|
|
|
FIESTA DE LA PRESENTACION DEL SEÑOR 2 de
febrero de 2007 LUZ PARA
TODOS LOS PUEBLOS. SIGNO DE
CONTRADICCIONUNA ESPADA ATRAVESARA TU ALMA LOS QUE
PROPAGAN UN MODO SOCIAL DE REDIMIR SIN LA CRUZ, TRAICIONAN EL EVANGELIO Y
QUEDAN ESTERILES. Autor:
Jesus Marti Ballester |
|
LA PRESENTACION DEL SEÑOR Cuarenta
días después del Nacimiento del Señor, fue presentado en el Templo en
obediencia a la Ley. Según ella, no había fecha para la presentación del
niño, pero como la madre quedaba impura durante cuarenta días, y ni podía
tocar nada santo ni acudir al santuario (Lv 12,2),
durante ese tiempo no podía presentar al Niño en el Templo, como ordena el Exodo, 13,12: “consagrarás a Dios todos los
primogénitos”. Con esta fiesta se concluyen las solemnidades de la Encarnación
del Verbo de Dios. UNA CASITA EN BELEN La
Sagrada Familia, salió de la Cueva y se situó en una casita en Belén, donde
ha cumplido el rito de la Circuncisión, que incorpora al Niño al pueblo
elegido. Sabemos por la circuncisión de Juan y por la historia comparada de
estos acontecimientos, que éste es un momento de reunión de todos los
parientes y amigos, pero la Familia Sagrada no está en su tierra y esta vez
no intervienen los ángeles para anunciar la ceremonia, y se ven solos. La
soledad es el precio que tienen que pagar las grandes personalidades, la que
tienen que soportar todos aquellos que se salen de lo normal y ordinario. En
los momentos más trascendentales de la vida, es cuando más necesita el
hombre, ser social, la compañía y el calor de los suyos. Lo he sentido esto
mucho en la solemnidad de mis Bodas de Plata sacerdotales, lejos de mi patria
y del calor de la presencia de los míos. En la circuncisión, Jesús, niño de
ocho días (Lv 12,8), no siente que está solo,
quienes lo sienten son José y María. Jesús saboreará la soledad amargamente
ya adulto, tantas veces, pero de una manera singular y tremenda, la víspera
de su sacrificio, en el Huerto de Gethsemaní, bajo
el follaje de los olivos, rodeado de amigos dormidos. Soledad que,
contemplada, confortará a los elegidos de todos los tiempos. PERO EN EL TEMPLO NO FUE IGUAL No
ocurrió lo mismo en su Presentación en el Templo. Impulsados por el Espíritu
dos santos ancianos, Ana y Simeón, llegaron al Templo, e iluminados por el
mismo Espíritu, les dio un vuelco el corazón luminoso por el que reconocieron
al Señor y lo proclamaron clamorosos. Eran dos ancianos venerables, eran los
más genuinos representantes del pueblo de Israel, a la vez que representantes
de toda la humanidad. El Espíritu no duerme. El Espíritu les despertó. Lo
habían esperado tanto. Dios cumple, siempre cumple sus promesas. No dudemos
nunca, no desfallezcamos nunca. Llegará, no fallarán sus promesas. A su
tiempo, que no conocemos, que sólo él conoce. El Espíritu despertó a aquellas
personas amadas de Dios, para que salieran a recibir públicamente al Salvador
del pueblo. HOMBRE Y MUJER. UN REINO NUEVO Para
representar a Israel, bastaba un hombre. Para representar a la humanidad
hacía falta también una mujer, porque cuando Dios hizo al hombre lo hizo
hombre y mujer (Gn 1, 27). Ni en el nacimiento del
Hijo de Dios estuvo el rey Herodes, en cuyo territorio se encontraba, ni en
su Presentación, oficiada por el sacerdote de turno, hicieron acto de
presencia ni el Sumo Sacerdote ni el Sanedrín. Comenzaba un Nuevo Reino.
Comenzaba a regir una ley nueva. Según
él y ella la preeminencia no la tienen los poderes terrenales, sino las
personas en las que habita el Espíritu. Profetiza Simeón, y pregona al Niño Ana.
