Esto es el éxtasis que se
abisma en la "profundidad de la riqueza, de la sabiduría y ciencia de
Dios y comprende cuán insondables son sus pensamientos, y cuán indescifrables
sus caminos" (Rm 11,33). Y se convierte en una mujer madura y grande,
inalterable y equilibrada, viviendo en la atmósfera de paz que el mismo Dios
le contagia. “Tiene en Dios clavada la mirada y el corazón” en frase de Pablo
VI. 7.
Sólo María calla. Dios habló a Abraham y a Moisés y envió a los Profetas para
que hablaran a nuestros padres. Ahora, en esta etapa final nos ha hablado por
su Hijo, nos dice la carta a los Hebreos (Hb 1,1). Cuando nace el Hijo de
Dios, hablan los ángeles, hablan los pastores y hablan los reyes venidos de
Oriente. Hablarán Simeón y Ana en el templo. Sólo María calla, absorta en el
misterio. Sólo la Madre guarda silencio. Sartre, el filósofo existencialista
y ateo, después de haber leído el Diario de un cura rural, de Bernanos, en el
que define que un pueblo de cristianos es un pueblo de esperanza, contra su
fatal afirmación y triste que el mundo morirá de desesperanza, escribió
prisionero de los alemanes para distraer a sus compañeros de campo de
concentración, en la Navidad de 1940, una pieza teatral titulada Bariona, el
hijo del trueno. De esta obra son las siguientes palabras: “Como
hoy es Navidad, tenéis derecho de exigir que os muestre el Portal de Belén.
Aquí está. Aquí tenéis a la Virgen, y aquí a José, y aquí al Niño Jesús. El
artista ha puesto todo su amor en este dibujo. Fijaos, los personajes tienen
una vestimenta hermosa, pero están rígidos: se diría que son marionetas.
Ciertamente no lo eran. Si fueseis como yo, que tengo los ojos cerrados...,
pero escuchad: no tenéis más que cerrar los ojos para oírme y os diré cómo
los veo dentro de mí: la Virgen está pálida y mira al Niño. Lo que habría que
pintar en su cara es un ansioso estupor que solamente una vez ha aparecido en
un rostro humano; porque el Cristo es su bebé, carne de su carne y fruto de
sus entrañas. Durante nueve meses lo ha llevado en su seno, y ella le dará el
pecho y su leche se convertirá en la sangre de Dios. Le estrecha entre sus
brazos y le dice: ¡Mi pequeño! Pero, en otros momentos se queda sin habla y
piensa, Dios está ahí. Y la atenaza un temor reverencial ante este Dios mudo,
ante este niño que impone respeto. Hay también otros momentos, rápidos y
difíciles, en los que siente que el Cristo es su hijo, su pequeño, y es Dios.
Lo mira y piensa: Este Dios es hijo mío, esta carne divina es mi carne. Está
hecha de mí. Tiene mis ojos, y la forma de su boca es la mía. Es Dios y se parece
a mí. Y ninguna mujer, jamás, ha disfrutado así de su Dios, para ella sola.
Un Dios muy pequeñito al que se puede estrechar entre los brazos y cubrir de
besos. Un Dios calentito que sonríe y que respira, un Dios al que se puede
tocar; y que vive. Esto es todo sobre Jesús y sobre la Virgen María. ¿Y José?
A José, yo no lo pintaría. Sólo pondría una sombra en el portal y dos ojos
brillantes, porque no sé qué decir de José, y porque José no sabe qué decir
de sí mismo. Adora, y es feliz adorando, y se siente un poco como en el
exilio. Me parece que sufre sin confesarlo, porque ve cuánto se parece a Dios
la mujer a la que ama, y qué cerca está ya de Dios. Porque Dios ha estallado
como una bomba en la intimidad de esta familia. José y María están separados
para siempre por este incendio de luz. Y me imagino que toda la vida de José
no será suficiente para aprender y aceptar”. Imponente. 8.
José, imponiéndole al Niño el Nombre, al ser circuncidado, ejerció el derecho
y el deber del padre. Así se lo había mandado el ángel: "Al cumplirse
los ocho días, cuando tocaba circuncidar al Niño, le pusieron por nombre
Jesús, como lo había llamado el ángel antes de su concepción" Lucas
2,21. 10.
Junto a sus manifestaciones de júbilo está la alegría serena de la Madre del
Señor. Mientras ellos celebraban con alborozo el nacimiento de un niño, ella
meditaba el significado de todo lo que estaba ocurriendo en la manifestación
de su hijo a los hombres. Esta misma actitud, mezcla de mirada comprensiva y
de serena meditación, será una de las constantes con la que el evangelista
nos presenta a María en todo el evangelio hasta los Hechos de los Apóstoles,
donde María encabeza en el Cenáculo a los discípulos de Jesús que inauguran,
con la irrupción del Espíritu Santo, la nueva era de la humanidad. 11.
Aprendamos esta lección del evangelio para combinar el gozo de los pastores y
la actitud meditativa de María. La fiesta del nuevo año es una buena
oportunidad para celebrar con júbilo la esperanza, pero también para evaluar
la experiencia del año anterior. De modo que la felicidad de un día no
provenga sólo del alboroto de las fiestas de fin de año, sino de una sabia
disposición ante el año que viene. Cada día se nos abre un ramillete de
posibilidades en el que podemos escoger los caminos hacia una más plena
realización humana de nuestro servicio. La fiesta nos debe ayudar a cultivar
una actitud sobria ante las novedades que cada época de la vida nos va
presentando. 12.
Y la oración debe brotar caudalosa en esta Noche Vieja, víspera del Día nuevo
del Año Nuevo de 2008: Madre del Redentor, Virgen fecunda, puerta del cielo
siempre abierta, estrella del mar, ven a aliviar al pueblo que tropieza y
quiere levantarse. Ante la admiración de cielo y tierra, engendraste a tu
santo Creador, y permaneces siempre virgen. Recibe el saludo del ángel
Gabriel, y ten piedad de nosotros pecadores. ¡Próspero Año Nuevo en la gracia
de Dios! |
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Jesus Marti Ballester |