Un hombre y una mujer presentan a Israel al Verbo encarnado. Dos almas
interiores y profundas educadas en la soledad de la profunda esperanza, hacen
la presentación de Jesús a los judíos reunidos en el Templo para participar
en la ofrenda del sacrificio matutino. Siempre habrá en la Iglesia almas
interiores y hondas en su solidez, amigas íntimas de Dios, que le recibirán,
le reconocerán, le pregonarán y cantarán sus maravillas. José hace la ofrenda
correspondiente de cinco siclos, precio del rescate del primogénito que abona
el padre (Nm 18,16). A la vez que dos tórtolas o
pichones, como pobres, por la purificación de la madre (Lv
12,18). ESE PUEBLO INTERIOR SALE HOY El
pueblo cristiano sale hoy al encuentro del Señor con candelas encendidas, que
con rito festivo y alegre simbolizan a Cristo, Luz de las gentes, lo que
caracteriza esta fiesta como "la Candelaria", o de la Purificación,
porque María acudió también al Templo a purificarse, en cumplimiento de la
Ley, como lo hemos explicado. Pues Jesús no ha venido a quebrantar la Ley,
sino a perfeccionarla. EL SEÑOR A QUIEN BUSCAIS Malaquías 3,1
proyecta su luz sobre la entrada del Señor en el Templo: "De pronto
entrará en el Santuario el Señor a quien vosotros buscáis". Jesús está
dando cumplimiento a esa predicción del profeta. Buscar a Dios es la tarea
trascendente del hombre, pero el hombre no le buscaría si no lo hubiera ya
encontrado, pues si el hombre busca a Dios, Dios busca mucho más y antes al
hombre, escribió San Juan de la Cruz, tan gran buscador y buscado a la vez. Y
sublimemente encontrado en la LLAMA ardiente esponsal.
"¿Quién es ese Rey de la gloria? Es el Señor, héroe valeroso, el Dios de
los ejércitos, el Rey de la Gloria” Sal 23. No es un embajador el que entra,
ni un representante suyo, ni un profeta, como tantas veces han sido enviados,
ni siquiera es un ángel, es el mismo Dios que viene en persona. En persona,
en un Niño de cuarenta días, pero Dios total, no un dedo meñique de Dios. EL MISTERIO ESCONDIDO POR LOS SIGLOS Pero,
ahí está el misterio, de Dios, que ha querido participar nuestra misma carne,
como miembro de la misma familia humana, para poder morir y muriendo,
aniquilar el poder de la muerte, y no sólo hiriendo a la muerte desde fuera
de ella misma, sino desde su misma entraña, penetrando en ella y sufriéndola
él mismo, gustando su sabor seco y amargo para vencerla en su mismo dominio,
triunfando no sólo sobre ella, sino derrotando al que tenía el poder de la
muerte, el diablo. Porque tenía que parecerse en todo a sus hermanos, en la
carne y en la muerte, para poder compadececerse de
nuestra debilidad y de nuestra esclavitud y para expiar los pecados del
pueblo, como atestigua la Carta a los Hebreos 2,14. El puede compadecernos
porque ha padecido. ¡Qué sabe el que no ha padecido! -dirá quien tanto
padeció como San Juan de la Cruz, porque el padecimiento para él era el
camino del descubrimiento de las grandes riquezas. “Si supiera, hermana, los
gozos deliciosos con que Dios recompensaba los sufrimientos de aquella
cárcel”, confesaba hablando de su calabozo de Toledo. Y cantará en la Llama:
¡”Oh mano blanda! ¡Oh
toque delicado!, / que a vida eterna
sabe / y toda deuda paga… UTOPIA ESTERIL "¿Quién
podrá resistir el día de su venida? ¿Quién quedará en pie cuando
aparezca?". “¿Qué es el hombre para que te acuerdes de él?” (Sal 8,5).
Ante Dios toda rodilla se doble en el cielo, en la tierra, en el abismo.
Humildad, pues, porque todos somos pecadores. Ante él no cabe la soberbia,
sino el más profundo abatimiento, lleno de confianza. Purifícanos, Señor, de
nuestros pecados. Porque sólo tú eres santo. Eso será la noche, amable más
que la alborada, oh noche que juntaste Amado con
amada, amada en el Amado transformada: "Será un fuego de fundidor, una
lejía de lavandero". Purificará con su sangre derramada en la cruz, que
manará en el bautismo, y en el sacramento del perdón. Con sus sacramentos
purificará a su pueblo. Con su cruz, con sus pruebas y tribulaciones, expiará
los pecados del pueblo. Querer salvar a la humanidad por otro camino y por
otros cauces, es una utopía que siempre fracasará. “Nosotros hemos de
gloriarnos en la cruz de Nuestro Señor Jesucristo. En él está la salvación,
la gloria, la resurrección. El nos ha salvado y libertado” Gal 6,14).. LA
RENOVACION QUE SE ESPERA Ha dicho
recientemente el papa que el demonio está frenético porque está librando la
última batalla, como que el Reino de Dios está cerca. Para eso "Refinará
a los hijos de Leví". El sacerdocio levítico,
que estaba envejecido, será renovado, recreado, como prolongación de su
sacerdocio eterno que ofrecerá la ofrenda única que puede borrar los pecados.
Esta ofrenda agradará al Señor. Porque ya no serán sacrificados los animales,
sino el mismo Cristo en el Calvario. Como él ofreció su propia vida, debemos
nosotros ofrecer la nuestra. Como ejercido por hombres, también el sacerdocio
cristiano puede envejecer, y será necesario renovarlo y purificarlo, sobre
todo desde la interioridad. EL
CULTO ESPIRITUAL El Concilio Vaticano
II ha revalorizado la teología del culto espiritual de los cristianos, pues
el sacrificio que agrada a Dios es el hombre, como hostia viva a Dios
ofrecida, como nos exhorta San Pablo: "Os ruego, hermanos, que ofrezcáis
vuestros cuerpos, como sacrificio vivo, santo, agradable a Dios; éste es el
culto que debéis ofrecer" (Rm 12,1). Debemos
estar atentos con amor, para ofrecer a Dios desde el amanecer hasta la noche,
nuestros pensamientos, afectos, deseos, planes, fracasos, alegrías,
enfermedades, llanto y tristeza, y todas las virtudes que la vida nos va
proporcionando la oportunidad de practicar, y todas las batallas que debemos
sostener, para unirlos al sacrificio de Cristo renovado en el altar. Esa es
la ofrenda que le agrada al Padre, que busca adoradores en espíritu y en
verdad. LA LLEGADA AL TEMPLO Viene Jesús en brazos de María, Mira, bosteza y continúa durmiendo; Su padre José le mira sonriendo. Según la Ley, a los cuarenta días. El sacerdote ofrece Ignorando lo que está sucediendo María sabe que ya está redimiendo Las tórtolas serán eucaristía. Los infiernos comiése a
inquietar Sintiendo que su mentira va a finalizar. Simeón el justo va a profetizar: División, espada, luz y tinieblas. ¿Quién militará en cada bandera? El Reino de Cristo ya va a comenzar. DIOS CUMPLE SUS PROMESAS Simeón,
sobrenadando en gozo, le dice al Señor: Señor, has cumplido tu palabra. Me
prometiste que vería antes de morir al Salvador. "Ya puedes dejar a tu
siervo irse en paz. Porque mis ojos han visto, al Salvador". Lc 2,22. ¡Cuántos anhelos y esperanzas y oración revelan
estas palabras! De Simeón y de todo Israel, a quien él representa. La
historia del pueblo de Israel no ha sido ni inútil ni estéril: sus ojos han
visto al Salvador, y sabe que ha llegado ya el triunfo de la vida, porque el
Niño Jesús irá creciendo y llegará la hora de su inmolación, con la que
redimirá a todos los pueblos, y no sólo a Israel. "Este está puesto para
que muchos en Israel caigan y se levanten; será como una bandera discutida. Y
a tí una espada te atravesará el alma". Cuando
a un hombre le ocurre una desgracia, todos procuran que no se entere su
madre. María ha sido la excepción. Así debía ser para que fuera corredentora.
Ella es el signo de la Iglesia portadora de la gracia del Redentor y,
consiguientemente, queda convertida, como El, en señal de contradicción. Los
cinco siclos ofrecidos por el padre, son un sacrificio sustitutorio,
hasta que llegue la hora del sacrificio del Calvario, en el que ya no habrá
sustitución. Será entonces Cristo el sacrificado, no sustituído
ya, sino sustituyéndonos a todos sus hermanos, acompañado por el sufrimiento
y el dolor de María con el corazón traspasado, simbolizados hoy por los
pichones sacrificados y quemados en holocausto. “Sin derramamiento de sangre
no hay redención” (Hb 9,22). LAS
ALMAS PROFUNDAS Simeón y Ana personifican, con
su vida y con los ministerios que realizaban, a la sociedad judía que
esperaba la redención y liberación del pueblo. Ellos son el ejemplo más vivo
del Israel que esperó hasta el último momento la intervención de Dios en esta
historia humana para hacerla más vivible, más
justa, más equilibrada. La ancianidad de Simeón y de Ana son
un símbolo de que la esperanza es una larga travesía, a la vez que testimonio
de la vejez en la que ha caído el pueblo de Israel en sus estructuras y en
sus prácticas, en su religión y en su ley. Todo el modelo social y religioso
judío necesitaba ser diseñado de forma diferente y por eso para los dos
personajes de este relato evangélico -hombre y mujer- para estos dos
ancianos, era necesario que alguien llegara a instaurar un tiempo nuevo y
definitivo. Alguien que llegara a inaugurar el tiempo de Dios. EL
ENCUENTRO CON JESUS Ver a Jesús, encontrarse con él,
tener contacto con su persona, con su palabra y con su obra nos debe llevar a
actuar como Simeón. Encontrarnos con Jesús debe hacer de nosotros hombres y
mujeres capacitados para proclamar con la palabra y, sobre todo, con nuestra
acción, el tiempo de Dios que Jesús nos ha regalado. La Iglesia está llamada
a dar testimonio por el tiempo de Dios. Tenemos que hacer posible que ese tiempo
llegue a nuestro pueblo con todas sus consecuencias. Tenemos que
comprometernos con este tiempo nuevo y hacer posible, vivible
y creíble en medio de nuestras comunidades el amor de Dios regalado en
plenitud a través de la encarnación de Jesús en nuestra historia humana. NUEVOS
FOROS. Por eso el Papa nos convoca
ahora a servirnos de Internet, pues la historia de la evangelización no es
sólo una cuestión de expansión geográfica, ya que la Iglesia también ha
tenido que cruzar muchos umbrales culturales, cada uno de los cuales ha
exigido nuevas energías e imaginación para proclamar el Evangelio. La era de
los grandes descubrimientos, el Renacimiento y la invención de la imprenta,
la Revolución industrial y el nacimiento del mundo moderno fueron también momentos
críticos, que exigieron nuevas formas de evangelización. INTERNET Internet es un nuevo «foro»,
entendido en el antiguo sentido romano de lugar público donde se trataba de
política y negocios, se cumplían los deberes religiosos, se desarrollaba gran
parte de la vida social de la ciudad, y se manifestaba lo mejor y lo peor de
la naturaleza humana. Era un lugar de la ciudad muy concurrido y animado, que
no sólo reflejaba la cultura del ambiente, sino que también creaba una
cultura propia. Esto mismo sucede con el ciberespacio, que es una llamada a
la gran aventura de usar su potencial para proclamar el mensaje evangélico.
Este desafío está en el centro de lo que significa, al comienzo del milenio,
seguir el mandato del Señor de «remar mar adentro»: «Duc
in altum» (Lc 5, 4).
Internet produce un número incalculable de imágenes que aparecen en millones
de pantallas de ordenadores en todo el planeta. En esta galaxia de imágenes y
sonidos, ¿aparecerá el rostro de Cristo y se oirá su voz? Porque sólo cuando
se vea su rostro y se oiga su voz el mundo conocerá la buena nueva de nuestra
redención. Esto es lo que convertirá Internet en un espacio auténticamente
humano, puesto que si no hay lugar para Cristo, tampoco hay lugar para el
hombre. Por tanto, quiero exhortar a toda la Iglesia a cruzar intrépidamente
este nuevo umbral, para entrar en lo más profundo de la red, de modo que
ahora, como en el pasado, el gran compromiso del Evangelio y la cultura
muestre al mundo «la gloria de Dios que está en la faz de Cristo» (2 Co 4, 6). Que el Señor bendiga a todos lo que trabajan
con este propósito, ha dicho Juan Pablo II. |
|
JESUS MARTI BALLESTER |
|
Pedro Sergio Antonio Donoso Brant |